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"Tu fiel enamorada" — capítulo 3

En una pequeña sala del ministerio estaban agrupados algunos jóvenes en busca de un puesto de becarios dentro de dicho precinto. Los dividieron en pequeños grupos para realizar los exámenes correspondientes, para después pasar a la sala de entrevistas.

Hermione se hubiera podido ahorrar todo ese engorroso proceso, pues el mismo ministro le había ofrecido un puesto, mas ella no esta dispuesta a que le dieran algo que ella no hubiera ganado por su propio esfuerzo y consideraba que si todos tenían que pasar por aquel infierno de burocracia, así también debía hacerlo ella.

Aunque se vio de repente replanteándose que tan buena decisión había tomado cuando a la sala donde se encontraba preparándose para la primera prueba escrita, entraba en ese momento, nada más y nada menos que el causante de sus desvarios amorosos, Draco Malfoy.

Bajo la mirada a la carpeta que tenia sobre la mesa, y se dedico a verla, como si esta fuera la más curiosa pieza de arte que hubiera visto jamás y así lo hizo hasta que de reojo lo vio pasar a su lado, en dirección a los asientos desocupado de atrás.

Un escalofrió recorrió su espalda y su estomago se retorció con nerviosismo ante esa sensación de ser observada, pensaba que había enloquecido, que eran tantos sus deseos de tener un poco de la atención del rubio, que ahora se imaginaba que la acechaba con la mirada.

Trago grueso intentando calmarse y hacer acopio de todo su valor para fingir que no le afectaba en lo mas mínimo, para lograrlo se prohibió siquiera verlo de nuevo, porque no estaba segura de mantenerse indiferente si se llegaba a perder en esa mirada acerada.

Por su parte Draco también la había visto apenas cruzar el umbral de la puerta, era imposible no notar su presencia, como siempre la sabelotodo de Granger había elegido el asiento de hasta adelante, se contuvo de reir por esa tontería.

Camino con su andar elegante, pero un poco mas lento de lo acostumbrado cuando paso por su lado, pudo en ese breve momento aspirar su aroma y algo en el se le hizo conocido, demasiado conocido, sin embargo, siguió caminando para no llamar su atención, parecía que estaba demasiado concentrada que ni siquiera había notado su presencia.

Se sentó un par de asientos más atrás donde se dedico a observarla, por su postura parecía tensa, se notaba en lo erguido de su espalda y la postura de sus brazos, perecía que algo la molestaba y no fue difícil deducir que era su presencia, quizás se había equivocado y ella si había notado su llegada y solo lo evitaba.

Aun no entendía por que siempre era lo mismo, hacia mucho la habia dejado de molestar y aun ahora después de que hubieran compartido por un año los mismos espacios parecía que aun seguía teniéndole aversión al punto que se tensaba de solo estar en la misma habitación.

Pensar en eso lo molesto sobre manera y le hirió en lo más profundo de su ego. ¿Cómo era posible? Que el sintiera tantas cosas por ella y esa mujercilla sabelotodo simplemente no podía siquiera disimular lo mucho que lo detestaba.

Fue la hora mas larga para ambos, ninguno de los dos se pudo relajar el tiempo que duro el dichoso examen, y aun cuando se trataba de ignorar mutuamente Draco no dejaba de mirarla de reojo y ella de fingir que no notaba que la veía.

De manera abrupta Hermione recogió sus cosas e intento levantarse de su asiento para entregar su prueba, con lo que no contaba era que Draco se disponía hacer lo mismo y colisionaron de manera imprecisa, haciendo que de sus manos callera la carpeta y las hojas de pergamino se desperdigaran por el piso.

El se apresuro a ayudarla intentando levantar los folios tirados, pero sin duda no se esperaba que Hermione reaccionara de esa manera.

-¡No los toque! -Advirtió con la voz chillona, sonando mucho mas fuerte de lo que pretendía, arrebato de las manos pálidas la ultima hoja y huyo de ahí como si el fuera el mismísimo Lord oscuro, no sin antes entregar su prueba y salir como alma que lleva el diablo.

Tan aprisa salió que no noto que una hoja mal acomodada resbalo de su carpeta. El muchacho se limito a recogerlo y guardarlo en su propia carpeta, dirigirse a la famosa entrevista que seguía.

Draco estaba sumamente molesto, decepcionado de que la dueña de su afecto no solo no le correspondiera, sino que encima le tratara como la peste. Sumido en su amargura pero sin que nadie notada ningún atisbo de lo que estaba sintiendo en esos momentos entrego su examen y antes de salir recogió lo que descuidadamente había tirado la leona.

No sabía muy bien que lo había motivado a esperar, pero ahí estaba con la espalda recargada en la pared, esperando que saliera también Granger, sabia por su actitud que no deseaba que se le acercara, pero no podía evitar desear verla al menos una vez más con el pretexto de regresarle aquel pergamino que había perdido en su huida.

Fue entonces que abrió su carpeta, movido por la curiosidad para ver que era tan importante para que esa mujer se pusiera como loca. Entonces todo comenzó a cobrar sentido en su cabeza.

Quiéreme Bonito.

Quiéreme bonito… con las ansias del amor primero, con los ojos limpios y llenos de promesas, con los labios tímidos, temblorosos y dulces… Ámame con la premura de las primeras caricias inexpertas, has que en mi estomago explote esa revolución de mariposas agitándose, haciendo que pierda el aliento, la cordura, de solo verme reflejada en tus ojos.

