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Historia 8755 — capítulo 5
Después del desastroso incidente en la biblioteca, las chicas se dirigieron hacia sus respectivas salas comunes.
Ginny, totalmente horrorizada por lo sucedido, casi lloraba de angustia; Tyll, por su parte, no sabía cuál problema era el más grave: si el intento fallido o las repercusiones que le traerían sus repentinos arranques artísticos.
El día pasó muy lento para ambas chicas.
A eso de las seis de la tarde llegaron el resto de los alumnos de Hogsmeade y el colegio volvió a llenarse de bullicio, permitiendo así pasar a las muchachas de forma más desapercibida.
El lunes llegó al fin y las chicas se levantaron a la fuerza de sus camas.
Ninguna de las dos tenía motivos para querer ir a clases, y Ginny estaba segura que se moriría si se cruzaba con Draco en algún pasillo.
Estaba desesperada.
Llegaron al comedor a la misma hora de siempre y esta vez se sentaron en un extremo de la mesa de Gryffindor.
-¿Y ahora qué voy a hacer?- le preguntó Ginny a Tyll, angustiada-. Draco me trata peor que a un elfo doméstico...
-No lo sé, Ginny, creo que estamos en un callejón sin salida.
Quizá podríamos intentar algo como...
-Señorita Chang, acompáñeme por favor- el profesor Snape, Jefe de Slytherin, estaba allí con una sonrisa malvada.
Detrás de él, como pudo comprobar Tyll horrorizaba, estaban el profesor Chouss, Madam Pince y señora Pomfrey.
-Suerte- le susurró Ginny, mordiéndose el labio.
-No te...- fue a decir su amiga, cuando un ademán asesino del profesor de Pociones la obligó a apurar el paso y desaparecer de la vista.
La pelirroja continuó sentada, jugando con la comida en el plato.
No notó que Hermione se había sentado a su lado.
-Hola- susurró la chica de sexto, mirándola con aprensión-. ¿Cómo estás?
-Bi-bien- respondió Ginny sin mirarla.
-No, Ginny, no me mientas: tú no te encuentras bien.
Apenas si comes, no hablas con nadie que no sea esa Slytherin y casi no duermes.
No te estuve espiando, me lo comentaron tus compañeras de cuarto. Creo que si algo te aflige lo mejor sería que me lo contaras.
Yo te puedo ayudar.
-No me pasa nada, en serio...
-Ginny...
-¡Basta, deja de molestarme!- gritó la pelirroja, sumamante molesta-. ¡Tú no entiendes! ¡No entenderías! ¡Estás enamorada del tonto de mi hermano! ¿Cómo lo vas a entender?
Hermione bajó la cabeza, roja como un tomate.
Varios en la mesa las miraban asombrados, mientras que otros cuchicheaban.
Ron se levantó de un salto y salió del Gran Comedor.
-¡Espera Ron!- le llamó Harry, corriendo tras él.
Hermione sollozaba con los brazos cruzados sobre la mesa.
Ginny la miró con los ojos muy abiertos e intentó articular palabra.
Pero no pudo, así que ella también se retiró corriendo, pechándose con varios chicos antes de salir.
-¡Más cuidado, Weasley!- le gritó Malfoy, cuando la chica casi lo atropella.
Ella, sin embargo, hizo como si no escuchara y se perdió de vista.
-Pase por aquí- dijo Snape y Tyll entró al despaco con paso raudo. Estaba asustada: el profesor siempre solía favorecerla en las clases, nunca le había hablado así.
-Señorita Chang- comenzó la blibliotecaria, con un dejo resentido en la voz-. He estado hablando con su profesor de Literatura - el profesor Couss se movio intranquilo- y esa espantosa pieza que me recitó el otro día no existe.
Me gustaría saber entonces por qué hablaba sola y en voz alta.
La chica no supo qué responder así que no articuló palabra.
Apretó los puños con fuerza, esperando su castigo...
-Tienes que entender, Tylll- dijo la señora Pomfrey, con voz cautelosa-. Nosotros no te estamos obligando a hacer nada que no quieras, pero necesitamos saber qué es lo que te pasa.
-Porque ya es bastante que te juntes con los Gryffindor para que además con amigos invisibles- comentó Snape con asco, burlándose.
-¡Severus!- le recriminó la enfermera-.
Niña, necesito que me cuentes que te inquieta... ¿te sientes bien?
-Sí- dijo Tyll rotundamente.
-¿Has dormido con normalidad? ¿Has tenido pesadillas? ¿Ilusiones, quizá?
-¿Pero qué les sucede a todos? Estoy muy bien de salud. ¿Acaso no van a castigarme? Háganlo ya, entonces, así puedo ir a clases, que llego tarde.
-Pobre criatura... Debe estar muy mal como para pedir que la castiguemos y además decir que tiene ganas de ir al aula...- la señora Pomfrey la miró con campasión-. Vamos, debemos llevarte a la enfermería. Pronto estarás bien, ya verás...
-No te preocupes, Tylll, no estoy enojado- agregó el señor Chouss y la bibliotecaria asintió, apoyándolo.
Snape dio media vuelta enojado y se retiró de allí sin agregar nada.
Decididamente, esa chica estaba totalmente loca.