cuatro noches de sexo — capítulo 6
¿Cómo podía sucumbir tan fácilmente? De pronto tuvo el descaro de pensar que había estado sobre ascuas durante toda la velada, esperando ese momento, deseándolo.
En ese instante, la lengua de Draco jugaba una danza erótica en su boca y ella empezó a responder.
Draco se puso de espaldas, la atrajo hacia sí y empezó a acariciar sus pechos. Los pezones se excitaron mientras él los tocaba y los besaba hasta que ella dejó escapar un breve grito mitad de dolor y mitad de placer. Ahora era su hora, pensaba herms . Ayer únicamente se dedico a darle placer a ella, ¿Por qué no iba a dárselo ella hoy a él?.
Poco a poco ella fue bajando dando suaves mordiscos por todo su cuerpo, hasta que llego a sus calzoncillos y envolvió su largo y grueso pene con sus manos.
- Te enseñare que yo también puedo darte placer -dejo de hablar para pasarle la lengua por la cabeza de su pene y él soltó un agradable silvido.
Hermione se la chupo como si su vida dependiera de ello, pensaba darle el mejor sexo de su vida para que cuando volviera a la cama de otra no pudiese olvidarse de ella, asi como ella no podría olvidarse de él. La absorvio hasta que le llegó a la garganta y luego la saco y así una y otra vez.
Draco comenzó a gemir fuertemente y enredo sus dedos en el pelo de ella gruñendo y suplicando por más.
Por fin Draco la cogió y la giró sujetandola fuertemente bajo su cuerpo. El cuerpo de herms ardía mientras él se pegaba a la entrada de su sexo. Ella era puro fuego, preparada para ser toda suya.
Entonces la penetró, tan profundamente que no se sabia donde terminaba el cuerpo de él y comenzaba el cuerpo de ella.
Las caderas de Draco se sacudieron fuertemente contra ella, moviéndose a la vez de manera tierna y delicada, pero llenándola de la enorme pasión que sentía por ella.
Herms estaba en el mismo estado de éxtasis y levanto las caderas apretándose aún más contra él.
Ese movimiento fue su perdición y le hizo sentir su liberación acercarse tan solo unos segundos antes de derramarse en su interior, sitiendo como ella también estaba apunto de llegar al septimo cielo.
La penetro duro y vio como ella, atrapada por el erotismo, se retorcia y gritaba su nombre tan alto y tan bonito como no lo había oido nunca.
La beso dulcemente y luego la dejó caer en sus brazos, agotada, donde se quedó dormida rápidamente.
Herms despertó temprano. La luz del amanecer se filtraba a través de las cortinas y se quedó tendida un momento antes de salir de la cama.
Con lentos y cuidadosos movimientos recogió el neceser y salió de la habitación. Se vistió en la galería antes de bajar a la cocina, donde preparó un café.
Más tarde, se sirvió una taza y salió a la terraza.
Un nuevo día, reflexionó mientras el sol empezaba a despuntar por el horizonte y se oía el débil piar de los pájaros en los árboles cercanos.
-Te has despertado temprano -dijo Draco desde la puerta abierta.
Ella se volvió a mirarlo. Despeinado, en vaqueros, con el torso desnudo y descalzo. La imagen sofisticada había desaparecido y en su aspecto había algo de primitivo.
-No quise perturbar tu sueño.
Draco se encogió de hombros.
-Me desperté cuando saliste de la habitación.
El recuerdo de la noche pasada fue tan vivido que casi se le escapó un gemido.
-Me gustaría marcharme pronto. Tengo cosas que hacer y necesito visitar a mi padre.
-Voy a preparar el desayuno.
-No. Por favor no lo hagas por mí. Termino el café, recojo el neceser y me marcho.
Uniendo la acción a la palabra, herms terminó el café de un trago, luego se dirigió a la puerta principal, de paso recogió el neceser y se volvió para despedirse. Él estaba muy cerca y ella no estaba preparada para recibir el beso que le dio en la boca.
Sin poder decir una palabra mientras él abría la puerta, rápidamente fue en busca de su coche, se puso tras el volante, arrancó el motor y salió a la calle.
Una vez en su apartamento hizo las tareas habituales y pasó algún tiempo observando el correo electrónico antes de ir a casa de su padre.
La fragilidad de Alexander la dejó preocupada y no se quedó mucho tiempo.
Necesitaba descansar. Luego se puso en contacto con Cristian para ver cuál de los dos hablaba con el cardiólogo del padre.
Esa noche se acostó temprano y durmió bien. Al día siguiente se levantó con el sonido de la alarma del despertador.
En la oficina, tras una breve reunión para organizar su agenda, tasar los artículos de joyería y ver las prioridades del trabajo fue a su taller y ajustó el microscopio binocular hasta quedar satisfecha.
