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Historia 85504 — capítulo 35

Una vuelta. Otra vuelta. Cogí el edredón y me tapé hasta la nariz. Resoplé y me destapé de un tirón. Llevaba así casi toda la noche. Apenas había dormido, y ya los primeros rayos de Sol inundaban la habitación.

"Te odio".

"No, Hermione, espera. ¡Espera!"

Aquellas palabras no paraban de resonar en mis oídos. Tal vez me había pasado… Sigo estando muy enfadada con Ron, por supuesto, pero no debí decirle eso…

Finalmente me resigné. No iba a poder dormir ni siquiera un minuto, así que me levanté de la cama sin hacer mucho ruido y me puse la camiseta roja con el escudo de Gryffindor. Hoy era el partido de quidditch contra Slytherin y tenía que animar a mis amigos.

Bajé las escaleras. Normalmente Harry y Ron solían esperarme ahí para ir a desayunar los tres juntos, pero siempre que Ron y yo discutíamos ellos se iban sin mí.

Con pasos lentos me dirigí al Gran Comedor, pero mi cabeza iba a estallarme y tenía una extraña sensación en el cuerpo, como de que algo no iba bien. Supuse que sería por lo de Ron, pero…

"¿Y si le pido perdón?

¡Sí, claro! Tú no has hecho nada, Hermione. ¡Es él quien debe pedirte perdón a ti!

No debí decirle que le odiaba.

Ni él tratarte como lo hizo.

Pero esta vez es diferente… Creo que algo no va bien.

Bah, serán los nervios del partido".

En menos de lo esperado llegué al Gran Comedor, que estaba repleto de gente. A ambos lados del comedor había mareas de color rojo y verde, bufandas y pancartas. Comencé a caminar lentamente entre las mesas buscando a mis amigos con la mirada y finalmente atisbé un pelo pelirrojo sentado ante un plato rebosante de tostadas. Frente a él estaba Harry, que llenaba un vaso con zumo de calabaza.

-¿Qué tal estáis?- pregunté contemplando la nuca de Ron esperando que me contestase.

Pero me ignoró.

-Muy bien- contestó Harry al tiempo que le acercaba la copa de zumo a Ron-. Venga, bébete esto.

Tras soltar un gruñido Ron cogió el vaso (el pulso le temblaba, supongo que de los nervios) y se lo llevó a los labios.

-¡No te lo bebas!- exclamé rápidamente.

Los chicos me miraron, Ron con el ceño fruncido.

-¿Por qué?- preguntó bordemente.

¿Pero es que acaso este idiota no se había dado cuenta? Abrí mucho los ojos y la boca y contemplé a Harry sin dar crédito a lo que acababa de ver.

-Le has puesto algo en la bebida- lo acusé.

-¡Pero qué dices!- repuso Harry.

-Ya me has oído. Te he visto. Le has puesto algo en la bebida- repetí histéricamente-. ¡Mira, todavía tienes la botella en la mano!- exclamé mientras señalaba una pequeña botellita transparente.

-No sé de que me hablas- repuso Harry seriamente mientras se guardaba el frasco de felix felicisen un bolsillo.

No puede ser, ¡no puede ser! ¿Cómo se atreve? ¡Eso es trampa! Pero como Harry no parecía dispuesto a hacer nada al respecto volví a poner toda mi atención en Ron.

-¡Hazme caso, Ron, no te lo bebas!- le insistí muy alterada.

Pero tras lanzarme una mirada de desprecio el chico se bebió el zumo de un trago.

-Deja ya de mangonear, ¿vale?- me dijo con desprecio.

Noté cómo las chispas salían de mis ojos. Tuve que apretar los puños porque juro que quise… ¡Arg! Entonces me incliné para susurrarle a Harry al oído:

-Deberían expulsarte por esto. ¡No me esperaba una cosa así de ti!

Mi amigo se encogió de hombros.

-Tú no lo entiendes- dijo.

