cuatro noches de sexo — capítulo 7
Con un deliberado movimiento, hermione se las arregló para no quedar a la vista de Draco e inició una animada conversación con Cristian acerca de los méritos de la industria automovilística alemana e italiana.
Los coches eran una de las obsesiones personales de Cristian. Estaba en su elemento y, mientras él hablaba, ella dejó vagar la mente.
Draco no le debía lealtad. Si la hubiera invitado a acompañarlo esa noche ella habría rehusado. Así que, ¿por qué se afligía?
La razón y la lógica estaban muy bien, salvo que no mitigaban el dolor que sentía.
«¿Estás loca?», se preguntó en silencio. «Ni siquiera te gusta. ¿Por qué has permitido que te domine?» Pero ya era tarde. Draco ya estaba allí, siempre en su mente.
-Y si se me diera la oportunidad elegiría un Ferrari -concluyó Cristian- ¿Has escuchado alguna palabra de lo que he dicho? -preguntó de improviso.
-Fue una comparación muy interesante -dijo hermione con una débil sonrisa.
-Querida, no te engañes. Tu mente estaba a miles de kilómetros de aquí -Cristian hizo una pausa y luego añadió- Diana no está con él. Simplemente intenta hacer ver que lo acompaña.
-Realmente no me interesa.
-Sí te interesa. Y eso me preocupa.
-No -le advirtió con suave vehemencia- Acepté el trato con los ojos bien abiertos.
-Sólo queda el fin de semana y todo acabará.
¿Por qué esas palabras le produjeron una leve desesperación?
Para hermione fue un alivio cuando las puertas del teatro se abrieron y los invitados se dirigieron a sus asientos.
-herms. Cristian.
Habría reconocido ese acento suave en cualquier lugar y se volvió hacia el hombre que se había unido a ellos con una sonrisa cortés.
-draco -murmuró y esperó hasta que lo vio intercambiar una mirada con Cristian.
-Si hubiera sabido que vendríais habría conseguido localidades contiguas.
-Me regalaron las entradas anoche -dijo Cristian.
-Es una lástima.
Diana apareció junto a Draco y lo tomó del brazo.
-draco , te estamos esperando. hermione, Cristian, estoy segura de que nos excusarán.
Draco se desprendió deliberadamente de su brazo y hermione se preguntó si habría sido la única que captó el peligroso brillo en los ojos de Diana.
Para componer la situación. Draco los condujo hacia sus asientos y hermione sintió en la espalda los venenosos dardos de la mirada de Diana.
-Eso fue muy interesante -comentó Cristian cuando estuvieron acomodados- Diana es una mujerzuela de primera clase.
-Están hechos el uno para el otro -declaró hermione con dulce cinismo.
-Querida, Draco está a años luz de ella.
-¿Eso es un cumplido o una condena?
Cristian se echó a reír.
-Opto por lo primero, aunque estoy seguro de que prefieres lo último.
Cuando la película llegó a su fin, las luces se encendieron y los invitados empezaron a abandonar el teatro.
Hermione rezó para poder escapar sin encontrarse con draco. Excepto que las deidades no la escucharon. Draco se acercó a ellos en el vestíbulo. Sus miradas se encontraron.
-Vamos a tomar café. ¿Queréis venir con nosotros?
«¿Estás de broma? ¿Esperas que me siente frente a vosotros mientras Diana juega a hacer de vampiresa?», pensó en un segundo.
-No, gracias -dijo rápidamente antes de que Cristian aceptara- Mañana tengo que levantarme temprano -dijo con una dulce sonrisa sabiendo que mentía.
-Te llamaré.
La boca de Diana se contrajo en un rictus y por unos segundos captó un brillo criminal en los ojos azules.
-Cuídate de ésa, querida. Diana no te puede ver -le advirtió Cristian. Ella devolvió con ecuanimidad la mirada irónica de su hermano.
-Dime algo que no sepa.
Cuando llegaron a la salida, se dirigieron al lugar donde Cristian había estacionado el coche.
-Si descubre que Draco duerme contigo...
-Puedo cuidar de mí misma.
Cristian le apretó la mano.
-Entonces, cuídate.
- ¿De acuerdo?
-hermione, teléfono.
Pensó que tenía que ser Draco e intentó controlar el pulso acelerado al escuchar su voz.
-Tomaremos el vuelo de media mañana. Pasaré a buscarte mañana a las nueve.
-Podemos reunimos en el aeropuerto.
De ese modo podría volver a casa en su propio coche.
-A las nueve, hermione-reiteró antes de cortar la comunicación.
Era insufrible. Hermione echó pestes antes de retomar su trabajo.
El resentimiento no disminuyó mucho cuando el día se convirtió en noche.