Quiéreme bonito… con la tibieza de tu cuerpo, cobíjame con tus brazos hasta que pierda la noción del tiempo y el espacio, para ser siempre solo tú y yo, sin importar más nada… Ámame confiado, sin miedo, como la primera vez que amaste, déjate envolver por esos sueños eternos de amor y esperanza.

Quiéreme bonito… como si no tuvieras un pasado, como si tuviéramos, un futuro juntos… Ámame hazme olvidar que no soy tu primer amor, como tu el mío.

Mírame con los ojos tuyos, con esas lagunas platinadas profundas y enigmáticas, déjame perderme en tus labios, beber de ti y perderme en este sueño donde solo somos los dos.

Quiéreme bonito… como debió ser, de no tener prejuicios con la sangre. Ámame sin importar mi origen o mi cuna y solo entonces te prometo enseñarte algo que no conoces.

Porque te querré bonito y te enseñare a besar con algo más que unos labios, te enseñare a descubrir la seductora diferencia de besar con amor y no con ansias. Te mostrare lo que es contener el aire, para disfrutar después del cálido aliento confundirse y mezclarse con confianza, con calma, sin las prisas propias de solo arrebatos pasionales.

Te amare bonito, con la devoción del amor primero, ese color de rosa, ese ligero, ese puro y sincero. Ese amor soñador lleno de ilusiones, de promesas, donde las palabras fluirán sinceran en "te quieros".

Te amare bonito entregándome sin prisas haciendo a un lado mis temores para descubrir en tus brazos el camino del amor carnal, aplacando el aleteo incesante de las mariposas en mi vientre, controlando el golpeteo frenético de mi corazón contra las costillas para quererte bonito.

Draco, quiéreme bonito, en la pasividad d e esta nueva vida donde dejamos atrás los desencantos de una guerra que no era tuya, que no era mía y que sin embargo, igual peleamos.

Quiéreme bonito y te prometo que esta noche durara por siempre mientras te pierdes en mi cuerpo.

Sintió como la sangre le bajo hasta los pies para luego subir con tanta fuerza que se sintió mareado, tuvo que sentarse un momento y leer un par de veces más para constatar que no estaba alucinando.

A su mente llego el recuerdo de un aroma, el de Granger, era el mismo que llevaban todas las cartas que recibía firmadas por  "fiel enamorada" y aunque esta carta que habia llegado por casualidad a sus manos no estaba firmada, conocía demasiado bien esa escritura estilizada a fuerza de leer tantas veces las cartas que recibió.

¡No puede ser! Pensó en un mar de emociones encontradas, confundido y con el corazón latiendo tan fuerte como si hubiera corrido una gran distancia.

Pero no había duda, ninguna, porque aparte de que todo encajaba en su mente,  esa carta revelaba su nombre y daba demasiados detalles de sus vidas para ser coincidencia.

Y después de la sorpresa y estupor inicial sintió un calor indescriptible surgir en su pecho y se sintió tan feliz, como nunca antes lo había estado que no pudo contener lo que debía ser la más sincera de sus sonrisas. Porque si bien leía su amor era correspondido y esa carta era toda una proposición que dejaba demasiado por hacer a penas Hermione saliera de esa maldita sala.

A penas la castaña salió del ministerio de Magia una mano se engarzo en su brazo tirando de este con firmeza, pero sin dañarla y mas fue su sorpresa al notar quien era quien la tenia sujeta de esa manera y la guiaba a un lugar desconocido sin pronunciar palabra.

-¿Qué haces Malfoy? -Pregunto intentando zafarse del agarre sin lograrlo, pero demasiado desconcertada con la presencia del rubio para resistirse con convicción.

-Te llevo a un lugar mas privado.

-¿Un lugar mas privado? -Repitio- De verdad que no te entiendo.

Draco se detuvo, enfrentándola, sacando de la carta se la mostró. Para su deleite pudo ver como se ponía de súbito pálida como el papel y después roja como el cabello de la comadreja.

-Yo no… es que… eso no es mío. -Intento mentir a la desesperada.

-Claro que no es tuyo, es mío. Y has tardado demasiado en entregarlo. -Susurro demasiada cerca de la chica antes de besarla.

Fue un beso corto, que ella correspondió con ternura, pero que no duro demasiado porque apenas se separaron Malfoy la tomo de la mano y volvió emprender su camino guiándola.

-¿A dónde vamos? -Volvió a pregunta aun aturdida, pero feliz.

-A que me cumplas tus promesas.

-¿Mis promesas?

-Ya te quiero bonito. -Dijo deteniéndose de nuevo para mirarla a los ojos con amor. -Ahora  te toca enseñarme cómo es que tú quieres bonito,  para que esta noche dure para siempre mientras me pierdo en tu cuerpo. -Repitió las mismas palabras que ella escribiera en su carta y que prometían una nueva vida para ambos.

Las mejillas de Hermione se sonrojaron, sonrió y estirándose un poco lo beso en una muda afirmación de cumplir con sus promesas. Tomados de la mano se perdieron entre la gente emprendiendo un nuevo camino donde los dos habían aprendido a quererse bonito.

FIN


Hola, gracias por leerme, aunque no los conteste uno por uno sabes que valoro mucho encontrarme con sus comentarios. Muchas Gracias.

Saludos.

Nota: Quizás notaron que el poema de "Quiéreme, Bonito" ya lo habia publicado antes, pero me pareció buena idea agregarlo aquí para el final. Espero les guste como quedo.