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Albus Potter y la Torre Oscura — capítulo 2

2En Gringotts    Tanto la familia Potter como los Weasley se aparecieron a las afueras del Caldero Chorreante en Londres, dirigiéndose hacia el Callejón Diagon. Dentro del pub había poca gente, la mayoría magos y brujas de mediana edad que tomaban tranquilamente una copa.  -¡Harry, Ron, Hermione! ¿Cómo están? ¿Les sirvo algo? -los recibió Hannah Abboth, la dueña del Caldero Chorreante, vieja amiga de ellos y esposa de Neville Longbottom, el profesor de Herbología en Hogwarts.  - ¡Hola! Vamos de paso Hannah, pero más tarde seguro venimos a contar las novedades -dijo Harry mientras todos se dirigían a la trastienda del establecimiento.  -De acuerdo, nos vemos.   El numeroso grupo de magos esperó a que Harry hiciera lo suyo para abrir el pasadizo en la pared de la trastienda. Y a continuación, el callejón Diagon se abrió ante todos, con sus alargadas y serpenteantes calles empedradas, escoltadas por altos edificios con formas divertidas y únicas; los aparadores de las distintas tiendas estaban repletos de objetos en movimiento, con colores vivos y toda clase de funciones.  -Bien, ¿Qué opinan si nosotras nos vamos a mirar algunas cosas mientras ustedes van a Gringotts? -propuso Ginny, señalando a Hermione y a las hijas de ambas.  -De acuerdo, pero no compren nada que haga mucho espacio -aceptó Harry guiñándole un ojo.  -No te preocupes querido. ¿Vamos?   De esa forma, los hombres y las mujeres se separaron, dejando a Harry, Ron, Albus, James y Hugo para realizar un retiro de dinero del banco de Gringotts.  -Desde que saqueamos la bóveda de los Lestrange a mi no me han recibido educadamente los duendes, ¿y a ti? -iba comentando Ron mientras atravesaban las altas puertas blancas, llegando a la amplia sala de altas columnas y pisos de mármol, con largos escritorios de madera y una docena de duendes de mirada calculadora yendo de allá para acá.  -No, tampoco me han recibido igual que antes -concluyó Harry mientras se detenían a media sala, esperando a que el duende del centro se desocupara. Estaba atendiendo a un muchacho de cabello cobrizo.  -…Entiéndelo, no podemos darte esa clase de información. Es confidencial -señalaba el duende al muchacho, con cara de enojo.  -Pero no entiendo porqué no puede decírmelo. No le haría daño a nadie -reclamó el joven, pero cuando el duende negó con la cabeza, este bajó los hombros rindiéndose -. De acuerdo, no me diga nada de la cámara 713. Pero al menos podría llevarme a mi propia cámara. ¿O es que se trata de una bóveda confidencial? -repuso con sarcasmo.   Albus notó que Harry, su padre, compuso una cara de confusión en cuanto escuchó el número de la cámara 713, pero se quedó callado.  -¿Tiene la llave? -gruñó el duende.   El chico sacó de su bolsillo una llave dorada muy bonita, con cinco pequeñas gemas en la punta de la llave; tenían distintos colores: una roja, una azul, una amarilla, una verde y una púrpura en el centro de las demás.  -Veo que no miente -dijo el duende con una leve sonrisa desdeñosa que mostraba un par de hileras de dientes puntiagudos. A Albus los duendes le parecían criaturas muy desagradables, y no solo físicamente.  -¿A caso dudaba de mí? Porque puedo mostrarle la prueba definitiva de lo que digo -le amenazó el adolescente, acercándose más al escritorio.  -No hará falta. ¡Vurnock! -Un segundo duende acudió a su llamado -, acompaña al señor Dair a su bóveda.   El recién llegado asintió y se dirigió a una antecámara oculta detrás de una pared. El muchacho con apellido Dair lo siguió.  -Buenas tardes -saludó Harry al duende detrás del escritorio, que lo miró con cierto rencor.  -Harry Potter -anunció para sí mismo la criatura.  -Quisiera realizar un retiro de mi bóveda, al igual que mi amigo Ron -dijo entregándole la llave de su cámara; Ron buscaba en sus bolsillos, aparentemente tratando de recuperar su llave.  -Demonios -dijo mientras caían un par de sickles al suelo -, ¡ah! Aquí está.   El duende examinó ambas llave cuidadosamente y luego las entregó a sus respectivos dueños con expresión adusta.  -Gurk los acompañará -explicó mientras un nuevo duende de nariz abultada se aproximaba -. Y Harry Potter, tenga cuidado mientras esté por aquí.   Albus no supo por qué le decían aquello a su padre, aunque supuso que se refería a la ocasión en que él, y sus tíos Ron y Hermione se habían infiltrado en el banco de manera muy arriesgada; el chico no podía negar que sentía un poco de envidia cuando oía las emocionantes aventuras de su familia.    El carro en el que viajaban comenzó a tomar velocidad tras una curva; la enorme cueva se abrió paso ante ellos, que descendían por una pendiente que no le pedía nada a la de una montaña rusa; el carro dio un viraje y luego saltó en una precipitada curva. Así continuaron marchando durante unos minutos, en donde conseguían ver desde distintos ángulos la gran caverna, con sus grandes estalagmitas, amplias cascadas resbalando por las rocas e incontables metros de rieles que descendían, subían, rodeaban y se torcían por todos lados.  -¿Te lo había dicho? -Comentó entonces Ron a Harry -, Hermione consiguió hace poco que dejaran de usar dragones como protección para el banco. Ahora utilizan solamente conjuros muy potentes y cosas así.  -Vaya, había oído de un par de nuevas leyes que fomentó, pero no sabía nada sobre dragones. Si que tenemos que hablar de muchas cosas -asintió Harry mientras el carro aminoraba la marcha.   Esta vez se detuvieron frente a una galería de piedra alumbrada con antorchas, que albergaba las cámaras 680 a 690. La de los Potter era la 687.  -Ven Hugo, baja con cuidado -dijo Ron ayudando a bajar a su hijo.   Mientras Gurk el duende procedía a abrir la cámara, Albus se aproximó a la orilla de la galería, desde donde se podían ver una gran cantidad de estrechos pasillos por debajo de sus pies; y ahí, a unos dos metros debajo de ellos, se encontraba el chico con el que se habían encontrado en el vestíbulo del banco, aquel que había preguntado algo sobre la cámara 713.  -¿De verdad no podría ayudarme a revisar? -decía el muchacho, cuya voz resonaba con eco -. Solamente quisiera verificar que el objeto no se encuentre en la cámara.  -Lo lamento -se disculpó Vurnock -, pero esa cámara es de alta seguridad. No podemos mostrarle su contenido a menos que tenga una autorización escrita del propietario de la cámara.  -Pero él propietario está muerto -explicó el otro.  -Entonces la cámara tendría que pertenecerle a su heredero, o en casos particulares, al familiar más cercano que le quede.   El joven se quedó callado y no dijo nada más; había algo en su rostro que le parecía conocido a Albus…  -¡Uy! Te caerás -James tomó a su hermano por la espalda y le dio un ligero empujoncito para asustarlo.   -No hagas eso -le reprochó él -, podrías hacerme caer por la caverna hasta perderme en la oscuridad.  -¿Qué miras? -preguntó James.  -Es que ese chico me parece conocido… Aunque no recuerdo dónde lo he visto -explicó.   Albus siguió mirándolo, pero ya no estaba en la cámara 713, sino en la 715, que parecía ser la suya. Extendió su inconfundible llave con joyas al duende, quien la tomó y abrió la cámara, de cuyo interior salió un halo luminoso de varios colores, probablemente perteneciente a gemas preciosas. Por lo que Albus percibió, esa debía ser una cámara de alguien bastante adinerado, y James confirmó sus sospechas.  -¿Has visto eso? Ese chico no tiene mayor edad que tú y ya tiene una fortuna enorme -comentó boquiabierto.  -Chicos, andando -los apresuró su padre, mientras se dirigían de nuevo al carrito para visitar la cámara de los Weasley    Salir al Callejón Diagon luego de encontrarse en la oscuridad de Gringotts resultaba casi doloroso para los ojos, por lo que todos salieron de ahí con los párpados entrecerrados.  -Me quema -gruñó James haciéndose sombrilla con la mano.  -Ah, miren, allá vienen las chicas -señaló Ron al grupo de mujeres, que parecían haber realizado un par de compras.  -¿Todo bien? -preguntó Ginny.  -¡Yo quiero un helado! -comentó Hugo mirando a su hermana y prima, que traían uno de apariencia particularmente apetitosa.  -Te compraré uno doble -dijo Ron y Hermione levantó el ceño.  -Ya sabes que no es bueno ponerlo hiperactivo -comentó ella mientras los Weasley se dirigían hacia la heladería.  -Bueno, será mejor que comencemos con los pendientes del día antes de que se haga tarde -comentó Harry.   Dieron un vistazo a Sortilegios Weasley, en dónde George parecía un poco atareado y Ginny estaba muy pendiente de James para que no obtuviera ninguna clase de producto.   Luego de ahí, pudieron ir a Madame Malkins para comprar las nuevas túnicas para el colegio de Albus, quién parecía haber crecido un poco desde la última vez que habían estado ahí; visitaron también la tienda de calderos y la botica, en donde vendían toda clase de ingredientes para pociones. Albus consultó su lista de útiles y descubrió que sólo le faltarían los libros de segundo año.   Flourish y Blotts, la principal librería del Callejón Diagon, estaba llena de estudiantes de Hogwarts que se hacían paso para comprar los nuevos tomos que la lista les indicaba.Al final del día todos estaban agotados por la excursión que habían tenido, de forma que tras una agradable cena en El Caldero Chorreante, el grupo regresó a la casa de los Weasley.    Durante la noche Albus estaba acostado sobre su cama en la habitación que Hugo compartía con él y su hermano; miraba sencillamente hacia las estrellas que se lograban ver a través de la ventana, pensando en varias cosas. Pronto llegaría el inicio de su segundo año en Hogwarts, y algo en la visión que había tenido recientemente le pareció inquietante; ¿tendría algo importante aquella torre? No lo sabía, pero fuera lo que fuera tenía el presentimiento de que le traería una nueva aventura en el colegio Hogwarts.

**Hola chicos! Muchas gracias por comentar. Me da gusto empezar con el pie derecho la historia, aunque veo que algunos no pudieron encontrar el link en la otra historia, pero ya he resuelto ese problema. Espero que disfruten el capítulo y que dejen sus comentarios que son muy importantes para mí.**Saludos!