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Enamorando a Hermione Granger. — capítulo 26
Buenas... Sé que dije que no iba a poder actualizar pero... ¡Sorpresa! Acá estoy con un nuevo capítulo con un final no muy agradable. Solamente espero que no me acribillen cuando lo lean.
Tengo ya toda la historia terminada porque en un ataque de inspiración la acabé pero no la publicaré si no hasta más adelante.
Un beso enorme para todos.
P.D.: Recuerden que yo siempre coloco finales felices para mis historias.
Hermione se aferraba a la mano de Draco con fuerza a medida de que Dumbledore hablaba.
—Tendrán que permanecer en una habitación resguardados porque nos han informado que han visto a Lucius en el pueblo. Dos aurores vienen ya mismo para quedarse con ustedes y otros cuantos más comenzarán a buscarlo—hizo una pausa—No creo necesario decirles que tienen que obedecer cada una de las órdenes de sus cuidadores.
Ambos negaron con la cabeza mientras Draco le pasaba un brazo sobre los hombros de Hermione y la atraía hacia él de manera posesiva y protectora.
—¿Cree que mi padre pueda entrar al castillo?—preguntó Draco.
Dumbledore suspiró.
—No lo sé. Quiero creer que no pero aún así nadie sabe cómo logró escapar de Azkaban por lo que preferimos tomar las medidas necesarias para evitarlo.
Draco giró el rostro hacia su novia que tenía el rostro pensativo.
—¿Qué sucede?—Le preguntó.
—Creo que sé cómo hizo para escapar—dijo con voz apenas audible—Del mismo modo que lo hizo Sirius.
Draco no entendió porque nunca se había enterado de cómo aquel Black lo había conseguido, pero una simple mirada hacia Dumbledore le dijo que el anciano sí lo había entendido, pero lo peor de todo era que tener conocimiento de esta realidad parecía alterarlo aún más.
—Vayan al tercer piso. El profesor Snape los está esperando—les dijo con prisa mientras él giraba hacia el otro lado del escritorio y con prisa comenzaba a escribir una carta—Corran y no se detengan por nada.
Hermione asintió mientras tomaba del brazo de Draco y lo arrastraba fuera.
—¿Qué sucede?—preguntó Draco sin comprender nada de lo que estaba sucediendo.
—Tu padre es un animago—le respondió ella sin dejar de correr por el pasillo.
—¿Qué? No lo es—indicó Draco.
—Sí, lo es—refutó ella deteniéndose de repente para mirarlo de frente—Cuando Sirius se escapó lo hizo en su forma animal para que no lo detectaran… Cualquiera pensaría que los estúpidos del Ministerio tomarían medidas para que esto no volviera a ocurrir pero… ¡Tenemos que seguir!
Ella lo volvió a tomar de la mano y siguieron corrieron hasta el tercer piso. El pasillo principal de esta planta estaba desierto. Miraron a todos lados buscando al profesor Snape pero no lo encontraron.
—¿Profesor Sna…?— comenzó a decir Hermione en voz alta pero no pudo terminar porque Draco inmediatamente le tapó la boca.
Ella lo miró confundida pero él le hizo un gesto de silencio. Hermione asintió y Draco apartó lentamente la mano de su boca.
—Vámonos- le dijo susurrando.
—No podemos, tenemos que encontrar a Snape-—indicó ella—Si regresamos podríamos estar en más peligro. Además, él puede estar herido y si es así hay que ayudarlo.
—Está bien, Hermione —Pero si no lo encontramos después de cinco minutos nos volvemos. ¿Entendiste?
—Si—aseguró ella.
Comenzaron a caminar con lentitud, intentando hacer el menor ruido posible, abriendo las puertas con las cuales se topaban, buscando al profesor Snape, pero no lograron encontrarlo por ningún sitio. Hasta que llegaron la última aula. Era un salón vacío que nunca había sido utilizado para nada. Hermione extendió la mano hacia el picaporte pero antes de tocarlo Draco tomó su mano impidiéndolo.
—Deja que yo lo haga—le dijo.