Era casi mediodía cuando sonó el teléfono móvil. Al ver el mensaje en la pequeña pantalla, sonrió.
Era luna.
En unos cuantos minutos organizaron la hora y el lugar de encuentro para esa noche. De pronto, el día le pareció más luminoso y se descubrió tarareando suavemente mientras trabajaba una gema bajo una potente lupa.
Eran casi las siete cuando hermione entró en el modernísimo café, muy de moda. Allí servían comida soberbia, el servicio era excelente y era tan popular que había que reservar mesa con anticipación.
El camarero la condujo a una mesa, y tras pedir agua mineral se dedicó a estudiar la carta mientras esperaba a luna . Casi fue capaz de predecir el momento exacto en que la amiga entró en el café porque todas las cabezas masculinas se volvieron hacia la puerta.
-Ardillita, siento llegar tarde. No sabes cuánto me ha costado aparcar.
A muy pocas personas les permitía usar ese diminutivo, y luna era una de ellas.
La ropa, la larga melena rubia, el leve y exquisito maquillaje, todo hacía de ella una mujer única en su hermosura. Cosa de genes, decía luna alegremente cuando alguien le preguntaba con envidia cómo se las arreglaba para tener ese aspecto.
A los quince años, una de las más prestigiosas agencias de modelos la había contratado y dos años más tarde se presentaba en las pasarelas de Roma, Milán y París.
Sin embargo, ni la fama ni la fortuna se le habían subido a la cabeza.
Tras compartir los mismos colegios privados habían trabado una sólida amistad que se mantenía hasta entonces.
Casi antes de acomodarse, llegó el camarero a su lado.
-Agua mineral. Natural.
El pobre hombre estaba tan embelesado que escasamente podía hablar y apenas se contuvo de hacer una reverencia al marcharse.
Con una leve sonrisa, herms se reclinó en su asiento.
-¿Cómo te fue en Italia?
-¿Sobre qué quieres que te hable? ¿Sobre el trabajo de pasarela, los contratiempos detrás del escenario o la divina pieza de joyería que he adquirido?
-La joya -dijo hermione al punto, y luego dejó escapar un murmullo apreciativo cuando su amiga le indicó el brazalete de diamantes que lucía en la muñeca. Una joya verdaderamente exquisita- Muy hermosa. ¿Un regalo?
-Sí, de mí para mí -sonrió luna .
Hermione rió con deleite.
-Háblame del conde italiano.
-Primero vamos a comer. Ardillita estoy hambrienta.
No era justo que luna pudiera comer de todo con tan buen apetito y conservara una esbeltez tan fabulosa que los diseñadores se peleaban para que luciera sus modelos.
Cuando apareció el camarero, ambas ordenaron lo que deseaban.
-Cenar contigo es una experiencia increíble. Los camareros se pelean por servirte.
-Muy útil cuando una tiene prisa y debe comer en cinco minutos -dijo ella.
En ese momento, su teléfono móvil empezó a sonar y ella lo ignoró.
-¿No respondes?
-No.
-De acuerdo. ¿Es porque no sueles responder o se trata de una persona en particular?
-Lo último que has dicho.
Muy pronto, el camarero puso ante ellas unas apetitosas ensaladas de pollo.
-¿Problemas?
-Algunos.
-¿El conde italiano?
-La ex esposa del conde italiano.
-Se opone a que mantengas una relación sentimental con él.
-Has dado en el clavo. Quiere retener el título que adquirió por su matrimonio.
-Pero a ti el título no te interesa para nada - herms afirmó más que preguntó.
-Lo que pasa es que comparten la custodia de la hija y la ex lo amenaza con cambiar los términos de la custodia.
-¿Y puede hacerlo?
-Sí, cuestionando mi capacidad para atender a la niña mientras está con el padre a causa de mi profesión y mi estilo de vida. Aparte de eso, Roma estaba maravillosa. Y, en general, el pase de modelos fue todo un éxito. Y ahora te toca a ti.
¿Por dónde comenzar? Quizá sería mejor ni siquiera empezar. ¿Cómo podía justificar circunstancias tan personales y complejas?
-Como siempre. Ninguna novedad.
-Se comenta que estás saliendo con draco.
-Nos invitaron a una cena y asistimos juntos a una exposición de arte, nada más.
-herms, recuerda que estás hablando conmigo. Durante el año pasado también coincidiste con él en varias reuniones sociales. Pero llegar a la velada juntos y luego marcharse juntos ya es otra cosa.
-¿Otra cosa?
-Así que cuéntame.
-Me pareció que acompañarlo era una buena idea-dijo con alegre ligereza.
-Estás loca por él.
-Nunca en la vida. Te equivocas. Él es...
-Un demonio de hombre -luna terminó por ella.
