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Enamorando a Hermione Granger. — capítulo 27
Dos años después.
—Vamos, Hermione—dijo Harry mirando a su amiga a los ojos pero ella esquivó su mirada-Todos quieren verte éste año en el cumpleaños de Ron.
Hermione negó con la cabeza.
—Le mandaré un obsequio-le respondió-He pensado en una escoba nueva.
Harry suspiró, resignado. Ya no sabía qué hacer para sacar a Hermione de ese terrible estado depresivo en que se había sumergido. Y no sólo había sido él sino cada uno de los que la querían, que eran muchos, pero ella solamente parecía llevarse bien con Narcisa Malfoy.
—El mejor regalo que podrías hacerle sería ir a saludarlo personalmente.
—No, Harry. No tengo ánimos de salir a ningún lado.
—Pero, Hermy, desde que terminaste el colegio no haces más que pasarte el tiempo encerrada en esta mansión… Sí, sé que te llevas bien con la señora Malfoy y que fue muy amable al pedirte que vivieras con ella aquí pero…
—¿Te enteraste que Lucius Malfoy murió?—preguntó de repente ella interrumpiéndolo.
Harry negó con la cabeza.
—Los Dementores iban a darle el beso pero el muy cobarde se quitó la vida antes de que lo hicieran. Lo hizo al estilo muggle. Se cortó las venas de las muñecas y murió desangrado.
La frialdad con que decía todo aquello Hermione asustó a Harry.
—¿Cuándo?
—Esta mañana le avisaron a Cissy—respondió sin mirarlo recostándose por el respaldar del sillón.
Hubo una incómoda pausa entre ellos hasta que fue ella quién la rompió con una pregunta que Harry no esperaba.
—¿Soy una mala persona?
Harry abrió los ojos inmensamente asombrado.
—Eso sería lo último que diría de ti—le respondió su amigo.
—¿Soy una mala persona por sentirme feliz de que Lucius Malfoy esté muerto?—reformuló su pregunta ella mientras sus ojos se llenaban de lágrimas.
Harry se quedó mudo por unos instantes pero cuando vio que su amiga llevaba una mano a su rostro para ocultarlo y reprimir un sollozo se apresuró a acercársele a abrazarla.
—No, Hermione… Después de todo lo que hizo, de todo el dolor que sufriste por su culpa nadie puede decir que eres mala por sentirte feliz porque ya no está en este mundo.
—Ay, Harry… ¿Entonces, por qué me siento tan mal por sentirme feliz?
Harry sonrió tristemente.
—Esa es otra razón por la cual estoy seguro de que no eres mala persona. ¿Quién se sentiría culpable por sentirse feliz?
Las puertas de la sala se abrieron en ese momento dejando ver la impotente figura de Narcisa que se detuvo inmediatamente al verlos abrazado.
—Lo siento. Pensé que estabas sola, Hermione—dijo y luego miró a Harry—Hola, Harry. Es un placer tenerte nuevamente aquí.
—Vine a ver si podía llevarme un rato a Hermione para la cena de cumpleaños de Ron—contestó Harry apartándose un poco.
—Harry, ella irá—indicó la mujer caminando hacia adentro.
Miró durante unos segundos fijamente a Hermione y Harry pudo ver como ésta asentía casi imperceptiblemente. Era asombroso y escalofriante a la vez ver como las dos se comunicaban silenciosamente.
—Está bien, iré—dijo Hermione—Pero sólo si Narcisa viene conmigo.
—Claro que sí—se apresuró a decir Harry feliz de haber conseguido su cometido.
La cena se realizó en relativa tranquilidad y la felicidad de los presentes por la visita de Hermione hizo que el momento fuera más alegre. Hermione sonrió a todos, habló con cuántos pudo e intentó hacerles creer que se sentía feliz. En un momento, Narcisa hizo que todos captaran la atención en ella haciendo que la momentánea desaparición de Hermione pasara desapercibida por todos.
Dos horas después, cuando regresaron a la mansión, se encaminaron en silencio al sótano.
-¿Lo has conseguido?- preguntó la mujer.
-Claro que sí- indicó Hermione asintiendo con la cabeza y mostrándole a Narcisa la capa de invisibilidad que había robado del cuarto de su mejor amigo en la Madriguera.
Narcisa tomó la capa entre sus manos y la colocó en el suelo. Hermione fue hacia un pequeño armario y tomó todo lo que había en su interior. Colocó la varita de sauco al lado de la capa junto a la piedra de la resurrección y rodeó aquellos elementos colocándolos con cuatro velas rojas encendidas.
El plan eran sencillo: intentar intercambiar la vida de Draco por todos aquellos elementos que originariamente le habían pertenecido a La Muerte y la única forma de llamarla sería entregando sangre y una vida.
Lo más sencillo de conseguir había sido la capa; los otros dos elementos había sido una verdadera tortura hallarlos pero lo habían conseguido así que ya no importaba demasiado. Todo esfuerzo valía la pena. Ambas mujeres se colocaron al lado de los objetos, quedando del lado interior de las velas.
Narcisa tomó un cuchillo y Hermione un pequeño frasquito con un líquido platinado que remolinaba en su interior. Ambas se miraron durante unos momentos.
-¿Estás segura, querida?- le preguntó Narcisa a Hermione.
-Sí- respondió con claridad.
