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Verde Slytherin — capítulo 1

**N/A:**El capítulo tiene un salto temporal, pero va fechado, así que no creo que haya ningún problema...

1.

Conoce a tu enemigo, valora a tu amigo.

Inglaterra, 17 de Septiembre de 2027

"Conoce a tu enemigo, valora a tu amigo"

Ahora murmuro la frase entre dientes y me suena un poco estúpida, pero en mis años de Hogwarts siempre la creí a pies puntillas. Ahora las cosas han cambiado, fuera el mundo se ha vuelto un auténtico kaos y yo ya no sé diferenciar entre quien es mi amigo y quien es mi enemigo. ¿Como saber entonces a quién debo valorar?

Hace frío y ha empezado a llover. Nunca me ha gustado el ruido, pero ahora el silencio es aún peor. No puedo parar de preguntarme qué pasará cuando todo acabe. Yo no voy a estar ahí para verlo, porque como decía mi padre más valía una retirada a tiempo que una derrota. Pero sé que él me va a buscar cuando todo acabe. Y yo voy a estar esperándole.

"Es ley de vida" repito la frase que dio comienzo a todo y casi puedo escuchar el murmullo de su voz en mi cabeza aunque él no está aquí "El león es rey de la selva, pero tan estúpido que mientras se distrae rugiendo a los animales más grandes no ve el verdadero peligro de que una serpiente pueda morderle"

Y hay serpientes con un veneno letal.

La Madriguera, 31 de Agosto de 2017.

"¡TEDDY! ¡TEDDY, POR LA DERECHA!"

Ted Lupin salió de su ensimismamiento, hizo una pirueta en el aire que arrancó un *"OH"*a una muy eufórica Victoire y giró hacia la derecha rápidamente, tal y como el histérico de James le había dicho. Avanzó por entre una bludger loca que Fred había lanzado a pura maldad y se tambaleó peligrosamente sobre su escoba cuando Charlie Weasley pasó raudo y veloz por su lado, en busca de la snitch.

Albus observaba el espectáculo desde el suelo y con un vaso de limonada en la mano. Los momentos quidditch de su familia le divertían, pero no lo suficiente como para participar y arriesgarse a morir al caer de su escoba. Albus nunca había participado en el partido de finales de verano, un poco por falta de ganas y otro poco por falta de talento. En teoría era un partido anual y amistoso de adultos contra jóvenes. Padres e hijos, sobrinos vs tíos. En teoría no había ganadores o perdedores. En teoría era sólo para divertirse un rato. En la práctica era una auténtica batalla campal, liderada en esa ocasión por su hermano James y por el tío Ron.

"Oh, genial" murmuró Rose a su lado, atrayendo su atención del partido "¡Mira esto!" alzó El Profeta a la altura de sus ojos y Albus murmuró un taco por lo bajo cuando leyó el titular "Sin palabrotas, Albus" refunfuñó ella.

Hizo oídos sordos al grito de triunfo de Fred cuando su primo Louis marcó un tanto y entrecerró los ojos para leer mejor el titular del periódico.

¿REVUELTA INMINENTE? LOS AURORES CALLAN, GRUPOS DE MAGOS ALZAN LA VOZ.

El título del profeta brillaba en letras grandes y negras, insinuantes, descalificando de una manera sutil al grupo de aurores que su padre lideraba, pensó Albus. Harry Potter salía en la foto junto a varios aurores más, disolviendo al grupo de magos y brujas que dos días antes había hecho una manifestación en el Callejón Diagón. Albus no sabía demasiado del tema, a su padre no le gustaba tratar "temas de adultos" delante de él y sus hermanos. Después de todo Albus sólo tenía once años y todavía ni siquiera había empezado Hogwarts. Pero tampoco era estúpido. Podía entender que había problemas. Y Rose, brillante e inteligente como ella sola, también.

"¿Qué crees que significa eso de revuelta?" preguntó Albus a Rose. Ella frunció los labios con disgusto y cerró el periódico sobre su regazo. Lo escondió de la mirada de la tía Hermione que se obstinaba en que era demasiado pequeña como para leerlo y suspiró pesadamente.

