← Historia 88390 · de
Historia 88390 — capítulo 2
Despues de un agotador viaje en tren, lo unico que queria Draco era descansar. Habia conseguido llegar a Hogsmeade, el cual seria su hogar por al menos bastante tiempo, pero su aspiracion era mayor. No queria terminar como Slughorn, como un simple parroco de un pueblo aislado de las tierras altas de escocia, sin nada mas que hacer que sentarse a leer interminables libros de oraciones y solo oficiar cuando sea necesario. No, lo suyo era el esplendor, la pompa, la ceremoniosidad ritualista de las liturgias catedralicias, y quiza los mayores privilegios que pudiese tener como canonigo de una catedral, vicario o rector de una colegiata o al menos una parroquia realmente decente. Aun asi, esos pensamientos se esfumaron en un abrir y cerrar de ojos, siendo reemplazados por aquella misteriosa castaña de ojos color miel que lo habia atendido esa tarde. Draco no podia evitar pensar en esa chica, habia quedad prendado de su presencia, de su fino olor a lavanda, de aquellos rizados cabellos castaños, de aquella profunda mirada color avellana. Si, el era un hombre que habia decidido tomar el camino de dios, per en fin de cuentas era un hombre, y esas pasiones eran inevitables.Y Draco pensaba que eso simplemente era solo la pasion del momento, la fogosidad momentanea que viene y luego se va, pero bastante equivocado estaba. Sus pensamientos esa noche solo giraron alrededor de aquella tarde, en la que el reverendo Slughorn le habia presentado a Madame Granger, la posadera del pueblo que a su vez atendia los deberes de la casa parroquial, (Filch no se daba abasto), y a su bella hija Hermione, la cual era en cierto modo timida, pero se notaba en sus ojos aquella fogosidad que sentia a su vez nuestro querido sacerdote de cabellos platinados.
Aquellos perniciosos pensamientos no lo dejaban dormir, sintiendose como san antonio de padua al ser tentado por el diablo, en forma de su antiguo amor... La tentacion de la carne era patente, su excitacion era bastante patente. Sudoroso y desnudo como estaba, salio del cuarto con un latigo y algo de agua fria en una palangana de metal, se dirigio hacia el patio trasero de la casa parroquial, y despues de arrodillarse, musita una pequeña oracion:
-Señor, librame de esta pasion prohibida...
Acto seguido descarga sobre su escultural cuerpo, la siniestra fusta descargandola con una fuerza incontrolada sobre su espalda. Solo la luz de la luna, era testigo de tan barbarico castigo que se autoinfringia el muchacho, el cual de forma silenciosa se azotaba su espalda con las disciplinas eclesiasticas que una y otra vez habian usado sus superiores contra el. La blanca y lucida piel pronto adquirio una tonalidad amoratada, dejando entrever pequeños cortes que se habian originado con el latigo. A pesar de la fuerza con la que se infringia los azotes, Draco lo hacia en silencio, causando en el el efecto contrario. Cada vez que el azote tocaba con violencia su piel, la veia mas cerca, la sentia mas cercana, la pasion se acrecentaba.¿Era acaso destino de dios, o del diablo que el la conociera..?, eso no lo sabria en ese momento.
Detiene los azotes. Luego, con un golpe seco tira el latigo al piso, toma algo de agua de la palangana y se limpia las heridas, para acto seguido regresar algo lesionado a su cuarto. En fin de cuentas, nadie sabria de aquella pasion secreta que comenzo a sentir por aquella castaña, y era lo mejor para el. Si seguia asi, su obsesion lo haria perder la razon.
Al dia siguiente, Draco se levanto algo adolorido por la barbarica flagelacion del dia anterior. Se puso una bata verde esmeralda obsequio de su madre, y unas babuchas de pana verde, dirigiendose al baño de la casa. Se aseo, se curo las heridas y se puso una venda alrededor de los azotes para disimular las lesiones de la flagelacion. Se puso una sotana negra con muzetta (capa de hombros), y una hermosa cruz pectoral en madera. Acto seguido, bajo a desayunar.
-buenos dias, draco-Le saludo el reverendo slughorn.
-Buenos dias, reverendo.-responde Draco al saludo.
Los dos clerigos comienzan a sostener una pequeña charla mientras Madame Granger, quien habia llegado antes preparaba el desayuno en la cocina de la casa.
-Como pasaste la noche, draco?
-Bien reverendo, sin ningun problema-mintio.
-mmm, bueno.-acto seguido agrego- Se que no eres de los que les gusta quedarse estancados en un pueblo como estos, lo poco que he visto de ti es que deseas aspirar a mucho mas.
-reverendo, usted sabe que uno cuando sirve a dios debe acatar sus dispocisiones.
-si, es considerable, pero a veces uno tiene que decidir por si mismo sobre su futuro, ahi dios no puede intervenir, esa es nuesta eleccion.
-Reverendo, que esta queriendo insinuar...
-Muchacho, se que tu no te has llevado bien con el obispo Snape, por eso te mando aqui conmigo.
-por que lo dice, reverendo...
