← Enamorando a Hermione Granger. · de
Enamorando a Hermione Granger. — capítulo 20
Habían escapado del colegio saltándose las horas de clases para ir a internarse en el bosque prohibido y llegar hasta aquel sitio que Draco le había mostrado en su primera cita. Caminaron tomados de la mano y en completo silencio, ambos perdidos en sus pensamientos. Por primera vez a Hermione no le importó perder unas horas de clases porque sabía que lo que tendrían que hablar Draco y ella era mucho más importante que cualquier otra cosa.
Draco hizo aparecer una manta y la colocó sobre el suelo donde ella y él se sentaron. Al principio sólo hubo silencio, uno muy incómodo en el que ni siquiera se miraron, pero luego Hermione decidió que ya había sido suficiente.
-¿Por qué no me lo dijiste?- le preguntó con la voz entrecortada.
Draco no la miró al responder.
-¿De qué serviría?- inquirió él encogiéndose los hombros levemente-¿A caso te sirve ahora saberlo? Mi padre tiene muy arraigadas esas ideas de la sangre pura y no cambiará de parecer.
-Pero podemos intentar convencerlo…- comenzó a decir ella desesperada por hallar una solución a aquel problema.
-No, Hermione- la cortó él alzando la vista para mirarla a los ojos intentándole de hacer entender- Con mi padre no puedes dialogar de esa manera. Él no va a cambiar de opinión. Cuando se entere, si es que ya no se enteró, activará la maldición.
-¿A caso quieres decirme que no hay nada que hacer, que te vas a rendir así como así? No puedes hacer eso, Draco.
-Y no lo haré- le aseguró tomándola de una de sus manos- Eres muy importante para mi y no dejaré que mi padre nos separe.- hizo una pausa- ¿Me amas?
-Sí- respondió ella sin siquiera dudarlo.
-Entonces confías en mí lo suficiente como para dejar esta situación en mis manos.- indicó tomando su mentó con la mano para alzarle la cabeza cuando ella bajó la vista-Mi padre es cruel, orgulloso y un idiota de primera pero eso no quiere decir que no tenga debilidades. De hecho, tiene muchas, así que sé como deshacerme de esta maldición fácilmente.
Hermione asintió con reticencia.
-Confío en ti- le dijo ella- Pero eso no quiere decir que él vaya a jugar limpio.
Draco sonrió.
-Somos Malfoy- le recordó sin dejar de sonreír- Ninguno de los dos pensamos hacer eso. Pero yo tengo más ventajas que él.
-¿En serio? ¿Cuál?
-Te amo.
Hermione lo miró confusa.
-¿Qué tiene que ver eso?
-¿Acaso Dumbledore no dice que la mejor arma contra el mal es el amor?- le preguntó él-Yo tengo una razón por la cual luchar contra él, una razón por la cual vivir y querer respirar el resto de mi vida para sentir tu perfume, ver tus ojos y hacerte ruborizar.
A pesar de que sabía que era Draco la misma persona que siempre le había mandado esas cursis cartas de amor nunca fue tan consciente del lado romántico de él como en ese momento. Se le acercó y besó sus labios con infinito amor. Cuando se separó le sonrió mirándolo a los ojos. Alzó una de sus manos y corrió un mechó rubio de la frente de él para luego acariciar su mejilla con su dedos. Draco tomó esa mano dentro de la suya y giró el rostro para depositar un beso en la palma.
-¿Qué piensas hacer?- le preguntó Hermione.
-Ahora iré a ver a Dumbledore para que me deje salir mañana para ir a visitar a mi padre.
-¿Y si no logras convencer a tu padre?- preguntó con preocupación.
-¡Qué confianza me tienes!- exclamó él sonriendo.
-Draco, eso es serio- se quejó ella.
-Yo también estoy hablando en serio- aseguró él-Confía en mi, ¿Quieres? Sólo eso te pido… y que me beses… y que te cases conmigo.
Hermione rodó los ojos y bufó.
-Puedo hacer las dos primeras pero lo de casarme no- le contestó riendo pero cuando vio la seriedad de Draco se calló- ¿Me estabas hablando en serio?- preguntó incrédula.
Draco asintió mientras metía su mano en el bolsillo del pantalón y sacaba una cajita. Hermione no la tomó, sólo se quedó lívida observándolo.
-No- dijo negando con la cabeza cuando se recuperó- No, Draco no podemos.
