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Albus Potter y la Torre Oscura — capítulo 20
20Conclusiones Cuando los chicos llegaron finalmente al corredor del séptimo piso, suspiraron a salvo con alivio, mientras la puerta secreta se partía en cientos de trozos, dejando al otro lado un sólido muro de ladrillo; cualquier rastro de la Torre Oscura había sido borrado probablemente para siempre. Pero al menos sabían algo: La varita ya no resultaba una amenaza. -¿Están bien, chicos? -inquirió Albus a sus compañeros, que se encontraban recargados contra la pared, cubiertos por polvo y arañazos en la piel. -Tengo el tobillo torcido -musitó Scorpius resbalando por la pared, vencido por el peso de su cuerpo sobre su lastimado pie -. Pero en general estoy bien. Avanzaron por el pasillo en medio de la oscuridad, con la probable intención de ir a descansar a la sala común, aunque aquello era poco probable puesto que James había ido a buscar a los profesores. Finalmente, cuanto el trío llegó al final del pasillo, el hermano mayor de Albus y un grupo de cuatro profesores de Hogwarts se dirigió hacia ellos, encabezado por el profesor Flitwick. -¿Y la profesora Mcgonagall? -preguntó Rose al notar la ausencia de la directora. -Nos han tendido una trampa a todos, señorita Weasley -explicó Neville, quien iba a un lado de sus colegas -. Alguien realizó varios trucos para mantenernos a los profesores a raya del castillo sin que nosotros lo supiéramos. Ahora mismo la profesora Mcgonagall está en Hogsmeade, pero llegará de inmediato. -¿Hay alguna pista de la persona que dicen que se ha infiltrado en el castillo? -inquirió la profesora Fornax. -No -se apresuró a decir Albus a pesar de que si que tenía una pista. De hecho, estaba casi seguro de quién había sido el responsable. Los profesores se quedaron fijos en su semblante, hasta que finalmente fue Flitwick el que habló: -Si está seguro señor Potter, entonces será mejor que ustedes tres se vayan a sus dormitorios, o a la enfermería si es necesario -les indicó con su voz chillona; -trataremos de averiguar qué ha pasado. Pero no se han salvado del interrogatorio. Lo discutiremos a primera hora mañana… -De acuerdo -asintieron los tres, y tras una leve cabezada y un ademán de despedida, Albus y Rose se separaron de Scorpius para ir ambos a sus salas comunes correspondientes, aún con la preocupación de que el intruso había huido. -¿Te digo algo? La verdad es que creo tener una idea de quién fue el responsable de lo que ocurrió. -¿De verdad? -inquirió la pelirroja sorprendida -, y… ¿quién es? -Estoy casi seguro de que fue Brent Dair -respondió finalmente.Ella suspiró y rodó los ojos, como Albus había temido. -Mira Al, la verdad es que eso de Brent ha ido muy lejos… -¡No, espera! Escúchame -insistió él -, estoy casi seguro de que fue él quien intentó robar la varita. Justo antes de transformarse en una copia de mi padre pude ver el brillo de sus ojos púrpuras. Estoy casi seguro de que fue él quien trató de entrar por la fuerza al despacho de Mcgonagall; él trató de matarme empujándome a un río congelado en el Valle de Godric… Y además podría apostar a que fue él quien hizo desaparecer a Marissa Johnson la noche de Halloween cuando vio que ella sabía mucho respecto a él. No sé como lo hace, Rose, pero estoy casi seguro de que hay algo mal con ese chico. Y debemos tener cuidado. La chica Weasley no respondió, y permaneció analizando aquella atrevida teoría; había algo que le parecía convincente, pero a la vez su mente no podía creer aquello. -Sabes que estamos hablando de un muchacho de once años, ¿cierto? Albus asintió con convicción. -Iré a dormir, buenas noches -comentó repentinamente y se alejó por la escalera de caracol hacia su habitación. -Buenas noches -murmuró Albus, lanzando un trozo de pergamino al fuego de la chimenea. Él estaba convencido de que el tal Brent Dair tenía un doble rostro; pero, ¿cómo probarlo? Con aquella idea, Albus Severus se marchó a su habitación, esperando pasar una buena noche después de todo lo que había ocurrido. Las vacaciones de verano habían llegado al colegio Hogwarts, de forma que todos los estudiantes se habían marchado ya hacia sus casas, todos con la clara interrogante sobre lo que había ocurrido en la torre oscura unas cuantas semanas atrás. Brent Dair no era la excepción. En cuanto había abandonado el expreso de Hogwarts, se había encontrado como siempre con el hecho de que nadie había ido a recogerlo. Claro, aquello se debía a que sus padres habían fallecido hacía ya algunos años. Tras atravesar la barrera del andén 9 y ¾ llamó a un taxi muggle, cuyo conductor le ayudó a subir su equipaje y le indicó que subiera al asiento de su preferencia; él decidió irse en el de atrás. Mientras el vehículo atravesaba El Puente de Londres, el muchacho veía pasar los edificios y la gente con cierto aburrimiento, pues cabía decirlo, él no estaba de muy buen humor. Después de algunas horas de viaje, el chico llegó finalmente al Valle de Godric, en donde lo esperaba su cómoda y costosa casa; pagó al chofer del taxi, y una vez que este hubo desaparecido por la calle, el chico tocó al timbre de su casa, esperando a que su elfo doméstico le abriera la puerta para que pudiera entrar. La puntiaguda nariz de Bink, el elfo, asomó entonces por la puerta. -¡Amo Dair! Que gusto me da verlo -chilló la criatura, apartándose de la puerta para dar paso al joven -, pero ¿qué le ha pasado en el rostro? Brent sabía que había motivos para que Bink se preocupara, pues tenía el rostro, cuello y brazos salpicados de moretones y magulladuras. -Es una larga historia -se limitó a decir, introduciéndose en su elegante hogar. A la cálida luz del candil de cristal se disimulaban un poco más sus heridas. -¿La ha conseguido? -prosiguió la criatura. -No Bink. No la he conseguido -respondió con un susurro -. Soy un mago poderoso, pero a veces creo que debo realizar mis planes con mayor mesura. -¿A qué se refiere, mi señor? -La gente suele meterse donde no la llaman -repuso de mala gana. -No importa si se han dado cuenta o no de su poder, señor. Pronto sabrán de usted y no importará más su anonimato. -Probablemente -reconoció Brent mirando por una de las ventanas laterales de la habitación, desde donde podía ver la casa de los Potter. Sus padres iban llegando en esos momentos, seguramente después de haber recogido al muchacho en King's Cross -. No sé cuando Bink, pero muy pronto la gente sabrá quién soy verdaderamente… y he de reconocerlo, no puedo esperar para que así sea…
**Sé que no tengo excusa por mis constantes inconsistencias con esta historia, pero aún así la he finalizado, y espero que les haya gustado. Me habría gustado tener más tiempo para revisar los capítulos, o no dejar tanto tiempo entre un capítulo y otro. Lamentablemente no ha podido ser así, pero al final de cuentas eso solo ayuda a mejorar; en fin, este ha sido el último capítulo de la historia, y sé que les parecerá sencillo, pero a mi parecer cumple con mi idea del final para este fanfic, así que si les ha agradado todo aún mejor.****Gracias por seguir la historia capítulo a capítulo, y sobre todo gracias a quienes se dieron un tiempo para comentar a pesar de lo poco profesional que fui en ocasiones jeje.**Saludos!