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Historia 8635 — capítulo 15

Capítulo 15: De camareras

  • ¿Qué tal estamos? –preguntaron las cinco chicas a coro. Eoin, William, Colin, Ron y Harry se miraron entre ellos, algo cohibidos.

  • ¿No son un poco... exhibicionistas? –se animó a decir Ron.

  • Son la última moda en París –aseguró Queen, sonriendo.

Las cinco vestían las túnicas negras que les había entregado Dumbledore para que se pusieran, pero ahora eran cortas hasta un poco más arriba de las rodillas y tenían cuello en V, un cuello bastante angosto. Debajo de la túnica llevaban faldas cortas de jean y tops de distintos colores (el de Ginny era verde, el de Hermione azul pálido, el de Queen rosa pastel, el de Stephanie blanco y el de Kitt era violeta oscuro). De calzado llevaban botas negras y el pelo lo tenían recogido en una coleta (sujeta con una cinta del mismo color del top). Apenas tenían algo de brillo en los labios y delineador en los ojos.

  • Nos vamos... –se despidió Ginny, y las otras la siguieron, procurando moverse seductoramente para que los chicos las vieran.

En cuanto llegaron al bar y lo abrieron con la llave que les había dado Dumbledore, las merrows aparecieron. Ellas también habían modificado el uniforme: las túnicas eran ahora tan cortas que Ginny estaba segura de que donde se agacharan les veían hasta el alma. Llevaban el pelo suelto, estaban mucho más maquilladas que sus enemigas y usaban zapatos de plataforma.

Era una situación bastante incómoda, estar todas ahí, sentadas detrás de la barra, esperando a que llegara la gente. Si las miradas pudieran matar, hacía rato que tanto las salamandras como las merrows estarían muertas.

  • Yo me ocuparé de la música –anunció Courtney después de veinte eternos minutos-. Después de todo, el antiguo DJ está enfermo.

Y antes de que las otras pudieran oponerse ya que aquello era terriblemente injusto, se largó. Entonces llegó el primer cliente: Blaise, que entró con su actitud indiferente de siempre, aunque parecía nervioso.

  • Yo me ocupo de éste –anunció Nefiyae dándose aires.

  • Sigue soñando –le espetó Ginny, y se colocó delante de Blaise, que acababa de sentarse al otro lado de la barra y ahora jugueteaba con sus dedos-. Hola.

  • Hola –saludó el chico, sonriendo-. Tanto tiempo... ¿Qué haces de camarera?

  • Un castigo –explicó Ginny-. ¿Qué te puedo ofrecer?

  • Hidromiel –pidió Blaise-. ¿Daphne te habla ya?

  • Recién hoy se dignó a hacerlo –respondió Ginny, tomando un vaso y sirviéndole hidromiel. Se lo entregó a Blaise-. 8 sickles.

  • Más vale tarde que nunca –sonrió él, bebiendo un poco de hidromiel y pasándole el vaso a Ginny-. ¿Le añadirías algo fuerte? –pidió con un brillo malicioso en los ojos, antes de dejar el dinero y una buena propina para Ginny.

  • Mmm... –Ginny rebuscó entre las muchas botellas hasta que encontró licor. Le añadió un poco al vaso de Blaise, lo agitó poniendo la palma donde se bebía para que no se derramara el líquido, y se lo entregó al chico.

  • Ustedes dos van de castigo en castigo... –observó él, bebiendo un poco y haciendo ese ruido de cuando terminas de beber algo refrescante, una especie de “hah”-. Está bueno –añadió-. ¿Y Daphne? No la veo por ningún lado.

  • Se quedó en la torre de Gryffindor. Se sentía mal –mintió Ginny, aunque en realidad era cierto. No mal de enferma, pero sí de tristeza-. Trajimos a Hermione para cubrirla.

Ya habían llegado como diez clientes más, y Blaise miró a Hermione, que parecía divertirse de lo lindo mezclando licores con cerveza de manteca. En eso entró Alissa (vestida con una falda cortísima de cuero, un sweater blanco de cuello de tortuga y botas blancas hasta las rodillas) y se sentó junto a Blaise, que bufó exasperado, pero a la chica no le importó.

