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Nacidas para ser diferentes — capítulo 12

Lo que siento por ella podría definirse con un término tan sencillo como el amor. Pero no, mis sentimientos hacia Alice son más fuertes, son algo más que eso. Algo imposible de explicar con simples palabras vanas.

K. P

-¿No tienes problemas en verano?

-¿En verano? ¿Por qué?

-Es que eres tan cálido...

-Sí, por mi poder del fuego. Pero no tengo problema en verano. Pero sí en invierno.

-¿En invierno?

-Siento mucho frío.

-Oh.

-¿Qué hacéis aquí? Vais a llegar tarde a clase.

-¿Y tú, listillo? ¿Qué haces aquí?-le pregunté a Jim.

-Yo no puedo ir a clase hoy, tengo que irme.-dijo Khaden levantándose de un salto.

-¿A dónde?-pregunté.

-A casa.

-¿Ocurre algo malo?-pregunté levantándome yo también de las escaleras.

-No lo sé, tengo un mal presentimiento. Pero no te preocupes, ve a clase y aprende todo lo que puedas.-se dio la vuelta para marcharse.

-Espera, Khaden,-le dije sujetándolo por el brazo. Se dio la vuelta y lo abracé con fuerza por la cintura.-yo... te quiero mucho.

-Lo sé. Recuerda que lo sé desde el primer momento.

-Sí...

-Yo también te quiero a ti, desde hace mucho tiempo.

-Sí... ya lo sé.-sonreí.

-Venga, Al, venga, a clase. Ten cuidado, Khaden.

-Tranquilo, James, sabes que siempre lo tengo.-sonrió Khaden separándose de mí con una sonrisa que me gustaba mucho.-Nos vemos después, Alice. Vendré a buscarte a la escuela.

-Vale.-dije con entusiasmo.

En aquellos meses me dejaban volver a solas con él a casa y de vez en cuando me llevaba a ver a sus encantadores padres.

-¿... Señorita Redfield?

-¿Eh?-genial, había dejado de prestar atención precisamente en la clase que impartía la profesora que me tenía manía.

-No me estaba escuchando.-masculló.

-Lo siento, señorita. Ya me voy fuera.-dije recogiendo mis cosas.

-No, no te muevas de tu sitio. No te vas a escaquear de la clase.

-Está bien...-dije. Ni que yo me quisiera ir.

A la hora del almuerzo lamenté que no estuviera Khaden para disfrutar conmigo el espectáculo de la cafetería. No es que tuviera mono de estar separada de él, yo no era así, era porque estaba preocupada.

-¿Has experimentado algún cambio?-preguntó Demi con una sonrisa. Las cosas que habían pasado nos habían unido mucho a los cuatro.

-No, nada. Qué raro, ¿Verdad?-sonreí. Ya no me molestaba tanto ser la única estudiante de la escuela de magia ''sin magia''.

-Sí, es muy raro.-comentó Jim con aire pensativo.-¿Anne podría bloquear tu magia?

-¿Qué?-dije.

-Digo yo, no lo sé.

-Pues... a lo mejor. ¿Tú qué opinas, Juno?-pregunté.- iPodGirl no se entera.-dije. Juno estaba escuchando su iPod.

-¡Juno!-exclamó Jim.

-¡¿Eh, eh?! ¡¿Qué?!-dijo sobresaltada.-Perdón, estaba escuchando música.

-Como siempre.-sonreí.-Es que Jim ha dicho que a lo mejor no puedo usar mi magia porque Anne puede estar bloqueándola.

-¿Cómo que bloqueándola?-preguntó mi hermana.

-No sé...

-¿Y si intentaras tú bloquear la suya?

-Pero Jim, ¿Cómo voy a hacer eso?

-No lo sé. Intenta concentrarte, sois gemelas...

Suspiré y cerré los ojos. Pensé en Anne, intenté saber en qué pensaba en aquel momento, sentí como si un hilo formara un puente y entones, me desmayé.

-¿Alice? ¿Estás bien?-era la voz de Jim.

-¿Qué ha pasado?-pregunté mirando a mi alrededor. Estaba en la enfermería rodeada por Jim, Juno, Demi y la enfermera, que me tocó la frente.

-No tiene fiebre, ha sido un simple desmayo.-la palabra simple la dijo como con asco.

Los cuatro salimos de la enfermería.

-Sigue odiándome sin explicación.-dije con resignación.-¿Qué fue lo que pasó?

-Pues que cerraste los ojos y te caíste del banco.-dijo Demi.

-Qué raro.

-Y has perdido las últimas clases de hoy.-dijo Jim.

-¿Qué? Vaya... lo siento...

-No te disculpes.-dijo Juno abrazándome.-Mira, Khaden está ahí. No le ha pasado nada. Nosotros nos vamos.-luego bajó la voz.-Dice que quiere comprarte una cosa.

