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Albus Potter y la Torre Oscura — capítulo 1

1En la casa de los Weasley    Albus Potter se encontraba mirando al jardín de su casa cuando su padre le llamó desde el piso inferior; la ventana estaba abierta y las cortinas se movían suavemente con el fresco aire que penetraba desde el exterior. Había estado pensando durante toda la mañana en unas de las últimas palabras que había escuchado antes de que acabara su primer año en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería:  «Tienes una capacidad que muy pocos dentro del mundo mágico poseen… Albus, tú tienes visiones del futuro…»   Ser mago ya resultaba un gran asunto de por sí, pero que te digan que además tienes poderes de adivinación ya cambiaba la cosa. Le habían dicho al muchacho que mucha gente tenía algún talento especial: Algunos eran buenos con los encantamientos, otros jugando al quidditch; había quienes (como su padre) podían hablar parsel. Así, de esa misma forma, había quienes tenían visiones del futuro; y Albus era uno de ellos.  -¿Y por qué no se cumplió mi sueño en el que los mortífagos traían de vuelta a Lord Voldemort? -había preguntado el chico en aquella ocasión en que le habían revelado su poder secreto.  -Las visiones son muy subjetivas, Albus -le había explicado la profesora Mcgonagall-. Su cumplimiento puede depender de varios factores. Como sabes, evitamos que los mortífagos obtuvieran el Libro de los Muertos, por lo tanto, el futuro cambió y Voldemort no regresó de la muerte.   Fuera lo que fuera, el chico tenía que aprender a vivir con esas visiones del futuro, y tenía que conseguir controlarlas, le gustara o no. Y entonces Albus regresó al presente, sentado en su cama frente a la ventana.  -¡Al! Baja ya. Nos vamos en unos momentos -habló la voz de Harry Potter, su padre.  -En eso estoy -respondió el muchacho calzándose rápidamente sus Converse azules, y entonces la puerta del dormitorio se abrió de par en par.  -¿Podrías decirme si lloverá más tarde, Al? -James, el hermano mayor de Albus entró a la habitación con un suéter en la mano -, no sé si llevarme el suéter o no.  -No controlo mis visiones James -respondió el joven poniéndose de pie -, además, aunque fuera a haber una tormenta eléctrica no te lo diría.  -¿Por qué lo dices? -inquirió James, ceñudo.  -Te salvé la vida el año pasado en Hogwarts y aún no me lo has agradecido -le explicó este mientras salía al pasillo; los tacones de su madre Ginny se escucharon golpetear la duela en la habitación de al lado.  -No seas resentido Al, ya sabes que eres mi hermano favorito.  -Lo mismo le dijiste hace dos días a Lily -murmuró mientras bajaba a la cocina, en donde su padre leía el Profeta.  -¿Están listos? -preguntó Harry.  -Eso creo… ¿Has visto mi Ipod?  -Umm, ¿no lo habías dejado en tu pantalón? Porque creo que ya lo han lavado…  -¿Qué?  -Sólo bromeo Albus. Lo has dejado en el estudio -respondió Harry abandonando El Profeta y mordiendo una dona glaseada -, James, no quiero que eches a perder nuestra estadía con tus tíos explotando una bomba en el baño. No lleves nada que pueda causar algún daño.  -¿Las bengalas cuentan como peligrosas? -inquirió el chico con inocencia, terminando de empacar sus cosas en la maleta que compartía con su hermano pequeño.   Su padre lo fulminó con la vista y alzó una ceja.  -De acuerdo, de acuerdo. Ya las dejo… Cielos.  -Querido, tenemos que irnos. Me he comunicado con Ron (finalmente aprendió a utilizar un teléfono celular) y dice que nos están esperando -Ginny entró a la cocina y buscó algo en los cajones.  -Entonces vámonos -asintió Harry abandonando su taza de café -. Ha estado muy rico Ginny -dijo dándole un beso en los labios.  -Sabes a café -comentó ella.  -¡Oigan, esto es apto para todo público! -reclamó James negando con la cabeza. Cerró su maleta y la asió por la correa de cuero -, bien ya estoy.   Lily Luna entró cepillándose el cabello con desgana.  -¿Podemos irnos ya? -Preguntó con cara de aburrimiento -, me ha dicho Hugo que quiere mostrarme algo.  -No te fíes de Hugo -le recomendó James -, probablemente quiera enseñarte algún bicho muerto, o algo por el estilo.  -¿Por dónde iremos? -inquirió Albus.  -Por la red flú -respondió Harry aproximándose a la chimenea para tomar una pequeña maceta colocada sobre la repisa.  -¡Pero si recién me bañé! -se quejó Lily apresurándose detrás de su madre.  -Es eso o aparecernos -sentenció el hombre -. Y ya sabes que las apariciones te ponen muy mal.  -¡Vamos por la red flú! -respondió apresurada la niña y todos se formaron para utilizar la chimenea.    La casa de los Weasley apareció ante ellos a continuación; se trataba de una amplia casa de tonos claros y espacios abiertos muy acogedores; para los Potter era como su segunda casa (que también compartía lugar con el castillo de Hogwarts) pues ahí pasaban sus vacaciones a veces, y los visitaban muy seguido.  -¡Harry, Ginny! -Hermione se asomó desde la habitación contigua y sonrió en cuanto los vio llegar -, que gusto verlos nuevamente. ¿Han recibido nuestra lechuza?  -Sí, gracias por invitarnos -comentó Harry ayudando a sus hijos a incorporarse desde la chimenea.  -Sacúdanse las cenizas, chicos. No querrán ensuciar la alfombra de su tía -les apremió Ginny mientras hacía lo propio con su ropa.   -Vaya, ¿Qué los trae por aquí? -Ron bajó por la escalera en pijama; parecía que no tenía mucho tiempo despierto.  -Ron, por Merlín. Ve a cambiarte -le espetó Hermione empujándolo por la escalera de regreso.  -Pero es mi día libre… -decía Ron desapareciendo en el segundo piso.  -Bien, siéntense -los animó Hermione procediendo hacia la cocina -, ¿les sirvo algo?  -Agua estaría bien -aceptó Harry, limpiándole la nariz manchada de hollín a Lily.   Hermione regresó pronto al recibidor con una jarra de agua helada y cristalina, y luego Ron apareció preparado, amarrándose la corbata cuidadosamente.  -¿Mejor así? -preguntó a su esposa.  -Perfecto -reconoció la mujer sonriente.  -Gracias por recibirnos los últimos días de las vacaciones -dijo Harry -, sé que tienen muchas cosas que contarnos a Ginny y a mí.  -Ya sabes que esta es su casa -respondió Hermione sentándose al lado de su esposo -, pueden venir cuando quieran.  -¡Albus! ¿Cómo estás? -Rose entró en la habitación y saludó a los presentes -. Ven, vamos afuera.Albus la siguió hacia el patio mientras sus padres se quedaban platicando de un montón de cosas triviales. En el patio jugaban Hugo y Lily, por lo que sus hermanos mayores se alejaron hacia el límite del jardín, al pie de unos altos pinos que se movían suavemente gracias al viento.  -¿Y bien? -inquirió Rose sonriente -, ¿cómo ha sido?  -¿Cómo ha sido qué? -preguntó su primo un poco confundido.  -Lo de las visiones -respondió lacónicamente la chica -. Antes de salir de Hogwarts no pudiste contarnos a Scorpius y a mí mucho al respecto.  -Pues… Por alguna razón el profesor Breoghan Kalen piensa que eso de ver el futuro podría ser problemático.  -¿El profesor Kalen? Pero si él enseña Defensa contra las Artes Oscuras, ¿Qué tiene que ver con todo eso?  -No tengo ni la menor idea, pero a decir verdad, no me entusiasma mucho eso de poder ver lo que pasará en el futuro. Piénsalo de esta forma: Imagina que de pronto me llega una visión en la que veo mi propia muerte a manos de un troll. No sería tan divertido como se escucha.  -Sabes que las visiones son muy subjetivas y que se puede cambiar el futuro dependiendo de tus elecciones -le recordó la muchacha. Ambos se quedaron callados durante unos momentos, escuchando el susurro de los árboles agitándose y los canturreos de las aves.  -No le digas a nadie acerca de las visiones -le pidió el chico apresurado -, no quiero llamar más la atención de lo necesario. Además, quisiera averiguar un poco más al respecto…   Y entonces sintió una especie de energía recorriendo sus venas de pies a cabeza; sintió una especie de sensación fría en el cerebro, como si hubiera tomado un sorbete helado de golpe. Y una imagen se creó en su cabeza: Veía al colegio Hogwarts de Magia y Hechicería durante la noche, pero la imagen parecía ignorar la mayor parte del castillo, pues resaltaba por sobre todo una gran torre en la parte norte del colegio. Albus no sabía qué había en esa torre, pues nunca había ido ahí.    La imagen traspasó el muro de la torre y se fijó en un muchacho que probablemente era un estudiante de Hogwarts, aunque el joven Potter no supo a qué casa pertenecería.  -Es mi turno de ser conocido -murmuró el muchacho, pero su rostro no se lograba apreciar en medio de la oscuridad. El desconocido se volteó y Albus consiguió ver un resplandor violeta que parecía provenir de dos gemas del mismo color…   Y entonces Albus regresó a la realidad, en medio del patio de los Weasley. Suspiró profundamente y trató de acostumbrar la vista a la gran luminosidad del cielo, tan diferente a la oscuridad de su visión.  -¿Estás bien, Al? Pareces un poco pálido -comentó Rose mirándolo fijamente.  -Tuve una visión, Rose… Pero no la entiendo del todo -respondió un poco desubicado, mientras la cabeza le daba vueltas y el panorama volvía a la realidad.  -¿Qué has visto?  -Vi el castillo de Hogwarts, pero la visión le ponía mucha atención a una… una torre…  -¿Una torre? -repitió la pelirroja.  -Sí, pero… -pero entonces el joven se vio interrumpido por su tío Ron, que salió por la puerta trasera de la casa y miró a ambos primos.  -Vengan chicos. Nos vamos.  -¿A dónde, papá?  -Tenemos que ir a comprar ciertas cosas. Y no hay mejor lugar para ello que el Callejón Diagon.

**¡Hola a todos! Bienvenidos a mi nueva historia, es decir, la secuela de mi primer fanfic sobre Albus Potter y el resto de la tercera generación. Decidí continuar gracias al ánimo que hubo por parte de los lectores, y espero que esto siga así, pues al menos para mí, esta historia es aún mejor que la primera. En fin, sólo ustedes pueden decidirlo. Los invito a leerla y a comentar.****Para quienes no han leído la primera parte, les diré que es opcional leerla antes de esta segunda parte, aunque obviamente algunas cosas quedarán más claras si previamente le han echado un vistazo a El Libro de los Muertos.**Saludos!