¿Qué no lo entiendo? ¡Claro que lo entiendo! ¡Para ellos lo más importante es ganar un estúpido partido de quidditch, y si para ello hay que hacer trampas, se hacen trampas, cómo no! ¡Es lo único que les importa! Hombres…

Echa una furia me di la vuelta y me senté en el extremo más alejado de ellos. Ante mí apareció un plato con una tostada con mermelada de frambuesa, mi preferida. La cogí sin muchas ganas y comencé a darle mordisquitos con la vista clavada en el vacío banco de enfrente. Tal vez ese mal presentimiento se debía a lo que acababa de pasar, a la discusión.

Suspiré. El día no podía haber empezado peor…

-¿Puedo sentarme?- preguntó una voz familiar.

Neville estaba a mi lado con una sonrisa en su redonda cara y un plato con un trozo de tarta en la mano. Me encogí de hombros y él se sentó junto a mí.

-No me gusta verte sola. ¿Qué pasa, has vuelto a discutir con Ron?- preguntó mientras se ponía la servilleta a modo de babero para no mancharse.

-Y con Harry…- contesté en voz baja al tiempo que asentía.

-¿Qué ha pasado?

Negué con la cabeza. Eran historias demasiado largas las dos, y no me iba a poner ahora a hablar de…

-¡Que son unos estúpidos!- exclamé al final sin poder contenerme, y Neville pegó un bote-. Ron está súper borde conmigo y no sé por qué, y ahora Harry me hace quedar como una idiota. ¡Y yo con esta… mierda de camiseta para animarlos en el partido!- dije conteniendo el llanto y arrugando el dibujo del león que había sobre mi pecho.

Neville soltó la cuchara que tenía en la mano y me miró tristemente.

-Harry te quiere mucho, seguro que no lo ha hecho a propósito. Y Ron… Bueno, sí, Ron es un estúpido- dijo sonriente.

No pude evitar soltar una pequeña carcajada mientras me secaba algunas lágrimas.

-Oye, pero que si tú no vas a bajar a ver el partido yo me quedo contigo, si quieres…- me propuso Neville.

Sonreí. Él si que era bueno.

-No, no…- negué con la cabeza-. Le prometí a Ginny que iría a verla.

-¡Pues entonces vámonos antes de que nos quiten los mejores asientos!- exclamó el chico, y se metió lo que le quedaba de tarta en la boca. Yo dejé la tostada a medio comer sobre el plato y me levanté.

En el camino hacia el estadio charlamos animadamente sobre nuestros planes para las cercanas vacaciones de Navidad. Él lo pasaría como siempre con su abuela, y de repente sentí lástima por él cuando me acordé de que el año pasado lo vimos visitando a sus padres en el hospital…

Al poco rato nos encontramos ante el estadio, que ya estaba a rebosar de gente. Normalmente solía pasarme por los vestuarios para desearle suerte a mis amigos, pero hoy no pensaba hacerlo. Con mucha dificultad Neville y yo comenzamos a abrirnos paso entre las gradas hasta que encontramos un hueco vacío en la cuarta fila. Tres cuartas partes del estadio iban vestidos de rojo (los miembros de Gryffindor, Ravenclaw y Hufflepuff); sólo los de Slytherin iban de verde.

Me senté sin muchos ánimos: NO me gusta el quidditch…

La gente estaba muy emocionada y no paraban de hablar en voz alta y hacer ruído.

"Y eso que el partido aún no ha empezado…", pensé con desgana cruzando las piernas y apoyando la cabeza en mi mano.

-¡Hola, Luna!- exclamó Neville de repente.

Levanté la vista. Luna estaba de pie a mi lado, con sus enormes ojos saltones brillantes y el larguísimo pelo recogido en una coleta, lo que dejaba ver los extraños pendientes que llevaba, uno con forma de G y otro de león. Iba vestida conun rojo exageradamente fuerte que contrastaba con la bufanda azul y plateada de su casa que, no sé por qué, llevaba atada a la cintura. Pero sonreí. A pesar de todo iba… guapa, supongo.

-Hola Neville, hola Hermione Granger.

-¿Qué tal, Luna?- la saludé.

Se encogió de hombros y compuso una sonrisa como de niña pequeña buena que no ha roto un plato en su vida.

-Muy bien. He ido al vestuario para desearle buena suerte a Ginny, porque yo voy con Gryffindor, ¿sabes?- contó con su particular vocecilla.

"No me digas", pensé, pero me contuve. Neville no pudo evitar reírse al ver mi cara.

