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Severus Snape a través de los años — capítulo 13

Erizabeth permanecía sentada en su cama, mientras desayunaba cereal y observaba las caricaturas matutinas. Severus se había despertado con la risa melodiosa de su hija, aquella mañana. Abrió la puerta de su habitación y miró dentro. Ella parecía divertida, con un gran tazón de azúcar. Iba a ser difícil de controlar esa mañana. — ¡Hola, papi!— había dicho con la boca llena de leche y trozos de cereal. Se preguntaba cómo se las había arreglado para conseguirlo. Tenía que ser más cuidadoso en dónde colocaba los alimentos de la despensa. Tenía que recordar colocar la leche en algo plástico que ella pudiera alcanzar. Y mientras ella observaba la hora de las caricaturas, Severus se encargaba de su propio desayuno. — ¡Papi...! Mientras estabas dormido, la maestra llamó y dijo que tenía que hablar contigo sobre los cuentos. Severus había suspirado y se había dado cuenta de que la mano que sostenía picadillo de huevo en una cucharilla, había perdido el "balance" y por poco se caía de su plato. Ya no quería saber de eso. — ¿Y cuándo? — No me dijo exactamente, porque le dije que estabas dormido. Asintió en la cocina, aunque ella no pudiera verlo. Se dijo que ese día iba a ser uno muy largo. Con una especie de sonrisa ligeramente paranoica, se dijo una vez más, que toda su vida era larga y complicada. Excepto aquel momento en el que Erizabeth había entrado en ella. Por sorpresa, debido a un suceso triste, pero al menos hacía mucha compañía. — Terminé, papi. — Ponlo allí. Yo lo limpiaré. Mientras colocaba el plato sobre la mesa, Erizabeth había temblado ligeramente y Snape había arqueado una ceja. — ¿Te sientes mal? — Solo tengo un poco de frío, papi. ¿Estoy enferma? — Ve a la cama y no te muevas de ella, hasta que termine. Continúa mirando las caricaturas. Erizabeth había fruncido el ceño. ¿Y la reunión? ¡Quería saber cómo estaba el asunto de los cuentos! Tenía tanta curiosidad al respecto, que no podía esperar. Estaba ligeramente nerviosa. Tenía que saber si era bueno o malo, que su padre fuera famoso. Estaba algo confundida sobre las reacciones de su padre, hacia tan bellas historias. A ella le encantaban. Y ahora que tenían dibujos, ya no tenía que imaginar. — Pero papi...¿y la reunión? — Estará todo bien. Ya llamarán luego. Por ahora debes descansar. Ya tienes un brazo roto y es mejor que no te enfermes también. Asintió mientras caminaba de vuelta a su habitación. Severus se sentó en el comedor, mirando el desayuno. Lo cierto era que cuando Erizabeth se enfermaba, perdía el apetito. Apenas probó un par de bocados y caminó hacia la habitación de su hija. De pronto tan pálida. — Me siento mal, papi. Caminó hasta ella para tomar su temperatura y se dio cuenta de que resultaba ser ligeramente alta. Erizabeth tenía mala suerte a veces con las enfermedades. — Descuida, estarás bien. Vamos a la cama a descansar un poco. Asintió poniéndose en pie y caminando tras su padre. Se recostaron en la enorme cama que Snape no tenía con quién compartir, precisamente. Además de ella, claro. — Deberíamos tener una mami, papi. Así me cuidaría cuando esté enferma y tú podrías ir con mi maestra y hablar de tus cuentos. ¡Sí! — Estoy seguro de que si yo no me presento, ella vendría. Y así como había dicho, luego de que Erizabeth se durmiera, había escuchado que la puerta sonaba suavemente. La había acomodado lo mejor que podía, a un lado de la cama envuelta entre muchas mantas, cuidando que la temperatura no subiera más de la cuenta. — Lamento la visita inesperada, señor Snape. Supuse que estando Erizabeth en ese estado, no querría salir de casa.... Severus asintió apartándose para que la mujer pudiera pasar. Miró a su alrededor y pensaba preguntar por ella. — Está enferma. Duerme ahora. — ¡Oh, pobre Erizabeth! En la guardería la extrañan mucho. Espero que pueda volver pronto. Solo quería darle algunos datos que recogimos en la ciudad vecina. Asintió, mirando lo que parecían ser muchos números y estadísticas que no quería comprender. Tanta cantidad de números, estaban matando su pasión de escribir para desahogarse. Ahora se sentía un producto comercial. — De las tres librerías que vendieron sus cuentos, en dos se agotaron y en la última, apenas quedan unos ejemplares. ¡Les encanta, señor Snape! Y apenas tenemos un volumen impreso y empacado. ¡Serán un gran éxito! Lo preveo. Pero...realmente...¿necesitaba de dicho éxito? ¿Luego no iban a terminar pidiéndole más y más? Seguramente eso iba a pasar luego. Luego de que se acabara su historia. Luego de que ya no tuviera nada más que decir. O iba a quedar en el olvido. Esperaba lo segundo. — Supongo que debo terminar el resto. — Puede tomarse su tiempo. Pero ahora que su éxito es fresco, podría adelantar algunas cosas si usted gustase. Las ideas nunca fluían a los golpes. Eso iba a tomarle tiempo.