-¡Oye!-exclamó Jim.-No seas chismosa.

Juno y yo nos reímos.

-¿Estaréis en casa cuando llegue yo?

-Si vas al parque sí, si vas directamente no habremos llegado.-dijo Jim.

-¡Oh, ¿Puedo ir al parque?!-exclamé emocionada.

-Sí. Sé que estás a salvo con Khaden.

-¡Bien, bien!-exclamé dando saltitos y dando palmas.

-¿Quieres ir al parque?-preguntó Khaden.

-¡Sí, sí!

-Vamos pues. Hasta luego.-le dijo a mis hermanos dándome la mano.

-Sí, hasta después.-dije yo entusiasmada de poder salir, de poder ir a algún sitio que no fuera la escuela o la casa.

-¿Dónde está Magia?-me preguntó cuando caminábamos hacia el parque.

-No sé, supongo que en mi casa. ¿Vamos a buscarla?

-Era sólo curiosidad. ¿Qué quieres hacer en el parque?

-Pues... No lo sé... ¿Tú qué quieres hacer?

-Nunca me había enamorado así que no sé cómo tratarte.-habíamos llegado al parque y nos habíamos sentado en el césped.

-Bueno... de momento lo haces bien.-dije. Yo no tenía prisa por besarme con él.

-Eso me alegra.

-Empieza a hacer calor.-dije.

-Yo no siento nada.

-Sí, lo que hablamos antes.-me levanté del césped.

-¿A dónde vas?-preguntó mientras se levantaba también.

-¿Vamos a mi casa? Me está dando mucho calor aquí.

-De acuerdo.-sonrió y me pasó un brazo por la espalda.

-¡Ah!-chillé.

-¿Qué ocurre?-preguntó preocupado.

-¡Tu ojo! ¡El de color rojo! ¡Está...! ¡Ah!

-¡Calma, calma! ¡¿Qué pasa?!

-¡No tienes nada blanco, no tienes cristalino! ¡¿Por qué se te ve la pupila y el iris?! ¡Tienes todo el ojo rojo!

-Es cosa de la adolescencia, cálmate.

-¿Adolescencia?

-Sí, a veces se me cambian los ojos.

-Ah... Vale... Jo, podrías haberme avisado, qué susto me has dado.-dije con un suspiro y apoyé la cabeza en su brazo.

Caminamos juntos hasta mi casa y nos paramos frente a los límites del escudo.

-¡Magia!-exclamé cuando la gata corrió hacia mí y saltó a mis brazos.-Hola, gatita.

Miró a Khaden y le gruñó.

-Oye, oye, ¿Qué te pasa, Magia? Hacía ya tiempo que no le hacías eso a Khaden.

-Alice...

-¿Sí?

-¿Qué te parece si vamos hoy a mi casa?

-¡Vale! Pero espera, voy a decírselo a Pablo para que Jim no se asuste.

-Está bien.

-¿Vienes conmigo?

-No, te esperaré aquí.-dijo cruzándose de brazos.

-Oh, venga, ven, hay pasteles de chocolate, de los que tanto te gustan.-dije cogiendo su mano y tirando de él. Pero la mano se me quedó atascada en el escudo.-Ay, ¿Qué pasa? Maldito escudo, ahora resulta que está defectuoso.-dije intentando meter la mano.

-¡Ah!

-¿Por qué no te deja pasar?

-Quizá Collins tenga que renovar el escudo.

-Oh, vale. Espera, vuelvo enseguida.

-No, no, vámonos ya.-dijo tirando de mí.

-Ay, hoy estás muy entusiasmado.

-Un poco.-sonrió.-Mis padres tienen ganas de verte.

-Pero si sólo llevo dos días sin ir. Parece que me necesitan para vivir.-reí mientras caminábamos.

-Sí.-se rió también.

-¡Tu casa, ¿Qué le ha pasado?!-exclamé al verla algo... oscura. Corrimos hacia allí.

Estaba todo desmantelado. Las mesas tiradas, las camas revueltas, las fotos y los discos de Khaden fuera de su sitio.

-¡Mira, Khaden, tu mini cadena está rota!-dije con pena.-¡¿Dónde están tus padres?!

-Ellos se los han llevado.

-¿Ellos? ¿Demiurgo... y Anne?

-Sí.

-¡¿Pero por qué?!

-Porque nos han descubierto, descubrieron nuestra traición cuando se llevaron con ellos a Juno y ahora quieren vengarse.

-¡Pero... ¿Pero cómo?! ¡¿Los van a matar?! ¡Tenemos que ir a buscarlos antes que...!

-Oh, iremos.

-Jim no me dejará ir ni en broma.

-James no se va a oponer.

-¿Cómo estás tan seguro?

-Porque no sabe dónde estás.

-Pero si no me encuentra se preocupará y me buscará.

