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Historia 8470 — capítulo 1
EL SECRETO DE DUMBLEDORE
CAPÍTULO PRIMERO: UN SECRETO
CALIFICACIÓN: VARIOS
Albus Dumbledore se mesaba la barba mientras miraba a través de la ventana de Hogwarts. El invierno había llegado, y las tierras del colegio estaban cubiertas de nieve. Hacía poco había sido nombrado director de Hogwarts, su sueño durante toda su vida. Junto a él, grandes profesores se reunían a su alrededor: La joven Minerva McGonagall, una ilusionada animaga; Flitwick, su confesor, que se negó a ser director del colegio en beneficio de Albus; y Arabella Figg, una guapísima y recién salida del frente de batalla profesora de Pociones y Defensa.
- El frente...
La Gran Guerra Mundial muggle acababa de terminar. Dumbledore recordó sus visitas a los campamentos nazis. Salvó a muchos judíos, pero no se olvidaría nunca la mirada de aquel niño cuando le metieron en la cámara de gas. Ojos de sufrimiento, ojos de tristeza, ojos de que una larga y próspera vida se ha terminado de repente por la egolatría y la estupidez de algunos hombres.
Sin embargo, eso no fue nada comparado con la gran guerra mágica librada durante más de treinta años. Una guerra que empezó con los deseos de Grindewald, ese brujo tenebroso salido del mismísimo infierno, eso creían todos, por conquistar el mundo mágico. Él y sus más de cincuenta mil mortífagos habían luchado durante ese tiempo, destrozando familias, poblados mágicos y muggles, vida en sí.
Dumbledore en persona fue nombrado líder del grupo de la paz.
- Que cosas...
El grupo por la paz tuvo que emplear la guerra para vencer a esos mortífagos. Y también las malditas imperdonables. Esas cuatro maldiciones... El incanto era un poderoso golpe que te rompía a la vez todos los huesos del cuerpo, ocasionando heridas internas y la muerte. El imperio, la favorita de los mortífagos...control mental. Crucio, dolor mortal. Dumbledore había recibido varios de esos. Y el Avada Kedavra. Muertes sin dolor, sin secuelas, sin marcas. Lo peor.
Ahora la guerra mágica había finalizado ya. Pero, sin embargo, el Hitler mágico, Grindewald, seguía vivo y escondido, recuperando poder. Dumbledore sabía que su combate contra él sería inevitable. Tarde o temprano el combate daría lugar, y solo uno de los dos sobreviviría, si es que sobrevivía alguno. Eso siempre que su plan no funcionase bien.
Miró su reloj. Las ocho de la tarde. Pronto sería hora de cenar. Se levantó de su mesa y se acercó al brillante fénix. Le entregó un pergamino, que le ató la pata.
- Fawkes, lleva este pergamino a George Potter.
Los Potter eran una familia de mortífagos que se salieron del lado tenebroso, haciendo de espías para el Ministerio y para Dumbledore. Desafortunadamente, los mortífagos se enteraron y mataron a casi toda la familia, dejando solo a dos de los nueve hermanos. George Potter era el hermano menor. El otro hermano era Harry.
Dumbledore abrió a la ventana y siguió con la mirada como Fawkes se alejaba. Luego, se sentó en su sillón. Tenía cien años, y era uno de los magos más respetados del mundo. Descubrió las aplicaciones de la sangre de dragón, estudió la piedra filosofal con su amigo Flamel, y aprendió las forma de invocar al dragón negro.
Se quitó sus gafas de media luna y las dejó sobre la mesa. Se restregó los ojos y bajó la cara. Por primera vez en su vida, se sentía cansado. Sabía que tarde o temprano tendría que luchar contra ese terrible brujo, era su destino. Conocía la leyenda:
Una vez al siglo, aparecerán en el mundo dos varitas gemelas, dos personas de carácter opuesto, pero muy parecidas. Sus poderes serán casi los mismos, y la forma de emplearlos dependerá de cada uno. Gemelos, cada uno con un poder diferente.
Dumbledore dijo estas palabras en voz baja. Grindewald era su opuesto. Pero no era su opuesto precisamente porque hubiera sido así...
- Bueno- pensó- los primeros gemelos opuestos fueron Gryffindor y Slytherin. Así que no tengo elección. Yo soy Gryffindor, ese brujo es Hupplepuff.
Se levantó de la mesa y se puso de nuevo las gafas. Agarró la varita, que estaba encima de la mesa, y se la guardó en el bolsillo derecho de su túnica.
