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Historia 87293 — capítulo 10

Summary: Leah agradecía enormemente que un grupo de brujas (Luna Lovegood, Hermione Granger, Ginevra Weasley, Astoria y Daphne Greengrass, Pansy Parkinson y Lavander Brown) planificasen un viaje a Forks. ¿Por qué? ¡Porqué había imprimado del hermano de una de ellas! Charlie Weasley, el pelirrojo más guapo del mundo. Era jodidamente suertuda: su relación era segura, tranquila y ante todo fuerte. El único problema era que Charlie debía volver a Londres, ordenar un par de cosas y partir a Rumania, poco después darían el gran paso: anunciarían su compromiso a los señores Weasley's.

Pero los planes se rompieron abruptamente ya que Hermione Granger junto a su reciente pareja Paul amablemente le regalaron los pasajes a la metamorfoga para ir a Londres junto a su novio.

¿Entonces qué podría salir mal?

Dedicado a todos los que leyeron la primera parte, Lobo de Forks: Seduction, que gracias a su apoyo y ánimo lograron que esta pareja fuese mucho más fácil de llevar para mí.

En especial a: y

Y a todos los que han leído esta historia de forma anónima.

Alertas: La historia contendrá lenguaje fuerte y lemmon. Muerte de un personaje. Algo de Ooc e incesto. ¡Leer bajo su propia responsabilidad!

Disclaimer: ¡Nada es mío! Todo pertenece a las fantásticas J.K y Stephanie. A excepción de uno o dos personajes que han sido inventados por mi (entre ellos un caliente vampiro llamado Tiago).

A/N: Aquí está el epilogo, mis querid@s, quedó un poco cojo (y al final decidí no colocarle lemmon), porque básicamente mi cerebro está seco y creí que era mejor subir algo que hacerlos esperar montón. Err… Me gustaría escuchar sugerencias sobre el Sam/Luna, mi inspiración está bastante antojadiza :c

Gracias por leerme. ¡Oh! Y por favor, pasen a mi perfil en fanfiction . net / u /2145409 /, he creado una encuesta porque tengo una idea para un crossover nuevo rondando en la cabeza y quiero saber que chico queda mejor con Hermione.

Leah no era capaz de recordar si alguna vez en la vida había sido tan feliz como en esos momentos, tatareó una canción mientras mecía con suavidad a Victorie quien se aferraba a su blusa con su pequeños deditos. Era tan hermosa y frágil que muchas veces Leah temía terminar dañándola. Cerró sus ojos, mientras le contaba a la pequeña bebé como había conocido a Fleur, lo grandiosa que era y lo amable que se había comportado con ella.

Bill observaba la escena en silencio, sentado sobre la cama con ojeras y con una expresión de dolor que era casi insoportable. Leah recostó a la bebé en la cuna que recibieron de regalo por parte de Astoria y se giró a ver al pelirrojo.

—Duerme algo, Bill, te ves fatal.

Él negó, sin decir una palabra, sin mirarla. Leah apretó sus labios y parpadeó con rapidez para evitar las lágrimas.

—Victorie no necesita verte así. Duerme, yo la cuidaré.

Él gruñó y ella devolvió el sonido antes de darle un brusco empujón:- Estoy harta de tu comportamiento. Necesitas estar bien física y psicológicamente para cuidar a tu bebé. ¿Crees que porque apenas nació no se da cuenta de lo que sucede?

—Cierra la boca Leah, no tienes idea sobre niños.

Ella asintió y apretó sus labios, reprimiendo un sollozo desgarrador, sin embargo, no bajó su mirada y él suspiró levantándose.

—Lo siento, no quería hacerte daño.

—Duerme, Bill, yo veré a Victorie.

—Perdón, Leah, de verdad…

—Está bien, sé que no querías herirme. Duerme, eso despejará tu cabeza y...

