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Historia 8635 — capítulo 6

Capítulo 6: Tortura cerebral

Pansy Parkinson salió de la enfermería el mismo día que entró, y para satisfacción de todas sus enemigas, tenía que usar una especie de venda blanca en toda la nariz, lo cual la hacía parecer ridícula. Es que, según ella, Ginny se la había roto.

El castigo de la pelirroja no acababa de concluir cuando empezó uno nuevo. Éste era más bien una tortura: Ginny prefería volver a limpiar el baño de Myrtle.
  • ¡Por fin es sábado! –exclamó Ginny aquella soleada mañana, el primer sábado de octubre. Era la hora de la comida.

  • Sí, ¡tenemos salida a Hogsmeade! –corroboró Thot, muy alegre.

  • Creo que no me caería mal una cerveza de manteca... Será muy reconfortante –dijo Daphne, que estaba un poco deprimida por lo que le gritaban en los pasillos y cómo la trataba la mayor parte de la gente.

  • Yo no sé si iré a Hogsmeade hoy –declaró Ginny, mirando de reojo a Daphne-. En fin, por lo menos ya acabé mi castigo...

  • ¡Ginger! –exclamó una voz femenina y falsamente infantil a sus espaldas.

  • ¡Nefiyae Nix! –exclamaron Thot y Colin a la vez, mirando la perfecta figura de la chica en las puertas del Gran Salón-. ¿Para qué te busca?

Ginny se encogió de hombros y caminó hacia donde estaba la chica.

  • Hola –la saludó ella, como si fueran de pronto viejas amigas-. ¿Te parece si damos una vuelta por los terrenos del colegio?

  • Tú me odias, y yo te odio a ti –le dijo Ginny, mirándola como si se hubiera vuelto loca. A lo mejor un cerebro tan pequeño implicaba una memoria igual de pequeña, y por eso no se acordaba de todo lo que le había dicho la pelirroja aquel día de las pruebas de quidditch.

  • ¡Por supuesto que no!

Nefiyae arrastró a Ginny hacia los terrenos, y comenzaron a caminar (la hueca teñida llevaba a Ginny del brazo). La pelirroja ya consideraba que su teoría de la memoria era correcta. Pero el tono de Nefiyae era tan falso como su pelo rubio, y entonces Ginny consideró la posibilidad de que, como decía Daphne, era una mosquita muerta. Se hacía la tonta. Probablemente no tenía cerebro en el estudio, pero cuando se trataba de manipular...

  • La profesora McGonagall me dijo ayer que ibas a ayudarme con el equipo –dijo Nefiyae, mientras marchaban por los soleados terrenos. La mayor parte de los chicos que había por allí posaron en ella sus miradas.

  • ¿Qué equipo? –preguntó Ginny, que había olvidado el asunto por completo y no tenía ni idea de que le estaba hablando la rubia idiota.

  • ¡El de porristas, tonta!

  • Ah, eso... –Ginny suspiró con pesar-. Sí, ¿qué ocurre?

  • Bueno, si no te molesta, quisiera que me ayudaras ahora mismo, ¿puede ser?

Nefiyae la miró implorante. Ginny puso cara de “es que ahora no puedo” y abrió la boca para decir algo, pero la otra chica se le adelantó:

  • ¡Eso creí! ¡Genial!

Nefiyae la arrastró corriendo hasta el campo de quidditch, donde al menos la mitad de las chicas de Gryffindor estaban todas estirando, haciendo piruetas o hablando con sus amigas.

  • Todas ellas van a aplicar, ¿no es genial? –dijo Nefiyae, mirándolas como quien mira una obra de arte que le llevó años realizar-. ¡Lástima que sólo podamos elegir a diez!

A Ginny no le gustó aquel “podamos”. Sin más remedio, siguió a Nefiyae hasta las gradas y se sentó junto a ella. La rubia falsa sacó un pergamino donde tenía anotados más de cincuenta nombres y sonó el silbato de oro que le pendía del cuello con una cadena también de oro.

  • ¡Muy bien chicas, den lo mejor de sí y jueguen limpio! –gritó a las chicas, que se estaban poniendo en posición, como soldados-. ¡Quiero que imiten la coreografía que voy a hacer!

Nefiyae se paró, sacó de su mochila dos pompones rojos y dorados y se puso en posición, enfrentando a las postulantes a porristas.

