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Historia 8635 — capítulo 14
Capítulo 14: Problemas amorosos
Tanto Ginny como sus amigas y sus enemigas, fueron castigadas. La profesora McGonagall se encargó de frenar a los objetos voladores mientras que varias chicas (entre ellas Hermione) detenían las peleas. Lo malo de toda la situación fue que en lugar de castigarlas por su propia cuenta, McGonagall las llevó con Dumbledore. Estaba furiosa:
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¡Estas guerrillas internas han llegado demasiado lejos! –murmuraba, los ojos lanzándoles chispas a las chicas-. Salamandras –gruñó al llegar a la gárgola. Casi de inmediato se hallaban en el despacho del director, que las miró extrañado. Sus ojos penetrantes iban de McGonagall que tenía el apretado rodete deshecho, a Sophie que se frotaba la cabeza, a Nefiyae y Daphne que ya no lucían tan hermosas y arregladas como de costumbre, a Kitt que estaba roja y jadeaba, a Mandy que tenía un ojo morado, a Melodie que tenía el labio partido, a Queen que lloraba, a Courtney que se frotaba las costillas, a Stephanie que se tapaba el ojo izquierdo con la mano ya que una revista voladora le había pegado, y a Ginny que parecía a punto de vomitar.
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¿Me pueden explicar de que se trata esto? –preguntó el director cortésmente.
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Ella... –empezó Kitt, señalando a Mandy.
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Ella... –dijo a su vez Nefiyae, señalando a Daphne.
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Ellas... –intentó explicarse Ginny al mismo tiempo.
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¡Silencio! –ordenó McGonagall, mirando furiosa a las chicas. Luego se volvió a Dumbledore-. ¡Estas chicas llevan meses en una especie de guerra y esto es la gota que colma el vaso! Lo he intentado todo, Dumbledore, desde dejarlas que lo arreglen entre ellas hasta castigarlas, ¡pero nada funciona!
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Para empezar, podríamos hacer ajustes en el reparto de dormitorios –sugirió Dumbledore con calma-. Por ejemplo, dejar que la señorita Snow y la señorita Mollock intercambien lugares.
Kitt, que en aquel momento le susurraba amenazas a Mandy por lo bajo, se calló y miró a Dumbledore, para luego asentir fervientemente, diciendo:
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Sí, dejemos que Mandy se junte con su querida amiga Nefiyae y deje de traicionarnos a diestra y siniestra.
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¿Traicionarnos? –preguntó Daphne, sin comprender. Todas se volvieron a ver a Mandy, que a su vez miraba a Nefiyae nerviosa.
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¡Entonces Malfoy tenía razón! –resolvió Ginny. Después de todo, el rubio si se preocupaba por ella. Eso quisiera... El caso es que le había dicho de todo menos gracias y ahora se arrepentía muchísimo. Se le encogieron las tripas de la angustia.
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¿Traicionarnos? –repitió Daphne, perpleja. Pobre, ella no estaba acostumbrada a que la apuñalaran por la espalda. Y menos una fan de ella-. ¿Cómo lo sabes?
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Pues porque cuando fui a su baño a buscar el shampoo que le presté a Stephanie, la atrapé robando las fotos que sacó Colin –respondió Kitt-. Iba a ir a ponerla en su lugar, pero en ese momento llegó Nefiyae –miró a la rubia teñida-, y le ordenó que se apresurara en destruir esas fotos, que ustedes no tardarían nada en llegar. Y entonces llegaste tú –miró a Daphne-, discutiendo con Stephanie –miró a la nombrada-. Nefiyae se ocultó a tiempo, y llegó Queen –miró a la chica-. Yo decidí dejar de perder el tiempo y me arrojé sobre Mandy. En eso llegaron Courtney, Melodie y Sophie, y Nefiyae salió de su escondite y comenzaron a reírse de lo que pasaba. Queen y Courtney fueron a separarnos pero también se pelearon. Y en eso llegó Ginny –miró a la pelirroja-, que accidentalmente hizo que las cosas del dormitorio nos golpearan.
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Y luego llegaron a mi despacho las señoritas Patil, Brown y Granger, que me contaron de lo que ocurría, así que fui a investigar. Y me encontré con una riña de gatos callejeros –explicó McGonagall, fulminando a las chicas con la mirada.
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Lo que estas chicas necesitan es pasar más tiempo juntas –observó Dumbledore en el tono de quien está a punto de explicar un juego muy divertido-, dejar de lado sus diferencias para lograr un objetivo común. Una actividad grupal...