Ella se apartó un poco pero no demasiado mientras él abría la puerta. No pudo evitarlo y lanzó un grito de terror cuando vio a su profesor de Pociones tirado allí en el suelo frío completamente inconsciente y con su varita rota a su lado. Hermione corrió hacia él. Draco intentó impedirlo, tocándola por el hombro pero no logró llegar a tiempo.
—Hermione, ¡No!
Era una trampa.
Snape se levantó, sonriendo malévolamente mientras tomaba a Hermione por el cuello y la atraía hacia él sacando su varita del interior de la negra capa.
Draco se apresuró a apuntarlo con su varita pero no se atrevió a hacer ningún movimiento porque Hermione estaba delante de él y temía lastimarla.
—¡Suéltala!—gritó.
Severus rió.
—Eres patético, hijo—dijo con la voz de Lucius Malfoy.
Hermione abrió inmensamente los ojos dándose cuenta de su error pero ya era demasiado tarde para lamentaciones. Tendría que idear un plan para intentar zafarse del agarre de Malfoy y escapar junto a Draco.
—Suéltala—repitió Draco—Esto no la compete. El problema es conmigo.
—Ay, hijo, qué descortés eres al no querer que conozca a tu futura esposa. Yo no te enseñé esos modales—indicó el hombre con cinismo—Lo que te enseñé es que las sangre sucias como ellas sólo sirven para algún que otro revolcón. Diversión, nada más… Me has decepcionado, hijo.
Draco no respondió. Su mente trabajaba a todo lo que daba intentando buscar la manera de sacar de allí a Hermione.
Lucius apretó la punta de su varita en el cuello de Hermione, lastimándola, pero ella no hizo más que una mueca mientras se mordía con fuerza los labios para no gemir de dolor y demostrarle debilidad.
En ese momento la puerta del aula se abrió y entró el verdadero profesor Snape. Lucius lanzó un hechizo hacia él y en ese momento Hermione aprovechó para deshacerse de su agarre. El profesor Snape esquivó el hechizo que dio contra la pared mientras apartaba a Draco fuera de allí.
—Vete—le ordenó.
Pero éste no pensaba marcharse sin Hermione. La vio correr hacia una de las esquinas del aula alejándose de Lucius, intentó acercársele pero Snape nuevamente lo retuvo detrás de él.
—Apártate—le dijo mientras intentaba ir hacia donde estaba ella.
—¡NO, DRACO!—gritó Snape.
Pero ya era demasiado tarde porque él había cruzado por debajo del brazo de su profesor, fue corriendo hacia donde estaba Hermione y la tomó por la mano para intentar sacarla de allí. Hermione corrió al lado de Draco sin dejar de prestar atención a lo que hacía Lucius que aún continuaba con la forma de Snape a causa de la poción multijugos lanzando a diestra y siniestra hechizos contra el profesor. Éste los repelía a todo pero no le quedaba tiempo de atacar al otro.
—Escúchame bien—le dijo Draco a Hermione tomando su rostro entre sus manos—Tienes que irte. Ahora mismo.
Hermione negó con la cabeza.
—¡Hazme caso, Hermione, por Merlín!—Exclamó Draco—Esto es muy peligroso. Ve a buscar a Dumbledore que yo me quedaré a ayudar a Snape.
—Pero…
—Sin pero, Granger—indicó giñándole un ojo y forzando una sonrisa para intentar convencerla.
Ella iba a protestar nuevamente pero la forma en que la miró Draco la hizo desistir. Asintió temblorosamente y miró hacia la puerta la cual estaba siendo bloqueada por Snape, el verdadero, que se protegía aún de los ataques de Lucius.
—Yo lo distraeré así Snape te dará lugar para salir—indicó Draco.
Él, a pesar de odiar a su padre, no deseaba matarlo. Alzó la varita hacia él y le lanzó un expeliarmus. Pero Lucius había estado esperando un ataque de parte suya por lo que lo esquivó y al moverse el hechizo dio de lleno a Snape.
—¡Corre ahora!—le gritó Draco a Hermione.