-Allí me he encontrado a Harry y me ha dicho que te diga una cosa- continuó. Abrí mucho los ojos y puse toda mi atención en ella-. Dice que siente mucho lo de antes y que luego te tiene que contar algo…

Parpadeé un par de veces. ¿Qué significa eso?

-¿Ves? ¡Te lo dije!- exclamó Neville alegremente mientras me daba una palmada en el hombro.

-¿Y Ron te ha dicho algo?- me apresuré a preguntar.

Luna puso cara de concentración y se llevó un dedo a la barbilla mientras miraba hacia arriba.

-No… Ron estaba a punto de vomitar en una esquina…

Bueno… No era lo que quería oír pero… Tampoco podía esperar que dijese nada. ¡Claro que no iba a decir nada! Visto lo visto no parecía que fuéramos a hacer las paces en la vida.

-Bueno, yo me voy a la grada de Ravenclaw- dijo despidiéndose con la mano.

-¡No!- gritó Neville, tan fuerte que hizo que algunas personas giraran la cabeza.

Lo miré sorprendida, al igual que todos los que estaban a su alrededor. Solo Luna estaba normal.

-Quédate con nosotros… si quieres…- bajó la mirada.

Luna dio unas palmadas encantada y se sentó a mi lado. Neville no volvió a levantar la vista hasta que comenzó el partido.

Cuando los dos equipos salieron al campo el estadio casi se vino abajo entre vítores y abucheos.

-Espero que no canten eso de "Weasley nació en un vertedero…"- comentó Luna-. Tiene un ritmo pegadizo pero la letra no me gusta…

Asentí con la cabeza. Ya ni me acordaba de aquella canción que los de Slytherin utilizaban para meterse con Ron.

Cuando todos los jugadores estuvieron en el aire, la señora Hooch tocó el silbato y comenzó el partido.

Harry recorrió el perímetro del campo buscando la snitch, y entonces una voz resonó por todo el estadio, una voz muy distinta a la del antiguo comentarista, Lee Jordan.

-Bueno, allá van, y creo que a todos nos ha sorprendido el equipo que ha formado Potter este año- dijo el repelente de Zacharias Smith-. Muchos creían que Ronald Weasley, después de su irregular actuación el año pasado, quedaría descartado, pero, claro, siempre ayuda tener una buena amistad con el capitán…

Apreté los puños con rabia. Por muy enfadada que estuviese con Ron no permito que nadie diga esas cosas. Los miembros de Slytherin comenzaron a reírse y a burlarse, y Ginny dejó caer la quaffle que llevaba en la mano para hacerle a Zacharias un gesto grosero con los brazos. La pelota fue recogida por un jugador de Slytherin.

-Ahí va el primer ataque de Slytherin. Urquhart cruza el campo como una centella y…- se me encogió el estómago y cerré los ojos- ¡paradón de Weasley!

¿Qué? ¿Cómo? Abrí un ojo y contemplé el escenario. La gente aplaudía y Harry sonreía sobre su escoba.

-Bueno, supongo que todos tenemos suerte alguna vez…- continuó el comentarista.

¡Claro, suerte! Ya ni me acordaba de que Harry le había echado felix felicis en su copa. ¡Ron no se merece esos aplausos! Me crucé de brazos y fruncí el ceño mientras él, desde lo alto de su escoba, abría la boca sorprendido.

Al cabo de media hora el partido iba 120 a 0 ganando Gryffindor. La marea verde estaba totalmente desanimada, y Ron había hecho unas paradas tan espectaculares que era el centro de atención.

-¡Weasley, Weasley, Weasley!- se escuchaba por todo el estadio.

La gente estaba de pie, aplaudiendo enloquecida mientras Ron levantaba los puños en señal de triunfo. Ya nadie le hacía caso a Harry o al resto del equipo. Yo seguía sentada, demasiado mosqueada con él como para aplaudirle, pero al verlo tan feliz cumpliendo su sueño no pude evitar sonreír un poco.

-¡Vamos, Hermione, anímate!- exclamó Neville, que había hecho aparecer con su varita un tambor. Luna, al otro lado, aplaudía dando saltitos y gritaba "Weasley, Weasley" con un compás distinto al resto de personas.