Al instante dejó escapar una alegre risa en tanto alzaba su vaso y lo chocaba contra el de hermione.
-Buena suerte,herms.
Cuando terminaron de cenar pidieron el café y se quedaron charlando casi hasta las diez de la noche. Al despedirse prometieron llamarse muy pronto. El jueves por la mañana, hermione despertó con los maullidos de protesta del gato. Miró el reloj y profirió un juramento impropio de una dama.
Luego se dio cuenta de que la alarma del despertador eléctrico no había sonado debido a un apagón nocturno. El día no había empezado bien.
Minutos más tarde, cuando estaba en el baño, oyó el campanilleo del teléfono móvil, pero lo dejó sonar.
Luego se secó, se vistió, tomó una barrita de cereales y un plátano para comérselos camino a la oficina. Cuando abría la puerta de casa para salir a toda prisa, se acordó de la llamada.
Era un mensaje de Cristian. Tenía entradas para asistir esa noche a la premier de gala de una película y le pedía que lo llamara.
Hermione había planeado una tranquila noche hogareña, pero a su hermano le encantaban las reuniones sociales y ella raramente rechazaba sus invitaciones. Por lo demás, una velada fuera de casa la ayudaría a olvidar a Draco por unas cuantas horas.
Como si pudiera.
Su imagen se entrometía en todos sus pensamientos diurnos. Y las noches eran peor, mucho peor, porque había empezado a invadir sus sueños nocturnos.
Hermione maldijo en voz baja mientras esperaba el ascensor que la llevaría al estacionamiento subterráneo. ¿Cómo podría habérsele ocurrido que sería capaz de participar en el trato de Draco y escapar emocionalmente ilesa?
El denso tráfico de la hora pico aumentó su sensación de inquietud. Era casi media mañana cuando al fin pudo devolver la llamada a Cristian.
La empresa de hermione se enorgullecía de la calidad de su trabajo y a ella le producía satisfacción cada vez que recibía una pieza fuera de lo común.
Realmente era un verdadero desafío crear algo sorprendentemente único cuyo precio no fuera un obstáculo.
Ocasionalmente se sentía frustrada cuando el cliente insistía en un diseño que el joyero sabía que no realzaría totalmente la belleza de la piedra.
Más tarde, ya en casa, eligió un elegante traje negro de pantalón, una fina bufanda roja y sandalias de tacón. Luego se hizo un peinado alto, se maquilló y cuando Cristian se anunció a través del teléfono interno, ella ya estaba lista.
Cristian le informó que el punto de reunión eran los estudios de la Fox y que acudirían los actores principales desde Estados Unidos junto con otros famosos actores australianos como invitados de honor.
Ambos entraron en el concurrido vestíbulo, donde los invitados departían mientras los camareros ofrecían champán y zumo de naranja. Se comentaba que la película sería un éxito de taquilla, especialmente por sus efectos especiales que superaban todo lo visto anteriormente en una pantalla.
El ruido de la conversación general animaba el ambiente y hermione reconoció a algunos amigos mientras bebía unos sorbos de champán.
-Imagino que Draco vendrá esta noche -comentó Cristian.
-Posiblemente -convino ella con deliberada indiferencia, consciente de que si llegaba, no lo haría solo.
-¿Eso te molesta?
-¿Por qué habría de molestarme? Es un hombre libre -declaró, aunque la verdad no tendría que dolerle tanto- Yo soy un asunto transitorio en su vida. Una mera diversión.
No quería verlo allí... ni en cualquier otro lugar porque simplemente se acentuaría la diferencia entre sus vidas en público y el diabólico arreglo que Draco había hecho para convertirla en parte de un trato de negocios.
-Acaba de llegar -anunció Cristian tranquilamente.
-¿De veras?
Fingir indiferencia era un arte que hermione practicaba a menudo, y lo hacía bien. Se dijo que no se iba a permitir ni una sola mirada a los invitados, pero en unos segundos su mirada fue atraída como por un poderoso imán hacia donde se encontraba draco.
Vestido con un inmaculado traje de etiqueta, su aspecto era el de un poderoso magnate, descaradamente varonil.
Sus miradas se encontraron y un estremecimiento recorrió el cuerpo de hermione mientras luchaba por mantener la compostura.
Como si supiera lo que le ocurría a ella, Draco inclinó la cabeza y esbozó una leve sonrisa burlona antes de volver su atención al hombre que estaba a su lado.
Entonces hermione vio que Diana se acercaba hacia Draco y se sintió enferma al observar su efusivo saludo.
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soy un caos no tengo gran juicio para estar actualizando lo siento chic@s bueno hay les dojo un cap q fue muy duro de publicar ya q ohh XD mejor ustedes me dicen q les parecio chao besos