Narcisa se apresuró a colocar el filo de la daga en su palma e hizo un profundo corte reprimiendo un gemido de dolor. La sangre comenzó a brotar de la herida cayendo en un pequeño hilo al suelo. Narcisa alzó la vista a Hermione y vio que ella había bebido de un trago el veneno. Rápidamente sintió su cuerpo perder conciencia y caer sin vida al suelo.
Narcisa quedó expectante mirando a su alrededor, con el corazón en la boca, rogando a Merlín que su plan funcionase porque sino no soportaría perder nuevamente a un hijo, porque aquella joven se había convertido en parte importante de su vida después de haberla conocido y de haberse dado cuenta de lo mucho que amaba a su hijo.
Pero cuando la desesperación ya la estaba invadiendo vio que una brisa, imposible que existiera en aquel lugar, moviendo la tenue luz de las velas. Y, desde una oscura esquina, una silueta aún más negra apareció y dio un paso hacia adelante. Sintió temor, pero aun así mantuvo sus ojos abiertos y permaneció allí sin retroceder. La risa de aquel espectro rebumbó en aquella sala.
-Quiero negociar.- dijo con voz algo temblorosa.
-¿Y crees que con esas cosas que yo mismo di puedes recuperar a tu hijo? ¿Qué ésta joven volverá a la vida?
-Tengo algo más que darte- dijo la mujer con valentía dispuesta a darle todo lo que deseara.
-Te escucho- indicó interesado.
Hermione sentía que el corazón le latía con velocidad. Intentó abrir sus ojos, que al principio se negaron pero luego, cuando lo logró, se dio cuenta que estaba acostada en su cama, en la habitación que ocupaba en la mansión Malfoy.
-¿Hermione?
Giró el rostro rápidamente hacia un costado al escuchar la voz que tanto había anhelado oír durante dos años. Él estaba allí, sentado al borde de su cama, medio inclinado sobre ella con una sonrisa en sus labios. Sus ojos se llenaron de lágrimas, temiendo que su mente la estuviera engañando, pero cuando Draco alzó una mano para acariciar con cuidado su mejilla se dio cuenta de que en realidad él estaba allí. Lo habían conseguido.Sonrió mientras sus ojos se llenaban de lágrimas de felicidad. Lo abrazó atrayéndolo hacia ella.
Draco sonrió.
-Para haber estado muerta tienes mucha fuerza- le dijo.
Hermione rió suavemente.
-Cállate que arruinas el momento- le dijo.
Draco se separó un poco y la miró a los ojos con ternura. Pero después su rostro formó una mueca de disgusto.
-¡¿Acaso te habías vuelto loca o que?! ¿Por qué rayos te mataste?
Hermione estaba por contestarle, de una no muy buena manera, pero él la interrumpió con un apasionado beso en los labios. Hermione no tardó en devolvérselo. Lo había extrañado demasiado como para enfadarse con él.
-Te amo- le dijo Draco- Y sé que soy demasiado irresistible como para no tenerme.
-Por supuesto- dijo rodando los ojos- Yo también te amo.
Draco se acercó a besarle nuevamente pero de repente, Hermione recordó algo.
-¿Tu madre?
Él se apartó inmediatamente.
-¿Hace dos años que no me vez, te estoy a punto de besar y preguntas por mi madre?
-Es que con ella hice el hechizo que te trajo de nuevo, necesito verla- explicó ella.
-Está abajo. ¿Quieres que la llame?
Hermione asintió.
Draco suspiró cansadamente pero bajó a buscarla. A los poco minutos apareció Narcisa. La mujer se apresuró a acercarse a ella y la abrazó con alegría.
-¡Me alegra saber que has despertado!- exclamó la mujer.
-No puedo creer que en realidad haya funcionado- indicó Hermione- Funcionó, ¿Verdad?
Narcisa asintió pero por la sombra de su mirada supo que había algo más.
-¿Qué sucede?
-Nada, Hermione.
-No me mientas. Cuando vine a decirte que había sucedido con Draco me pediste que fuera completamente sincera. Ahora yo te pido lo mismo.
Narcisa suspiró.
-No aceptó solamente las reliquias. Tuve que darle algo más.
Hermione la miró asustada.
-¿Qué le diste?- preguntó con temor.
-Le ofrecí mi vida…
-¡¿Qué?!
-Cálmate, Hermione. Le ofrecí mi vida pero no aceptó. Me dijo que ella ya había tomado lo que deseaba.- la mujer bajó los ojos- El alma de Lucius.
-Pero…
-Y yo le dije que podría hacer con ella lo que quisiera- volvió a interrumpirla la mujer alzando los ojos bañados en lágrimas- Lo amé. Amé a mi marido pero jamás lo perdonaré por lo que le hizo a mi hijo. No me juzgues si te digo que me importa una mierda lo que le esté sucediendo ahora.
Hermione pudo ver el rencor, el odio y el dolor en la mirada de Narcisa. Se acercó y la abrazó con fuerza. No la juzgaba ni jamás lo haría porque ella también se había sentido feliz al enterarse de la muerte de aquel hombre; y, como ella, se notaba que Narcisa luchaba entre la felicidad y el sentimiento de culpa.
-Sólo te pido que hagas muy feliz a Draco- pidió la mujer.
-Lo haré- le garantizó Hermione- Moriría de nuevo por él.