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Crónicas de un viejo sombrero — capítulo 14

Capitulo 13:

E

l niño del niño. El hombre del hombre. El hijo del que vivió. El del medio, a quien dejaban más de lado. Lleno de incertidumbres. Repleto de temor, inseguridad, indecisión. Dos caminos eternamente distintos. Elegir le costaría caro, escoja el camino que escoja. Una cuerda en completa disputa, tensada a más no poder. Desde un extremo su familia, su linaje, todo lo que el mundo espera del hijo de su eterno héroe; en el otro, su verdadero yo, su esencia, como se siente cómodo, sin prejuicios ni objeciones, libre y siguiendo su naturaleza.

Fue en su cumpleaños número 7. Aun faltaban otros 4 años para llegar aquí.Sus abuelos, Molly y Arthur, le habían obsequiado su primera escoba: una antigua pero poderosa Nimbus 2000, la primera escoba que tuvo su padre le dijeron. "Sera igual que él" decían, "Es él que más se le parece a Harry, el único con sus ojos". Si, ojos verdes.

Pero eso no era nada, fue justo para cuando el chico cumplió los 10 años, nada menos que una década de vida. Entonces comenzó su preocupación e incertidumbre sobre el futuro, comprendiendo completamente lo que significaba ir a tal o cual casa. Sus tíos, Charley y Percy le habían regalado prácticamente una renovación de su habitación. Eso significaba: cubrecama, cortinas, posters y estandarte con los colores escarlata y dorado. Con grandes, imponentes y majestuosos leones que rugían al escucharse la palabra "Gryffindor". Toda la familia saltaba de emoción y felicitaba al homenajeado. En cambio, el pobre y confundido Albus estaba horrorizado.

Desde entonces su gran frustración, *"será como su padre, será como su padre, será…"*Una etiqueta que llevaba puesta fuera donde fuera, y todos se tomaban la molestia de repetírsela, una marca hecha con el hierro al rojo vivo en su piel.

No me malentiendan, que con esto no quiero decir, (y él tampoco pensaba) que eso fuera algo malo. Pues el niño estaba más que orgulloso de ser el hijo de Harry. Y desde luego que amaba a su padre. Pero diferente de lo que todo el mundo creía o esperaba: el no era igual a Harry Potter.

Sin duda este chico era más calculador, cuidadoso y observador que Harry, en sus alborotados días de adolescencia. No cabía objeción respecto a que Albus era inteligente. En el futuro sería él, quien mejores notas traería, James era mucho más distraído, se podría decir, inclinándose por lo atlético y Lily se la pasaba jugando y bromeado. Una chica con muy buen humor, y la característica travesura de su madre.

Albus reunía muchas características notables, entre ellas: la paciencia, sabía cómo y cuándo actuar y no dejaba que sus emociones lo dominaran. Era callado y reservado, y si no te le acercabas para saber que le ocurría, él mismo no te contaría nunca. Se sentía a gusto en soledad y tranquilidad. Sin duda, perseverante y terco, cuando se le proponía algo no había quien se lo sacara de la cabeza y se esforzaba, y esforzaba para alcanzar sus metas, sean cuales fueran. De naturaleza pacifica. A diferencia de sus hermanos que salían todos los días de sol al exterior disfrutando del gran jardín que la casa Potter tenía, prefería quedarse en la sala leyendo. También tenía un don para conseguir lo que quería y era bueno con la palabra. Carismático sin duda. Siempre que alguien estuviera mal, podía contar con Albus, que le consolaría y robaría una sonrisa en un momento.

Un chico alegre y positivo. Además tenía un gran talento con el dibujo y le gustaba escribir historias, particularmente sobre aventuras con dragones o de intrépidos viajeros y de magníficos reyes del Medioevo, con poderío y grandiosidad.

Estaba decido a marcar la diferencia entre él y sus hermanos, quería sobresalir y que el mundo dejara de verlo como el hijo del héroe. Quería demostrarle al mundo lo que valía. No buscaba fama, y pero si una reputación diferente, que lo miraran con otro ojos. Estaba decido a ser el mejor de su clase, igual a como fue su tía Hermione en su época de estudiante.

-¡Potter, Albus! - Exclamó mi dulce Minerva.

El pobre trato de retrasar lo más posible mi decisión, caminando muy lentamente hasta mí, sin una pizca de ánimo en su rostro y tan confundido como el mejor. Los de Gryffindor ya estaban asiendo un lugar en su mesa.