  • Mmm, a ver... –Alissa tomó el vaso de Blaise y bebió un poco-. Tráeme un poco de esto, Ginny, ¿cómo se llama?

  • Hidromiel con licor –dijo Ginny, haciendo la mezcla y entregándole el vaso.

  • Ya, pero si es tu invento tiene que tener un nombre –dijo Alissa.

  • Bueno, se llama Hidroginny, entonces.

  • ¡Súper! Oh, tengo un regalo para ti –Alissa sacó un brazalete de oro del bolsillo y se lo entregó a Ginny-. Por lo de Blaise –le susurró, guiñándole un ojo.

  • Gracias –le sonrió Ginny, colocándoselo en la muñeca derecha. Le quedaba un poco grande, y cuando inclinaba la mano se le caía. Pero era precioso (N.A: precioso es el precio, Gin.).

  • Ginny, ¿podrías ocuparte de aquella mesa? Creo que Nix está teniendo problemas... –dijo Hermione, sirviéndole a Neville un poco de cerveza de manteca con ron (la bebida ron, no el chico Ron).

A Ginny no le hacía mucha gracia ayudar a Nefiyae, pero accedió. Sin embargo, cuando llegó a la mesa, se arrepintió: allí estaban Malfoy, Crabbe, Goyle, Pansy Parkinson, Millicent Bulstrode y un par de Slytherins más. Nefiyae aparentemente se negaba a servirles vodka.

  • ¿Qué quieren? –preguntó la pelirroja en cuanto se acercó. Procuraba mirar a todos menos a Malfoy.

  • ¡Y ahí viene la pobretona a entrometerse! –exclamó Parkinson-. Hace siglos que estamos pidiéndole vodka a esta hueca insufrible.

  • No nos llames así –se defendió Ginny. Aunque también había defendido a Nefiyae. Curioso, muy curioso-. Sírveles vodka, Nefiyae. Si se emborrachan o vomitan no es nuestro problema. 1 galleon por vaso –añadió.

Nefiyae la miró sorprendida de que la hubiera defendido, y no tardó en regresar con una bandeja llena de vasos con vodka. Les gritaron varios insultos pero ninguna de las dos se volvió. Nefiyae porque no asumió que también iban para ella, y Ginny porque no le apetecía. O más bien porque no podía ver a Malfoy.

  • Vamos a divertirnos... –dijo Kitt, en cuanto Ginny volvió a su lugar detrás de la barra. Kitt añadió unos polvillos a las bebidas de Cho Chang y sus amigas con una sonrisa maligna, y mirando cada tanto a Hermione, que estaba muy ocupada atendiendo a Harry y Ron, que acababan de llegar-. Oh, llevo años queriendo hacer esto... –suspiró Kitt, con un brillo maniático en los ojos plateados-. Bueno, ahora necesito una camarera. Y ya sé cuál. ¡Hey, Mollock! –Kitt llamó a Mandy, que estaba sirviendo cervezas de manteca con vodka a unos de séptimo de Hufflepuff.

Mandy se acercó de mala gana, y Kitt la amenazó:

  • Si no quieres que tu precioso pelo negro desaparezca por culpa de un trágico “accidente”, mejor sirve esto a Chang y sus amigas, que no tengo ganas de levantarme.

Mandy entornó los ojos, y después de hacer como que se lo pensaba, tomó la bandeja y se marchó, maldiciendo por lo bajo. Kitt se desternillaba de risa. Ginny se marchó a atender a Luna, que estaba sola en la barra:

  • Hola, Luna –saludó amablemente-. ¿Qué te puedo ofrecer?

  • ¿Tienen Kidonaria? –preguntó con su voz soñadora.

  • Ehm, no. ¿No quieres cerveza de manteca o hidromiel o una mezcla con licor? ¿O algo de comer?

  • Licuado de leche, huevos y ranas de chocolate –pidió Luna. Ginny sonrió forzadamente y buscó los ingredientes, los metió en la licuadora y le sirvió un vaso a Luna-. 8 sickles.

Luna probó su licuado, depositó el dinero en la mesa y sacó la revista de su padre.