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¿Ejercicios matemáticos? –sugirió Stephanie emocionada.
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¿Coreografías para porristas? –sugirió a su vez Nefiyae, aún más emocionada.
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¿Una banda musical? –aportó Courtney alegremente.
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No. ¡Trabajarán en el bar! –corrigió Dumbledore, más feliz que un niño en Navidad.
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¿Trabajar? –preguntó Queen como si eso fuera algo nuevo para ella. De inmediato se había olvidado de su llanto.
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¿En el bar? –corroboró Nefiyae-. ¿Cómo simples camareras?
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Bromea, ¿cierto? –añadió Daphne.
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No, no bromeo, señorita Wolf –dijo Dumbledore, volviéndose repentinamente serio-. Todo este mes, y dos si es necesario, o tres o cuatro o cinco o seis. Hasta que ustedes no aprendan a llevarse bien y trabajar en equipo, de allí no salen. Además, necesitamos a los elfos en las cocinas –añadió, guiñándoles un ojo.
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Pero... –protestó Queen, que parecía una niñita a punto de comenzar una rabieta.
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Comenzarán este viernes, desde las nueve de la noche hasta las dos de la mañana, hora a la que tienen que cerrar. El sábado de nueve a tres. Y así hasta que se lleven bien. Todas –agregó, mirando a Nefiyae en particular.
El viernes tardó una eternidad en llegar. Kitt estaba muy feliz por haber sido trasladada y haber probado su lealtad a las salamandras, además de haber desenmascarado a la traidora de Mandy, que ya no servía como espía, pero aún así sabía muchas cosas de las enemigas de sus nuevas compañeras de cuarto. Daphne seguía sin hablarle a Ginny, la cual se sentía bastante deprimida no sólo por eso sino por lo de Malfoy, a quien se cruzaba en los pasillos muy a menudo, pero aparte de intercambiar miradas no pasaba nada más. Stephanie había perdonado a Daphne por lo de William pero le había prohibido terminantemente hacerse pasar por su novia. Queen, por su parte, andaba muy deprimida y su única forma de consolarse era escribiendo en un diario dorado (que Ginny se aseguró de que no fuera como el de Riddle). William (que estaba convencido de haberla conquistado) hacía todo lo posible por consolarla, mientras que Colin se comportaba muy extraño: cada vez que escuchaba “Hufflepuff” se volvía repentinamente sordo. En cuanto a Eoin, parecía muy avergonzado por el beso que le había dado a Ginny, y esa tarde del viernes intentó hablar con ella:
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¡Ginny! ¡Hey, Ginny! –la llamó, al final del pasillo del primer piso. Daphne bufó y le dio un codazo (a Ginny) en cuanto pasó a su lado, seguida de Thot, que se encogió de hombros.
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Nos vemos luego –se despidió Neville, comprendiendo que estaba de más.
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¿Podemos hablar? –pidieron Eoin y Ginny al mismo tiempo, en cuanto estuvieron cara a cara. Se rieron.
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Eoin, voy a ser totalmente sincera contigo –comenzó Ginny, suplicando porque diera resultado su discurso y que el chico la dejara en paz-: me caes un poco mejor que antes. Pero eres un idiota.
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¿Qué? –preguntó el chico asombrado.
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Eso. Primero porque no me gustas, y mucho menos estoy enamorada de ti. Después porque tienes una chica fabulosa rendida a tus pies, y no le das ni la hora.
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Pero...
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No me vengas con eso de que yo niego lo que siento por ti –lo interrumpió Ginny, fastidiada-, porque no es cierto. A ver si te queda claro, NO ME GUSTAS. Me gusta otra persona. Lamento que haya parecido otra cosa, pero créeme, no estoy enamorada de ti.
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De acuerdo. Pero, ¿quién es esa chica fabulosa de la que hablas? ¿Por casualidad es Alissa Starlight? –preguntó emocionado.
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No. Es... –Ginny vaciló. Si se lo decía, las posibilidades de que Daphne volviera a hablarle quedaban reducidas a cero. Pero por otro lado, el chico era demasiado idiota como para darse cuenta-. Su apellido empieza con W –al menos así no se lo diría ella, lo adivinaría por su propia cuenta.
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¿Eres tú? –preguntó él, confuso.
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¡No! ¡Es Daphne Wolf, zopenco! –gritó Ginny exasperada. Le daba igual que Daphne no volviera a hablarle. Ya estaba harta. Y tenía problemas propios que resolver. Con una excusa estúpida, se largó.
