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La historia mejor guardada — capítulo 3

Sin habérmelo imaginado, ya estaba cursando mi cuarto año en el Colegio Hogwarts. Decir que las cosas habían cambiado considerablemente habría sido mentir en cierto grado; pero mucho no era diferente; Cada verano cuando volvía a mi hogar, mi madre no solo me esperaba con abrazos dulces, sino que además, con un nuevo libro de Harry Potter, los cuales leía ella tanto como yo, y no lo entendíamos. Todo era tal cual lo que pasaba, solo había un insignificante detalle: yo no figuraba ni entre líneas. Rowling seguía haciendo caso omiso a mi presencia en Hogwarts, y no había explicación alguna. Con todos los horribles sucesos que habíamos tenido que afrontar, no tuve tiempo jamás de hablar con el profesor Dumbledore.

Ron y Hermione se habían convertido en mis mejores amigos, al igual que los de Harry, pero con él era diferente: las cosas que había empezado a sentir por el "niño que vivió" se fueron incrementado hasta llegar al punto en el que sentía más que amistad por él. Compartí innumerables cosas con esos tres muchachos que me enseñaban día a día lo que era la verdadera amistad, desde que supimos que Voldemort andaba recorriendo de nuevo el mundo de los magos no sólo nos había echo estremecer; habíamos crecido y madurado demasiado rápido. Harry estaba muy preocupado por su padrino, Sirius, quién sinceramente era un hombre maravilloso, dijeran lo que dijeran. Fred y George causaban más problemas que nunca (aunque no sobrepasaba lo cómico) y el profesor Dumbledore estaba más extraño y sombrío desde el año en que se abrió la Cámara Secreta. Ya no daba divertidos discursos o contraseñas entretenidas, las medidas de seguridad en el colegio iban en aumento y los sucesos -- el Torneo de los Tres Magos -- nos tenían a todos revolucionados. No sólo porque en el Mundial de Quidditch los Mortífagos habían echo de las suyas, ni tampoco por la llegada de los alumnos de Durmstrang y Beauxbatons para el torneo, sino, además, porque Harry había sido involucrado en el mismo. ¿Un chico de catorce años en el Torneo de los Tres Magos? Murmullos iban y venían por todo el castillo, Ron se mostraba recio a creerle a Harry, y Hermione, que era de los pocos que le creíamos, estaba muy ocupada con el estudio. Difícil de admitir o no, yo era la única que se sentaba la Sala Común de Gryffindor con Harry para hablar de lo perturbado que estaba.

--…y ahora Ron pretende que desaparezca o no sé que es lo quiere ¿Acaso todos creen que lo que busco es fama?

-- Ya lo sé Harry, pero debes ponerte del lado de los demás, nadie entiende como fue a parar tu nombre en el Cáliz, y que yo sepa que no fuiste tú, no significa que los demás tengan cerebro.

Harry rió amargamente y asintió con la cabeza.

-- Tienes razón, pero Ron es mi mejor amigo y no soporto que se comporte así.

-- Piensa -- dije con voz tranquilizadora mientras ambos mirábamos el fuego de la chimenea -- que antes de que todo esto acabe, Ron volverá a ser el mismo de siempre.

Yo tenía bien en claro como iban a ser las cosas, pero ¿Qué iba a decirle? «Mira Harry, Voldemort regresará al poder y las cosas comenzarán a complicarse.» Yo estaba más asustada que él por lo del Torneo y tanto Ginny como Hermione se daban cuenta de eso ya que en sueños gritaba. Compartir dormitorio con ellas, en ese momento, no era grato. -- ¿Cómo estás tan segura? -- preguntó alzando su libro de Las fuerzas oscuras: una guía para la autoprotección.

-- Ya conoces a Ron, dice y hace cosas de las que luego se arrepiente.

