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La historia mejor guardada — capítulo 6
-- Por favor, no sigas corriendo Luna, por favor -- gemí al borde de las lágrimas.
Me encontraba con Ron, Ginny y Luna en el Ministerio de la Magia, al que habíamos entrado furtivamente para rescatar a Sirius. No sólo era una trampa, sino que nos habíamos separado de Harry, Hermione y Neville y todo era un descontrol.
-- Quería que me siguieras -- comentó tranquila, como si no nos estuvieran persiguiendo.
-- ¿Qué sucede? No podemos separarnos de los demás.
Mis nervios estaban jugándome en contra ahora que todo estaba en silencio, pero mis sentidos seguían alertas a cualquier señal de peligro.
-- He recogido esto de la sala de Profecías -- alzó en su bufanda una bola de cristal.
-- ¿Cómo? Se supone que no puedes tocarla a menos que hable sobre ti.
Alzó los hombros.
-- Simplemente la tomé y aquí está, tenía tu nombre.
-- Demonios, Luna. Pudo pasarte algo -- la reprendí.
Tomé el objeto e instantáneamente lo arrojé lejos, sabía perfectamente lo que decía y no necesitaba que nadie me lo repitiera. Al romperse comenzó a escucharse un murmullo, pero no se entendía lo que decía. Luna era extraña, había algo en ella… tan misterioso, como si no fuera solamente quien parecía ser. Suspiré. Todo mi cuerpo se tensó al sentir pasos.
-- ¡Cierren todas las puertas! -- Grité.
Estábamos lográndolo, faltaba sólo una, pero por ella entraron Harry y los demás. Suspiré aliviada.
-- ¡Ron, no, Ron! -- Exclamó Harry.
A los pocos minutos todo era caos, Ron reía como un bólido, los mortífagos aparecían y la Orden milagrosamente estaba allí. Sentí que algo iría muy mal. Me giré hacia atrás: Sirius estaba luchando contra Bellatrix muy cerca del velo extraño del cual salían voces, voces que solamente Harry escuchaba… Harry, ¿Iba a pasarle algo a él? *Por favor, no hagas el estúpido papel de héroe, no puedo perderte.*Pensé angustiada.
Pero no era él por quién mi corazón estaba latiendo así: Sirius era alcanzado por un hechizo de la mortífaga y caía. Entonces comprendí que si caía por ese velo, no volvería jamás.
-- ¡Sirius! -- Corrí hacia él y alcancé a agarrarme de su túnica. -- No caigas… no puedes caer.
Tiré de él hacia atrás antes de que un hechizo aturdidor me diera justo en el pecho.
-- Sharon… no debiste hacer eso. Fue muy peligroso. -- Me regañó Dumbledore.
-- Ya estoy bien y lo mejor de todo es que Sirius también lo está. Él iba a morir ¿Verdad? Bellatrix sólo lo dejó inconsciente, pero ese velo…
-- Es cierto, pero dejarte al descubierto de esa forma… pudieron matarte.
Harry, Ron y Hermione seguían en la enfermería, yo había podido salir al día siguiente de la incursión al Ministerio, pero después de tres días, ellos seguían allí. Ron tendría por siempre las cicatrices en los brazos causadas por el cerebro, y Hermione tendría dolores durante todo el verano por el hechizo. Harry era el único que podría salir ese mismo día. Aquél día, cuando me desperté, supe que él había creído que ambos, Sirius y yo, estábamos muertos y salió en la persecución de Bellatrix, gran sorpresa se llevó al ver que seguíamos vivitos y coleando. Bueno, yo vivita y él coleando. Más tarde pude conocer el contenido de la tan codiciada profecía. Ninguno de los dos podrá vivir mientras siga el otro con vida.
¿Eso significaba que Harry debía matar a Voldemort? ¿Cómo?
Por ir ocupada pensando en eso, choqué con un estudiante.
-- Oh, la amiga de la sangre sucia y el tonto Potter -- dijo una voz que arrastraba las palabras.
-- Oh, el inseguro Malfoy está sin sus colegas -- me burlé -- ¿No tienes miedo?
-- No te metas conmigo -- murmuró acercándose a mi rostro para intimidarme.
-- Malfoy ¿Qué es lo que ganas haciendo siempre lo mismo? ¿No te aburres de que siempre te tratemos mal?
-- Muy pronto eso… dejará de suceder -- dijo mordazmente.
-- ¿Qué quieres decir? -- pregunté a son de burla.
Pero él ya estaba caminando por donde había venido. Era extraño, un molesto e inseguro chico.
Esa noche en la Sala Común decidí ser honesta con mi novio. -- Harry… ¿recuerdas que el año pasado, cuando comenzamos a estar juntos, me dijiste que estarías conmigo en las buenas y malas?
-- Sí, ¿por qué? -- preguntó algo temeroso.
Desde que estábamos saliendo, ambos habíamos prometido seguir siendo los mismos de siempre, estando con nuestros amigos y siendo también amigos entre nosotros. Yo sabía, a pesar de mi corta edad, que él lo era todo para mí y quería que así fuera por siempre, pero jamás se lo había hecho saber. No por miedo a que no sintiera lo mismo, no, sino porque había cosas más importantes que dos jóvenes enamorados, todos dependían de Harry, y ahora que el Ministerio aceptaba el regreso de Voldemort, él volvía a ser el centro de atención.
-- Tú has sido sincero conmigo, me contaste lo que decía la profecía, pero yo no he sido completamente sincera.
Luego de un hondo suspiro y una mirada inquisitiva de su parte, le revelé el contenido de la profecía que hablaba de mí.