-por la sencilla razon de que Snape es un ambicioso sin moral ni escrupulos. El mientras era rector del seminario de kensington movio los hilos para que yo me quedase aca en Hogsmeade por el resto de mis dias como parroco.
-entonces usted...
-si vas a decir que estuve a punto de ser obispo, es verdad. Snape es astuto, por lo que convencio a Fudge de que era mejor por "el bien de la iglesia" mantenerme lo mas alejado posible de aqui, asi que me enviaron a la parroquia mas al norte del reino unido y heme aqui en Hogsmeade.-Luego agrego-No quiero que termines como yo.
-Y como me desea colaborar, reverendo...-insinuo el joven clerigo de cabellos platinados.
-has pensado en ser misionero, draco?
-Realmente, no me interesa. No tengo la vocacion de misionero o martir.
-muchacho, el ser misionero te abre muchas puertas, en especial en la curia, pues acaso no deseas ocupar un puesto en San pedro de Westminster.
-como lo sabe.-le pregunto el sacerdote de ojos grises al clerigo de rostro sanguineo y mirada bonachona.
-el padre zabinni me conto muchas cosas de ti, draco.-le respondio.
maldito Blaise, -murmuro Draco para si-algun dia me las pagaras.
Acto seguido, Horace agrega:
-Hoy oficias tu primer misa en mi parroquia, preparate.
-Asi lo hare, reverendo.
Despues de desayunar, se dirige hacia la iglesia, ingresando a la sacristia de la parroquia, en donde se guardaban la mayoria de los ornamentos liturgicos, y vestiduras. Aun asi, Draco siempre portaba sus propios ornamentos. Se puso solo un Alba (tunica blanca larga que usa los sacerdotes catolicos) de las que habian en la sacristia, la cual le quedaba un poco grande, y sobre la misma una casulla (especie de poncho que usa el sacerdote catolico para oficiar) verde con primorosos bordados en hilos de oro y plata, que su madre Narcissa le habia obsequiado el dia de su ordenacion.Acto seguido se pone una estola (banda larga que el sacerdote catolico lleva sobre los hombros, el sacerdote anglicano la lleva cruzada) de color verde esmeralda, con bordados de plata, que hacian conjunto con la casulla. Despues de haberse puesto los ornamentos con toda la parsimonia del caso, sale de la sacristia de la parroquia junto con tres pequeños acolitos que portaban las velas y la cruz procesional, mientras que el sacristan Filch repicaba las campanas de la iglesia.
La eucaristia comzo con la mas solemne de las antifonias. Draco sabia prefectamente que hacer, no era ningun mentecato sacerdote primerizo que oficiaba por primera vez una divina liturgia, y estaba familiarizado con el rito. Sin embargo, ella alli estaba. Hermione Granger habia asistido a la misa, y estaba entre las primeras bancas, al lado de su madre y de su prometido, un chico pelirrojo de ojos azules, el cual no se despegaba ni un segundo de la castaña. Draco hacia un esfuerzo sobrehumano para seguir con el oficio pero no podia, su mirada aunque enfocada hacia la sagrada forma, era distraida. Estaba pensando en ella.
Siguio oficiando procurando no perder la compostura. Aun asi, la vision de aquella castaña le encendia aquella pasion prohibida. Era acaso obra del demonio aquella pasion endemoniada que no respetaba ni siquiera el momento mas solemne, como era la consagracion del cuerpo y la sangre de cristo?. Parecia ser verdad.
Repentinamente, aquella eucaristia se convirtio en una tortura. Entre rezo y rezo, entre salmos y antifonas no podia evitar mirar con una pasion descarada a Hermione Granger. Ya para cuando se disponia a repartir la comunion, se cruzaron por segunda vez. Nunca se vio tanta pasion en la mirada del reverendo. Aquel chico de cabellos rubios platinados, fijaba su mirada con intensidad hacia la joven de cabellos castaños. Deseaba con todas sus fuerzas tirar la hostia que tenia en sus manos, abalanzarse sobre ella y besarla con pasion descontrolada, para acto seguido hacerla suya alli mismo. Pero debia de tener mesura y control.
Haciendo de tripas corazon, disimulo su apasionada fogosidad, y con voz seca y cortante, le entrega la comunion.
-Corpus christus-recito Draco.
-Amen-respondio Hermione, mientras recibia la sagrada forma en su paladar.
La vision era perturbadora. Aquella boca, aquellos labios pronunciados, aquella mirada profunda y desafiante, perturbaban los pensamientos del joven clerigo. Hermione lo noto. Con paso frio y cortante, se levanto del reclinatorio y regreso a su lugar, acompañada de su prometido.
-Podeis iros en paz.
-Demos gracias al señor-respondieron todos al unisono.
Despues de unos cuantos himnos, la misa se daba por concluida, por lo que draco se sintio algo mas que tranquilo, cuando aquella chica de cabellos castaños salia junto con su madre y la de por si numerosa familia de su prometido.
Entre tanto, en la sacristia, Draco se sintio mas relajado. Despues de quitarse todos las vestiduras liturgicas, sentia que se habia retirado un enorme yugo de encima. Aun asi, la perturbadora vision de Hermione recibiendo de una forma tentadoramente sensual, le quitaria por bastante tiempo el sueño.