Estar en las gradas mientras el chico que tanto quería luchaba con un dragón enorme tratando de conseguir el huevo de oro, no era algo emocionante. Mi corazón palpitaba tan deprisa que quería salir de mi pecho y apretujaba el brazo de Hermione tan fuerte que ella a veces lanzaba un grito disimulado de dolor, pero estaba tan aterrorizada como yo, o peor. Al fin y al cabo yo sabía que saldría prácticamente ileso, pero aun así no podía evitar sentir desasosiego.

Tal fue mi impulso cuando Harry se metió en la carpa, ya con el huevo de oro en las manos, que erróneamente lo besé. Todos se quedaron pasmados e hicieron silencio, o tal vez el hecho de que Harry me abrazara y correspondiera mi acto me hizo pensar que sólo estábamos nosotros dos en ese lugar. Cuando nos separamos y los chicos se abalanzaron hacia él, me gritó «Luego tenemos que hablar»

Hermione, que sabía a ciencia cierta lo que me pasaba hacía ya tiempo, me miró inquisitivamente y sonrió.

En la Sala Común, sentada, sola y pensando, me temblaban las piernas y otra vez mi corazón estaba exageradamente agitado. Hermione entró y se sentó a mi lado. -- Harry te quiere, no tienes por qué estar como estás. -- sonrió y palmeó mi brazo con delicadeza. -- Al fin Ron dejó esa faceta inmadura y enmendó su error. La primera prueba lo hizo recapacitar.

-- Es un alivio, ¿Quién va a querer enfrentarse a voluntad propia a cosas como un dragón? Está claro que Harry jamás habría querido eso, con todo lo que le pasó…

-- Te enternece el pasado de Harry, eso es muy bello.

Corté el contacto que mi vista mantenía con el fuego y observé a Hermione, que para mi sorpresa, tenía los ojos cristalizados.

-- ¿Qué sucede? -- inquirí asustada y la abracé, no tardó mucho en soltar algunas lágrimas.

-- Todo esto me tiene muy mal. Ron discutiendo con Harry. Harry en un reto peligrosísimo, y por si fuera poco, tengo un mal presentimiento, algo amargo me inquieta.

-- Ha de ser por éste estúpido torneo. Harry va a estar bien, Hermione, no te preocupes.

-- ¿Cómo puedes estar tan calmada? El chico al que amas está en un grave peligro.

Le sonreí y la abracé más fuerte.

-- Harry ha pasado por cosas aterradoras, nada felices. Sin embargo, esto es un juego, peligroso, pero un juego al fin y al cabo. Dumbledore no va a dejar que nada le pase, hay magos del Ministerio aquí, mientras que cuando Voldemort intentó matar a Harry, no había ningún mago cerca. ¿Tú crees que esto es lo más difícil que ha tenido que afrontar?

Seamus y Dean entraron por el orificio del retrato y Hermione rápidamente limpió sus ojos y desvió la mirada. Yo tomé uno de sus libros para fingir que estaba leyendo y ambos subieron las escaleras.

-- Tienes razón… -- dijo dubitativa, pero no estaba para nada convencida aun.

Supe que tenía que hablar lo más pronto posible con el director de Hogwarts, no sabía siquiera como abarcar una conversación de tal índole, pero las cosas se estaban saliendo de control y necesitaba respuestas.

-- Quién lo diría… nuestros mejores amigos ¡novios! Hermione ¿Puedes creerlo? -- exclamó Ron observándonos a mi y a Harry sentados en el sofá de la Sala Común. -- No eres para nada intuitivo Ron, esto se veía a kilómetros. -- dijo ella distraída leyendo un libro de Runas Antiguas.

Harry y yo nos miramos y sonreímos con un poco de vergüenza, pero estábamos felices y nos sentíamos bien a pesar de todo lo que estaba pasando. Lo extraño era que, obviamente, Rowling no había previsto nuestro noviazgo, y mucho menos se tomó el trabajo de nombrarme alguna vez… ¿Acaso yo era invisible?

Desvié mis pensamientos hacia otro lado, dejándolos en la lista de los pendientes, tenía que aclarar las cosas y no iba a quedar así.

