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Crónicas de un viejo sombrero — capítulo 13
Lamento la tardanza, en las últimas semanas estuve a full con la escritura. Participe del concurso, en dos retos, aunque por obvias razones no puedo decirles cuales son. Y actualizando mi otra historia. Y con demasiada tarea escolar… Uff… ¡Demasiado!, además de que tenia poquísima inspiración para este pobre personaje que tanto cariño le tengo.
Otra cosa, el capitulo próximo será el ante ultimo.
Una más, vieron esto ???
Hace una semana hubo problemas con los comentarios, las respuestas desaparecieron en todos los fics de todo Potterfics, el equipo de potterfics no saben si las podrán recuperar y tampoco quieren dar datos de porque pasó lo que pasó. Lamento decir que no tengo tiempo para hacer las respuestas de nuevo pero aprovecho esta oportunidad para agradecerles nuevamente por sus lindos comentarios, el premio de los escritores al publicar cada capítulo nuevo. Aquellos otros escritores que me lean saben a qué me refiero cuando hablo de esa sensación al apretar el botón de publicación. suspiro
Sin más preámbulos, les traigo este nuevo cap.
Capitulo 12:
U
n tipo grande por donde se lo mira. Aunque el tamaño es lo de menos, su enorme corazón es el que marca la diferencia ¿Ya has logrado adivinar? ¡Nada más y nada menos que el tierno semigigante Rubeus Hagrid! Criticado y temido sin razones, burlado y excluido injustamente. Descartado por la sociedad. Y aun así, su gigante corazón… intacto como cuando lo conocí a los 11 años.
Sufrió mucho, es cierto. Rechazado por su madre giganta, perdió a su padre justo al momento de entrar el colegio, avergonzado y despreciado siempre que otro cruel niño tenía la oportunidad. Ya a los 11 años tenía la estatura y el peso de un adolescente de entre quince y dieciséis años, muy regordete.
Era un chico que desbordaba cariño y afecto, con mucha imaginación, curiosidad por todo y un gran sentido del humor frente a las bromas que sus otros compañeros siempre le hacían. Bastante sensible, y aunque no lo mencionara nunca, la falta de padre y completa soledad en el castillo lo torturaban.
De gran apetito, siempre se lo podía encontrar con un budíncito de vainilla que se guardaba de los desayunos y las meriendas. Amaba los terrenos de Hogwarts y se los conocía bastante bien, pasaba el tiempo trepando arboles y en la casa del antiguo profesor de cuidado de criaturas mágicas y guardabosques de Hogwarts: Ogg.
Con un gran sentimiento de ternura. Y quizás, si no tenía mucho intelecto, eso lo rellenaba con bondad y buena fe. Un tipo leal, fiel, y valiente cuando las circunstancias lo requerían, pero también algo miedoso.
Con fascinación por las todas las criaturas del mundo, mágicas o no, del tamaño de una nuez o de grandes edificaciones. Aunque se sentía más a gusto con las criaturas de gran tamaño y aspecto mortífero, pues sabía que aunque su tamaño y apariencia causaran temor, en el interior eran nobles y pacíficos animales. Durante su estadía como estudiante se pasaba el tiempo de soledad en los rincones de la biblioteca, conociendo todo acerca de las fenomenales criaturas que tanto lo maravillaban, en tercer curso, llegando a saber casi tanto como Ogg. Conociendo sus poderes, su apariencia, sus temores, que comen, como duermen, cuanto viven, como se reproducen y muchas otras curiosidades. Era una afición personal que lo mantenía entretenido durante horas. Fue a fines de su segundo año cuando conoció a Aragog, un compañero leal con quien pasar las tardes. Al principio fue fácil mantenerlo porque solo tenía el tamaño de un puño cerrado, pero antes de que se escapara ya tenía el tamaño de una pelota de playa grande, casi imposible de esconder, y con muchas dificultades para saciar su gran apetito.
Dumbledore lo había ayudado todo lo que pudo durante su juventud, hiso todo lo posible para que el pequeño Rubeus, al no tener familia ni casa propia a donde ir cuando las vacaciones, hiciera de Hogwarts su hogar. Durante las vacaciones, cuando alumnos y muchos de los profesores se iban, la mejor compañía para él era la del pequeño semi-gigante. Dumbledore le tenía un gran afecto y él le correspondía con mucho cariño y era como su segundo padre. Fueron tres años (hasta que lo expulsaran injustamente) de profundo amor paternal el del viejo Dumbledore, y al menos, el segundo año del "pequeño" niño fue uno de los mejores de su vida.
Con el tiempo, Hagrid se convirtió en el guardabosques de los maravillosos terrenos del castillo y aun su lealtad seguía intacta, hacía el hombre que lo cuido y acogió, fiel hasta el fin de los tiempos, defendiéndolo de cualquiera que osara manchar su nombre en su presencia.
El lazo "padre-hijo" que se formo entre ellos dos podría ser equiparable con el "Abuelo-nieto" que había entre Albus y Harry. Este ultimo lo veía a él como una mezcla de mentor, abuelo y un guía muy sabio que sabía que le enseñaría todo lo que debería saber para cuando el encuentro que su inexpugnable destino le aguardaba.
¿Es posible que el viejo Dumbledore siempre halla ansiado un hijo, un heredero de sus conocimientos infinitos, alguien a quien transmitirle su saber y al mismo tiempo, un cariño inigualable? ¿Podría ser que su propio destino a grandezas aparentemente imposibles de superar lo hayan apartado de ese íntimo deseo?
Yo no podría responderlo, pero tengan sabido que yo fui testigo del lazo de fraternidad entre Albus y Hagrid, siendo el único que creyó en el cuándo lo acusaron de abrir la cámara de los secretos en su tercer año, aunque no pudo evitar que lo expulsaran.
Rubeus, fue un hombre inigualable, muy particular sin duda, y no existe algo que mejor que ser diferente y que estés contento con eso. No hay nada mejor que vivir la vida como uno es. No se puede resumir las innumerables cualidades y rarezas de este hombre singular, pero de entre todas las que se puede destacar, yo creo que le dejaría la palabra: Amigo.