Tenía que encontrar a Malfoy, antes de que se volviera loca. Extrañaba que le dijera pobretona, extrañaba que la persiguiera, extrañaba todo eso... Lo extrañaba a él. Había que admitirlo: el chico la estaba volviendo loca.
Pasó junto a Thot y Daphne, que hablaban en voz baja de algo serio, junto a Neville y Parvati, junto a Colin y aquella Hufflepuff (la Hufflepuff lo perseguía), junto a Luna y Harry, y junto a Ron y Hermione. Iba rápido, por las dudas de que fuera a arrepentirse. Se cruzó con Marianne Hart, una Slytherin de sexto bastante simpática, y le preguntó donde estaba Malfoy:
- En clase de Transformaciones, creo –respondió Marianne un poco sorprendida-. Yo me tengo que ir –señaló sus manos de león, de las que Ginny ni siquiera se había percatado-, tuve un accidente en la clase.
Y se largó. Ginny también lo hizo. Iba a sacar a Malfoy de la clase de McGonagall, por más que la profesora aún seguía furiosa por lo del otro día.
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Permiso, profesora, ¿puede venir Malfoy un momento? –pidió Ginny en cuanto entró al aula. Todas las miradas se posaron en ella, cuchicheando, pero la pelirroja los ignoró.
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De acuerdo –aceptó McGonagall a regañadientes. Draco se levantó sorprendido y siguió a Ginny fuera de la clase.
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¿Qué te ocurre? –le preguntó el rubio.
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Quería aclararte algo: Eoin y yo no estamos saliendo. No somos novios. No nos gustamos. Apenas nos caemos bien –explicó Ginny rápidamente.
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¿Y? –preguntó Draco, alzando una ceja.
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Y que puedes fastidiarme. Me gusta que me fastidies –dijo la pelirroja, y apenas se dio cuenta de lo que decía en cuanto acabó de decirlo. ¡Demonios! Se había delatado. Seguro que Malfoy se iba a reír o algo así.
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Y a mí me gusta fastidiarte –dijo Draco, acercándose a la chica.
Finalmente, el momento tan esperado sucedió: se besaron. No fue de esos besos apasionados de las películas, pero sí uno tierno y largo. Ginny no quería moverse, no quería salir de allí, no quería pensar. Pero sí quería que aquel beso no acabara nunca.
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¡Ejem! –McGonagall se aclaró la garganta sonoramente, provocando que los dos se apartaran de inmediato-. Si no le importa, Weasley, quisiera que Malfoy entrara de nuevo en clase.
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Disculpe –balbuceó Ginny torpemente. Se sentía débil e indefensa, como un pez fuera del agua. Sentía que le faltaba algo. Y ese algo la miró por un instante, tras seguir a McGonagall y entrar al aula.
Ginny se quedó allí, parada, como una estúpida. Todavía no podía creer lo que había hecho. ¡Había besado a Draco Malfoy! Se había tragado su estúpido orgullo y lo había besado.
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Ginny, ¿qué haces? –le preguntó Ron.
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¿Estás bien? –preguntó a su vez Harry, pasándole una mano por los ojos.
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¡Ginny! –dijo Hermione, sacudiéndola un poco.
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¿Mmm? –preguntó la aludida, volviéndose. Los tres chicos la miraron con aprensión.
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¿Qué hay allí? –se interesó Ron, en su tono de hermano sobreprotector.
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¡Nada! –se apresuró a decir Ginny, tomándolo del brazo y arrastrándolo lejos. Echaron a andar con Harry y Hermione a su lado.
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Tenemos reunión de prefectos hoy a las cinco –comentó Hermione, que obviamente estaba de buen humor.
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Y práctica de quidditch a las seis –les recordó Harry.
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Sí... Creo que no llegaré a tiempo a menos que me pierda la reunión... –pensó Ron en voz alta.
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¡Olvídalo! –le espetó Hermione, sonando repentinamente severa-. Es muy importante, y el quidditch puede esperar.
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¿Qué quieres decir? –se ofendió Harry.
Los tres comenzaron a discutir. Como siempre, Hermione acabó acudiendo a Ginny.
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¿Se puede saber por qué estás tan feliz? –le preguntó, mientras iban a la reunión.
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Porque... porque... –el cerebro de Ginny trabajaba en una excusa tonta:- Lo de trabajar en el bar suena divertido.
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Pero si te has estado quejando toda la semana –objetó Hermione, frunciendo el ceño.