En eso se oyeron risas y un gran ajetreo. Courtney había puesto música, pero sólo cinco personas bailaban, y esas cinco personas eran Cho y sus amigas. Si a aquello se le podía llamar baile, Ginny les pagaba. Es que más bien parecía una mezcla de karate con streaptease (N.A: o como se escriba). Una curiosa combinación, por llamarlo de alguna forma. Los cuerpos de Cho y sus amigas se movían, pero las cabezas no, y los rostros se mostraban preocupados y avergonzados, mientras gritaban aterrorizadas que pararan aquella humillación. Pero todo el mundo estaba pasándola de lo lindo, así que no pararon nada.

Las primeras dos horas resultó divertido, pero después de un rato la gente se cansó y siguió a lo suyo. Algunos bailaban (como una Alissa emocionada y un Blaise horrorizado), otros se lamentaban en la barra (como Neville), otros se besaban en un rincón oscuro (como Lavender y Seamus), otros conversaban y bebían (como Malfoy... [suspiro de abatimiento]) y en el caso de ellas, servían tragos.

  • Deberías pararlas –le sugirió Ginny a Kitt en cuanto echó a un borracho del lugar.

  • ¿A Cho y sus amigas? Pero si la están pasando muy bien –dijo Kitt, aunque no era cierto: estaban muertas de cansancio.

  • Los prefectos lo intentaron, pero no pudieron –comentó Ginny-. Florence Berry (N.A: la delegada de Gryffindor, una chica loser con mayúsculas, que había hecho del amargar la diversión de otros un estilo de vida) iba a llamar a McGonagall, pero Hermione se ocupó de eso. La emborrachó y ahora la está pasando de lo lindo –Ginny señaló con la cabeza a Florence, que bailaba al estilo Stifler en American Pie 3, sólo que mal.

  • ¿Hermione? –se asombró Kitt, sirviéndose un poco de hidroginny-. Creí que era tan amargada como Berry...

  • No con un par de hidroginnys encima –dijo Ginny, divertida, y señalando a Hermione, que bebía lo poco que quedaba de licor por el pico de la botella-. Además no quería que la profesora McGonagall pensara que era una irresponsable.

  • ¿Han visto a Colin Creevey, ese chico precioso amigo de ustedes? –les preguntó en ese momento Eleanor Branstone, la prefecta de Hufflepuff-. ¡Oh, pero si allí está! –exclamó la chica, corriendo hacia él, que salía del baño de chicos con aspecto paranoico. En cuanto la vio acercarse gritó como loco (N.A: para hacerse una idea de la cara que puso, vean la segunda película, en la parte del partido de quidditch cuando Draco y Harry pasan por debajo de las gradas, y la bludger le está por dar a Colin, que estaba sacando fotos) y salió corriendo del bar, perseguido por Eleanor.

  • ¿Ésa no es con la que se besó el otro día? –preguntó Queen, que acababa de llegar después de servirles otra tanda de vodka a los Slytherins.

  • Pues aparentemente ella lo besó a él –opinó Stephanie, dejando la caja registradora (N.A: donde más creían que iba a ubicar a esta amante de los números??) y uniéndose a la conversación.

  • ¡Genial! –exclamó Queen emocionada, sacando su diario dorado del bolsillo de la túnica-. ¡Ya no necesito esta porquería! ¿Lo quieren? Igual no he escrito nada.

  • ¡Pero si te has pasado escribiendo en él! –le dijo Ginny, perpleja.

  • Lo único que escribí fue “Queen y Colin 4 ever”. El resto sólo lo fingía –explicó Queen-. Es que sino todas ustedes hablaban de cosas alegres y yo no tenía ninguna excusa para no participar en sus conversaciones.

  • Yo lo quiero –pidió Stephanie-. Puedo hacer cálculos matemáticos en él.

  • Stephanie, es un DIARIO ÍNTIMO. ¿Qué no tienes una vida alejada de los números? –preguntó Kitt con fastidio-. Te apuesto 10 galleons a que no puedes usarlo sólo como diario ni un mes.

  • Hecho.