Ella hizo lo que le pedía y logró salir del aula, corrió hacia Snape y vio que solamente estaba inconsciente. Comenzó a correr hacia el despacho del director mientras gritaba para que los vinieran a ayudar, preocupada porque Draco había quedado solo con su padre. Pero de pronto se detuvo, maldiciendo su idiotez al no haberse dado cuenta antes de aquello: podía mandarle un patronus a Dumbledore e ir a ayudar a Draco. Así lo hizo y nuevamente comenzó a correr en el sentido contrario al anterior, de donde había salido. Pero cuando faltaba al menos unos quince metros para llegar al aula vio como Draco salía disparado hacia atrás chocando contra el muro.
—¡DRACO, CUIDADO!—gritó.
El joven giró la cabeza hacia donde ella estaba y el momento de distracción por su parte fue fatal. Lucius sonrió malévolamente mientras levantaba la varita por última vez hacia su hijo.
—¡Avada Kadabra!
—¡NO!
Hermione intentó correr hacia allí mientras lanzaba un hechizo protector contra Draco peor éste no alcanzó a llegar y el maleficio de Lucius entró directamente en el pecho de Draco a modo de rayo de luz verdoso.
—¡NO!— gritó nuevamente Hermione perdida en la desesperación del momento,
Fue un grito verdaderamente desgarrador, clara muestra del dolor que sintió al sentir que su alma moría. ¡No, eso no podía ser verdad! No, él le había dicho que nada malo pasaría, él no podía estar muerto…
Sintió el pánico llenándola pero aún así no podía llorar porque aquello no era real. Se negaba a creerlo. Furiosa, levantó su varita apuntando a Luciusmientras corría hacia Draco pero un brazo rodeó su cintura impidiéndoselo.
—¡NO! ¡DRACO!— gritó de nuevo.
—No, niña, ya no hay nada que hacer.
—¡Nooo!
Intentó moverse para desprenderse de aquel agarre, pangándole a su opresor que no resultó ser otra que McGonagall pero sin lograr su cometido. Dumbledore estaba combatiendo contra Lucius que se venía en mala situación ya que el anciano era mucho más poderoso que él y no sólo lograba protegerse de sus ataques sino que también acometía contra el otro mago.
—¡Desmaius!—exclamó Dumbledore y esta vez Lucius no pudo esquivar ni protegerse.
El hechizo le pegó y el cuerpo inconsciente del hombre no tardó en caer al suelo.
Hermione, que aún luchaba contra Minerva, le dio un fuerte golpe a la mujer sin detenerse a pensar y corrió hacia donde estaba Draco. Una parte de ella esperaba encontrarlo débil pero con vida; pero la otra sabía que aquello era imposible puesto que no había posibilidades de que hubiera sobrevivido al hechizo asesino. Y así era. Pero ninguna de las dos partes estuvo preparada para verlo tirado allí en el suelo, para ver su cuerpo sin vida con el cuello girado hacia un costado y los mechones de sus cabellos rubio cayéndole sobre el rostro. Sus ojos estaban abiertos. Aquellos ojos de mirada soñadora que tanto le gustaba, que tanto adoraba cuando la miraban con diversión o esa arrogancia tan propia de él. Pero ya nada de esos sucedería. Todo había acabado.
Se acercó al cuerpo sin vida de su amado, lo abrazó, llorando desesperadamente sobre su pecho y maldiciendo a Lucius Malfoy. En su garganta tenía un nudo que le impedía respirar con normalidad, su cabeza sufría un fuerte dolor y parecía que en su pecho su corazón se estuviera desangrando. Pero ya nada le importaba. Todo había dejado de tener importancia.
—Ven, Hermione —le dijo Dumbledore tomando sus hombros con suavidad.
—No.
—No puedes quedarte aquí.
No le importaba nada. Quería quedarse junto a Draco.
-Vámonos, Hermione- dijo una voz que inmediatamente reconoció pero aún así no se dio vuelta.
Harry tomó la mano de su amiga haciéndola girar para abrazarla. Justo en ese momento, Hermione perdió el conocimiento. Él la tomó entre sus brazos y la llevó a la enfermería.