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Historia 8755 — capítulo 7
Una semana después todo seguía igual: Tyll encerrada, Ginny adelgazando a pasos agigantados y Ron huyendo de una Hermione que por primera vez no sabía qué decir.
Era martes y todos almorzaban en el Gran Comedor. Ginny estaba sentada sola en la mesa de Gryffindor, un poco más a su izquierda estaban Ron y Harry que no cruzaban ninguna palabra y bastante más lejos podía ver a Hermione sonriéndole forzadamente a Lavender y Parvati.
Las puertas se abrieron de repente. Tyll Chang entró a la estancia con aspecto de haberlo pasado peor que en toda su vida. Tenía grandes ojeras que enmarcaban sus ojos, el cabello todo desordenado y la ropa un poco arrugada.
-¡Tyll!- gritó Harry al verla y corrió hacia ella, dándole un beso cariñoso-. No sabes lo preocupado que estaba...
La chica le sonrió con cansancio y lo abrazó lentamente. No parecieron darse cuenta del espectáculo que estaban ofreciéndole a toda la escuela.
-Chang y Potter- se escuchó una voz que se burlaba-. Esto sí que no me lo esperaba... Bueno, quizá por parte de Chang sí, últimamente estaba muy estúpida... De Potter no necesito decirlo, ¿no es verdad? Siempre fue un imbécil.
-Cállate Malfoy- gruñó Harry, visiblemente enfadado-. Métete en tus asuntos. ¿Por qué no vas con tu asquerosa noviecita?- preguntó, señalando a Pansy con la cabeza.
Ginny levantó la cabeza asustada cuando escuchó a Harry, pero enseguida la bajó al ver de quién hablaba. Malfoy nunca se interesaría en esa sosa de Pansy, estaba segura.
-No hables, Potter- dijo Malfoy, adquiriendo algo de color en su pálido rostro y acercándose con paso arrogante-. Si aprecias tu miserable vida, mejor guarda silencio.
-¿Quién te crees que eres? Grandísimo tonto, tienes el cerebro desconectado... ¡nunca estarás a la altura de Harry!
La cosa se hubiera puesto fea, pero apareció la profesora McGonagall antes de que Malfoy pudiera contestar algo sobre que le sacaba a Harry una cabeza. La subdirectora envió a los dos Slytherin a su mesa y le echó una bronca a Harry por "armar alboroto a la hora de comer".
Al poco rato Tylll se levantó nuevamente y Harry, tropezando con la hosca mirada de la Jefa de Gryffindor, supo que no debía seguirla. Pero Ginny decidió que era su momento y se retiró con paso decidido. No notó que Malfoy salió tras ella.
-¡Tyll!- le llamó la chica.
-¡Ah! ¿Cómo estás, Ginny?
-Igual que siempre. Pero la pregunta es cómo estás tú. He tratado de entrar a la enfermería en varias ocaciones, pero no me han dejado- algo cambió en el rostro de Tyll-. Sólo el primer día olvidé que estabas allí por un problema que tuve- bajó la voz-. Luego te cuento.
-¡Ay, amiga! Pensé que me habías dejado de lado... ¡no sabía que te habían prohibido la entrada! Pero al final todo resultó bien y comprobaron que yo no estaba loca, aunque debo decirte que mis brazos están hechos coladores. Estaba tan harta de esar allí... ¡yo orate! ¡Imagínate!
La pelirroja hizo un gesto de burla, como expresando que no le sorprendería mucho que se hubiera comprobado lo contrario. Luego sonrió-: Me alegro que estés fuera..., no sabes cuanto.
-Lástima que no todos opinemos lo mismo- se oyó que decía una voz fría y arrastrada.
Ginny quedó de piedra al oírla y Tyll puso cara de repulsión.
-¿No te bastó lo del Comedor?- preguntó-. ¿Es que quieres más? Déjame decirte que aquí nadie te ha llamado, ¡asqueroso mortífago!
Malfoy se echó hacia atrás, como si le hubieran empujado con unas manos invisibles. Pareció que lo que había dicho Tyll le causó un gran efecto, porque no podía hablar con claridad. Su rostro, antaño sin color, estaba ahora rojo de ira.
-No-no saques conclusiones a-apresuradas- siseó, impregnando cada palabra de una fría cólera-. No me gustra...- se aclaró la garganta-, gustaría tener que pegarle a una mujer...
-Se-seguro se-señor- le imitó Tyll, riéndose-. Te-tendré cuidado.
-Solo venía a avisarte que para mí ya no eres más que una sucia Gryffindor- siguió Draco, sin prestarle atención-. Y ahora que te juntas con Weasley, peor todavía.
-Ya verás, ¡maldito bocazas!- gritó Tyll y le lanzó un maleficio. Draco le correspondió a la vez que su cabelloscomenzaba a crecerle a una velocidad vertiginosa, pero le dio a Ginny, a quien le empezaron a crecer las uñas hasta convertírseles en garras afiladas.
-Auxilio- gemía la pelirroja, mientras intentaba no quebrarse las enormes garras-. Soy un mounstro...
-No es para tanto- dijo Draco, quitándose un mechón de largo cabello platinado que caía sobre sus ojos.
En ese momento se escucharon unos pasos. Ginny obligó a Tyll a esconderse tras una armadura en el mismo momento que la profesora McGonagall llegaba al lugar.
-¿Qué ha pasado aquí?- preguntó, frunciendo el entrecejo-. Malfoy, ¿qué se ha hecho en el pelo? ¡Y usted, Weasley, mire sus manos! Por Dios, ustedes no tienen remedio... Cincuenta puntos menos para cada casa- pareció que Malfoy iba a protestar pero lo pensó mejor-, y habrá castigo. Acompánenme a la enfermería. No puedo creer que sigan haciendo estos tontos duelos en los pasillos... pensé que ya habían madurado.
Diez minutos más tarde Draco y Ginny estabn sentado en el despacho de la profesora de Transformaciones. Ésta los miraba con furia.
-¡Harta, totalmente harta!- decía, meneando la cabeza-. ¡Todos los días algo diferente! ¿Saben cuál será su castigo?- los miró con los ojos brillantes y ambos negaron con la cabeza-. Tendrán que ordenar el cuarto del segundo piso, es donde Filch guarda todas sus cosas de limpieza... Ese lugar es un completo desastre. ¡A ver si trabajando se les aclaran las ideas!
-¿Y quién hará la primera parte?- se atrevió a preguntar Malfoy, eliminando el tono peyorativo que siempre utilizaba.
-Nada de partes. Lo harán mañana por la noche... los dos juntos.