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Enamorando a Hermione Granger. — capítulo 18

Hola!! Aviso que este capítulo tiene algo de Lemon pero no demasiado. Espero que les guste y les ruego que no me quieran matar por el final del capítulo! Besos

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La primera semana de novios entre ellos, para Draco, fue la peor de todas. Porque a donde iba Hermione allí estaba en idiota de Potter siguiéndola con alguna tonta excusa que lograba convencerla para no apartarlo de su lado. Que quería ayuda en algunas materias, que estaba mal por lo que le había sucedido a con Ginny…

Así que los únicos momentos que podía pasar al lado de su novia eran en las horas de Pociones. ¡Ya casi ni siquiera podía besarla! Y él adoraba hacerlo… Pero eso se iba a acabar. Aquello no podía seguir así.

Molesto, ese día en la clase de Pociones a penas le habló. Sentía la mirada de Hermione posándose constantemente en él y notaba que quería preguntarle qué era lo que sucedía pero ambos sabían que no era conveniente interrumpir en las clases de Snape. Terminaron la poción en silencio y cuando el profesor dio la clase por finalizada él dio media vuelta dispuesto a marcharse sin siquiera mirarla. Pero antes de salir Draco sintió que Hermione tomaba su mano para detenerlo. Se volvió y la miró con frialdad.

-¿Qué quieres, Granger?- le preguntó.

Vio el dolor que le causó al tratarla de aquella manera, dolor que él mismo sintió al tener que hacerlo, pero ella tenía que darse cuenta que estaba molesto y que si quería estar con él tendría que separarse un poco de Potter.

-¿Podemos hablar?- inquirió ella tímidamente.

-¿Ahora quieres hablar conmigo? Porqué no te vas con tu perro faldero…

-¡Draco!... Por favor…

Se maldijo a sí mismo interiormente por no poder resistirse a ella. Intentando mantenerse firme en su decisión de mantener la frialdad, le hizo una seña para que lo siguiese hasta otra aula próxima a esa. Entraron pero antes de que pudiera decir algo los brazos de Hermione rodearon su cuello y su boca buscó la suya. Intentó no devolverle el beso pero ella acarició sus labios con la punta de su lengua y los mordisqueó suavemente haciéndole imposible seguir así ¿Cómo rayos haría para mantenerse frío si ella hacía esas cosas que lo dejaban tan… caliente? Rodeó con sus brazos la cintura de ella y la atrajo hacia él para comenzar a besarla casi con desesperación. Hermione enredó sus manos en su cabello y se apretó a él.

¡Por Merlín! ¡Cómo había extrañado aquello! Se había vuelto completamente adicto a sus besos y lo mejor de todo era que no le importaba ni un poco porque creía que era una de las mejores adicciones con las que había podido toparse en su vida.

Con una de sus manos acarició su rostro, su cuello, la curva de sus hombros… Pero Hermione tampoco quedó quiera. Sin dejar de besarlo, aflojó la corbata de su cuello hasta lograr desatarla por completo y dejarla tirada en el suelo. Sus dedos siguieron buscando los botones de su camisa y los desprendieron hasta la mitad de su pecho permitiéndole meter sus manos y tocarlo.

Draco gimió cuando sintió la calidez de esas manos sobre él. Con desesperaciónbesó sus labios y luego comenzó a bajar por su cuello.

-Draco… Draco… espera…

Él se detuvo confuso y molesto a la vez. ¡¿Por qué rayos lo provocaba de esa manera si no iba a terminar lo que comenzaban?! Pero esta vez Hermione lo sorprendió. Le sonrió pícaramente y colocó un hechizo silenciador en el aula y otro sellador en la puerta para que nadie pudiera ingresar.

-¿Has cambiado de opinión?- le preguntó asombrado.

Ella negó con la cabeza sin borrar la sonrisa de su rostro.

-Creí que era el momento de devolverte el favor- le respondió ella.

Draco no comprendió a lo que se refería sino hasta que una de esas manos delicadas se posó en cierta parte de su cuerpo que ya había despertado con esos besos y caricias. Gimió sin poder evitarlo. Hermione sonrió pícaramente al notarlo sintiéndose orgullosa de sí misma por el poder que tenia en él. Le alegraba saber que no era la única que moría de deseo por él. Comenzó a acariciarlo por sobre el pantalón mientras volvía a besarlo con pasión.

-No,,, no tienes que.. hacer esto- logró decir Draco entre ruidosos jadeos.

La sonrisa que le dedicó Hermione le robó el aliento y se sintió en la misma tierra de la perdición cuando ella movió su mano apretando aún más.

-Quiero hacerlo- le aseguró ella antes de comenzar a besar su cuello mientras abría el cinturón de su pantalón.

Draco se encontraba dubitativo. No iba a negar que ansiara como un loco desesperado sus caricias pero tampoco deseaba que ella hiciera algo así porque se sintiera obligada… Pero todo pensamiento coherente se perdió cuando ella lo tocó directamente. Cerró los ojos y contuvo la respiración. ¡Por Merlín! Ella había sido enviada a la tierra para tentarlo y volverlo loco del deseo. Ni siquiera supo como fue que terminó recostado contra una de las mesas, con las manos de ella dentro de sus pantalones pero a la vez teniéndola sobre él. En ningún momento dejó de besarla. Si lo hacía se sentiría tentado a ir mucho más lejos. Estaba seguro que sería fácil persuadirla, unos cuantos besos más por su cuerpo, demasiadas caricias groseras tocando aquello que no debía y las tendría rogando pero no lo haría. La respetaba y respetaba sus decisiones.