Bueno, vale, Harry había hecho trampa, yo no pensaba volver a hablarle a Ron en mi vida pero… Me gusta verle sonreír, y tal vez después de esto, si está de buen humor, podamos hacer las paces MUTUAMENTE. Así que finalmente me resigné y comencé a aplaudir sonriendo de medio lado.

Poco tiempo después Harper y Harry comenzaron a pelearse sobre las escobas, y de repente ambos comenzaron a volar a toda velocidad. No entendía muy bien qué era lo que pasaba, pero unos segundos después Harry alzó el brazo con la snitch en la mano.

Los vítores fueron tan fuertes que tuve que taparme los oídos. Al poco rato mi amigo desapareció entre las escobas de sus compañeros, pero Ginny pasó a toda velocidad por su lado y se estrelló estrepitosamente contra el estrado del comentarista, dejando a Zacharias medio sepultado entre los escombros de madera.

Por la sonriente cara de Ginny y su gesto despreocupado al rascarse la cabeza mientras la profesora McGonagall le regañaba supe que había sido a propósito. No soportaba a aquel niño.

Finalmente el equipo rojo abandonó el estadio levantando los puños. Neville, Luna y yo comenzamos a bajar las escaleras hacia los vestuarios a toda prisa.

Cuando llegamos abajo aquello parecía un mar rojo. El equipo había abandonado el vestuario para saludar a su afición. Entonces una figura larga y pelirroja se elevó entre las demás. Entre Harry y uno de los golpeadores habían cogido a Ron en volandas y lo llevaban sobre los hombros. Mi amigo, sonriente, le chocaba la mano a la gente que se le cruzaba.

-¡¡Fiesta en la Sala Común!!- exclamó Seamus a voz en grito.

De repente alguien me abrazó por detrás. Me giré y atisbé una larga melena roja.

-¡Ginny!

-¿Lo has visto, lo has visto?- gritó entusiasmada.

-Sí, has jugado muy bien- contesté devolviéndole el abrazo.

-¡No, digo a mi hermano! ¡Así es como te dije que jugaba en casa!- dijo la pelirroja con los ojos repletos de alegría.

Entonces noté un pellizco en la barriga y me mordí el labio. Ginny no sabía que Harry había hecho trampa. En ese momento Dean llegó y se llevó a Ginny de la mano.

Neville se había perdido entre la gente y Luna parecía haberse ido ya, por lo que yo seguí totalmente sola a la comitiva hasta la Sala Común de Gryffindor.

La sala estaba totalmente decorada con carteles de Gryffindor (en uno de ellos había un león pisando una serpiente), confetis caían de la nada como copos de nieve, había dos barriles de cerveza de mantequilla en una esquina y un pequeño pedestal en el centro donde colocaron a Ron.

-¡Weasley, Weasley, Weasley!

Extraños sentimientos se mezclaban en mi interior. Apoyada en una solitaria y oscura esquina veía a Ron recibir palmadas en el hombro y darle la mano a la gente y no sabía qué debía pensar, sentir o hacer. Por un lado me alegraba por él, ¡claro que me alegraba! Por otro quería apartarlo de un empujón del pedestal y decirle a todo el mundo que si estaba ahí era porque Harry había hecho trampa, que no se merecía nada de eso; y por otro quería acercarme y estrujarlo en un abrazo y apartar al corrillo de chicas que había a su alrededor, principalmente a Lavender, que estaba muy rara...

Entonces divisé a Harry y me acerqué a él para ver qué era eso que tenía que decirme.

-No has debido hacerlo- se me escapó mientras me colocaba a su lado, pero no podía apartar la vista de Ron.

-Lo sé…- contestó mi amigo contemplando también al pelirrojo-. Habría bastado con el conjuro confundus…

Me quedé petrificada. Temblando de pies a cabeza lo miré con los ojos muy abiertos; él, por su parte, me miraba con total tranquilidad. Pero bueno, ¿cómo se ha enterado de que fui yo la que…? De que amañé las… Me había pillado, ¡yo también hice trampas en su día!

-¡Weasley, Weasley!

-Aquello eran entrenamientos- dije notando cómo enrojecía y me iba quedando sin argumentos-. ¡Esto es un partido de verdad!