--Yo… -- murmuró. Calló durante un rato --, nada te pasará, todo saldrá bien. Tú estarás en tu casa y yo…
-- Harry -- sonreí -- no tengo miedo de lo que pueda pasarme. Solamente quería que lo supieras. Yo… siento que todo saldrá extrañamente bien.
-- No lucharás, si es necesario te inmovilizaré, pero no lucharás.
-- Harry -- alargué en reproche -- no empieces a hacerte el héroe, siquiera sabemos si habrá una lucha, las cosas están cambiando…
-- ¿Cambiando? ¿A qué te refieres?
Me acurruqué en su pecho con la gran duda de si debía decirle la verdad sobre Sirius, pero al final, cuando posó sus labios sobre los míos, sentí que otra preocupación no sería necesaria.
-- ¡Cuánto me alegra verte! --Canturreó mi madre tras un fuerte abrazo.
Me emocionaba volver a estar en casa luego de todo lo que había pasado ese año. Mi madre no sabía nada sobre Voldemort, la incursión al Ministerio, la profecía o cualquier cosa oscura que pudiera hacerla pensar que el mundo mágico era peligroso. Quería permanecer en Hogwarts, al lado de mis amigos y mi novio, de los cuales mi madre sí sabía mucho. Jamás le conté tampoco lo que había sido mi padre, no sería justo a su memoria.
Había recibido cartas las primeras semanas, pero todas eran cortas y decían casi lo mismo, excepto las de Harry. Hermione decía: Querida**Sharon: Espero que estés teniendo unas lindas vacaciones, aunque con todo lo que está pasando lo dudo mucho. Nosotros no podemos contarte demasiado, pero de seguro pronto nos veremos. Te quiere. Hermione
También tenía unas cuantas de Ron: Querida**Sharon: Si supieras cómo está mi casa… ¿Recuerdas lo tranquila que decías que era? Ya no lo es más… aunque no podemos dar mucha información por carta, ya sabes. Espero que puedas venir al menos unos días. Ron
Harry se esmeró un poco más en la última: Querida Sharon: Gracias por el pastel de la otra vez. Te extraño, los extraño a todos pero más que nada a ti. No sé si podré salir de la casa de los Dursleys este verano pero empiezo a incomodarme: ¿Has visto las noticias? Claramente no estoy muy informado y dudo que tú lo estés, Sirius me ha escrito, al parecer sigue en el extranjero. Espero verte pronto. Te quiero. Harry.
Estaban siendo unas lindas vacaciones, hasta que en un paseo me encontré con un maldito bastardo de pelo grasiento.
-- ¿Qué haces aquí? -- Preguntó arrastrando las palabras y observando hacia todos lados.
-- Salí a comprar comida. -- Dije intentando mantener respeto.
-- No puedes andar sola por ahí, amiga de Potter tenías que ser… ¿No has visto las noticias? Están desapareciendo Muggles, hay dementores por todos lados…
-- Yo no he visto a ninguno -- me alarmé, no se me daba muy bien el Patronus.
-- Debemos irnos. Te están esperando en La Madriguera.
-- ¿En La Madriguera? ¡Oh, pero si he estado muy poco tiempo con mi madre!
Y a pesar de mis fatídicos intentos, un día después Snape me dejó parada en la sala de la señora Weasley. Hermione estaba allí desde principios del verano. La odiosa de Fleur estaba en pareja con Bill y no dejaba de torturarnos, la pobre señora Weasley estaba histérica y Ginny también sufría la visita de su cuñada. Ron y Hermione actuaban extraño, no era sólo idea mía, era como si… como si…
-- Hermione ¿Puedes venir un momento? -- la llamé desde las escaleras.
Ya dentro de la habitación que ambas compartíamos con Ginny le solté todo.
-- ¿Qué? ¿Cómo puedes pensar que me gusta Ron? ¡Es un inmaduro! ¡Jamás! Siempre celoso de Victor, siempre con esa sonrisa tan perfecta que…
-- ¡Ahí está! ¡A ti te gusta Ron! No me lo niegues Hermione, yo jamás te oculté nada.
Suspiró hondamente.
-- De acuerdo, es verdad… y te lo cuento sólo porque tú en su momento te sinceraste conmigo sobre Harry.
Sonreí satisfecha y seguimos hablando sobre "temas de chicas" hasta la hora de cenar.
Los días pasaron rápido, hasta que llegó Harry, se veía que lo había pasado mal con esos odiosos muggles crueles a los que no les importaba nada más que ellos mismos, pero por lo demás, se lo veía mejor de ánimo que muchas otras veces. Yo sabía que seguía dando vueltas con las palabras de la profecía, pero le hice prometer que disfrutaría lo más que pudiera de ese verano, y así fue. Al llegar las MHB, estaba nerviosa, pero luego de ver mis calificaciones me sentí contenta, no había sido la mejor en Historia de la Magia y menos que menos en Adivinación, pero pensaba dejar esas dos materias. Harry estaba fascinado con ser el capitán de Gryffindor, Hermione saltaba de contenta con sus notas, aunque no quisiera admitirlo, y Ron… Ron estaba raro. Ni Harry ni yo pasamos los cumpleaños más divertidos del mundo, había cosas más importantes. Pero al fin y al cabo, aunque no hubiera pasado el tiempo que quisiera con mi madre, no tuve que decirle adiós a mis vacaciones. No del todo.
Hola :) Desde aquí la cosa se pone más interesante y vendrán los "cambios de cannon" como suelo decirles, gracias a quienes comentan y agregan a favoritos, y ya sabes: Si lees y te gusta, comenta, si comentas, subo más rápido :)