  • Tú debes tachar a las que no lo hagan bien –le susurró Nefiyae, como si fuera el trabajo más emocionante del mundo.

  • ¡Pero no sé los nombres de todas! –respondió Ginny, pero era demasiado tarde. La música había empezado a retumbar por el campo de quidditch.

  • ¡Uno, dos, tres! –gritó Nefiyae, para hacerse oír por encima de la música-. ¡Aaarribaaaa seeeerpieeeeenteeees!

Inmediatamente comenzó el espectáculo más patético que Ginny había visto en su vida, incluyendo a Neville bailando y a Mandy Mollock cantando. Las chicas agitaban los pompones y sacudían sus cuerpos intentando desesperadamente imitar los movimientos de Nefiyae, que se movía con gracia y agilidad. Se vio de todo: algunas lo hacían muy bien, otras lo hacían bien, otras más o menos y otras mejor no hablemos. La mayoría se quedaban trancadas en alguna parte, pues era muy difícil imitar a la perfección algo que jamás habías visto ni practicado en tu vida. Después empezaron a verse empujones, pisotones, forcejeos y hasta piñazos. Pero Nefiyae se seguía sacudiendo, como si no estuviera dispuesta a acabar hasta que la canción no concluyese. Encima era una canción larga e insoportable, de esas que pasan en la radio al menos 298 veces al día, y que sin darte cuenta te pones a tararear tan seguido que te dan ganas de cortarte las venas.

  • Juliet Grant... Eliminada –Ginny tachó el nombre de una chica superficial y hueca que le caía fatal-. Amanda Rogers... Eliminada. Jennifer Becklet... Eliminada. Suzanne Olimpe... Eliminada. Cindy Freddex... Eliminada.

  • Siento llegar tarde... –se disculpó la voz de Pansy Parkinson, que acababa de subir las gradas.

  • ¿Qué hace ella aquí? –preguntaron Parkinson y Ginny a la vez, cada una señalando a la otra y mirándose con odio.

  • Nos va a ayudar... –explicó Nefiyae, sin dejar de saltar y sacudirse-. Ginny cumple un castigo (aunque ella está de acuerdo conmigo en que es un honor) y Pansy es una nueva amiga, que se ofreció a ayudar.

  • ¿Suzanne Olimpe? –preguntó Parkinson, leyendo los nombres que Ginny había tachado-. ¿Estás loca? Lo hace muy bien y además es una de las más lindas.

  • Courtney Dawson... Eliminada –Ginny siguió tachando nombres, haciendo caso omiso a Pansy-. Belinda Gilmore... Eliminada. Kitt Snow... Eliminada.

  • ¿Qué crees que haces? –demandó Pansy, sacando su varita y eliminando con ella la mayor parte de los taches-. Hay que tachar a Buffy Flint y a Demetra Klow. ¿Por qué las subrayas? ¿Eres idiota o qué? Pero bueno, como eres pobretona no debería extrañarme tu falta de educación...

  • ¡HAZLO TÚ, ENTONCES! –le gritó Ginny, harta, pasándole el pergamino con brusquedad-. ¡YO NI SIQUIERA TENGO DESEOS DE ESTAR AQUÍ!

Ginny se levantó y bajó las gradas a toda velocidad. Montones de chicos estaban disfrutando el espectáculo sentados en ellas.

  • Vamos a Hogsmeade de una vez –les dijo Ginny a Neville, Thot y Daphne, que habían salido a tomar el aire.

  • Creí que no querías ir –dijo Thot, una vez que se pusieron en marcha con el resto de los de su curso, tras mostrarle la autorización a Filch.

  • Ya me entraron ganas –repuso Ginny, de mal humor.

  • ¡No vayas tan rápido! –pidió Daphne, que iba con sus mejores zapatos de plataforma. En ese momento se cruzaron con Terry Boot, que leía bajo la sombra de un árbol, acompañado de Michael Corner. Los dos chicos les dirigieron miradas asesinas a Ginny y Daphne, que las correspondieron con determinación. Thot sonrió a su pesar, pero nadie lo notó.

Llegaron a Hogsmeade bastante rápido, y en ese corto trayecto Ginny les contó, furiosa, que debía ayudar a la descerebrada de Nefiyae Nix a formar un equipo de porristas tan descerebradas como ella.