Tomé aire varias veces sin saber qué más decir. Pero Harry no parecía enfadado. Sin inmutar el gesto de su cara se llevó la mano a un bolsillo y sacó una botellita que me resultó familiar. Abrí mucho la boca.

-¡Weasley, Weasley!

-No echaste nada…- dije sorprendida viendo cómo el frasco de felix felicis estaba totalmente sellado, cerrado a cal y canto.

Harry sonrió. Volví a mirar a Ron atando cabos.

-Pero Ron pensó que sí.

Harry asintió con una sonrisa aún más amplia en la cara y se guardó la botella. Todo había sido un truco. Ron se había sentido con suerte, seguro de sí mismo, y por eso había jugado tan bien.

No sabía si regañar a Harry por el mal rato que me había echo pasar o darle un enorme beso por ser tan listo.

Volvíaa mirar a Ron. Se lo veía alegre, de buen humor… Realmente yo no lo había visto tan feliz en la vida.

"Puede que al final sí que podamos hacer las paces", pensé, pero de repente algo pasó.

Lavender Brown cogió a Ron del brazo y tiró y él. Se miraron un par de segundos que me parecieron eternos y de repente ella…. ella…

Mi corazón dio un vuelco, me costaba respirar. Se produjo un silencio en la sala, pero cuando Ron le devolvió apasionadamente el beso en medio de todo el mundo y comenzó a pasear su mano por la espalda de la chica los silbidos y los aplausos volvieron a retumbar en mis oídos.

Todo mi cuerpo comenzó a temblar, mis ojos se nublaron. Me sentía vacía, débil, pequeña…

Ron parecía que se la estuviera comiendo, y Lavender lo apretaba más contra ella.

Pero mirar me costaba la vida. Tuve que apartar la mirada, darme la vuelta y huir corriendo. Me abrí paso entre la gente. Necesitaba salir de allí...

-Hermione…- oí la voz de Ginny, pero no paré.

Salí de la Sala Común y eché a correr a algún lugar solitario donde nadie pudiera verme, lejos de todo el mundo, lejos de Ron…

Mis pasos me llevaron a la zona más baja de la torre de Gryffindor, un lugar que solía estar vacío porque los grandes ventanales daban mucha corriente. Cuando llegué me dejé caer en el último escalón. Hacía una suave brisa que arrastraba algunas hojas secas que había esparcidas por el suelo dándole a todo un aspecto frío y lúgubre.

Y lloré. Lloré como jamás en mi vida lo había echo. Lloraba tanto que me costaba respirar, que el corazón no latía lo suficientemente deprisa como para mantenerme con vida. Era como si todo el mundo se me hubiera venido encima en unos segundos.

-Ron…- sollocé-. Ron…

Las imágenes y sonidos volvían a mi mente atormentándome.

Su pecosa mano recorriendo la espalda de Lavender…

Dolía, dolía como si me estuviesen lanzando la maldición Cruciatus.

¡Weasley, Weasley, Weasley!

Estaba besando a otra chica. Jamás pensé que eso fuera a pasar.

"¡Una nueva parejita, eeeh"!, había gritado Dean.

Yo jamás lo besaría, no sé cómo pude ser tan estúpida como para hacerme ilusiones. Yo pensé que… tal vez… en la fiesta de Navidad él y yo… Pero yo solo soy la insufrible sabelotodo, nunca estaríamos juntos. Y desde que no me hablaba las cosas le iban muy bien, él no me necesita…

Saqué la varita y la agité sin pensar para que saliera un hechizo, el que fuera. De la punta de el trozo de madera salieron unos pequeños pajarillos que comenzaron a revolotear y a cantar a mi alrededor. Aquel sonido me hizo sentirme un poco, solo un poco, mejor.

Unos pasos se oyeron detrás de mí. Giré la cabeza. Harry bajaba lentamente por los escalones con las manos hundidas en los bolsillos. Inmediatamente intenté contener el llanto porque no quería que me viera llorar por Ron. Eso nunca.

-Encantamientos… Estoy practicando…- mentí.

-Pues son muy buenos- contestó Harry.