Suelo recorrer la mente de todos a velocidad de rayo pero sus enredados pensamientos y confusos sentimientos, y sin tener una sola idea fija, sino cien diferentes y poco coherentes entre sí me hizo retardarme.

-Mmm… interesante, realmente eres muy interesante… y sé que has oído esto más de las veces que quisieras pero me recuerdas tanto a…

-…Mi padre, lo sé - Dijo él, agachando la cabeza y por poco me caigo.

-¿Acaso eso te molesta? - Quise agregar como Harry me había rogado: "No en Slytherin, no en Slytherin…" pero por obvias razones me abstuve.

-No… pero… no, se…

-Si, te entiendo, leo tu mente, ¿Sabes? Es curioso como un simple y viejo sombrero, en unos segundos puede entender mejor a una persona que la persona misma luego de años de confidencia con los mismos pensamientos.

Pasó tal vez un minuto en el que él estuvo esperando mi veredicto con los ojos firmemente cerrados, pero perdiendo la paciencia agregó:

-¿Y no puedes mandarme a alguna de las otras dos casas?

-Sabes, bien como yo, que no encajarías bien allí. Y si me permites darte un consejo…

-Si… - Respondió emocionado.

-No es el tipo de consejo que esperarías, lo sé porque ahora te conozco… pero elige tú, elige tú como eligió tu padre exactamente hace 25 años.

Hizo lo correcto, yo mismo estaba absolutamente indeciso, pero por suerte, el chico no leía mis pensamientos. Y lo mejor era aparentar seguridad, y no obstante, no afirmación, porque los niños suelen pensar, ¡Oh, cuanta equivocación, si tan solo supieran! Que mi decisión es la más importante, pero una lección para toda la vida, escucha bien joven mago, nunca, jamás, escuches las opiniones de otros si estas se transforman en decisiones ajenas para llevar tu propia vida. Valora los consejos, si, siempre, porque aunque te los den mal intencionados te mejoraran como persona, pero no aceptes criticas, vive tu vida, no permitas jamás que alguien elija por ti. Podría tornarse en la peor elección de tu vida y no vas a poder acusar a nadie más que a ti mismo, porque tú aceptaste esa indicación de la dirección en tu propio pueblo de un extranjero.

¿Quién es tan importante como para manejar dos vidas?

¿Qué crítico de arte puede serlo sin haber pintado esta alguna vez? Y en todo caso, si este fuera un pintor, solo un pintor mediocre, ¿Puede entonces juzgar la pintura de un artista mayor?

¿Puede el alumno darle clases al maestro?

¿Qué profesor de ciencias puede enseñar sobre música?

¿Qué doctor puede calificar el esfuerzo de un deportista sin haber entrenado largas horas todos los días y dar el máximo todo el tiempo y entregar todo en el campo de juego?

Nadie sabe más que tu como manejar tu vida, porque los adultos experimentados te guían y tu de joven estas diseñado por la naturaleza para hacer lo contrario, desobedecer, y aunque no lo creas así es como aprendes. Todos aprendemos de nuestros errores, y cuando ya cometiste demasiados y crees que no encontraras el perdón, ¡Alégrate! Porque por fin aprendiste la lección, y serás la mejor de las personas, y (si eres inteligente) no desaprovecharas esta oportunidad.

Siempre que puedas, elige tu mismo, tu propio camino, uno diferente al de los demás, y no permites que otros, aun tus seres más amados manejen tu destino, y nadie, menos un viejo sombrero, sucio y remendado, por más sabio que fuese escoja aquello que sabes, te marcará por siempre.

Se único, se diferente, se especial, no copies a nadie, sigue tu camino propio, no mires atrás, pero si lo haces que sea para no tropezar dos veces con la misma piedra, uno nuevo e inexplorado, desconocido. Se atrevido y aventurero, lánzate al maravilloso gran juego que es la vida, vívela al máximo, se tu mismo al ciento por ciento, cada día, cada noche.

Y cuando sepas que tu final se acerca, que estas respirando tus últimos segundos, sabrás que podrás morir en paz, porque dejas tu huella en el mundo, para que este sea uno mejor. Y estarás orgulloso, y estarás orgullosa.

Como él, como yo.

Cuando grite que por primera vez un Potter era:

-¡SLYTHERIN!