Salió de la sala, diciendo la contraseña secreta , y bajó las escaleras lentamente hasta llegar al comedor. Tenía la costumbre de entrar por la puerta principal, y no por la de profesores, como debería. Llegó a la puerta del Comedor. El murmullo de los alumnos le reconfortaba. Eso significaba que todo iba bien, o, por lo menos, no demasiado mal.
Minerva lo saludó al entrar con la mano. Albus cruzó el pasillo despacio, haciendo caso omiso a los comentarios de los escasos alumnos que allí había. Llegó a la mesa de los profesores y se sentó, presidiéndola. Minerva le pasó un trozo de pergamino:
- Debes leerlo.
Albus se ajustó las gafas y leyó la carta, cuyo contenido le dejó sobrecogido:
Estimado profesor;
Esto no ha terminado.
Esta noche, cuando la luna alcance su esplendor, te quiero en Hogsmeade, en la cueva de las afueras. Ve solo y te aconsejo que lleves la varita.
Tenemos una cuenta pendiente, recuerdas?
Grindewald.
Dumbledore tragó saliva.
- Iras, no?- Preguntó McGonagall, preocupada.
Dumbledore se calló y la miró a los ojos.
- Es la única forma de que el mundo vuelva a ser libre.- Y se puso a cenar.
Terminada la cena, reunió a todos los profesores y prefectos y les comunicó la carta. No les dejó decir nada, tan solo fue un monólogo con la risueña voz de siempre:
- Esta noche el mal se acabará, tenedlo por seguro. Espero que, dentro de unas horas, volváis a verme desayunar las tostadas de todos los días.
Dicho esto, y viendo las caras de todos, cogió a Fawkes y salió de su despacho, dejando pesimismo y esperanza a partes iguales.
Hogsmeade, 11:59 p.m.
Dumbledore estaba en la entrada de la cueva. La cueva donde se escapó tantas veces junto a sus amigos, especialmente junto a su mejor amigo.
Estaba sorbido en sus pensamientos, cuando vio acercarse una figura negra. Fawkes salió volando hasta un árbol. La figura negra era muy alta, y portaba una especie de daga en la mano. En ese momento dieron las doce campanadas de la medianoche.
Dumbledore se mesó la barba.
- Llegas tarde, Arnold.
La figura se estremeció un poco.
- No me llames así, Albus. Mi nombre no es ese.- Respondió la figura, quitándose la capucha.
Un gesto serio y humano, unos ojos azules y una larga mata de pelo rubio que cubrían casi la totalidad de su cabeza. Una ancha cicatriz, proveniente de un cuchillo, tatuaba su pómulo izquierdo.
-
No te he matado hasta ahora, Arnold. No he querido. Fuimos grandes amigos en Hogwarts. La diferencia entre las casas nos hizo todavía más amigos.
-
Así son las cosas, Albus. Y no me has matado, es cierto. Pero no me has matado no por que seas mi amigo, sino porque tienes interés en mí. Y porque así lo dijimos.
-
Cierto.- Dumbledore se mesó la barba, un gesto muy común en él.
-
Y por qué Albus Dumbledore, el todopoderoso director de Hogwarts, tiene interés en Arnold Malfoy, Grindewald, un peligroso brujo, creador de los mortífagos? Me necesitas por mi poder.
Los ojos le brillaron a Dumbledore.
- Eres astuto, Arnold.- Y sonrió.
Arnold Malfoy y Albus Dumbledore fueron grandes amigos. Tal vez porque eran algo extraños. Malfoy ha sido, a lo largo de la historia, el único miembro de su familia que no fue a Slytherin; y a Dumbledore le pasó lo mismo, pero fue a Gryffindor en vez de a Ravenclaw.
Se miraron a los ojos.
-
Qué quieres exactamente, Albus?- Preguntó Arnold
-
Te quiero a ti.- Respondió Ambus, tranquilamente, mientras Arnold le dirigía una mirada de extrañeza.- Quiero tu poder, tu fuerza, tu vitalidad. Te necesito para llevar a cabo mi plan.
Arnold sonrió.
-
Ese estúpido plan que queríamos llevar a cabo me llevó a esto, Dumbledore.- Arnold quitó la sonrisa de su cara.- Pero no me arrepiento.
-
Ya lo veo.- Dumbledore torció el gesto.- Esta Guerra...obra tuya, no?
-
Si, pero recuerda, Albus, las palabras del juramento: “Hacer el papel que me toque hasta las últimas consecuencias” Yo lo he cumplido, y tú?