Ella no fue capaz de continuar, Bill sostuvo su cintura y la atrajo hacia él, estampando sus labios contra los suyos invadiendo su espacio con su cuerpo. Leah suspiró y abrió sus labios permitiendo que su lengua se deslizara hacia su cavidad, él no tardó en hacerlo y ella gimió al sentir sus manos deslizándose bajo su camiseta de algodón.

—Bill. -susurró sorprendida cuando fue capaz de volver a respirar. Él desde que habían regresado a casa, hace exactamente cuatro días, no parecía tener algún interés por ella.

—Perdón, Leah, no fui capaz de controlarme. -dijo él con sus ojos cerrados, sus mejillas empapadas, y Leah se preguntó si eran por sus propias lágrimas o por las de ella. Las secó con dulzura y besó su frente.

—Está bien, Bill. -dijo Leah con calma antes de abrazarlo tan ferozmente como él lo estaba haciendo:- Está bien.

—Fleur… lo supo todo el tiempo… y no me dijo nada… ni una maldita palabra, Leah. Ella parecía estar feliz cuando te encontré. Quería desde el principio…

—Ella te amaba, Bill, y quería que fueras feliz.

—Victorie me odiará cuando crezca.

—No. -susurró Leah con sus ojos cerrados:- Ella me odiará a mí, por intentar remplazar a su madre. Probablemente me encuentre culpable de todo, pero no importará Bill, porque aun así cumpliré mi promesa. Amo a Victorie como si fuera mi hija.

—Es tu hija.

—No, Bill. Ella es hija de Fleur, tengo la oportunidad de ser su imagen materna, pero Fleur fue y será siempre su madre.

Hubo un largo silencio, Bill asintió y se recostó sobre la cama, aun sin soltarla, aferrándose a ella como si fuese vital. Leah cerró sus ojos y se acurrucó contra él.

— ¿Y qué hay de mi, Leah?

—Sabes lo que siento por ti, Bill, y también sabes lo que siento por Charlie. Los tres son mi familia. Son mi mundo.

—Yo te…

—No es necesario que lo digas, Bill. La herida todavía está abierta, pero esperaré hasta que estés preparado.

Ellos cayeron profundamente dormidos. Y cuando Victorie despertó, Charlie estuvo ahí para cuidarla.

Leah Clearwater jamás se había sentido tan completa, agradecería por el resto de sus días el haber encontrado su propia familia.

˜O˜

Charlie vio como Leah se movía por el comedor, colocando la mesa con rapidez, mirando en todo momento de reojo al bebé que él tenía entre sus brazos. Sonrió orgulloso al notar que por primera vez ella no lo regañaba por tomar mal a la pobre Victorie, quizás fue después de todo fue buena idea ir a pedirle ayuda a Hermione, por muy vergonzoso que haya sido haber cargado a un saco de harina como si se tratara de la pequeña y encantadora bebé rubia.

—Ya está -espetó Leah limpiando sus manos contra sus vaqueros, esos que alzaban su trasero de forma espectacular y… concéntrate, Charlie. Ella sacó a Victorie de sus brazos y él transformó los sillones en una preciosa cuna en la que la chica recostó al bebé que se quejó pero luego se acurrucó y volvió a dormir. Amaba a esa pequeña, jamás iba a poder olvidar los constantes chillidos de sus hermanos. ¡Qué decir de los gemelos! Esos parecían buscar atención desde que eran bebés.

—Deja de mirarme, Charlie, o voy a terminar desgastándome.

—Eres hermosa.

—Oh, cierra la boca -espetó ella colocando sus ojos en blanco y luego reacomodó los puestos, Charlie se imaginó que era solo para hacer tiempo y evitarlo.

—Te amo, Leah. Con o sin Bill. -dijo él con sinceridad. Leah se sonrojó y sintió, sin estar del todo segura si creerlo o no, sin embargo, ella sí podía estar segura de sus sentimientos. Jamás se sintió tan plena como en esos momentos.

