"Tu fiel enamorada" — capítulo 2
Después de 15 cartas mas y cientos de suspiros, había decidido no mandar mas, no tenia caso seguir alimentando esperanzas en su corazón y poniendo en cada carta todo ese amor que sentía por un imposible.
Vives en mis sueños y en mis realidades
Eres el bálsamo para mis heridas como mi cruel verdugo
Es el gris de tus ojos quien me seduce a perderme es sus profundidades,
Anhelando perderme en tus labios,
Y probar de ti aunque seas veneno.
¡Que me importa morir, si te tengo al menos por un fugaz instante!
¡Que me importa perderme en el infierno, con tal de tenerte entre mis brazos!
Toma todo de mi, te lo suplico,
Vacia mi corazón enamorado y roba mi vida como has robado mi razón.
Vives en mis sueños y en mis realidades
Como un imposible inalcanzable…
Pero a pesar de todo, no podía dejar de escribirle aun cuando no se atreviera a mandarle mas misivas que le hicieran saber de sus delirios. Lo amaba, sí, lo amaba con todo el corazón y sin medida, lo comenzó a amar así de a poco, con el transcurso de los días. Lo comenzó a amar en el silencio de su cercanía cuando juntos compartían la misma sala.
No sabía cómo o en qué momento encontró que no era lo que aparentaba y descubrió en su mirada un nuevo brillo y en sus palabras nuevas alegrías. Porque él era él, pero no era el mismo, no era aquel que la insultara por tantos años, ahora era como si hubiera renacido en una persona nueva y solitaria. Y ella se sentía así en gran medida, sola, sin una parte que no sabia que le faltaba hasta que se asomo a sus ojos y encontró que ya no era el hombre oscuro que pensaba y que era el parte que echaba de menos.
Beso con ternura esa nueva carta y la guardo en su carpeta donde había dos más de ellas que esperaba nunca mandar a su destino. Suspiro de nuevo como siempre y trato con todas sus fuerzas de que esta al fin fuera la última que escribirá.
Lejos de ahí solo había ausencia, solo esperando algo que tenía tiempo no llegaba, estaba molesto y frustrado desde hacía semanas por no recibir sus cartas semanales. Extrañaba, extrañaba leer esas cartas que le daban un soplo de calor a su fría existencia.
Quería seguir pensando y engañándose que era ella, Hermione, quien puntualmente mandaba esas cartas llenas de detalles, quería que fuera ella y ninguna otra la que lo quisiera al menos un poco de lo que él ya la amaba.
Frustrado golpeo con el puño el escritorio, sabiendo que no llegaría, como no había llegado en semanas, se aliso el cabello y se retiro a su habitación pensando en que al dia siguiente le esperaba un dia bastante largo de tener que aguantar miradas despectivas en el ministerio, para pedir un puesto de becario si quería en algo limpiar su apellido y en algún lugar tenía que empezar a buscarlo, por mucho que se resistiera a hacerlo.