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¡Nos haremos millonarios, Fred! — capítulo 1

**¡Algo falta aquí! (como siempre)**Fred y George, normalmente no solían "hacer" algo que atrajera mucho la atención de Albus Dumbledore y sin embargo, en aquella calurosa noche de verano, cuando estaban a punto de irse de vacaciones, que se daba cuenta de que algo faltaba y bueno... No estaba de pie en su palo ni comía sus dulces favoritos, no escuchaba el crujir de su pico contra ellos, tratando de picarlos para engullirlos. No estaba allí. Sabía que se podía ir si quería, si alguien lo necesitaba, pero el asunto era que no había vuelto. Y tanto él como Snape, admiraban el palo vacío y meditaban en silencio. Fawkes estaría ayudando a una gran población con problemas, porque tenía un par de días que no aparecía y Dumbledore comenzaba a pensar que había sido presa de algo o de alguien. Esperaba que su amigo regresara pronto. No le preocupaba que estuviera herido, realmente no importaba. Era un fénix. Se podía regenerar con solo prenderse fuego a sí mismo y volver a nacer. Y quizá eso era lo que había sucedido. Se había muerto y renacido, y al ser un pequeño "desamparado", alguien lo cuidaba o lo había secuestrado para sus propósitos. Pero que él recordara, no habían pasado los años completos como para que eso sucediera. Como para que Fawkes se prendiera en llamas y desapareciera, abandonando su forma adulta. No. ¿Entonces? — Nuestro amigo Fawkes tiene tiempo sin aparecer, Severus. Quizá si lo ves, podrías hacerle entender que debe regresar a su poste para dormir. Claro. Como si aquel animal fuera una persona. Bueno, casi. Aunque tampoco podía decir que se podía sentar a hablar con él y de pronto, aquel ave le iba a responder algo muy sesudo. Algo que le daría sentido a la vida humana, como la conocían hasta ese entonces. Solo acudía en momentos de necesidad. Tampoco era Merlín en persona. — Lastima alguna parte de tu cuerpo y pide su ayuda.— dijo Snape con un gesto suave de sus labios. Una sonrisa sarcástica y Albus negó con la cabeza y suspiró, sonriendo. Eso no iba a ser necesario. Tampoco posible. Aunque fuera un anciano y torpe, no se lastimaría para ello. Además, contaba con que Fawkes regresara por sí solo. No estaba seguro de que con aquella táctica, la criatura volviera. ¿Y qué tal si se hería apropósito y no regresaba? ¿Moría? Respiró calmadamente, mirando por la ventana de su despacho. Volvería. Estaba seguro. Y dos jóvenes pelirrojos, observaban a la enorme ave, encerrada dentro de una jaula. Sabían que no permanecería allí por mucho, pero la necesitaban y apenas habían embotellado unas pocas gotas de aquel preciado elixir que los llevaría a la fama de un solo golpe. No podían estar más felices con ellos. — Hola, Fawkes. ¿Tienes hambre? Ten, un poco de lo que te gusta. Se lo robamos a Albus. Espero que sirva, necesitamos solo unas pocas lágrimas. Unas pocas y tendremos el mejor negocio del mundo. Eventualmente.