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Historia 88046 — capítulo 3

Me moví incomoda entre las sabanas, cuando Sol entro por la puerta.

-¿Dónde estamos?

-En un pueblito pequeñito y acogedor que pasamos por el camino, antes de que se dieran cuenta, te agarre y volé lejos de ellos y llegue aquí...

-¿Dónde es aquí?- si, estaba muy desorientada.

-El único hotel que había...

-Esto parece el cuarto de una chica de kinder- dije mientras me incorporaba.

-Como la señora no tenia más cuartos nos dio esto por unas horas, aunque ya deberíamos irnos Luna. Hemos estado impregnando nuestro olor en este lugar lleno de humanos- susurra.

-Déjame que me duche y vamos- conteste.

El baño parecía de juguete, pero sin embargo logre ducharme perfectamente.

Antes de salir del hotel, la mujer nos dio unas gabardinas grises y sonrío.

Tarde nos dimos cuenta que no era por pasar frío... era porque afuera se rajaba lloviendo.

Mi pelo estaba pegado en todo mi cuerpo, ya que llegaba hasta la mitad de mi espalda.

El corto cabello de Sol se pegaba a su rostro pálido.

El agua no le hacía nada bien, por sus orígenes.

Entramos en un café.

-¿El baño por favor?- pregunto ella a la camarera.

Y a pesar de que había un cartel que decía "el baño es solo para le uso de los clientes", nos dejaron pasar.

Me asegure que no había nadie dentro, antes de que ella pasase.

Como no había nadie, entramos.

Aun no me podía acostumbrar a no ver el reflejo de Sol en los espejos.

Era muy raro.

Yo por mi parte me veía como distorsionada, como esos borrones que haces con tu lápiz sin darte cuenta.

Un borrón y ropa moviéndose sola fue lo que recibimos através del espejo.

Nos arreglamos un poco y salimos.

El lugar estaba cerrado, oscuro... parecía que un huracán hubiera pasado por ahí.

-Mierda- farfulle tomando a Sol de la mano y escondiéndola detrás de la barra- quédate aquí.

Sol me miro suplicante, pero yo negué con los dedos y salte sobre la barra.

Agazapada espere el primer movimiento de aquella criatura prometedora, dicho así por el desorden que había hecho.

Pero la puerta se abrió.

-¡Con que ahí estabas! Tú hermana fue muy rápida y no la vimos desaparecer...- salte sobre aquel chico, Gabriel, y le tape la boca.

Sus hermanos me miraron.

-Cállate- ordene, lo agarre de los brazos y los lleve junto a Sol.

Samuel la miro de una forma rara... que me dieron ganas de patearle el trasero.

Sin embargo, un par de ojos azules se clavaron en mí.

No quise ver quien era.

-Debemos salir de aquí- susurro Sol.

En ese instante algo en el fondo del lugar se movió, empujando mesa y todos a su paso.

Estaba cerca, estaba aquí buscando a Sol. Por eso había reaccionado así cuando ella hablo.

Mi hermanita, que ya nada tenia de chica, me agarro de la mano.

Estaba... diferente, si, esa era la palabra.

A pesar de la oscuridad pude presenciar su aura oscura, sus colmillos sobresaliendo de los labios, su piel más pálida aun y un mortal destello rojo en sus ojos derecho.

Entendí todo, ella iría por el monstruo... sin mí.

-No- negué agarrandola fuertemente- hace tiempo que no lo controlas Sol, no podrás superarlo...

-Debo hacerlo, no solo tú tienes el derecho de cuidar a tu hermana- ante mis ojos, la fina figura de mi hermana desapareció.

Bufe, estaba furiosa.

Mire a los cuatro chicos que estaban desorientados.

-Ella podrá sola... pero no la vean... pónganse contra la barra y esperen.

Yo misma obedecí mis órdenes y suspire.

Sentía ruidos metálicos y gruñidos.

Cerré los ojos y entre en trance sin proponermelo.