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Historia 8755 — capítulo 1
No había por qué alarmarse, al fin y al cabo, a ella le habían gustado muchos chicos a lo largo de su adolescencia.
Altos y bajos, flacos y rellenitos, de ojos verdes y azules.
Era, al principio, un leve cosquilleo en la panza, para luego seguir por un escalofrío que le recorría todo el cuerpo y, por último, terminar olvidando al personaje, ya que era muy tímida como para hacer o decir algo.
Un ciclo continuo de nunca acabar, lamentablemente.
Como máximo su enamoramiento le duraba dos meses y listo, borrón y cuenta nueva.
-No debes preocuparte- se dijo a sí misma- seguro que es pasajero.
No te puede gustar, recuerda quién es, nunca te prestará atención, nunca, que te quede bien claro.
Sin darse cuenta, una lágrima furtiva corría por su mejilla, que se encontraba ligeramente ruborizada.
No era posible, no podía estar enamorada de él, y menos desde hacía un largo año...
Ginny se levantó temprano.
Apenas había podido pegar un ojo en toda la noche, es más, hacía mucho tiempo que llevaba casi sin dormir, el insomnio se había hecho algo crónico.
Perezosamente, se incorporó.
Sus compañeras de cuarto estaban dormidas, parecía que ningún problema perturbaba sus sueños.
Rápidamente se cambió y, tomando su toalla y útiles de aseo, se dirigió al baño de prefectos, que seguramente a esa hora estaría vacío.
De algo le había servido salir prefecta a comienzos de ese año, eso sin contar los regalos que había recibido de su madre por "mantener la tradición de la familia, que habían perdido los gemelos y Ron".
Estuvo dentro de la piscina llena de burbujas y aromas hasta que su piel comenzó a arrugarse y tuvo que salir. Se hacía tarde...
-Buenos días Ginny- le saludó una voz.
-...¡Ah! Hola, Hermione- respondió Ginny, distraída.
-Saludos, señorita prefecta- le dijo su hermano riéndose.
-Ron, ¿no puedes parar con eso?- respondió la chica simulando enojo.
En ese momento llegó Harry al Gran Comedor.
-Hola- dijo inocentemente
-¿Dónde estabas, Harry?
-En... en la biblioteca.
-Ya, a las ocho de la mañana- dijo Hermione, mirándolo escéptica.
- Déjenme hacer mi vida, chicos!- gritó Harry-. Por favor... luego hablamos- y miró significativamente a Ginny.
-Bien.
Comenzaron a tomar el desayuno; cereales, jugo de naranja y tostadas.
La leche todavía no estaba lista.
Ron le susurró a Harry, preocupado:
-A Ginny le pasa algo, la noto algo apagada. Está triste y ojerosa. ¿Crees que no pueda con sus responsabilidades como prefecta?
-Ron, querido Ron. Tu hermana ya no es una niña. No creo que sea problema de exceso de trabajo.
-¿No?
-No, a mí me parece que Ginny está enamorada.
-¿¿¿QUÉ??? Mi hermana, mi hermanita, ¿qué dices Harry? N-no es posible...
-No es para tanto.
-¿Cómo que no? ¿Acaso sabes algo que yo no? ¿Quién es el chico?- miró la cara de Harry y de repente preguntó-: ¿eres tú?
-¿Yo? No, nada que ver. Estoy seguro que yo ya no le gusto, quizá antes, pero ahora es otro.
-¿Por qué estás colorado?- preguntó Ron desconfiado.
-Porque... bueno, Ron, verás... yo... ya estoy de novio.
Su amigo lo miró estupefacto, pero luego sonrió y preguntó:
-¿Y quién es la favorecida?- al ver que Harry no respondía agregó-: No le diré a nadie, no tienes que avergonzarte conmigo.
-¿Recuerdas a Cho? Esa chica de séptimo...
-¡Mira que bien andas, Harry!- exclamó Ron, pícaro.
Harry se rió y aclaró:
-No es ella. Es su hermana.
-No sabía que tuviera una hermana.
-Yo tampoco. Está en quinto y es preciosa.
-¿Ravenclaw?- preguntó Ron, muy seguro.
-Bien... este...- Harry dudaba-.
Ahí está el por qué nos tenemos que encontrar a escondidas en la mañana- a Ron se le iluminó la cara por un segundo-, ella es una Slytherin.