cuatro noches de sexo — capítulo 9
. Con una cálida sonrisa se aproximó a los labios de hermione y la besó largamente. La luna brillaba y había miríadas de estrellas parpadeantes en el cielo nocturno.
«Un momento mágico», pensó hermione.
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Cuando la brisa se hizo más fresca él la cogió por la cintura, le quitó la bata y la acosto a su lado en la cama, dandole pequeños masajes para que durmiese tranquila. Durmieron unas cuantas horas y más tarde Draco la llevó al jacuzzi. Como en un sueño ella dejó que la lavara y se quedó quieta como un niño obediente cuando él aclaró su cuerpo y más tarde la condujo a la cama donde hicieron el amor de una manera tan dulce que sintió deseos de volver a llorar. Demasiado pronto llegó la hora de marcharse al aeropuerto Coolangatta. Eran pasadas las ocho cuando desembarcaron en el aeropuerto de Sidney. -Tomaré un taxi -dijo hermione cuando salían de la terminal. Draco le dirigió una mirada muy elocuente. -No seas ridícula. -Necesito llegar a mi trabajo. -Te dejaré allí. -Pero eso te aparta de tu camino. -¿Y qué tiene que ver? -draco... -Tranquila, hermione. Tú vienes conmigo. Ella abrió la boca para protestar, pero de inmediato la cerró al ver que un encargado del estacionamiento se acercaba conduciendo el Aston Martín. Hermione se mantuvo en silencio durante el trayecto a la ciudad y antes de que él estacionara junto al taller ya se había desatado el cinturón de seguridad. -Gracias por este fin de semana tan agradable -dijo mientras abría la puerta. Draco salió del coche abrió el maletero y le entregó el bolso de viaje. Entonces inclinó la cabeza y le dio un beso breve y tan intenso que casi la dejó sin respiración. Luego se separó, entró en el coche mientras ella se alejaba sin siquiera una mirada de reojo. ¿Podría alguien darse cuenta de que su corazón estaba destrozado? De alguna manera lo puso en duda mientras se entregaba a los quehaceres cotidianos. En un momento durante la mañana llamó a Silvia, la guapa enfermera de Alexander, para avisarle de que esa tarde iría a cenar con su padre. Cristian la llamó a las cuatro. Estaba radiante. Draco malfoy había depositado el resto del dinero en la cuenta de granger S.A., según lo acordado. «Misión cumplida», pensó hermione con severidad mientras tomaba un taxi hacia su casa. Una vez en el apartamento se duchó, se cambió de ropa y condujo hasta la casa de Alexander. El aspecto de su padre era increíblemente frágil y el ánimo se le vino abajo al comprobar que estaba aún más deteriorado desde su última visita. Su apetito había desaparecido y ella lo obligó a comer mientras lo entretenía con anécdotas que al fin le hicieron sonreír. Hermione se quedó junto a él hasta que Silvia le advirtió que su padre debía retirarse a descansar. Antes de partir, hermione lo besó en la mejilla y lo abrazó estrechamente durante largos minutos. -Silvia, no se como podría agradecerte todo lo que haces por mi padre. Se muy bien que el dinero que te damos no es suficiente. -Oh vamos hermione, sabes perfectamente que yo no hago esto por el dinero, con lo que gana neville tenemos suficiente. Yo hago esto porque Alexander es para mi como un padre y quiero seguir a su lado. -Pero estas embarazada y deberias descansar más. Estoy segura de que neville estará de acuerdo conmigo. -Todavia es pronto hermione, tan solo estoy de 3 meses y neville está feliz de verme a mi feliz. Gracias por preocuparte por mi, pero no es necesario. -Esta bien, pero cualquier cosa o cualquier dia libre que necesites solo tienes que llamarme. Había valido la pena aceptar las exigencias de draco. Alexander nunca se enteraría de los desatinos financieros de Cristian ni sabría detalles sobre su vida privada. «Y tú?», inquirió una vocecita mientras se revolvía en la cama en busca del sueño. El jueves por la mañana, hermione despertó con una sensación de inquietud localizada en la boca del estómago. ¿Una premonición? Tras levantarse, dar de comer al gato y prepararse una taza de té, revisó el correo electrónico. Luego se duchó, se vistió y se marchó al taller. Nada indicaba que el día sería diferente a cualquier otro. Como siempre, el tráfico estaba en su hora punta y más tarde el trabajo se desarrolló normalmente, sin ninguna novedad. Cristian la llamó durante la mañana. Estaba radiante porque el trato financiero entre granger, S.A. y Draco malfoy ya era un hecho. Incluso sugirió que cenaran juntos para