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Historia 88390 — capítulo 3
Los dias en Hogsmeade trascurrian lentamente, sin ninguna anormalidad. Draco pasaba los dias haciendo cuenta de los dias que habian pasado, asistiendo al reverendo slughorn, confesando algunos pecadores arrepentidos, oficiando de vez en cuando la eucaristia, asistiendo a los desvalidos y enfermos. Poco se comunicaba con su familia de londres, en especial con su padre Lucius, con el quien habia cortado todo tipo de relacion. Aun asi, se carteaba una vez al mes con su madre Narcissa, como buen hijo que era, enviandole afectuosos saludos.
Aun asi, sus pensamientos distaban de ser poco tranquilos.Cada vez que veia a Hermione Granger en la misa de 6:00pm, sus pensamientos se enfocaban solo en ella. Su sensual mirada, sus ensortijaods y enmarañados cabellos, su mirada inocente y benevola perturbaban sus pensamientos. De nada valian aquellos azotes, que la habian generado sendas laceraciones y cicatrices en su espalda, y marcas que jamas se borrarian de su blanquecina y palida piel. Draco se sentia cada vez mas inflamado de deseo, de placer, de lujuria, hacia aquella chica de cabellos castaños y ojos color avellana. Cada vez que la veia, sucios pensamientos y fantasias le llegaban a la mente, pensamiento que no se borrarian ni con el mas fuerte de los azotes, ni con la mas barbarica de las disciplinas.
Ese dia, no sera tan comun como los otros.
Era un jueves por la tarde, y la rutina de draco de los jueves era confesar a los feligreses en el confesionario de la iglesia de san jorge. Los pecados de aquella comunidad no eran cosa de otro mundo: infidelidades, robos de pequeña valia, pensamientos impuros, pero nada tan grave como un homicidio o algo por el estilo. Ya estaba cerca a terminar cuando una voz que inmediatamente reconocio lo obligo a permanecer en el confesionario por unos minutos mas.
-Acuseme padre, porque he pecado.
Draco sintio un punzon frio en todo su ser. La que estaba en el confesionario esos instantes era Hermione Granger.
-Dime tus pecados, hija-le respondio el sacerdote de cabellera platinada.
-padre, he tenido malos pensamientos con alguien.
-todos tenemos malos pensamientos, hija.
-pero, padre, la persona en la que pienso no es mi prometido Ronald, sino que es otra persona.
-entonces es otro hombre?
-Si , y es un hombre que esta vedado para mi, porque esta comprometido coan alguien mas.
La sangre de Draco hervia de rabia, no sabia quien era es otrro.
-me puedes decir quien es..
-lo unico que le puedo decir, padre es que ese hombre en el que pienso, esta comprometido con Dios.
Un escalofrio recorrio todo su cuerpo, era de el de quien se hablaba, o era acaso el diacono Nott, de la parroquia mas cercana, la cual era San andres de Godric Hollow o acaso el reverendo Zabinni de Nuestra señora de Durness. Podria ser un sacerdote cualquiera, pero debia de salir de dudas.
-Dime un nombre, hija.
-No puedo, padre.
-Sabes bien que no puedo violar el secreto de confesion-rogo Draco-asi que dime un nombre, nadie lo sabra.
-Reverendo, no puedo, de verdad no puedo.
Dejo de insistir. Acto seguido dicto la penitencia y la absolvio:
-2 rosarios, 1 por la mañana y 1 por la noche, haras una ofrenda de caridad regalando viveres a las obras de caridad de la parroquia, no dinero, y deberan de ser bastantes.
-como usted diga reverendo.
-Ego te absolvum in nomine patri, et fili, et spiritu sancti
-amen.
-podeis ir en paz.
Despues de aquella confesion, Draco se sentiria mas intraquilo