Ginny puso los ojos en blanco. Kitt era fanática de las apuestas: si en el colegio hubieran carreras de unicornios o algo así, la familia Snow hace rato que se habría quedado sin nada.

  • Ginny, ¿podemos hablar un segundo? –le pidió Blaise en cuanto se libró de Alissa, que había ido al baño.

  • ¿Es sobre Alissa? –preguntó la chica riendo. Pero Blaise parecía serio-. De acuerdo, vamos.

Se sentaron en una mesa apartada de la multitud. Blaise comenzó antes de que Ginny pudiera preguntarle de que se trataba aquello:

  • Hay algo que debí decirte hace tiempo... –comenzó, retorciéndose los dedos torpemente-. No quiero que te enojes conmigo, o que creas que me lo he inventado para que no estés con Malfoy, o lo que sea.

  • Adelante –lo animó Ginny, intrigada pero con una sensación extraña en el estómago: aquello le daba muy mala espina.

  • El día que tú leíste el diario de Las Serpientes Plateadas, y yo le conté a Malfoy que la llave había quedado pegada a la túnica de Neville Longbottom, le pregunté por qué quería que tú te enteraras de todo eso, y me contestó algo que me quedó grabado y que debí decirte hace tiempo: “juré vengarme, y eso estoy haciendo. Empecé con Weasley y Longbottom, seguiré con Lovegood, luego con el otro Weasley, después con Granger y finalmente con Potter. Para cuando termine, desearán jamás haber estado en el Ministerio de la Magia el curso pasado”.

  • Ya me lo imaginaba –siseó Ginny, un poco decepcionada, pues en el fondo (ella decía que MUUUUUUY en el fondo, pero en realidad no era para tanto) quería que Malfoy hubiese cambiado. Pero obviamente aquello era imposible. Se sintió un poco aturdida y hasta mareada, y tras agradecerle torpemente a Blaise, regresó a la barra con un espantoso nudo en el estómago y otro en la garganta. ¿Y si Blaise le estaba mintiendo? No, ella había leído el diario de Las Serpientes Plateadas, y el mismo Malfoy le había dicho que sólo quería fastidiarla a ella y a sus enemigos. Aunque cuando la besó... No, tal vez sólo era bueno actuando, y en ese mismo momento debía de estar burlándose de ella y festejando que la primer fase de su plan estuviera completa.

  • Ginny, ¿estás bien? –le preguntó una Hermione preocupada, poniéndole una mano en la frente y con la otra tomándole la muñeca para medirle el pulso-. Estás tan pálida... Mejor vete y descansa, Alissa dijo que le gustaría cubrirnos algún día y de seguro tomará tu lugar. Vete –repitió Hermione. Ginny se sacó la túnica negra y se largó: la oferta de Hermione de irse a descansar era demasiado tentadora como para rechazarla. Pero no podía ir a su dormitorio, pues el hechizo que habían puesto para cerrar la puerta duraba hasta las dos, y (consultó su reloj de pulsera) era la una. Aún con la música zumbándole en los oídos y las palabras de Blaise grabadas en su cerebro, salió a tomar aire. Le importaba un cuerno que estuviera prohibido. Atravesó las puertas dobles de roble y se sentó en el escalón de piedra más próximo, abatida. Hacía muchísimo frío, pero no tenía fuerzas ni para sentirlo. Apoyó los codos sobre las rodillas, y la cabeza sobre las manos. Entonces se largó a llorar desconsoladamente.

  • No llores –pidió una voz fría que ahora tenía un asomo de preocupación, a sus espaldas.

  • ¡Vete! –suplicó Ginny, secándose las lágrimas con la manga de la túnica, aún sin volverse. Aquella voz era la que menos quería oír en ese momento. Cada vez que la oía, sentía deseos de golpearlo y besarlo a la vez, pero en aquel momento lo único que quería era que se fuera y la dejara en paz.

  • ¿Qué... qué te pasa? –le preguntó Draco con su tono más suave, sin moverse.

  • ¡Vete! –repitió Ginny. Estaba demasiado cansada como para hablar, y mucho menos para salir corriendo.

  • Por favor, dime que te pasa –pidió Draco.