-Humm... Cierto.-dijo pensativo.

-Espera, no, no esperes, ve tú y yo iré a buscar a Jim.-dije echando a correr.

-No.-dijo agarrándome del brazo.

-Pero Khaden... No puedo ir sin...-tiró de mi brazo.-¡Espera, espera! ¡Espérate! ¡¿Qué te pasa?! ¿Es que no entiendes que estaré en peligro? Ahora me paro a pensar y que yo fuera no ayudaría nada.

-Oh, al contrario.

-¿Cómo que al contrario, Khaden? Párate.-le dije con el ceño fruncido. Me miró a los ojos.-Oh, no... Tu ojo... tus padres... ¡Es un rescate! ¡Esto no es sólo por la traición, dejarán libres a tus padres si me llevas a mí! ¡¿Cómo puedes hacerme esto?!-grité mientras él seguía tirando de mi brazo.-¡Suéltame!-chillé con lágrimas en los ojos. Le pegué una patada en la canilla y salí corriendo.

-No te vas a escapar, Alice. Nunca lo has logrado.

Eso me aterró, ¿Qué le había pasado? ¿Por qué se comportaba así? ¿Le habían lavado el cerebro?

-¡Déjame en paz! ¡Te odio!

-¿De verdad?-sonrió.

La respuesta era no. Pero...

¡Qué tonta había sido! ¿Collins tendría que renovar el escudo? ¡Por favor! Khaden no tenía buenas intenciones, por eso no podía pasar por el escudo, por eso Magia le había gruñido.

Una barrera de fuego se había alzado frente a mí. Retrocedí un poco, asustada. Luego cogí carrerilla y salté por encima.

Conseguí llegar a mi casa y Magia corrió hasta mí. Pero no logré pasar completamente el escudo, pues Khaden se había lanzado sobre mí y me alcanzó un pie.

-¡No!-chillé.-¡Magia, avisa a Jim, a quien sea! ¡La pirámide, por favor, ayúdame!

-¿La pirámide?-rió Khaden.

-¿Alice?-el mayordomo salía al jardín en aquel momento, seguro que alertado por los gritos.

-¡Pablo! ¡Pablo, no vengas aquí! ¡Avisa a Jim!

-No, eso no puede ser.-dijo Khaden y lanzó una bola de fuego. Pero ésta rebotó contra el escudo.

-¡Pablo, no salgas del escudo! ¡Ah!-Khaden tiraba de mi pierna. Me di la vuelta y le pegué una patada en el estómago. Por un momento casi llegué a atravesar el escudo pero me agarró por los brazos y tiró hacia atrás.-¡No, no! ¡Khaden, por favor, no puedes hacerme esto!

-Claro que puedo, hermosura.

Su forma de hablar me recordaba a Demiurgo y eso me hizo llorar.

-No me ablandará que llores.

-¡Suelta a la niña!-gritó Pablo corriendo hacia nosotros. En cuanto salió del escudo, fue rodeado por un círculo de fuego.

-¡No, Pablo! ¡Déjalo en paz! ¡Sácalo de ahí!-Khaden me dio la vuelta y me miró a los ojos.

-¡¿Y qué prefieres, que lo mate?!-gritó zarandeándome.-¡Si quieres que lo mate, lo mataré!

-¡NO!

Tiró de mi brazo y echó a andar.

-¡Khaden, por favor, no te he hecho nada malo, nada para que me hagas esto!

¡Por favor, no me lleves a ese lugar tan horrible, por favor!-sollocé.-¡Dijiste que siempre estabas velando por mi seguridad!-se paró. Yo jadeaba. Me miró con cara seria.

-¿Pensabas que te protegería toda la vida?-rió.-Qué ilusa.

-No me hagas esto... ¡No puedes hacerme esto! ¡No puedes hacerme esto después de haber confiado en ti!

-Haz el favor de dejar de gritar.

-¡¿Que haga el favor?! ¡¿Y todavía me pides favores?!-le di un pisotón y eché a correr. Pero de repente me sentí mareada y me caí al suelo, sentí cómo mis mejillas despedían calor como si fuera una estufa. Tenía mucho calor y me costaba respirar.

Khaden se acercó a mí con una sonrisa.

-Creo que he perdido práctica.-dijo agachándose a mi lado.-Que me haya costado tanto capturarte aún sin que no puedas usar tu magia...

-¿Qué... me has hecho...?

-Calentar el agua de tu cuerpo, Alice.-dijo acariciándome la mejilla. El rojo se había apoderado de su ojo izquierdo y ya no tenía ni pupila. Mientras que el ojo derecho tenía más pupila que iris, aunque aún se le veía algo azul.

-¿Por qué...? ¿Por qué me tratas... así? ¿Por qué eres... tan malo...?-se rió a carcajadas.