— ¿No tienes trabajo que hacer? -preguntó alzando sus cejas y cruzándose de brazos.

—Sí, pero no soy capaz de concentrarme contigo cerca. -susurró Charlie sin parpadear, como si no quisiera perderse ningún momento:- ¿Te puedo besar?

Ella sonrió y negó, Charlie suspiró, encogiéndose de hombros susurrando que al menos lo había intentado.

Bill les miró con una ceja alzada mientras comenzaba a servir el almuerzo.

—No coqueteen frente a Victorie, no quiero que aprenda esas cosas tan pronto.

Leah soltó una risita nerviosa y se sentó a comer de forma apresurada, Charlie se sentó y sirvió zumo mientras miraba a Bill.

—Es bueno tenerte de vuelta. Parecías un inferí. -dijo Charlie antes de comer.

Bill sonrió y mirándolo fijamente antes de sonreír ampliamente:- No estés tan contento, hermano, porque fastidiaré cada intento con Leah.

—Ja. Como si pudieras.

Leah está aquí y no está contenta porque hablen de ella si fuese un hueso -espetó la chica en cuestión y ambos bajaron la mirada a su plato como niños regañados, rompió a reír sin poder evitarlo.

Dios, los amaba.

˜O˜

Leah despertó sudando, con un grito atorado en su garganta y con lágrimas deslizándose por sus mejillas. Su cuerpo tembló y ella corrió fuera, transformándose con rapidez, no podía recordar la última vez que había cambiado y sin dudas le estaba empezando a pasar la cuenta. Se recostó sobre el césped y trató calmar su respiración.

Fue una pesadilla. Todo está bien. Los chicos están bien. Victorie está bien.

Ella repitió las frases como si se tratara de un mantra, con su cabeza hundida en el pasto y con sus garras hundidas en la tierra. Podía oír la constante respiración de la bebé, la pesada de Bill y Charlie que estaban justo atrás de ella…

Giró su cabeza y ellos le miraron con preocupación, gimoteó y corrió hacia ellos aun con su cuerpo de lobo.

— ¿Qué pasa, Leah? -preguntó Bill con sus manos deslizándose una y otra vez por su pelaje, como si buscara alguna herida, Charlie continuó mirándole aterrado.

— ¿Leah? ¿Qué pasa?

Ella cambió y las manos de Bill quedaron demasiado cerca de su trasero, aclarándose la garganta visiblemente nervioso él quitó sus manos y Leah sollozó.

—Fue solo una estúpida pesadilla.

—Oh ven aquí. -susurró Charlie envolviéndola con sus fuertes brazos, haciéndola sentir protegida:- nada sucederá mientras estés con nosotros, amor.

— ¿y si les hago daño? ¿y si me enojo y pierdo el control? ¿y si…?

—No más 'y si' en esta vida, Leah. Son demasiado tóxicos para soportarlos. Ahora, vamos dentro, no quiero que los vecinos te lleguen a ver desnuda.

Ella se sonrojó y asintió, avergonzada. Charlie besó su mejilla y le dio una pequeña nalgada para que se apresurara.

Leah durmió entre los brazos de ambos, mucho mejor que alguna otra vez en su vida.

˜O˜

Bill miró a la pequeña bebé, nervioso, y se sintió profundamente extraño. Era su hija. ¿Eso era orgullo? Joder, la mezcla de sentimientos que estaba viviendo era demasiado grande.

No pudo evitar las lágrimas que se deslizaron por sus mejillas al pensar que Fleur hubiese estado tan feliz ahí… Junto a esa preciosa y encantadora bebé. Su hermosa hija.

—Estará con nosotros, Bill -dijo Gabrielle, sobresaltándolo. Ella acarició la pequeña cabecita de Victorie y sonrió con dolor:- Fleur siempre estará a nuestro lado.