  • ¿¿Y encima te da la cara para venir y hablarme?? –de pronto Ginny ganó una fuerza y una energía inimaginables. Se levantó y encaró al chico, que estaba más pálido de lo habitual-. ¡Ya déjame en paz! ¡Ya me enteré de lo que me quieres hacer, así que déjame! ¡Ya me has hecho sufrir bastante! Y ojalá que esas Serpientes Plateadas sean una organización de mortífagos, ¡así terminas igual que tu padre!

Draco no dijo nada. Parecía tan furioso que Ginny dio un paso atrás, temiendo que le pegara. Había ido demasiado lejos. Pero le daba igual. Aquella rata se lo merecía. En eso, el chico se dio media vuelta y se fue rápidamente. Ginny gimió de tristeza y confusión y se marchó a la sala común, derramando algún que otro par de lágrimas por el camino. Fue tan despacio que para cuando llegó, eran ya las dos y el hechizo había pasado. Abrió la puerta, olvidándose de la escena que seguramente se iba a encontrar dentro...

Pero lo único que vio fue a Daphne durmiendo como un ángel en su cama, y a Thot roncando en el mullido “puff” (N.A: ya saben, esos almohadones gigantes, mullidos y cómodos) de Queen (el color? rosa, obviamente), que había arrastrado hasta al lado de la cama de Daphne. Imaginándose que abrían hallado el modo de salir del baño, Ginny despertó a Thot con cuidado, ya que no podía permanecer allí ni un segundo más, o lo descubrirían.

  • Debes irte –le dijo Ginny, en cuanto el chico se desperezó y la miró con ojos somnolientos-. ¿Cómo te fue con Daphne?

Pero Thot estaba semi-dormido, así que lo único que hizo fue murmurar algo que sonó a “buenas noches” y se fue del dormitorio. Ginny se puso el pijama, corrió las cortinas de Daphne, arrastró el puff de Queen a su lugar y se acostó, sollozando aún. Justo en ese momento, entraron sus amigas, en silencio:

  • ¿Y? ¿Pasaron una noche erótica recreando películas porno? –le preguntó Kitt diabólicamente. Ginny, que había procurado estar de espaldas a la puerta para que no la vieran llorando, respondió con la voz más normal que pudo poner:

  • No sé.

  • ¿Y Thot? –preguntó Stephanie, descorriendo las cortinas de Daphne con cuidado, como para comprobar si no estaba allí, durmiendo con su amiga.

  • Se fue –respondió Ginny, con una voz que sonó algo llorosa.

  • ¿Estás bien? –le preguntó Queen, sentándose al borde de la cama de la pelirroja.

  • Sí... sólo estoy por engriparme. Eso es todo –mintió Ginny. Queen le acarició la cabeza pelirroja y después se encerró en el baño, como hacía siempre antes de ir a dormir, según ella, para “producirse”.

  • Oh, entonces no creo que quieras oír sobre lo que pasó cuando te fuiste –comentó Kitt algo decepcionada, en el tono de una niña pequeña a la que se le niega un juguete nuevo.

  • No, cuéntame –pidió Ginny, deseosa de poder distraerse con algo.

Kitt se sentó en el borde de la cama de Ginny, mientras que Stephanie se llevó el puff de Queen para poder participar también. La propietaria del mueble no tardó en unirse a la conversación, Ginny supuso que con ruleros en el pelo, mascarilla verde en la cara, pepinillos en los ojos y crema en las manos, a juzgar por las risas de Kitt y Stephanie. Daphne se despertó y ella y Queen se llevaron dos sillones mullidos y se sentaron.

  • Vuélvete, Gin, que estamos esperando –pidió Kitt, ansiosa.

  • Es que... me veo horrible –intentó excusarse Ginny.

  • No seas tonta –la regañó Queen. “Horrible” era una palabra que no entraba en su vocabulario.

Ginny se volvió, quedando acostada de perfil y frente a sus amigas, que la miraron con aprensión, ya que creían que el aspecto se debía a la gripe. Aunque tampoco veían demasiado, porque por suerte sólo tenían prendidas las lámparas de noche y la iluminación era escasa.

