En el cruce de caminos — capítulo 1
Un recuerdo, una emoción, una esperanza. El pasado, el presente y el futuro te tienen preso en su tela de araña. Y tú quieres huir. Me río, me río de tu inocencia. Escucha bien mis palabras, joven, porque mis palabras son ciertas. No hay nada que pueda librarte del cruce de caminos, nada de este mundo u otro cualquiera que te pueda hacer sentir más ligero. Pero si como cualquier otro tu miedo al vacío te hace necesitar una razón de existir, yo ofreceré un falso sentido a tu existencia.
Todos los secretos del destino están escritos en la palma de tu mano. Ábrela, déjame ver lo que escondes. Aquí veo un recuerdo, una emoción y una esperanza. Nada del otro mundo, joven. Pasado, presente y futuro. Estás en el cruce, como todos. Pero, ¿qué veo aquí? ¡Ah, una búsqueda! Ya veo...una conquista, quizás. Pero tú no anhelas poder, no. Tú buscas a alguien que te salve del cruce. ¡Me río, me río de tu inocencia! ¡Me río también de tu arrogancia, joven! ¿O acaso piensas que eres el primero en empezar esta búsqueda? ¿Acaso crees que ningún hombre mejor que tú ha luchado por encontrarla, sin éxito en su misión?
Bien, pareces decidido. Nada puedo hacer frente a eso. Si esperas un halo de esperanza, yo no te lo puedo dar. Recuerda, estás en el cruce, tú decides adónde vas. Pero quizás pueda darte algo que se asemeja a la esperanza. Verás, tus líneas son difusas, el futuro es incierto y brumoso. Sólo tú sabes adónde ir, y sólo una fuerza superior sabe lo que te espera.
La pitonisa cierra su monólogo enrabietado con una última afirmación, mientras cruzo la puerta, abandonando el aire impregnado de perfumes varios que se entremezclaban creando un ambiente pesado en la habitación. La dice susurrando con su voz de pajarraco. La dice y se apaga su última vela. La pitonisa queda a oscuras mientras habla.
"El círculo sigue abierto"