Al día siguiente se levantó temprano, preparó el neceser de viaje, puso suficiente agua y alimento para el gato y minutos antes de las nueve bajó a Recepción.
La Costa Dorada****estaba brillante, con un claro cielo azul, temperatura de primavera tardía y luz de sol.
Draco alquiló un coche y en media hora habían llegado al lujoso complejo hotelero del Palazzo Versace.
Hacía más de un año que hermione no visitaba la costa. Adoraba su atmósfera de vacaciones, las casas, las terrazas con sus cafés de moda y su despreocupado estilo de vida.
¿Por qué debería haberse sorprendido al descubrir que Draco poseía un lujoso ático en el hotel Versace?
Una de los ventanales que cubría del suelo al techo tenía una vista maravillosa de la bahía y ella respiró a fondo el aire marino cuando Draco abrió una puerta de cristal.
Delicioso. Pero no había que olvidar la razón por la que la había llevado hasta ese lugar. Deberes de dormitorio.
Ese pensamiento tendría que haberle sido antipático, pero en cambio sintió una especie de anticipación sensual al pensar que volvería a experimentar la excitación mágica que él era capaz de provocarle.
¿Era malo desear su contacto sin otra implicación emocional más que el placer del momento? «No te engañes, estás implicada hasta el cuello», le dijo una voz interior. Después de ese fin de semana su vida volvería la normalidad. Sea lo que fuere la normalidad.
«Trabajar», pensó mientras Draco llevaba los bolsos al dormitorio.
Las actividades sociales habituales... que nunca volverían a ser las mismas si encontraba a Draco con Diana, o con cualquiera de las muchas mujeres dispuestas a compartir una velada. Compartir su cama, maldición.
«Sería un desastre», admitió en silencio. Tal vez debería retirarse de la vida social, vivir como una reclusa y sencillamente enterrarse en el trabajo.
Excepto que eso sería aceptar la derrota.
En ese momento se encontraba allí y decidió intentar sacarle el mayor partido posible. Hermione señaló el paisaje de Broadwater.
-Es muy hermoso.
Draco se situó detrás y ella fue consciente de su presencia, del calor que emanaba de él y la tentación de apoyar la espalda contra su cuerpo fue irresistible.
-¿Pasas mucho tiempo aquí?
-Algún que otro fin de semana.
Pero no a menudo, pensó hermione mientras se preguntaba cuándo se tomaba un descanso para disfrutar de los logros de su éxito profesional. Poseía otras casas en otros países... tal vez elegiría un lugar más exótico donde relajarse.
-Podemos comer en el restaurante del hotel, ir al del Sheraton o explorar la Avenida Tedder.
Ella se volvió. Draco se había puesto pantalones cortos y unas zapatillas deportivas.
-¿Me permites elegir?
-No te hagas la graciosa -la reprendió con suavidad.
-Entonces la Avenida Tedder -respondió sin vacilar- Podemos ir andando. Medio kilómetro no es nada. Draco alzó una ceja con aire burlón. -Si quieres ejercicio, puedo pensar en algo mejor.
-Ah, pero mis deberes sexuales no empiezan hasta la noche, ¿no lo recuerdas?
Él le presionó el labio inferior con un dedo.
-Esa boca tan descarada te puede traer problemas.
-En ese caso me voy a cambiar de ropa y luego nos marchamos.
Muy pronto se reunió con él vestida con pantalones cortos, blusa, una gorra y el bolso colgando el hombro.
-Emprendamos la marcha.
Fue una agradable caminata. Una suave brisa refrescaba el calor del sol. Pronto se sentaron en una terraza y disfrutaron con evidente placer de la comida.
Casi estaban listos para partir cuando sonó el teléfono móvil de Draco y ella lo observó con recelo cuando él miró la pantalla y lo dejó sonar.
-Tal vez deberías atender la llamada -sugirió cuando volvió a sonar minutos más tarde.
Draco se limitó a encogerse de hombros e ignoró el insistente repiqueteo.
Minutos más tarde sonó el móvil de hermione.
-Estás con draco-oyó una furiosa voz femenina- ¿No es así?
-¿Diana?
-Te ha llevado a la costa a pasar el fin de semana, ¿verdad?
-¿Qué te hace pensar eso? -preguntó hermione.
-Matemáticas elementales.
-¿No hay ninguna posibilidad de que te equivoques?
-Querida, me he encargado de investigar. Esta mañana Draco fue a recogerte a tu apartamento.
-Tienes un problema -dijo hermione sin alterarse.
-Mi problema eres tú en la vida de draqui.
-Te sugiero que lo discutas con él.
-Intento hacerlo.
Hermione cortó la comunicación y miró a Draco con ecuanimidad.
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