-¿Por qué no?- inquirió él algo molesto- ¿A caso no dijiste que me amabas?
-Sí, pero eso no es motivo para casarnos ya… Acabamos de empezar a ser novios es muy pronto. Solamente salimos dos veces… Esto eso… sorpresivo. Yo… Lo siento, pero no.
-¿Por qué no?- repitió él.
-Acabo de decírtelo- le respondió.
-Solo deduje que tienes miedo- indicó Draco dejando en las manos de ella la cajita- Todas esas son excusas cobardes.
-¡Y no tengo miedo!- indicó ella cruzándose de brazos.-Es que la idea de casarnos es irracional, ni siquiera terminamos el colegio…
-Falta sólo dos meses- indicó Draco pero ella no lo escuchó y siguió hablando.
-Además está tu familia que jamás me aceptarían…. ¡Y tu padre! ¡Te mataría!
-Ya te dije que me ocuparé de él…
-¡Y mis padres! Pensaré que me volví loca cuando les diga que me voy a casar a esta edad con el hombre con el que estoy saliendo desde hace menos de un mes. Me dirán que es una decisión precipitada, hecha sin pensar…
-¿Acaso jamás hiciste algo sin pensarlo demasiado?
-¡Claro que no! Las situaciones es mejor pensarlas con calma y plantearse todas las dificultades que se pueden presentar, tener un plan…
-Hermione- la llamó.
-Un plan detallado de cada acción para no llevarse desagradables sorpresas… El casarse así, como me lo estás pidiendo, es una completa locura que ni siquiera pienso tener en cuenta…
-¡Hermione!
-¡¿Qué?!
Ella lo miró a los ojos dándose cuenta que había estado hablando rápidamente, moviendo sus manos de un lado para el otro nerviosamente.
-Tienes miedo- dijo Draco.
-Tengo miedo- afirmó ella mientras bajaba la cabeza avergonzada.
-¿De qué?- preguntó él.
-De que algo salga mal- confesó en voz baja.
Draco resopló.
-Es obvio que algo va a salir mal. Es mas, creo que pasaremos mucho tiempo discutiendo- le contestó.
Ella lo miró asombrada.
-¿Si tu mismo crees que no va a funcionar porqué me pides que me case contigo?- quiso saber.
-Yo jamás dije que no iba a funcionar, solo que íbamos a discutir bastante y que algo saldría mal pero eso no quiere decir que no sepamos resolverlo. Piénsalo- le pidió- Se supones que eres la amiga de Potter, la más inteligente del curso, la que no hace nada sin pensarlo… y yo soy el guapo por el que todas están detrás- sonrió pícaramente- el que tiene a todas a sus pies…
Hermione rodó los ojos. Al parecer no podía hablarse seriamente con él por mucho tiempo.
-Ya basta, Draco…- le pidió pero él no le hizo caso y siguió hablando pero esta vez con mayor seriedad.
-Soy un ex mortífago, un Malfoy, lo que quiere decir que soy egoísta, egocéntrico, orgulloso y me encanta serlo. Los dos somos completamente diferentes y nadie en su sano juicio nos uniría jamás pero… admitámoslo, somos tan diferentes que no hay mejores personas para nosotros que nosotros mismos.
-Esa es la cosa más irracional que he escuchado en mi vida- indicó Hermione mirándolo divertida.
-Pero es tan irracional que te gusta la idea… Me dices que tienes miedo de que lo nuestro no funcione y que algo salga mal… Yo no te puedo decir que eso no va a suceder. Lo que sí te puedo asegurar es que intentaré hacerte feliz, te respetaré y amaré. Y tu estarás tan contenta porque todas las noches compartes cama conmigo que ni siquiera te darás cuenta de mis demás fallas, que son muy pocas dado que soy perfectamente perfecto.
Hermione rió sin poder ni querer evitarlo.
-¡Y ahí tienes otra cosa!- exclamó él- Conmigo te diviertes. Así que, ¡Qué mejor pareja que la comelibros y el rubio apuesto al cual ninguna mujer se le puede resistir!
-¿Por qué no mejor dices la inteligente y el idiota? Eso sonaría más lógico ya que nos complementaríamos.
-Claro, cariño- dijo con tono falsamente meloso- Otro punto: soy capaz de darte la razón con tal de que cierres esa boquita y la utilices para algo más interesante… ¿Qué me dices, Hermione Granger? ¿Aceptas ser la esposa del magnífico Draco Malfoy?