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Ya, pero... –Ginny abrió la puerta del aula vacía donde se reunían-. Hemos llegado temprano.
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No me cambies de tema –la riñó Hermione-. ¿Es porque Daphne y tú se reconciliaron? Porque hoy hablé con ella y...
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¿Tú hablaste con ella? Pero si no la soportas.
No pudieron seguir hablando porque como siempre, la amargada de Florence Berry llegó y dio inicio a la reunión. Ron no apareció en todo el rato.
Pero sí que estaba en el entrenamiento de quidditch. Ginny le advirtió que Hermione estaba hecha una furia y que mejor no lo descubriera con la túnica de quidditch ni con la escoba, a lo que Ron respondió toscamente que ella (Hermione) no era nadie para meterse en su vida y que estaba harto de que le diera órdenes. El resto del entrenamiento transcurrió con total normalidad.
Y finalmente llegó la noche. Ginny no había visto a ninguna de sus amigas en toda la tarde, y cuando a las ocho entró al dormitorio para alistarse, las encontró allí: ellas tampoco habían ido a la cena.
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Daphne... –siseó la pelirroja, intentando hablar con su amiga, que se peinaba innecesariamente el pelo corto y rubio.
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¡Ginny! –exclamó Daphne, soltando el cepillo y arrojándose a los brazos de su amiga. Estaba llorando.
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¿Qué pasa? –preguntó Queen con suavidad, acercándose. Kitt y Stephanie dejaron de hacer sus cosas y también se acercaron, preocupadas.
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¿Por qué lloras, Daph? –inquirió Kitt con su tono más amable.
Pero Daphne no contestó. En lugar de eso, apartó el rostro surcado de lágrimas del hombro de Ginny, miró a sus amigas como en agradecimiento a que se preocuparan, y corrió al baño, donde se encerró.
- ¿Qué le ocurre? –preguntó Stephanie mirando la puerta del baño con tristeza y preocupación.
Ginny siguió el ejemplo de su mejor amiga y se largó. Algo muy grave tenía que estar pasando para que Daphne se pusiera así. Ella jamás lloraba. ¿Tendría algo que ver con Eoin? Su amiga estando así y ella pensando en Draco. Es que no podía evitarlo. El beso había intensificado todo lo que sentía hacia él. Estaba llegando a la sala común, cuando se detuvo en seco. ¿Cómo podía ser tan tonta? Malfoy sólo la quería usar para molestar a Harry y Ron. Malfoy no la quería, no la apreciaba, no la respetaba. Y sin embargo, ella sí lo quería a él... Pero él a ella no. Todavía no era demasiado tarde, todavía podía retractarse y olvidarlo para siempre. Sería muy difícil, pero era por su propio bien, y por el de todos.
- Nev... –susurró Ginny, acurrucándose al lado de su amigo, en un sillón.
El chico no le dijo nada. Sonrió tensamente.
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¿Te pasa algo? –le preguntó Ginny incorporándose.
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No... ¡qué va! –negó en un tono muy poco convincente.
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¿Tú también, Neville? ¿Acaso soy tan mala amiga que nadie quiere contarme lo que le pasa?
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Lo que me pasa, tiene nombre y apellido: Parvati Patil –explicó Neville con frialdad, y antes de que Ginny pudiera preguntar que le había hecho, el chico dijo:- ¡Se rió en mi cara! Es una idiota, no sé como me pudo gustar.
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¿De qué hablas? –preguntó Ginny con suavidad, apartándole un mechón de pelo castaño de la cara.
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¡De que le dije que me gustaba, y se rió! ¡Se rió! ¿Entiendes? ¡Se rió!
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No te merece –lo consoló Ginny, mirando a Parvati con rencor-. Déjala que se siga haciendo la Barbie. Ya vas a encontrar a alguien mejor.
Neville suspiró y se puso a leer un libro de Herbología. Mientras, Thot se reía como un psicópata, al tiempo que hablaba y hablaba con cualquiera que se le cruzara por delante. Ginny se le acercó, preocupada. Cuando Thot se ponía así, era porque estaba muy mal. ¿Pero qué les pasaba a sus amigos? ¿Y por qué a nadie le interesaba lo que le ocurría a ella?
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¡Jajajaja! ¿Quieres oír algo gracioso, Gin? –le preguntó Thot a su amiga, saltando de la mesa de la que había estado subido y sujetándole los hombros-. ¡No, aún mejor, adivínalo! ¿Puedes? ¿A qué no? ¡JAJAJAJAJAJA! ¿Sabías qué Daphne es una idiota? ¿Lo sabías? ¿Lo sabías? ¿A qué no? ¡JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA!