celebrarlo. Entonces, ¿por qué no podía desprenderse de esa especie de mal presagio que se cernía sobre ella como una nube gris? Eran casi las seis cuando llegó a casa, dio de comer al gato y estaba a punto de preparar la cena cuando oyó el sonido del teléfono móvil. -hermione -la voz de Silvia sonaba tranquila y sin prisas-. Se han llevado a Alexander en una ambulancia al hospital. Estoy a punto de salir para allá. He hablado con Cristian y ya va en camino a la Unidad de Cardiología. Nos veremos allí. Con el estómago encogido, hermione tomó el bolso junto con las llaves y salió a toda prisa del apartamento. Cuando esperaba el ascensor recordó la advertencia del cardiólogo y luego condujo por las calles tan de prisa como le fue posible. Cuando llegó al hospital, el estacionamiento estaba lleno de coches así que tuvo que dejar el suyo en un espacio reservado, no sin antes escribir «urgencia» en un trozo de papel que colocó bajo el limpiaparabrisas. Las horas siguientes fueron las peores de su vida. Cristian y Silvia se encontraban esperando en la Unidad mientras el equipo médico intentaba estabilizar a Alexander, pero el pronóstico no era alentador. A medianoche enviaron a Silvia a casa, y ambos hermanos se quedaron haciendo guardia hasta que la noche lentamente dio paso al amanecer. -Vete a casa y duerme un poco -le pidió Cristian con suavidad. Pero hermione negó con la cabeza. A las nueve avisaron a sus respectivas oficinas que no irían esa mañana y se turnaron junto al lecho de Alexander. Y allí la encontró draco. Estaba pálida, ojerosa y tan triste que sintió deseos de estrecharla entre sus brazos para consolarla. Era consciente de que no tenía cabida allí. Sólo se permitía la entrada a los familiares, aunque él había salvado todos los obstáculos para llegar hasta ellos, expresar su pesar y ofrecer su ayuda. -No, gracias -dijo hermione suavemente. Draco se limitó a apoyar la mano un instante sobre su hombro y luego dejó caer el brazo a un costado. Una enfermera le dirigió una elocuente mirada mientras indicaba el reloj y él inclinó la cabeza en señal de conformidad. -Nos mantendremos comunicados. -¿Cómo pudo llegar hasta aquí? -preguntó herms con calma minutos después. -Por su increíble poder de convicción -respondió Cristian, apesadumbrado- Es una de sus características, ¿o no te habías dado cuenta? «Me he dado cuenta de tantas cosas respecto a draco», pensó hermione y en ese momento, sobresaltada, prestó atención a los monitores de las constantes vitales que empezaron a sonar insistentemente. A partir de ese momento todo fue cuesta abajo. Al atardecer, Alexander los dejó para siempre. Sumida en un estado de dolor, hermione compartió las lágrimas con su hermano mientras se consolaban mutuamente. -Deberías dormir en mi casa. Ella se separó y buscó un pañuelo. -Estaré bien. Sólo necesito una ducha y meterme en la cama. -Lo mismo que necesito yo. Ambos tomaron el ascensor y salieron al aire fresco de la calle. Cristian la acompañó hasta el coche y esperó que se instalara. -Te seguiré para asegurarme de que llegas bien a casa. A esa hora casi no había tráfico. Al llegar a Double Bay empezó a caer una ligera lluvia. Por el retrovisor vio los faros del coche de su hermano y cuando estacionó ante el edificio, Cristian hizo sonar el claxon, dio media vuelta y desapareció de su vista. La fatiga la vencía cuando salió del ascensor. Iba tan sumida en sus pensamientos que no advirtió la alta figura masculina apoyada en la pared junto a su puerta. -¿draco? -alcanzó a decir mientras él le quitaba las llaves de la mano, abría la puerta y suavemente la empujaba dentro-. ¿Qué haces aquí? -añadió con gran fatiga- No deberías haber venido. -¿No? -respondió mientras le retiraba el bolso del hombro, lo dejaba en una mesilla y la conducía a la cocina. Luego preparó té y un bocadillo. -Come. -¿Comer? No me apetece. -Te hará bien aunque sea un poco. Era más fácil rendirse que discutir. Obedientemente hermione comió un trozo y bebió unos sorbos de té, luego apartó el plato. -Una ducha y a la cama -dijo con cansancio mientras se ponía en pie- Puedes marcharte si quieres. No se molestó en esperar una respuesta. Tampoco le importaba si se quedaba. Era demasiado para ella y más que nada quería dormir. Christopher dio de comer al gato, lavó los platos, revisó su teléfono móvil, apagó las luces y entró en el dormitorio. Hermione dormía. Draco se desvistió y con todo cuidado se deslizó bajo la ropa de cama. El solo