-- ¿Cómo harás con el huevo de oro Harry? -- preguntó consternada Hermione con su típica mirada ruda.

-- Ya se me ocurrirá algo, aun me queda mucho tiempo antes de la segunda prueba.

Niños de primero y segundo año pasaban por la Sala Común y al ver a Harry tomaban rápido sus cosas y corrían escaleras arriba. Ron se reía cada que eso pasaba.

-- Sí, Harry, pero que no sea a último momento. -- dijo con temor de que algo malo pasara.

Una brisa inexistente rozó mi espalda erizando mi espina dorsal. Fue un viento siniestro que, a pesar de estar sentada yo frente al fuego, me dejó helada. Los demás parecieron no percatarse de aquello.

Hermione y Ron declararon que tenían sueño y luego de despedirse de nosotros subieron las escaleras de mármol a sus respectivos cuartos.

Harry me abrazó y me miro con preocupación.

-- ¿Qué sucede?

Él más que nadie sabía como eran las cosas y yo tenía que contarle la verdad.

-- Sentí algo… como un susurro horrible o una brisa muy fría detrás de mi espalda. Pero… -- dije al ver como giraba su rostro en todas direcciones y pretendía sacar su varita -- pero no ha sido nada, ideas mías.

-- No te creo -- sonrió ampliamente -- pero confío en ti.

-- ¿Qué crees que harás con el huevo? -- indagué muy interesada.

-- No lo sé, hace esos ruidos horribles cuando lo abro…

-- A menos… -- susurré, aunque no sabía si debía decirle lo que pensaba -- a menos que se escuche de otra forma.

-- ¿Cómo es eso?

-- No sé, hay que pensarlo bien para no causar estragos -- repuse aunque temía que las cosas cambiaran si yo sabía lo mismo que Cedric.

Las cosas pasaron como se suponía que debían pasar, Cedric le comentó que debía darse un baño y llevara el huevo al baño de los prefectos. Ya sabíamos que la siguiente prueba era con la gente del agua (no por eso más fácil)

Otra vez sentí, en el Gran Salón después de cenar, ese susurro escalofriante y lo entendí.

-- Harry, tenemos que subir a buscar el mapa del merodeador -- urgí con impaciencia mientras todos se iban yendo del lugar.

-- ¿Por qué? -- preguntó perplejo pero intranquilo.

-- No lo sé, algo me dice que vamos a encontrar… alguien que no debe estar aquí.

Subimos corriendo con rapidez detrás de Ron y Hermione que gritaron la contraseña y se metieron por el orificio. Harry subió y a los pocos segundos ya estaba abajo de nuevo con el mapa y la capa para hacerse invisible.

-- ¡No puede ser! ¡Crouch está en el bosque! --exclamó Harry mirando el puntito negro.

-- ¡Vamos! -- le dije a Harry aunque Ron y Hermione no me miraron muy felices.

-- Mejor no, si nos encuentran fuera de la Sala Común nos van a liquidar.

Suspiré y asentí resignada y todos optamos por terminar la tarea de Snape e irnos a acostar, sin embargo yo no había terminado cuando Hermione me dijo que estaba muy cansada y que si subía pronto tal vez no la encontraba dormida. Y otra vez Ron dio vueltas y vueltas pero no terminó por completo la redacción sobre el polvo de Doxy y le dijo a Harry que lo esperaba arriba. Harry me miró y asentí rápidamente.

-- ¡Juro solemnemente que mis intenciones no son buenas! -- exclamó en un susurro y el mapa comenzó a dibujarse.

-- ¡Harry! ¡Crouch está en el despacho de Snape, y Snape no está allí!

-- ¿Otra vez? -- preguntó atónito.

Hola!! Quería agradecerles a los que tienen la historia en favoritos y han leído. Pero si lees y te gusta, comenta, me harás feliz y subiré más rápido el próximo capítulo :)