—Claro. -susurró él dudoso, luego, ligeramente movió a Victorie como Leah le enseñó. Gabrielle miró la casa con clara curiosidad, y al final frunció su ceño, molesta.

— ¿Leah se marchó por mi visita, verdad? -preguntó con su acento marcándose de forma excesiva por su repentina oleada de furia, lo cual trajo agridulces recuerdos de Fleur.

—Uhm… creímos que sería más cómodo para ti. -respondió Bill asintiendo.

—Mira, Bill, Fleur quería que esto fuese así. La tutoría es de Leah, por lo tanto ella es su madre. Estoy profundamente agradecida porque crie a mi sobrina y la relación que mantengan ustedes es tema de ustedes. -dijo Gabrielle con voz temblorosa por la emoción:- Por favor, no se limiten por mí presencia, sé lo mucho que se quieren. Victorie merece crecer con una familia que no se esconda por la opinión del resto. Son una triada y en el mundo de los magos es común verlas...

—Gracias.

—No creas que lo hago por ti -espetó la chica con falsa arrogancia:- Esto es por mi pequeña Victorie.

Él rió en voz baja y asintió mientras le entregaba con suavidad la bebé a Gabrielle quien la tomó con maestría y empezó a cantar en voz baja una canción en francés.

—Volveré mañana y si no veo a Leah aquí, voy a enfadarme. -espetó Gabrielle tras recostar a Victorie en su cunita cuando se quedó profundamente dormida:- Y sabes que es realmente malo enojar a una Veela.

Ella desapareció sin despedirse. William puso sus ojos en blanco y se sentó al lado de su bebé. Leah y Charlie no tardaron en llegar. Él no podía comprender por qué algo resultado de algo tan horrible se podía sentir tan bien. Tan correcto.

Leah besó sus labios con infinita suavidad y acarició sus marcas, esas de las cuales siempre se avergonzaba, pero que la morena no hacía más que aliviar.

—Todo saldrá bien, Bill. -susurró ella con una leve sonrisa en sus labios, Charlie la abrazó y apoyó su mentón en su hombro, mirándolo con comprensión.

—Victorie lo entenderá. -comentó él con dulzura:- Sé que lo hará.

Y William no pudo más que creerles.

La vida con ellos sería difícil, pero eso no quería decir que no lo lograrían. Eran su familia. Y saldrían adelante.

˜O˜

Luna canturreó una canción mientras se movía a un compás imaginario por la casa, colocando flores y sacudiendo los muebles. Sam le miró con una sonrisa suave, recostado contra la pared, cuando pasó cerca de él la envolvió en un cuidadoso abrazo y la besó con dulzura.

—Hola -susurró encantado, ella sonrió ampliamente con sus mejillas algo rojas:- ¿Qué vamos a celebrar?

—Hoy está de cumpleaños Theo, así que lo invité. Preparé pastel y galletas…

Sam desconectó su cabeza del parloteo de Luna, cerrando sus ojos y tratando de calmar la furia asesina que comenzaba a propagarse por sus venas, Theodore Nott siempre había sido un tema de conversación para la rubia. Era obvio que ella lo quería mucho. Demasiado para el gusto y comodidad del metamorfogo. No lo conocía, y por muy importante que fuese en la vida de su amada novia, él no quería conocerlo.

Luna jamás había preparado pastel para él. ¡Ni siquiera galletas! No era justo que las hiciera para otro tipo.

Ajena a los sentimientos que estaban carcomiendo a Sam, Luna se zafó de sus brazos y continuó arreglando la casa.

Hoy conocería a Nott. Y le pediría que saliera de la vida de su novia y el chico tendría que aceptar. Si o si.

Terminaría de raíz con ese enamoramiento que parecía tener Luna sobre otro hombre.

¿Ven? ¡Quedó muy cojo! T_T

Bueno... nos leemos.

Gracias a todos los que siguieron la historia. Pasen a mi perfil y voten, por fa :)