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Historia 8755 — capítulo 8
Capítulo ocho: El cuarto del segundo piso
-¿Qué?- gritaron ambos chicos a la vez, totalmente anonadados.
-No es tan difícil trabajar en equipo, Srta. Weasley y Sr. Malfoy. Si tanto les molesta, hubieran pensado dos veces antes que hacer tonterías en el pasillo.
-Pero fue todo un malentendido- replicó Ginny, comenzando a acalorarse-. No creería usted que...- la chica se detuvo de improvisto. Draco le había tomado la mano y la presionaba suavemente. Cuando ella lo miró a los ojos, la calló con la mirada y negó con la cabeza.
-¿Decía Srta. Weasley?- preguntó la profesora Mc Gonagall-. ¿De verdad se atreve a decir que fue todo un accidente?
-N-no- tartamudeó Ginny, y Draco la soltó.
-Muy bien- aceptó la profesora, con severidad-. Porque de lo contrario me hubiera visto obligada a restarle más puntos a Gryffindor. Y ahora ya pueden retirarse. Los quiero mañana a las ocho en punto aquí mismo, para cumplir el castigo que se buscaron.
-Sí profesora. Buenas tardes- respondieron y salieron del despacho a todas prisas.
Los dos estudiantes caminaron unos pasos en silencio. Después de unos instantes en los que Ginny debatió consigo misma si debería decir algo o no, la chica habló.
-¿Por qué me ayudaste, Draco?- preguntó, intentando no parecer tonta o embobada mientras que lo miraba-. ¿Por qué evitaste que la profesora Mc Gonagall le restara puntos a mi casa?
-Me pareció que no era justo- respondió el rubio, sin levantar la cabeza.
-¿Desde cuándo eso te preocupa?- volvió a inquirir la muchacha, arqueando las cejas.
Draco no respondió en seguida. Pensó unos instantes, abrió la boca y la volvió a cerrar varias veces y finalmente dijo, en tono indiferente:
-Desde que me di cuenta que la justicia también puede volverse en mi contra.
-¿O sea que te obligaste a tomarme la mano para salvarte? ¿Pensaste que mi actitud también iba a perjudicarte a ti? ¿Eso es lo que me estás tratando de decir?
-Sí, Weasley, eso es exactamente lo que estoy diciendo. Déjate de molestar y vete con tu amiguita Chang, eres un engorro- y a continuación se escabulló escaleras abajo.
-Creí que habías cambiado- murmuró la pelirroja con tristeza, viendo como se alejaba-. Pero sigues siendo el mismo soberbio, Draco, el mismo soberbio.
Esa noche, en el Gran Comedor, Ginny hablaba con su hermano. Hermione no es encontraba allí, evitaba a Ron desde que Ginny había dicho en voz alta que ella estaba enamorada de él.
-Así que tienes que cumplir un castigo por culpa de dos Slytherin- concluyó Ron, luego de escuchar bien lo que su hermana tenía para decirle-. Te dije que no era buena compañía esa Tyll, Ginny. ¿O no te lo dije?
-Ella no tiene nada que ver, Ron, no has entendido. El responsable de todo es Malfoy, él la provocó. Pero- agregó la pelirroja al ver el rostro de su hermano, que se teñía de rojo-, tú no vayas a hacer nada, ¿eh?
-¿Por qué? No defiendas a ese imbécil, Ginny, es un inmundo, cobarde e insulso Slytherin que no tiene nada dentro de la cabeza.
La chica no respondió. Suspiró, clavó el tenedor en la zanahoria y se lo llevó a la boca, pensando en qué era lo que tenía que hacer para olvidar... y para ya jamás recordar.
Al día siguiente, Tyll y Ginny no compartían ninguna clase, por lo que no se vieron en todo el día, salvo la hora de la comida. La primera estaba agradecida con su amiga, ya que se había hecho responsable del suceso acontecido ayer para que no sufriera las consecuencias. De no haber sido así, la Slytherin hubiera vuelto con seguridad a su vigilada cama en la enfermería, cosa que ya no hubiera sido tan fácil de remediar.
A eso de las siete de la tarde las dos chicas se hallaban en la biblioteca estudiando, para variar. Ginny se encontraba nerviosa, no se podía concentrar y continuamente suspiraba. Varias veces arrugó sus pergaminos con frustración: su pluma volvía a rasgar la superficie continuamente, pero nada de lo que hacía la conformaba.
Finalmente, Tyll se cansó de los bufidos que se hacían casi uno solo de lo persistentes que eran.
-¿Qué demonios te sucede, amiga? ¿Tan preocupada estás por lo que tendrán que hacer esta noche?
-Sabes muy bien que no es eso lo que me molesta, no significaría nada para mí limpiar una mesa más o una menos... si tuviese que hacerlo sola. Pero ahora, hay una parte de mí que desea que el trabajo nos lleve horas, mientras que hay otra que pide a gritos no ir. ¡No sé que hacer, Tyll, realmente no lo sé!
-Dime una cosa... ¿quieres a Draco? Sólo respóndete eso... y entonces sabrás qué hacer.
-Gracias por tu consejo, Tyll, pero ahora no veo esa respuesta. Creo que ya es hora de irme, nos vemos luego.
Y salió de la estancia tratando de aparentar tranquilidad.
-Llegas dos minutos tarde- le reprendió la profesora al verla entrar. Draco ya estaba allí y la miró con superioridad-. Estudiantes, acompáñenme al segundo piso. Tendrán que dejar el cuarto de limpieza reluciente...Espero que trabajen a conciencia.