-¡Por Merlín!- gimió- Hermione… estoy a punto de…

Hermione se apretó aún más a él y se apoderó de nuevo de sus labios. Draco se sintió morir cuando se estrelló en las aguas del océano más profundo de placer.

Con la respiración agitada colocó su frente junto con la de ella. Besó de nuevo sus labios con amor y ella no tardó en responderle.

En ese momento la puerta se abrió de un fuerte golpe chocando con la pared de atrás y dejando ver la silueta de varias personas. Ambos se apartaron rápidamente pero era difícil disimular que nada había pasado puesto que Draco aún tenía el pantalón desprendido y a punto de caérsele, los labios rojos y estaban despeinados.

-¡¿Qué rayos es esto?!- se escuchó la voz furiosa de Snape.

Pero no sólo estaba allí él sino que también la madre de Draco, Dumbledore y Harry. Draco maldijo en silencio mientras se volvía de espaldas a su madre y se apresuraba a prenderse el pantalón y los botones de su camisa. Miró a su costado y vio a Hermione en estado de shock mirando a todos ellos completamente roja.

-Creo, Severus- dijo con calma Dumbledore ingresando al aula- que esa pregunta es más que obvia.

Draco se volvió y sostuvo unos segundos la mirada de su madre antes de apartar la mirada y sentir como sus mejillas ardían. La mano de Hermione se aferró a la suya. Él intercambió una mirada con Hermione… ¡No tenía de qué avergonzarse! Hermione y él ya eran mayores y podían tomar sus propias decisiones. Además, ella no era otra más de sus conquistas a la que dejaría en pocos días sino que la amaba verdaderamente. Con este pensamiento alzó los ojos hacia el frente.

-Hola, madre- saludó con seriedad.

-Draco- dijo ella saludándolo con una inclinación de su cabeza.

-Señor Malfoy… Su madre vino a hablar con usted- indicó Dumbledore- Señorita Granger, hágame el favor de acompañarme a mi despacho. Hay ciertos asuntos que debemos charlar.

Hermione asintió y se separó de Draco. Todos salieron de allí dejándolo solo con su madre. Ésta cerró la puerta y se aclaró la garganta.

-Vine a ver si los rumores eran ciertos…- comenzó a decir sin mirar a Draco a los ojos- pero veo que ya no tengo que preguntarte nada…

-Yo creo que sí deberías- refuto Draco con tranquilidad.

Narcisa Malfoy alzó la vista y contempló a su único hijo.

-¿Qué debo preguntar?- inquirió con tono molesto- ¿Por qué te estas acostando con esa ahí?

Draco apretó los labios y miró a su madre con odio. Él la quería, la respetaba pero había veces, como éstas, que se dejaba llevar más por el qué dirán olvidándose de lo que verdaderamente importaba.

-Te ruego, madre, que tengas un poco más de respeto hacia mi novia- indicó con seriedad.

La mirada de Narcisa se volvió asombrada.

-¿Tu novia?- inquirió con voz apenas audible.

-Sí- aseguró él- Lamento si la situación te molesta pero esa es la verdad. Hermione es mi novia y merece ser respetada, no sólo por ello sino también porque es una bruja excepcional y la mujer que amo.

Draco pudo ver como el tono claro de su madre se volvía más pálido aun después de esas palabras.

-No puedes hacernos esto, Draco- le dijo después de un tenso silencio- Sabes lo se avecina y también que esa muchacha no está preparada para enfrentarlo. Además, a tu padre no le gustará.

-Mi padre está en Azkaban y no hay nada que pueda hacer.

-Lo sé- le aseguró ella. Hizo una pausa.- Draco, tienes que entender…

-No- negó con la cabeza- Tu eres la que tiene que entender, madre. Hermione es la mujer con la que quiero pasar el resto de mi vida y así será.

Sin decir nada más caminó por el salón, abrió la puerta y se marchó.

Narcisa se quedó unos segundos allí. Conocía muy bien a su hijo como para saber que cuando se le metía algo en la cabeza era difícil de disuadir. Solamente esperaba que esa muchachita fuera capaz de enfrentarse a lo que estaba por venir.

Draco caminó por el pasillo directo al despacho del director pero antes de llegar escuchó que dos personas discutían. No tardó en reconocer la voz de su Hermione y la del molesto Potter. Se escondió detrás de un par de armaduras y escuchó lo que decían.

-¡Hermione no puedes…!-decía Potter.

-¡No, Harry! No te voy a permitir meterte en mi vida así como así… No puedes venir ahora y pedirme eso. Comprende, Harry, Draco es mi novio.

-Pero… ¿Y yo qué?

Draco prestó atención a lo que ella iba a responder.

-Harry tu eres… tú eres…- dudó unos segundos y eso fueron una lenta penuria para Draco- Tu eres mi mejor amigo.

-¿Sólo un amigo?- insistió.

Hubo una larga pausa.

-Sí- respondió finalmente ella- Sólo un amigo. No te voy a negar que una vez sentí algo mucho más profundo pero sólo fue un capricho que ya desapareció.

Se escucharon pasos, los de ella alejándose.

-¡Espera!- la llamó Potter.-Déjalo.

-No haré tal cosa.- indicó Hermione.

-¿Y si te digo que te amo? Me enamoré de ti, Hermy... Dame una oportunidad.