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¡Nos haremos millonarios, Fred! — capítulo 2
**¡En búsqueda de Fawkes!**Hermione escuchaba la algarabía dentro de la sala común y suspiraba llena de rabia. ¡Es que ni estudiar podía, sin que los molestos gemelos, no la dejaran en paz! No podía ni escuchar sus propios pensamientos. Respiró tratando de calmarse y caminó hasta detenerse junto a los gemelos y un par de niños de primero, que admiraban algo como si frente a ellos, estuviese el mismísimo poder infinito contenido en una botella. Aunque era casi cierto. — ¿Por qué tanto alboroto? ¿¡Qué es lo que sucede!?— exclamó, mirando a los gemelos. Ellos sonrieron vagamente, mientras ocultaban aquella pequeña botella, tras sus espaldas. — ¿Y por qué supones que sucede algo? ¡Ya ha llegado la mini Snape, a jodernos la existencia y toda la diversión! Hermione había negado con la cabeza y trataba de ver lo que ambos gemelos ocultaban tras sus espaldas. Los niños de primero estaban muy emocionados, aunque decepcionados del costosísimo precio que le habían puesto. Era como pensar en una enorme casa amoblada. ¡Muchos galeones que ellos ni podían soñar con tener! Y Fred pensaba en eso precisamente. Solo alguien como Harry Potter, podría comprar algo así. ¡Y para qué! Si Fawkes acudía cada vez que lo llamaba. Tenían que encontrar la forma de hacerse millonarios, vendiéndolo a un precio "ligeramente" más asequible. Porque tenían que recibir todo lo que les había costado rellenar aquellos pequeños frascos, con unas pocas lágrimas de fénix. El problema era que Fawkes solo lloraba, literalmente, cuando alguien lo necesitaba y bueno, las heridas falsas no esperaban llamar su atención. ¿Cómo sacarle lágrimas a un animal o criatura, como ese? La única vez que había aparecido, había sido cuando Fred se había resbalado y lastimado un brazo, y estaba totalmente decepcionado porque no iba a poder volver a ser golpeador en el equipo. ¿Esa tontería había sido un momento de extrema necesidad como para que Fawkes, interviniera? Había oído de Harry, que el ave tenía poderes curativos y cómo podían hacerla llegar, pero eso ya era muy tonto. Que te mordiera un basilisco, sí era algo heroico que curar. Pero detrás de aquel tonto suceso, habían encontrado una mina de oro. ¿Cómo no se les había ocurrido? El problema radicaba en cómo hacerla llorar. Complicado el asunto, pero algo se les iba a ocurrir. Eran los hermanos problema. Los hermanos de las grandes ideas e invenciones. No podían dejarse vencer por algo tan tonto. — A menos que puedas pagar, que lo dudamos.— comentó George con una sonrisa y Hermione suspiró, alzando el rostro con una expresión pedante, que le dio a su nariz, aires de parecer un enorme pico y a su cabeza, un enorme pájaro despeinado.— no tienes nada que ver aquí. Y te sugerimos que no andes regando información sobre lo que hacemos. No queremos problemas. ¿Entiendes? Muy claramente. — ¡No me interesa! Sé que andan en algo malo y no tengo interés de saber qué es. ¡Sé que me meteré en problemas y al final de cuentas, ustedes saldrán airosos de todo esto! Fred asentía con una sonrisa y George le secundaba luego de unos segundos. Ella los miró, entrecerrando los ojos con un gesto de repulsión. Como la conocían, igual intentaría averiguar qué tramaban. O se quejaría con Ron y Ginny al respecto, al igual que con Harry. Pero ¡ah! Ellos le debían mucho a Harry, ellos no serían malos con él. Si él ponía un precio, se lo venderían sin chistar. Harry había financiado aquella tienda de sus sueños. Harry había ayudado a hacer real ese sueño que de niños, cruzaba sus mentes durante las cenas y almuerzos, y sonreían como tontos. De pronto. Mientras Molly los miraba con nerviosismo. Esos sueños se acababan de cumplir por él. Por Harry. — Tiene que haber una forma de que Fawkes nos entregue sus lágrimas, sin oponer resistencia o desaparecer en medio de nuestros intentos. Hasta ahora permanece tranquilo en la jaula, dormitando.— susurró Fred y George miró a su hermano, con una expresión de concentración. — ¿Y si Harry se lo pidiera? Seguramente el ave se las daría. Se llevan bien ¿no? No tenía sentido lo que acababa de decir. — Y si alguien ha visto algún indicio de Fawkes, será mejor que lo hablen con el director.— decían tanto Minerva McGonagall como Severus Snape, en cada una de sus casas respectivas. Y el resto del profesorado. — Creo que si no trabajamos pronto, nos echarán al guiso, hermano.— susurró Fred a un lado de George, mientras Minerva pasaba revisión en cada una de las camas y cortinas de aquella sala común. Le había dicho a Albus que no estaba allí, pero revisar no mataba a alguien y bueno, resultaba extraño. — Quizá si le preguntamos a Harry, no creo que se niegue. Mientras susurraban, Minerva se había detenido frente a ellos. — ¿Algo que compartir, ustedes dos? — ¡Oh no, profesora Minerva! Si le comentaba a mi hermano Fred, que lamentamos mucho que el ave se perdiera. ¡Haremos todo lo posible por encontrarla! Hermione los había mirado con una mirada sospechosa. ¡Ellos! ¿Ayudar? Algo se traían entre manos. ¡Algo más que ayudar! Estaba segura de ello. Y lo iba a descubrir. Eventualmente.