-¿Qué ocurre?-oí una voz algo lejana.

-Oh, nada, señor, estaba corriendo y se ha mareado un poco.-el hombre que había hablado era un desconocido pero yo necesitaba ayuda.

-Señor... ayúdeme... Jim... James Pevensie...

-¿James Pevensie? Vive por aquí cerca, ¿Verdad?

-Dígale... Alice... peligro... Anne...-mi calor aumentaba.

-¿Qué dices, muchacha?-preguntó, confuso.

-Alice... secuestro...

-No le haga caso,-dijo Khaden con su encantadora sonrisa.-está mareada. Le haré el boca a boca.-dijo y me besó. Abrí mucho los ojos y le di una patada en la entrepierna. Se cayó hacia un lado lanzando un gemido y sujetándose la parte dañada.

Me di la vuelta e intenté arrastrarme pero ya me había agarrado otra vez por una pierna y me dejé caer en el suelo.

-No me toques...-sollocé.-No me lleves allí, me matarán...

-Oh, tienes miedo a la muerte.

-Sí...-me dio la vuelta y me cogió en brazos.

-No debes temer al hecho de que vas a morir, más bien a lo que dolerá la muerte.

-Te odio...

-¿Seguro?-sonrió.

-Eres... un monstruo...

Su cara se tornó seria y fue lo último que vi antes de que mi calor corporal aumentara y perdiera el conocimiento.

Desperté tumbada, encadenada a una camilla y con una aguja clavada en el brazo.

-¡¿Qué es esto?! ¡No, no!

-Hola, querida hermana.-dijo Anne apareciendo de la nada.-¿Cómo estás?-dijo acariciándome la cabeza y luego tirando de mi cabello.

Era un lugar sombrío y escalofriante, a mi lado, a unos dos metros había otra camilla.

-No... No quiero estar aquí... Anne, por favor, no me hagas esto... Soy tu hermana... tu hermana gemela, él mató a papá y mamá, no nos dejó conocerlos, y...

-No me vas a convencer.-dijo caminando hacia donde estaban mis pies. Alcé la cabeza para mirarla.

-¿Crees que dejará que seas más poderosa que él? ¿Crees que lo que quiere es lo mejor para ti? ¿Crees que te quiere como un padre? ¡¿Crees que no te arrebatará la magia y el poder cuando tú tengas los míos?!

-Exacto.

-Entonces es que eres muy tonta.-dije. Ella sonrió. Entonces me fijé en un bulto que había junto a la pared. Khaden se tapaba la cara con las manos. Me miró y apoyé la cabeza en la camilla, asustada. Sus ojos estaban diferentes. El izquierdo tenía la pupila algo grande y su iris estaba más pequeño que la última vez. Y el derecho tenía un color azul intenso y la pupila más pequeña.

- Venga, Khaden, no te pongas así, querido.-dijo Anne intentando... ¿Consolarlo?- Eran mayores, ya no servían para mucho.

-Ellos me querían. Eran los únicos que me querían...

-¡Ellos no eran los únicos que te querían!-salté yo levantando de nuevo la cabeza. Comenzaron a caer lágrimas por mis mejillas.-¡Ellos no eran los únicos y tú lo sabes! ¡Tú sabes que yo también te quería, tú sabías antes que yo que te quería!

Me miró con los ojos desorbitados. Tenía lágrimas en los ojos. No parecía el mismo Khaden que me había secuestrado.

-Vaya, vaya, ¿Pero qué tenemos aquí?-dijo una voz burlona. Una mano salió de la nada, posándose bruscamente sobre mi cuello y pegando mi cabeza a la camilla.-Al fin... Al fin eres mía, gemela de la luz.

Yo seguía llorando.

-Anne... Anne, por favor...-la mano con la que Demiurgo me apretaba el cuello se deslizó hasta mi boca.

-Sshh, calla, no te hará caso. Nada te salvará ahora.

-Mira,-dijo Anne.-te voy a hacer un favor.-me puso una ramita en la boca.-Muérdela.

-Anne, querida, túmbate en esta otra cama.

Ella obedeció.

-Bien, que empiece el ritual.-anunció Demiurgo. Al principio sólo noté una ligera molestia en el brazo. Miré y vi cómo me extraían mi sangre. Pero luego Demiurgo comenzó a murmurar cosas en otro idioma y fue cuando sentí el verdadero dolor. Mordí la rama y la partí en dos. Me revolví entre las cadenas intentando escapar, librarme de aquel dolor pero no podía.

-¡Para... para, por favor...!-chillé.-¡Para!

Era verdad lo que había dicho Anne, sentía como si me estuvieran dejando vacía por dentro, como si se me fuera la vida sin que yo pudiera hacer nada. Me sentí mareada aunque el dolor siguiera allí. Noté calor, bastante calor, pero el dolor era horrible y... me desmayé o... me morí.