  • ¿Nefiyae Nix? –preguntaron Thot y Neville, una vez que estuvieron sentados a una mesa en el bullicioso pub de Las Tres Escobas.

  • Sí, esa mosquita muerta, mentirosa, falsa, muñeca de plástico...

Daphne dio un puñetazo furioso en la mesa, que hizo que varias gotas de cerveza de manteca se derramaran sobre ella.

  • ¡Miren eso! –exclamó, señalando algo a espaldas de Thot y Ginny (que estaban enfrentados a ella y Neville).

Los chicos se volvieron. En la pared del local, alguien había pegado un cartel que tenía dibujada una caricatura espantosa sobre Thot.

  • ¿QUIÉN HA HECHO ESO? –gritó el chico, levantándose y arrancando el cartel de la pared.

  • Déjame ver eso –pidió Ginny, y Thot le pasó un trozo del pergamino (lo había hecho pedazos) antes de marcharse, furioso.

  • Esto sí que es un problema –observó Daphne.

  • Cierto. Nadie se lleva mal con Thot –corroboró Neville extrañado.

  • ¡Yo no hablaba de eso! –dijo la chica-. ¡Nos ha dejado con la cuenta!

Ginny ignoró la estúpida conclusión de Daphne y examinó el papel. Era perfumado... igual que el del baño. Pero nadie odiaba a Thot, era demasiado simpático y jamás le había roto el corazón a ninguna chica, mucho menos le había robado la novia a algún chico. Daphne era todo lo contrario: medio colegio la odiaba. Era probablemente la más linda del colegio, su padre era el dueño de la Nimbus Racing Broom Company (es decir, la chica era también de las más ricas del colegio) y por si esto fuera poco, había salido con Malfoy (algo prácticamente imposible) pero lo había plantado para el Baile de Navidad (razón que la convirtió en una chica destacada –nadie jamás se atrevería a rechazar a Malfoy- y que además provocó que éste tuviera que llevar a Parkinson). Lo único que Thot y Daphne tenían en común era que eran amigos.

  • ¿Qué te ocurre? Has estado muy pensativa últimamente –observó Daphne mientras emprendían el camino a La Casa de los Gritos.

  • Es sólo que hay algo raro en todo esto –respondió Ginny-. Es decir, primero tú, y ahora Thot... Es sospechoso.

  • Bueno, no sé quién querría hacerle algo al santo de Thot –razonó Daphne-. Pero en mi caso, hay muchas posibilidades (cof Nefiyae Nix cof), y francamente no es sospechoso... Conmigo, claro. Con Thot sí que lo es. ¿Qué crees que habrá hecho últimamente?

  • Quizás tenga algo que ver con el quidditch –razonó Neville-, después de todo, un montón de gente quería ese puesto.

  • Lo sé, pero en ese caso también molestarían a Ginny y a Parvati. Y quizás hasta a ti.

Se les pasará –aseguró Daphne, arrancando el décimo cartel que veían en cinco minutos.

Pero las crueles bromas que Thot y Daphne sufrieron los acompañaron por semanas, ya que nadie parecía olvidarlas. La que mejor manejaba el tema era Daphne, que los ignoraba con dignidad. Thot les largaba insultos y se ponía furioso, lo cual era peor, ya que la gente no se cansaba de molestarlo.

Mientras tanto, McGonagall se enteró de que Ginny no había cumplido con su castigo de ayudar a Nefiyae y le ordenó ayudarla a ella y al resto de las porristas de las otras casas a diseñar el uniforme. Pero Nefiyae era una aprovechadora y manipuladora y en la reunión que tuvo con las de los equipos...

  • Bueno, Ginger (N.A: Nefiyae había agarrado la costumbre de llamarla así, y Ginny sabía que era porque a ella le molestaba), debes conocer a nuestro equipo –comenzó Nefiyae, señalando a diez chicas, las más lindas y en mejor forma de Gryffindor-: Juliet Grant, Amanda Rogers, Jennifer Becklet, Suzanne Olimpe, Cindy Freddex, Courtney Dawson, Belinda Gilmore, Kitt Snow, Dominique Reich y Nicole Whisp (N.A: es decir, todas las que Ginny había rechazado).

  • Ah –fue lo único que dijo Ginny. Las chicas la miraban como si fuera un fenómeno de circo.

  • Bueno, respecto a los trajes, yo creo que las capitanas tenemos que tener algo que nos distinga –declaró Nefiyae.

