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La historia mejor guardada — capítulo 1
Tenía cinco grandes cortes en ambos brazos que ardían de la misma forma en que sangraban. «Malditos, me la van a pagar» pensé al sentir como una maldición me pasaba a dos pulgadas de la espalda. Vi a una chica rubia pasar a mi lado con rapidez; Luna. Me hizo preguntarme otra vez si todos estarían bien. « ¿Dónde estás? Ahora no por favor, aparece, aparece. » Grité interiormente al ver tanto hechizos verdes como rojos o plateados; se asimilaban a los fuegos artificiales, pero esa ocasión no tenía motivo para celebrar, lo único que deseábamos era que todo acabara lo más pronto posible, con escasos heridos.**-- Si tratas de matarlo, te mato yo mismo. -- rugió alguien cuya voz me era irreconocible entre tanto ruido. Una figura un poco más alta que yo me tomó del brazo y me tranquilicé, al menos él, estaba sano y salvo.
--Ser pequeña te permite creer en todo lo que es irreal -- pronunció mi madre ante otra reunión familiar.
La miré con un claro dejo de desdén y, levantándome de la mesa aún con restos de comidas y platos sucios, me encaminé hacia mi cómodo y calido sofá color escarlata.
Me interné de nuevo en mi lectura: Harry Potter y la piedra Filosofal. Desde que ese libro había caído en mis manos (lo único productivo que hizo mi prima en toda su vida fue regalármelo para mi décimo cumpleaños) no podía parar de leerlo una y otra vez; el hecho de que la película basada en aquel libro fuera a salir en los cines en los próximos tres meses me tenía aturdida. Ansiaba que llegara el estreno para verla.
A toda mi familia, construida por mi madre, mis tíos y sus cuatro hijas, les parecía desorbitante que teniendo cortos diez años me interesara por leer y no por jugar, era imposible negar lo extraño que era, sin embargo aquella lectura llegaba más allá de toda niñez, creencia o expectativa, y lo que yo más adoraba en todo el mundo era, efectivamente, la magia. Vivía en un pequeño y olvidado pueblo de Londres, donde la acción, las cosas paranormales y la magia, eran tan absurdas que la redundancia les había ganado a cada uno de los habitantes. Yo me declaraba con orgullo la mera excepción y nadie, ni toda mi pequeña familia, me iban a hacer cambiar de parecer.
Cerré el libro para ir a acostarme, y volver a ese mundo privado al que yo llamaba: imaginación. Me dormí tan deprisa que no tuve tiempo para darme cuenta, pero eso no evitó que, de nuevo, en mis sueños apareciera gente extraña que jamás había visto en toda mi vida, gente vestida de una forma extravagante; entré en mis sueños más anhelados: el mundo de los magos.
Nerviosa, hasta un punto indefinido, luego de hacer una larga e interminable fila pude sentarme frente a la pantalla de cine para ver la película de ese libro que robaba todos mis sueños. Era la mejor que hubiera visto en toda mi vida y a pesar del aburrimiento de mi madre, salí fascinada.
Luego de meses y meses en los que mi madre me miraba ya frustrada, y en los que mis sueños iban siendo cada vez menos, desistí e hice un tremendo esfuerzo por cerrar el pico y dejar de pronunciar palabra alguna sobre la magia. Y llegó mi cumpleaños número once, una fecha importante para toda niña, el problema era que mi mamá tenía una importante reunión de negocios y otra vez me volvía a quedar con la señora Gray y su loro que tanto miedo me daba.
-- ¡Feliz cumpleaños Sharon! -- dijo con falso entusiasmo en cuanto mi madre, contrariada, me dejó en la puerta de su casa.
La casa de la señora Gray siempre olía a perfumes extraños, que ella misma mezclaba, e, infaltable, a olor de excremento de ave.
Le sonreí sin ánimos y me tiré sobre su butaca de madera añeja.
-- Sharon, encontré esto en la puerta de casa, ten, no sé que será, pero por favor, ya deja de inventar cosas extrañas ¿quieres?
Era mi mamá, con un humor horrible que había regresado a dejarme… una carta de color amarillo, bastante pesada para ser una simple nota, y muy desgastada para ser reciente. La di vuelta y mis ojos se desorbitaron. Volví a mirar la puerta por donde se había ido mi progenitora y otra vez observé el sobre.
En letras color esmeralda rezaba:
Señorita C. Sharon
Habitación junto a la puerta.
675 New North
Islington
Al otro lado del sobre había un gran escudo con un león, una serpiente, un águila y un tejón. Sí, no había otra explicación. Tal vez, si mi madre se hubiera tomado el trabajo de escucharme alguna vez, no me habría dado la carta, pero no había Dursleys que me detuvieran y a mi pesar, tampoco había un gigante llamado Hagrid que irrumpiera en la casa de la señora Gray.
Director: Albus Dumbledore
(Orden de Merlín, Primera Clase,Gran Hechicero, Jefe de Magos,
Jefe Supremo, Confederación
Internacional de Magos)
Querida señorita Carter:
Tenemos el placer de informarle que usted tiene una vacante en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Adjuntamos una lista con el equipo y los libros necesarios.
Las clases comienzan el 1º de septiembre. Esperamos su lechuza no más tarde del 31 de julio.
Muy cordialmente,
Minerva McGonagall
Subdirectora.
Si había algo más alarmante, extraño, e imposible que aquello, hubiera deseado que lo pusieran frente a mis ojos, que solo leían y releían el contenido de aquella carta.
-- ¿Pasa algo querida? -- preguntó la señora Gray al ver mi cara, que obviamente estaba tan pálida como la nieve.
-- ¿Usted cree en lo irreal, señora Gray? -- indagué cortésmente, mi voz estaba tomada y se quebraba por momentos.
-- Hasta cierto punto ¿Por qué?
-- Por… por nada.
¿Una vacante en Hogwarts?¿Yo tenía una vacante en un colegio de magia y hechicería? ¿Yo, que tan rutinaria y aburrida era mi vida? ¿Qué nunca había empleado una minúscula prueba de que podía hacer magia? Y entonces, sucedió: el loro verde y anaranjado de la señora Gray fue aumentando de tamaño hasta ser como un perro ovejero. Me sobresalté tanto que di un grito ahogado, pero para mi salvación, en ese mismo momento, el loro recobró su tamaño natural y nadie más que yo se percató de lo sucedido. ¿Yo, una vacante en un colegio salido de un libro? Mi mente viajaba a mil por hora, y lo único que le pedía al cielo era que aquello no fuera una broma de mis primas, de esas que tan seguido me hacían, que no fuera un sueño, hubiese sido la primera vez en la que no habría querido despertar, sin embargo lo creía; Hogwarts, ese tan anhelado lugar mágico, debía ser mi hogar.
Hola :)Este es el primer capítulo de la historia, aburrido, sí, muy, pero se pondrá mejor (espero xD) Como éste Fic lo tengo terminado, subiré un capítulo por día, igualmente no es muy largo. Espero que les guste.