cuatro noches de sexo — capítulo 10
-hermione, te necesitan en la tienda.
Ella se separó del microscopio binocular, se arregló el pelo y se dirigió a la tienda donde las gemas relucían sobre terciopelo oscuro en varias vitrinas de cristal. Dos dependientes muy compuestos se encontraban tras los mostradores de cristal y miraban con una fachada de amabilidad a la mujer joven y alta cuya espalda y postura a hermione le pareció vagamente familiar.
Cuando la mujer se volvió hacia ella, hermione supo por qué. Era Diana.
Iba muy bien vestida, exquisitamente maquillada y con su habitual aspecto de modelo internacional.
«Vamos a tener problemas», fue lo primero que pensó hermione.
-La señorita desea hablarle acerca del medallón que encargó en esta casa.
-Desde luego -dijo hermione amablemente y se acercó a Diana- Tal vez quieras enseñármelo -dijo al tiempo que tomaba un trozo de terciopelo y lo extendía sobre el mostrador.
-Aquí está -dijo Diana.
Era una hermosa pieza rectangular con cinco diamantes tallados y engarzados en oro. La cadena que lo sujetaba era exquisita.
-Tiene arañazos y los diamantes no son del tamaño y calidad que acordamos.
Era exactamente la joya que Diana había encargado. Los diamantes perfectamente cortados y engarzados.
Hermione sacó la lupa y de inmediato notó los arañazos. Había varios. Sin embargo no había ninguno el día que le entregaron la joya a Diana ¿Intentaba deliberadamente denigrar su experto trabajo?
-Mis notas están en el archivo -empezó con cortesía y luego se volvió al dependiente- Barbara ¿sería tan amable de traérmelas? Necesito revisar los detalles originales con la señorita Diana.
hermione revisó concienzudamente las notas e instrucciones del diseño y se tomó su tiempo para clarificar cada punto. Cuando al fin terminó, Diana se había quedado sin argumentos.
-Todavía quedan los arañazos.
-Podemos quitarlos -dijo con calma.
-Me niego a aceptar un trabajo de artesanía defectuoso -declaró con una mirada mordaz.
-Si nos quieres dejar la joya, repararemos los daños sin costo adicional.
-La única solución aceptable es una indemnización -dijo con insolencia-. Quiero un crédito total a mi nombre y me quedo con el medallón.
-Eso va en contra de la política del establecimiento.
-Si no aceptas mis condiciones informaré a la Asociación de Joyeros y además me encargaré de hacer llegar el asunto a los medios de comunicación.
-Hazlo. Mientras tanto vamos a recurrir a un joyero independiente para que examine los arañazos y también haremos llegar su informe a los medios de comunicación.
Había descubierto la fanfarronada de Diana y la dejó sin recursos. Diana lo sabía y su expresión no fue agradable cuando recogió rápidamente el medallón y lo metió en su bolso. Con engañosa calma, se volvió a Barbara.
-Acompañaré a la señorita Diana a la puerta.
Había sido una pequeña victoria que duró hasta que salieron a la calle.
-No creas que has ganado -se desahogó Diana en tono perverso- Deseo a Draco e intento mantenerlo a mi lado.
-¿De veras? -hermione miró los ojos entornados de la mujer- Buena suerte.
-Aléjate de él. He gastado demasiado tiempo y energía cultivando la relación entre nosotros.
Por un instante hermione pensó que Diana iba a golpearla y se preparó, pero la modelo se limitó a proferir unos vehementes juramentos antes de alejarse.
Con esfuerzo, hermione volvió a su trabajo y se sintió contenta cuando terminó la jornada y pudo marcharse a casa.
La tristeza, unida al enfrentamiento con Diana, sólo sirvieron para exacerbar sus emociones.
Habría sido demasiado fácil enfurecerse contra el destino o hundirse en un pozo de lágrimas.
Cuando abrió la puerta el gato corrió hacia ella y le acarició las orejas aterciopeladas. Entonces el felino golpeteó la cabeza contra su mano.
-Devoción incondicional -murmuró al tiempo que acariciaba afectuosamente el suave pelaje del animal.
Estaba sola y no había nadie cercano a quien llamar.