Caminaron rápidamente por los corredores. Al llegar al cuarto del segundo piso, Ginny se dio cuenta que nunca lo había visto, y a juzgar por la expresión de Draco, hubiera jurado que él tampoco. La puerta estaba tan sucia que no se podía adivinar dónde era exactamente que ésta empezaba y dónde terminaba la pared.
La profesora Mc Gonagall sacó de su bolsillo un llavero muy extraño, con una gran cantidad de cosas enganchadas que, supuestamente, eran llaves, aunque no tenían la menor característica que lo indicara. Después de unos cuántos forcejeos logró desenganchar la correcta y se la dio a Ginny.
-Intenten terminar antes de salga el sol- dijo sonriendo a medias, les guiñó un ojo y se marchó.
Ambos se quedaron a solas en la mitad del pasillo, que a esa hora estaba desierto, ya que la mayoría de los chicos del colegio estaban cenando o en sus respectivas Salas Comunes. Se miraron por un segundo, pero en seguida Draco habló con brusquedad.
-Vamos, niña, abre la dichosa puerta y comencemos de una buena vez. La vieja nos sacó las varitas, por lo que nos va a llevar horas terminar con todo.
Abrieron la mugrienta puerta de madera. Ésta crujió y chirrió sobre sus goznes, pero finalmente estuvo totalmente desplazada contra la pared.
Las antorchas se prendieron instantáneamente cuando penetraron en la fría estancia. Ésta era un verdadero desastre. Había escobas, trapos y baldes tirados por todos lados. También grandes telarañas en los rincones, montones de mugre por encima y por debajo de las estanterías y demás muebles y una infinidad de botellas medias vacías.
-Esto va a ser complicado- observó Ginny, cerrando la puerta tras sí.
Draco no le respondió, sino que se acercó a una estantería y comenzó a sacar los frascos que había en ella, a quitarles el polvo y volverlos a colocar en su lugar. La chica comenzó entonces a apilar los baldes que había volcados, poniéndolos todos en una esquina.
Las horas pasaron. Si bien el desorden iba disminuyendo, aún faltaba mucho para acabar. Ginny estaba realmente exhausta, se le cerraban los ojos de cansancio. En ese momento estaba fregando el piso, agachada, intentando sacar una mancha que no quería salir. Cada movimiento se le hacía más pesado que el anterior...
Miraba el cielo y sólo veía oscuridad. Alrededor suyo figuras ininteligibles se arremolinaban, molestándola. Intentó incorporarse, pero no pudo. Quiso gritar, pero tampoco lo logró.
Comenzó a transpirar. Suplicaba, pedía que la soltaran con imperceptibles murmullos... no quería ser presa... Ansiaba la libertad.
-¡Déjenme! ¡Suéltenme! Tengo miedo...
-¡Weasley!
-¡No me toques! Quiero ser libre... ¿por qué no me dejas?
-¿Ginny? ¡Ginny! ¡Despierta, chica! Vamos...
Alguien la sacudía, sus manos eran tibias...
-¡Ginny...!
-¡Draco!- reaccionó de pronto. Estaba confundida-. ¿Qué sucedió?
-Creo que te dormiste- le respondió el chico, quien le sostenía la cabeza. Una sombra de preocupación le rondaba el rostro, pero intentaba disimularla.
-Fue espantoso- confesó la chica, sollozando, mientras abrazaba al muchacho, quien fue tomado por sorpresa y no pudo evitarlo-. Verdaderamente aterrador... Todo parecía tan real...
-Ya, Ginny, tranquila, fue sólo una pesadilla. Por un momento creí que te estaba dando un ataque, porque te sacudías en el suelo... fue por eso que me acerqué- le acarició el rostro con delicadeza, como si no fuera conciente de lo que lo que estaba haciendo iba contra sus principios.
-Tengo frío- admitió la pelirroja, quien seguía acostada en el suelo.
-¿Qué sugieres que haga? ¿Me acerco un poco más... para calentarte?- el rubio sonrió, pero inmediatamente perdió el gesto. Sin embargo, pareció pensarlo mejor, y volvió a esbozar una preciosa sonrisa.
-Creo que eso estaría bien...-dijo Ginny, acurrucándose junto al chico. Sentía en su estómago una sensación extraña y que sus mejillas ardían, si bien en realidad estaba congelada-. Aunque aún sigo helada...
-¿Y ahora?- preguntó el Slytherin, haciendo cada vez menor la distancia que había entre sus rostros.
-Ha mejorado- reconoció la muchacha, sonriendo-. Pero todavía tengo frío aquí...- y se señaló los labios.
Se miraron a los ojos por un segundo. La mirada gélida de Draco pareció entibiarse al reflejarse en ella los ojos color miel de Ginny.
“¿Quieres a Draco? Sólo respóndete eso... y entonces sabrás qué hacer”.
Fue entonces cuando sus bocas se acercaron más y más, y finalmente se rozaron, para luego besarse con dulzura por largo rato.
La noche no podía ser más mágica. A lo lejos se sintieron las doce campanadas. Era medianoche... y nada podría haber arruinado ese maravilloso momento.
N/A: Éste podría ser el final... o podría no serlo...¿quién sabe? Sus opiniones van a ayudarme a decidir, no les quepa duda.
Hasta pronto! Dejen reviews, vamos! No importan las críticas que tengan que hacer, siempre es bueno saber lo que opinan los demás!
Hermione.O