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Thot, cálmate... –suplicó Ginny algo asustada.
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¿Qué me calme? –Thot se volvió repentinamente serio, aunque era una seriedad digna de un loco. Ginny jamás lo había visto así-. ¡Oh, sí, claro! ¡Maten a Daphne y creo que me calmaré! ¡JAJAJAJAJAJA!
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Ginny, aléjate de ese loco –dijo Ron, apartando a Thot de un empujón.
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¡No, Ron, no!
Demasiado tarde. Thot se echó a reír y arrojó a Ron al suelo, sin dejar de reírse como un demente. Ginny se armó de coraje y le pegó una bofetada con todas sus fuerzas. En la sala común, eran el centro de atención. Neville había dejado su libro y contemplaba la escena como paralizado.
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¡Ouch! –gimió Thot, frotándose donde la pelirroja le había pegado. Fue como si saliera de un trance: ahora estaba normal-. ¿Por qué me miran todos así?
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Ven, Thot –indicó Ginny, tomando de la mano a su amigo. Con un golpe de la varita en las escaleras de las chicas, desactivó el hechizo que impedía a los chicos subir por allá.
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¿Qué hace él aquí? –preguntó Stephanie recelosa, en cuanto Ginny entró con Thot al dormitorio.
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¡Alohomora! –dijo Ginny, apuntando con su varita al cerrojo de la puerta del baño, que cedió. Abrió la puerta y empujó a Thot dentro. Acto seguido la cerró con llave-. Esos de ahí no salen hasta que no hayan resuelto todo.
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¿Tú estás loca? –preguntó Kitt a Ginny-. Dejar a un chico y una chica solos en un baño... cuando tengas que ayudar a Daphne a cambiar pañales no te quejes.
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Aparte de eso... ¿Te das cuenta de lo que pasaría si alguien se entera de que están ahí? ¡Nos expulsarían a todos! –observó Stephanie-. En menos de... –hizo una pausa para pensar-... ¡16 minutos con 15 segundos!
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Por no mencionar que hoy Daphne tiene que cumplir con el castigo de Dumbledore, no solucionar su vida amorosa y sexual –señaló Queen.
Ginny puso los ojos en blanco y dijo:
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Nadie se enterará. Trancaremos el cuarto, cumpliremos el castigo, cubriremos a Daphne con otra persona y además ellos conocen de métodos anticonceptivos –repuso Ginny tan rápido que Stephanie estuvo tentada a calcular el tiempo exacto que había durado su discurso y cuantas palabras había dicho por segundo.
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Por mí todo bien... ¿pero quién querría trabajar en lugar de divertirse? –preguntó Kitt.
Ginny bajó a la sala común corriendo y diez minutos después volvió con Hermione.
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¿Ella? –preguntaron Kitt, Stephanie y Queen a la vez, mirando a Hermione con algo de desaprobación.
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Los uniformes –dijo Ginny entregándoles un traje a cada una, y haciendo caso omiso de la pregunta de sus amigas.
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¿Esto es un... uniforme? –preguntó Queen, mirando con desagrado el atuendo: una túnica negra con una botella de cerveza de manteca bordada-. Lo siento, pero yo no voy a permitir que me vean con esto.
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Mmm... –murmuró Hermione-. Puedo arreglarlos. Si quieren, claro.
Todas miraron a Hermione algo perplejas, y reinó el silencio, a excepción de los gritos histéricos de Daphne y de Thot en el baño. Hermione no hizo preguntas al respecto: Ginny se lo había pedido.
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FIN DEL CAPÍTULO 14.
Me quedó una página más largo de lo esperado. ¿Les gustó? Comentarios, dudas, sugerencias o lo que sea en reviews o a mi libro de visitas. Muchísimas gracias.
Por cierto, cumplí con algunas de mis propuestas para el capítulo pasado pero tengo algunas pendientes, a ver si se las recuerdo:
· Cho se aliará con Nefiyae.
· La chica que besó a Colin (mencioné algo al respecto en este capítulo, pero no di el nombre ni nada).
Y, nuevas cosas para el capítulo 15, “De camareras”:
· Ginny pondrá la mejor buena voluntad para evitar a Draco y olvidarse de él de una vez por todas.
· El castigo en el bar, con las merrows.
· El uniforme del castigo, con Hermione como modista y Queen de diseñadora.
· Blaise aparecerá después de esta larga ausencia, lo prometo!