  • Estoy totalmente de acuerdo –aprobó Cho Chang-. ¿Pero qué?

  • Creo que antes de resolver eso tendríamos que diseñar primero los uniformes en sí, ¿no? –sugirió Helen Dellepiane, la capitana de Hufflepuff.

  • Tiene razón –corroboró Piper Phelps, la capitana de Slytherin.

Cho y Nefiyae no parecían muy de acuerdo con ellas, pero aceptaron. Nefiyae dijo:

  • McGonagall dice que tenemos que diseñarlo nosotras mismas, pero –una maligna sonrisa se dibujó en su delicado rostro- yo no lo creo. Por eso contraté un diseñador profesional. ¡Louie!

Un hombre que debía rondar los treinta salió de detrás de una columna, dando un salto. Ginny tuvo que contener la risa: el tal Louie era más gay que Cristian Dior.

  • ¡Preciosa! –besó a Nefiyae con uno de esos besos falsos en los que ni siquiera se rozan las mejillas, esos en los que solo hacen el ruido “smuac, smuac”, en plan marica-. Te traje los diseños, a ver que te parecen, mi vida.

  • Gracias, Louie –Nefiyae tomó los pergaminos y comenzó a examinarlos-. Oye, Ginger, tráeme un vaso de agua, tengo que beber dos litros diarios.

  • Ya voy.

  • ¡Mineral!

  • OK.

  • ¡Sin gas!

  • OK.

  • ¡Y apresúrate!

  • OK.

  • ¡Oh, espera, mejor tráeme una limonada!

  • ¡OK!

  • ¡Bien fría!

  • ¡¡OK!!

  • ¡Sin hielo!

  • ¡YA ENTENDÍ!

Esto era el colmo. Ahora la tomaban de secretaria. Lo que faltaba. De modo que Ginny se marchó hasta las cocinas. En el camino se cruzó a Hermione, pero desvió la mirada (Ginny). Seguía molesta por lo de la biblioteca.

  • ¡No tiene hielo! –exclamó Nefiyae más tarde, una vez que Ginny le entregó la limonada.

  • ¡La pediste sin hielo!

  • ¿Me estás llamando mentirosa?

  • OK, te traeré limonada sin hielo.

Luego...

  • Olvídalo, Ginger, ya no tengo sed. Mejor tráenos a todas cervezas de mantequilla y pastel de calabaza.

Ginny tuvo que resistir el impulso de volcarle la limonada en su cabeza teñida. Pero se contuvo, hizo los ejercicios de respiración que Daphne le había enseñado y regresó a la cocina. Lo malo fue que, mientras llevaba dos bandejas con los pedidos (levitando con la varita, claro), Snape la descubrió.

  • ¿Pero qué cree que hace, Weasley?

  • Le llevo a Nix sus pedidos –replicó ella, consciente de que ir a la cocina estaba prohibido. Pero por suerte, en eso apareció Tonks (que se alojaba en el castillo y a la cual hacía tiempo que no veía ).

  • Profesor Snape –saludó a Snape con un gesto de la cabeza, que en aquellos momentos era plateada y brillante-. ¡Ginny! –abrazó a la aludida-. ¡Tenemos tanto de que hablar! ¿No le importa, verdad, profesor?

  • Tonks, debo llevarle esto a Nefiyae...

  • Oh, el profesor Snape lo hará, ¿cierto?

Tonks le entregó las bandejas y sacó a Ginny de allí.

  • Te debo una –le dijo Ginny, una vez en un lugar libre de molestias.

  • No es nada –se encogió de hombros y luego cambió de tema:-. Hermione ha venido a hablar conmigo. Está preocupada por ti.

  • Sigue con eso... –Ginny puso cara de fastidio.

  • Y por Hagrid –añadió Tonks-. Ya sabes, con eso de que no quiere dar clases. Han puesto a Grubbly-Plank, ¿cierto?

Ginny asintió levemente.

  • Volverá el lunes, Dumbledore lo ha convencido –informó Tonks.

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Hola! No tengo mucho tiempo para comentar.. Pero sí para pedirles que dejen reviews! Jajaja. No en serio, no tengo ni 1. No les cuesta nada y si son autores a lo mejor también les dejo un review yo.

Para el próximo capítulo... un partido de quidditch ¡por fin! (se escucha el coro de Aleluya, Aleluya, Aleluya!)