pensamiento de que ella pudiera despertar y llorar en soledad era una posibilidad que no iba a permitir. Hermione estaba soñando. Unos fuertes brazos la estrechaban y una mano acariciaba sus cabellos. Unos labios besaban suavemente su sien y ella cayó en el sueño sintiendo la calidez de los músculos que la abrazaban, de la piel bajo su mejilla y los latidos acompasados del corazón de un ser humano. Era una sensación reconfortante, tranquilizadora y se sentía contenta así, segura en esos brazos y muy poco dispuesta a emerger de esa sensación cálida y protectora para encarar la cruda realidad del día. Pero los sueños duran poco, y lentamente atravesó los velos de la inconsciencia para descubrir que todo era realidad. -¿draco? -Espero que no pensaras que era otro hombre -gruñó roncamente antes de enfrentar su mirada sorprendida- No quise dejarte sola. Ella intentó asimilar la implicación de sus palabras, pero se le hacía muy difícil a esa hora de la mañana. Draco observó cómo sus pálidos rasgos despertaban a la conciencia de lo ocurrido, vio el dolor y su intento por sobreponerse. -¿Quieres hablar? Hermione negó con la cabeza mientras contenía las lágrimas. No deseaba derrumbarse ante él. -Iré a preparar café -dijo draco. Tenía que mantener las manos ocupadas, de lo contrario las usaría para estrecharla entre sus brazos, y había decidido que la próxima vez que hicieran el amor sería con la voluntad de ella. Una vez fuera de la cama, entró en el cuarto de baño y más tarde salió vestido y afeitado pensando que la maquinilla de una mujer no substituía su máquina de afeitar eléctrica. En la cocina preparó la cafetera. Eran pasadas las ocho y un buen desayuno les haría bien, así que empezó a preparar dos tortillas de jamón y queso. Hermione se puso unos vaqueros y una blusa. Se sintió mejor después de peinarse, refrescarse la cara y empezar la rutina cotidiana. No estaba impresionante pero tampoco mal, pensó tras mirarse en el espejo. Lo suficiente para enfrentar ese día y todo lo que traería consigo. El olor del café y las tostadas era tentador. Entró en la cocina justo cuando Draco ponía las tortillas en los platos. Aunque no tenía demasiado apetito, comió la mitad, acompañada de una tostada y dos tazas de café. -¿No tendrías que estar en otro lugar a esta hora de la mañana? -Más tarde -dijo Draco reclinándose en la silla, contento de verla menos vulnerable- Me marcharé cuando llegue Cristian. Los ojos de hermione se nublaron levemente. -Estoy bien. Draco alzó una ceja. -No he dicho que no lo estuvieras. Hermione le debía una palabra de agradecimiento. -Fuiste muy amable al venir a acompañarme. -Hice que Cristian prometiera llamarme si tú insistías en volver a casa. ¿Entonces Draco se preocupaba por ella? En ese momento sonó el teléfono y ella atendió la llamada. Cristian iba de camino a su casa. Hermione empezó a despejar la mesa y juntos lavaron los platos. Cuando terminaron, ella dijo que iba a arreglar el dormitorio como pretexto para escapar de su presencia. El timbre sonó cuando la habitación ya estaba limpia y ordenada. Cristian no tenía aspecto de haber dormido bien. Hermione le preparó un café y no supo si sentirse triste o aliviada cuando Draco anunció que se marchaba. Los días que siguieron al funeral fueron igualmente desoladores y hermione se tomó otro día libre antes del volver al taller. Silvia se quedo con la casa de Alexander por orden de hermione , Cristian tuvo que viajar a Melboume por negocios y hermione concentró toda su energía en el trabajo. Draco llamó varias veces, pero ella se limitaba a una breve conversación rechazando sus invitaciones. Aun en circunstancias normales, un medallón encargado por Diana le habría alterado los nervios. Así que se esmeró en el diseño de la joya intentando alcanzar la perfección. Los días se convirtieron en una semana. Cristian regresó a Sidney por unos días antes de volver a viajar dentro del país. ::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::::: hola a todas este cap es algo trizte pero bueno no todo puede ser color rosa lo unico q me gusta es el amor que demuestra draco por herms jejeje bueno y para alegrar el momento me gustaria mucho que me respondieran una pequeña pregunta jjejee: ¿cual es su personaje favorito de harry potter que no trabaje ni estudie en hogwarts? el mio es el señor weasly sobre todo cuando le pregunta a harry cual es la funcion del patito de hule jejejeje besos adios por fa respondan comentar no cuesta