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Historia 8755 — capítulo 6

-Pe-pero yo estoy muy cuerda- tartamudeó Tyll, mientras la enfermera y su profesor de Literatura la sacaban del despacho casi a rastras.

-No sabe lo que dice- negó Madam Pince, quien iba a un lado de Poppy.

Llegaron y rápidamente la acostaron en una cama.

Los otros dos adultos se retiraron, no sin antes desearle una pronto recuperación y recomendarle que tomara los remedios, por muy asquerosos que fueran.

Pronto se encontró tendida en la cama, totalmente vestida de blanco, y con un conjuro para no poder salir de allí, porque ya había intentado escaparse tres veces.

Mientras tanto, en la clase de Qudditch, Ginny intentaba prestarle atención a la profesora Hooch, quien explicaba una delicada posición para tomar la escoba y así alcanzar mayor velocidad.

-Verán, tienen que poner las manos aquí, en el extremo- decía, mientras se los iba mostrando-. Luego, las corren más hacia el centro y....

Sin embargo, la pequeña Weasley no escuchaba.

Sólo podía pensar en Draco, en lo que le había dicho a Hermione, en Draco, en el lío en el que se hallaría metida Tyll, en Draco... Sacudió la cabeza.

No podía estar en ese estado, tenía que concentrarse en la clase y olvidarse de él.

-A quien más le sirve esta táctica es al buscador- acabó de decir la profesora, y Ginny volvió a sumergirse en sus pensamientos.

¡Su Draco era buscador! Suspiró profundamente.

En ese momento sonó el timbre y sus compañeros salieron corriendo hacia el castillo. Ella no.

Verdaderamente no le importaba llegar tarde. No le importaba nada que no fuera su Draco...

Con paso lento volvió al colegio y se dirigió a su próxima clase: Pociones.

Cuando llegó al aula, todos los Slytherin estaban allí, todos menos Tyll.

-¿Qué pasa, Weasley?- le gritó un chico de cabellos negros como el carbón-. ¿Perdiste a tu amiguita?

-¿La vendida y sangre sucia Gryffindor se te perdió?- se rió otra chica, poniendo cara de lástima, pero fingida.

-Cállense- dijo Ginny, bastante molesta de que insultaran a Tyll cuando ella no estaba para defenderse.

-¿Pero qué pasa?- le preguntó otra chica rubia y pálida, burlona-. ¿No sabes que no tienes que juntarte con gente que no está del todo bien?

-¿Qué quieres decir?- gruñó.

-Que no me extrañaría nada que la sacaran del colegio con una camisa de fuerza. Siempre opiné que la violencia es la mejor forma de tratar a esa gente.

-¿Qué gente?- volvió a preguntar Ginny, casi gritando.

-La que está chalada, por supuesto. Chang está loca, Weasley, la tienen encerrada en la enfermería por hablar con las paredes- ante este comentario toda la clase rió, incluso el profesor Snape que acababa de llegar.

Detrás de entraron todos los Gryffindor, que por sus caras no tenían ni idea de qué era lo gracioso.

Ginny abrió los ojos, asombrada. ¿Tyll demente? Pero si la última vez que la había visto se encontraba perfectamente. A no ser...

-Disculpe, profesor, pero debo retirarme- dio la chica y sin darle tiempo a Snape para reaccionar, salió corriendo velozmente del salón.

-¿Qué? ¡Weasley, venga para acá! ¡Cincuenta puntos menos para Gryffindor!- alcanzó a escuchar que gritaba el profesor de pociones, tan molesto que parecía que en cualquier momento le saldría humo por los oídos.

La chica no hizo caso. En unos minutos estuvo en la enfermería y cual fue su sopresa al encontrar a Draco parado en la puerta.

-¿Qué haces aquí, Weasley?- preguntó el chico, fastidiado-. ¿No tienes clase?

-Déjame pasar, Malfoy- suplicó Ginny, quien sentía que se moría por tener que hablar con Draco.

-No puedo. El profesor Snape decidió que algún alumno de su confianza tendría que vigilar la enfermería- sonrió maliciosamente-. Ya sabes... no se sabe como puede reaccionar Chang.

-¡No me importa lo que el pelo-grasiento ese te dijo!- gritó Ginny, exasperada-. Déjame pasar o...

-¿O qué?- la retó Malfoy, burlonamente.

No supo por qué lo hizo, pero de un momento a otro se vio dandole a Malfoy una bofetada tal que éste se tambaleó.

Los cinco dedos de la chica quedaron marcados en su mejilla izquierda, pero a él no pareció importarle.

De repente se abalanzó sobre Ginny y ésta se apartó hacia atrás asustada, pensando que iba a golpearla.

Sin embargo, Draco le agarró la barbilla y la miró fijamente a los ojos por una fracción de segundo.

Luego, le dio un beso largo, aunque quizás un poco brutal.

Cuando la soltó, a la chica se le había cortado la respiración.

El muchacho la miraba con expresión socarrona, como si acabara de tomarle el pelo.

-Y la próxima vez cuida tus pasos, Weasley. Ya sabes que nadie reta a Draco Malfoy.

Se fue, dejándola de pie sola en el oscuro corredor.

El corazón parecía que iba a salírsele del pecho y sentía muchas cosas en su interior: amor mezclado con odio, orgullo con debilidad, alegría con venganza.

No supo cuanto tiempo estuvo allí, pero no podía acabar de asimilar lo que había vivido.

¡Él la había besado!

Se maldijo a sí misma al darse cuenta que no le importaba realmente que Draco hubiera hecho todo nada más que para demostrar suficiencia y superioridad.

Finalmente decidió que sería mejor volver a su Sala Común.

No se sentía muy bien, le parecía que sus piernas no la soportarían ni un segundo más y no deseaba volver a clases para aguantar las reprimendas de Snape.

Tambaleándose un poco todavía, se dirigió a la torre de Gryffindor.

Se había olvidado completamente de Tyll Chang.