Cristian estaba en Melboume, luna había regresado a Italia y su orgullo no la permitia llamar a draco.
De acuerdo, entonces daría de comer al gato, se prepararía la cena y limpiaría el apartamento. Una actividad que le llevaría unas cuantas horas. Más tarde, se daría una ducha y luego se metería en la cama.
Volver al trabajo fue un alivio para hermione y esa mañana se entregó diligentemente a su quehacer.
Ajustó el microscopio binocular y lo centró sobre el delicado engarce que estaba ejecutando. Para ella el intrincado diseño era un desafío tanto profesional como personal.
Quería lo mejor y dedicaba su atención a los detalles minúsculos que la llevarían al resultado deseado... la perfección.
No le importaba continuar trabajando durante el descanso para comer ni quedarse hasta más tarde en el taller; nada importaba salvo la calidad de su trabajo.
El establecimiento necesitaba contar con medidas de seguridad. Era fácil deshacerse de las gemas sueltas, por lo tanto se convertían en blanco preferido para robos.
Allí había piedras preciosas de incalculable valor, así como un equipo muy caro. Por tanto, las medidas de seguridad eran muy rigurosas y la empresa contaba con una de las mejores cámaras acorazadas. Puertas de cristal a prueba de balas protegían al personal que trabajaba en el interior y un costoso sistema de seguridad se encargaba del resto.
Sin embargo, había que tener precaución, algo a lo que ella se había acostumbrado a lo largo de los años y que nunca descuidaba.
Una de las reglas de oro de la casa era que dos personas, nunca una sola, estuvieran en el taller. Si por casualidad algo desagradable le sucedía a uno, el otro podría hacer sonar la alarma.
En los tres años que llevaba trabajando para la firma nadie había intentado forzar el sistema de seguridad a la luz del día.
¡Por el amor de Dios! ¿Por qué le rondaban esos pensamientos en la cabeza? ¿Instinto, premonición? ¿O se debía a su aguda vulnerabilidad actual?
Por más que se esforzara, era incapaz de alejar a draco de su mente. Era una fuerza intrusa que invadía cada minuto del día.
Podía sentir su contacto sin ninguna dificultad. Sentir su boca en la suya.
«No sigas por ahí», pensó. Los recuerdos eran demasiado vividos, demasiado intoxicantes.
Tuvo que admitir que fue maravilloso mientras duró. Una fugaz aventura orquestada por razones incorrectas. Y la peor de ellas había sido la manipulación.
¿Entonces por qué sufría por él?
El trato había acabado. granger, S.A. florecería bajo la dirección de draco.
La vida privada de Cristian se mantendría en el anonimato. ¿Y en cuanto a ella? Había cumplido todas las obligaciones y era libre.
hermione sintió una risa cavernosa en la garganta. ¡Seguro que sí! ¡Pero la verdad era que nunca había estado más atada en su vida!
Apenas comía, raramente dormía bien. Algo de eso podría haberlo atribuido a la tristeza por la pérdida de su padre. Y todo el resto era culpa de draco.
El timbre electrónico sonó por encima de la música ambiental y hermione alzó la vista. Al otro lado de la puerta vio una figura familiar con una bolsa de comida en cada mano.
Era ginny , camarera de una cafetería cercana con su pedido para el almuerzo, gracias a dios era hermana de Ronald su otro trabajador por que si no seria imposible conseguir domicilios a esa hora y con el trafico en hora pico.
-¿Quieres ir a recibir los bocadillos o voy yo? De acuerdo, iré yo -dijo hermione al darse cuenta de que ron se encontraba empeñado en la delicada tarea de calentar un metal fino.
Tras dejar a un lado las herramientas fue hacia la puerta, quitó el seguro y abrió el picaporte.
Y en ese instante se desencadenó el infierno.
Tuvo una fugaz visión de la expresión aterrorizada de ginny en el momento en que un hombre con la cara oculta bajo un gorro de lana para esquiar la catapultaba al interior del taller.
La pesadilla comenzó al verlo blandir un horrible cuchillo.
En tales circunstancias el cometido era claro. Obedecer las órdenes y no jugar a convertirse en héroe.