Se sentó a mi lado y me miró a los ojos. Él no era bueno diciendo cosas, pero sus ojos hablaban por él. Me pedían que le contase, que me desahogase. Pero él no lo iba a entender… a menos que…

-Harry, ¿qué sientes…- sollozo e hipido-…cuando ves a… a Dean con Ginny?

Si Harry comprendía aquel sentimiento, entonces me entendería a mí. Celos, tristeza, vacío…

-Ah, em…

Se quedó cortado sin saber qué decir, pero a mí no podía ocultarme nada.

-Lo sé… Me he fijado en cómo la miras…. Eres mi mejor amigo…

En ese momento unos pasos apresurados y unas risitas estúpidas resonaron con ecos en las paredes, y por una puerta entraron Ron y Lavender cogidos de la mano y riéndose a carcajadas. Ron tenía pintalabios por los alrededores de la boca, y la guarra de Lavender estaba despeinada.

Apreté los labios y aparté la mirada hacia el suelo para no verlos. Me costó la vida aguantar para no ponerme a llorar a moco tendido en frente de ellos. Harry puso su mano sobre mi rodilla para tranquilizarme.

Silencio…

-Vaya…- dijo Lavender con asco-. Me parece que esto está ocupado.

Abrí los ojos y miré. ¿Acaso querían un lugar vacío? Mi corazón se iba rompiendo por momentos. Ron nos miraba con desconcierto. Lavender comenzó a tirar de él, pero el chico no se movía y acabó soltándose. Ella decidió esperarlo fuera.

-¿Y esos pájaros?- me preguntó Ron.

¿¡Cómo se atrevía a dirigirme la palabra!? ¿¡Cómo podía cachondearse de mí de esa manera!? Me levanté al tiempo que una rabia comenzó a inundarme todo el cuerpo y lo fulminé, lo miré con todo el desprecio del que fui capaz y, aunque no podía hablar, le dije que le odiaba de todas las demás maneras posibles.

Porque ahora SÍ que lo odiaba, lo odiaba con toda mi alma.

-Oppugno…- murmuré entrecortadamente.

Durante unos segundos no pasó nada, pero cuando Ron se disponía a sonreír de medio lado mi bandada de pájaros salió disparada hacia él y comenzó a picotearle cada trocito de piel que encontraron haciéndole varios cortes con sangre.

El chico se tapaba la cara con los brazos, y cuando al fin el hechizo desapareció y los pájaros se desvanecieron, me miró con los ojos y la boca muy abiertos y se marchó con pasos inseguros.

-Vamos a otro sitio, Ro-Ro- oí que le decía Lavender cuando salió al pasillo.

Y las lágrimas volvieron a mis ojos. Me sentí indefensa y volví a sentarme en los escalones antes de caerme. Harry me ofreció su brazo y yo lo abracé y apoyé mi cabeza en su hombro para continuar llorando.

Aquel era el mal presentimiento que había tenido durante toda la mañana.

Y allí nos quedamos los dos en silencio durante horas hasta que ya no me quedaron más lágrimas que derramar…


¡HOLA! Por las barbas de Merlín y de Dumbledore juntas, cuánto tiempo sin actualizar. ¡Cómo lo echaba de menos! Pero tengo una excusa, para la cual pido que leáis el siguiente capítulo.

Ahora a lo que vamos.

Lo sé, lo sé, a mí tampoco me gusta este capítulo, tod@s contra Lavender, etc, etc... Pero os avisé de que esto tenía que llegar :(

A parte de eso tampoco estoy muy contenta con el capítulo porque, a pesar de que es largo, no lo veo muy... no sé, bueno, pero es que estoy un poco desentrenada jajaja. Además, lo he escrito con un poco de prisa, pero es que Mackis ya estaba desesperada :P

A pesar de los pesares, espero que disfrutéis de este capítulo y de toda la historia, y si no pensad que lo mejor de las peleas son las reconciliaciones, y que dentro de (relativamente) poco Lavender desaparecerá ^^

Este capítulo va dedicado a todos y cada uno de los que me leéis, os quiero y os mando besos y abrazos.

PD: si alguien quiere contactar conmigo, que ya me lo han pedido, mi correo es [email protected], o por tuenti Paula Grint Lunática.

NOS VEMOS EN LOS COMENTARIOS

BESOS :D