  • Bien –comenzó Kitt-. Esto de trabajar en el bar no va a estar nada mal, hay que reconocerlo. Y mucho menos si se conocen chicos tan guapos...

  • ¿A quién conociste? –se interesó Queen.

  • ¿Y qué hay de Malfoy? –preguntó Stephanie a su vez. Daphne miró a Ginny, que bajó la vista con tristeza, y aunque le entraron deseos de llorar de nuevo, se aguantó.

  • Yo les contaré todo en cuanto Daphne nos cuente de Thot –negoció Kitt. Todas las miradas se posaron en Daph, que se ruborizó y dijo en tono rencoroso pero feliz:

  • No sé como han podido ser tan malas de dejarme horas encerrada con él en un baño mientras ustedes se divertían.

  • Anda, sí seguro que se la pasaron mejor que yo –la apremió Ginny, sonriendo con mucho esfuerzo. Las otras tres chicas se rieron y le dieron codazos amistosos y pícaros a Daphne.

  • No pasó nada –se defendió ella-. En serio. Además, ¿creen que perdería la virginidad en un baño?

  • ¿Eres virgen? –se sorprendió Kitt. Ahora todas las miradas se posaron en ella-. Mejor sigue con la historia.

  • Bueno, sepan que discutimos la primera hora, hablamos la segunda, nos besamos la tercera y a la cuarta desciframos cómo salir de ahí. El resto no se los pienso decir por nada del mundo.

  • ¡Te acostaste con él! –exclamó Ginny en un chillido emocionado.

  • ¡No, no, no! –negó Daphne-. Aunque estuvimos a punto de hacerlo –admitió un poco avergonzada, en un susurro apenas audible. Ginny alzó las cejas, Queen y Stephanie se miraron y Kitt exclamó “¡Ja!” triunfalmente. Luego reinó un silencio divertido, que Stephanie rompió:

  • Si lo hicieran diez minutos, luego pararan a descansar por cinco y siguieran así, en una hora lo harían un total de cuatro veces.

  • ¡Ya deja los números, Einstein!

Y para sorpresa de todas (N.A: y mía también), la que dijo esto y la que arrojó la almohada a Stephanie fue la refinada Queen. Acto seguido se armó una guerra de almohadas y almohadones, que fue interrumpida, lógicamente, por Florence Berry:

  • ¡Éstas no son horas de hacer barullo! –las regañó. Sus amargadas amigas le habían dado una poción para que se le fuera la borrachera, y ahora volvía a ser la misma amargada de siempre-. ¡A dormir!

  • Ya les digo yo que lo que ésa necesita es buen sexo –susurró Kitt en cuanto Berry se fue, y ninguna pudo reprimir una carcajada.

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FIN DEL CAPÍTULO 15.

Les gustó? Y el mismo sermón de siempre, que ya deben de saberse de memoria: para eso están el LIBRO DE VISITAS y los REVIEWS. Es que lo repito porque parece que no les entra. Y no me pongan esas caras. Si firmaran más a menudo no me quejaría tanto.

Ya bueno, este capítulo fue muy divertido de hacer, y el próximo, el 16, espero que sea igual. Aunque lo dudo, ya que se aproximan días oscuros en Hogwarts, en especial para Ginny. No quiero decir nada más.

Al final vieron que no dije lo que les ocurría a Daphne y a Thot? Éste último parecía como loco, pero es que no es culpa suya, lo que pasa es que... lo averiguarán después.

Ahora a responderle a mis lectores (sólo 2 reviews? me decepcionan):

Laura LS Malfoy: mil gracias, me alegro de que te guste la historia y la pareja Draco/Ginny, aunque en realidad me gusta más que pienses que escribo súper bien, jeje. No te preocupes, ya llegarán más capítulos. Besos a ti también.

Fiorella: muchas gracias, qué bueno que te gusta el fict y que te tengo intrigada (de verdad no sé si es tan intrigante la historia, pero eso trato). Que sepas que me atrasé en publicar estos capis porque he estado enferma, aunque estoy un poco mejor ahora. Hasta la próxima!

Chao!

Maru Malfoy