Dumbledore frunció el ceño.
- Todavía no. Acabaré contigo y me apropiaré de tu poder, como acordamos. No crearemos un ser nuevo, yo me quedaré con todo.
Arnold movió los brazos, entre exasperado y confundido.
-
Cómo?- Su cara era de total aturdimiento.
-
Si, Arnold. Me vas a dar todo el poder.
-
No recuerdas el juramento?- Arnold estaba a punto de un ataque de nervios.
-
Crucé los dedos.- De los ojos de Dumbledore hubo una especie de resplandor, como fuego, mientras sonreía maliciosamente.
----- Flash-Back-----
-
Ya está todo decidido, Albus.- Dijo un joven chico de unos veinte años.
-
Bien, Arnold, ya voy.- Dijo otro, éste todavía más alto y un brillante pelo blanco.
Los dos chicos se juntaron. Ambos llevaban una túnica blanca y una gran varita en su mano. Albus, además, llevaba un fénix. Por su parte, Arnold llevaba lo que parecía una cría de jaguar. Se juntaron alrededor de una fogata. En el suelo había una moneda muggle, un dólar de plata, una pequeña daga y dos capas, una negra y una celeste. Se miraron a los ojos. Albus, con sus pequeñas gafas de media luna; Arnold, con sus potentes ojos negros. Sonrieron.
-
Preparado?- Preguntó Albus.
-
Más que tú.- Dijo Arnold.
-
Ya sabes el objetivo. La moneda muggle decidirá nuestro destino. El año 1945 nos reuniremos y nos juntaremos creando uno solo, el ser más poderoso del mundo: el poder del bien de uno y el poder del mal del otro.
-
Y que uno será el mago tenebroso más poderoso y el otro el mago blanco más poderoso.
Se volvieron a mirar y se quitaron las túnicas, quedando completamente desnudos. Se dieron la mano y leyeron el ritual aprendido hace ya mucho tiempo, en torno a la fogata:
El poder del mundo estará en nuestras manos,
Uno tendrá el poder de la salvación,
Otro el poder de la destrucción.
Juramos por nuestras almas
Hacer el papel que me toque hasta las últimas consecuencias
Por este hechizo conjuramos
A brujos, magos y hechiceros de pasado, presente y futuro
Para que el poder que sembremos no nos ataque
Y que en el futuro la unión de poderes
Nos convierta en dioses
Dumbledore dijo todo el hechizo con los ojos cerrados y cruzó los dedos al soltarse, haciendo para él inviable el cumplimiento. Cogió la daga y se cortó la mano. Dio la daga a Arnold y repitió el proceso. Mezclaron su sangre y la echaron a la fogata. Acto seguido, la daga siguió el mismo camino.
Arnold cogió la moneda, y le dijo a Albus lo siguiente:
-
Cara, tú lanzas primero; cruz, yo
-
De acuerdo.
Lanzó la moneda. Salió cruz. Arnold la volvió a coger.
- Elijo yo... Si sale cara, el lado del bien será mío; si sale cruz, el lado del mal.
Tiró la moneda. Volvió a salir cruz.
- El lado del mal.- Dijo Arnold.- Albus, tú tienes que defender el mundo del bien de mí.
Albus sonrió. Se dieron la mano y tiraron la moneda al fuego. Albus cogió la túnica azul, dando a Arnold la negra.
-
Bien, esto es una despedida. Hasta 1945.- Dijo Arnold, poniéndose la capucha de la túnica.
-
Adiós.- Dijo Albus, poniéndose él también la capucha.
Cada uno se fue por un lado. El fénix se posó de nuevo donde Dumbledore:
- Fawkes, todo sale bien por ahora.
Arnold habló a su puma.
- Tiger, recuerda. Mi nombre es Grindewald, el demonio más terrible de la historia.
-----Fin Flash-Back-----
-
Dónde está Tiger?- Preguntó Dumbledore, divertido.
-
Murió hace diez años, en la guerra.- Dijo Arnold, siguiéndole el juego a Dumbledore.
-
Ahora tu poder será mío.- Dijo Dumbledore.- No te vas a defender?
Arnold todavía no se lo creía. Sacó su varita.
- Lucharemos, Albus.
Albus Dumbledore también sacó la varita. El reloj de la iglesia de Hogsmeade dio la una de la mañana. Esa noche iba a cumplirse el juramento que hacía casi 100 años la sangre de ambos habían sellado.
CONTINUARÁ...
By D.R.B.
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