"Nada bueno" contestó, escueta.

"¡SIIIIIIIIIIII, LA SNITCH ES NUESTRA! ¡TE QUIERO TED!"

Albus rodó los ojos cuando escuchó a su hermano gritar por encima del barullo. Miró hacia el frente y vio como Teddy era literalmente aplastado por su primo Louis, seguidos de James y Fred, que se habían bajado de las escobas de un salto.

"Tío George, mejor que vayas pensando en jubilarte. Esas bludgers no han estado muy acertadas hoy" se rió James, dándole una palmadita en el hombro a su tío. Le pasó un brazo por los hombros a Fred, con cierta dificultad ya que su primo había crecido bastante durante ese verano y con voz falsamente solemne proclamó: "He aquí la próxima adquisición del equipo de quidditch de Gryffindor: ¡Fred Weasley!"

Fred hizo una pomposa inclinación cuando se deshizo del abrazo de James y el resto de Weasley's aplaudió animadamente.

Albus se puso en pie tambaleándose a mitad de camino, había pasado tanto tiempo sentado en el jardín que sentía las piernas entumecidas. Ayudó a Rose a levantarse y los dos se encaminaron siguiendo a la tropa familiar hacia la entrada de la Madriguera.

Allí dentro, en el pequeño saloncito, Albus divisó a su padre hablando en susurros con el abuelo Arthur. La expresión de ambos era serena pero seria al mismo tiempo. Sin saber muy bien por qué, Albus sintió que algo no andaba bien. Sin embargo cuando James se abalanzó contra él y le aplastó en un abrazo de oso para luego arrastrarle a una nueva travesura, Albus se olvidó un poco de lo que había leído en el periódico

Ministerio; Departamento de Leyes Mágicas,

1 de Septiembre de 2017.

"Albus estaba tan nervioso…" sonrió Harry, recordando la conversación que había tenido con su hijo antes de que él subiera al tren "Espero que James se porte bien y no le torture demasiado durante el viaje"

Hermione, que estaba tras el gran escritorio de madera oscura ordenando un montón de papeles, levantó la vista por unos segundos y sonrió a Harry, divertida.

"Es complicado separarse de ellos, ¿verdad? Yo voy a echar mucho de menos a Rose" suspiró "Y pensar que en dos años más Hugo entrará y nos quedaremos solos…"

Harry asintió comprendiendo lo que su amiga decía. Un año atrás, cuando James había empezado Hogwarts, la casa había pasado meses mucho más tranquila de lo habitual, sin su hijo mayor ejerciendo de preadolescente alborotador. Lo cual en parte tampoco había estado tan mal. Pero ahora que Albus también se iba y sólo la pequeña Lily se quedaba con Ginny y él, sentía que las dos ausencias convertirían su casa en un sitio mucho más vacío.

"Bueno, Harry" retomó la conversación Hermione, tras unos segundos de silencio. Cogió un par de informes que tenía pulcramente guardados en el cajón y frunció el ceño, releyéndolos por encima "Esto es todo lo que he podido encontrar sobre Frank Daxley. No hay nada extraño en sus informes. Es un par de años menor que nosotros y estudió en Dumstrang aunque es británico. Parece ser que allí se convirtió en un pequeño revolucionar pro-muggle"

Harry alzó una ceja, un poco escéptico.

"Creía que en Dumstrang eran un poco fanáticos de los sangre pura"

Hermione asintió taciturna.

"Hasta hace pocos años solo aceptaban a magos de sangre pura" suspiró apesadumbrada "¿Adivinas quien consiguió que cambiasen esa regla?"

"Daxley" afirmó él y Hermione asintió

Harry frunció el ceño mientras cogía el informe que Hermione le tendía. En la foto Frank Daxley se presentaba como un hombre atractivo aunque de rostro enjuto donde sobresalían unos ojos claros. Sonreía de manera amable, pero aún así a Harry algo en él no le terminaba de encajar. Quizás su aspecto parecía demasiado pulcro, demasiado inocente. Si algo había aprendido Harry era que no podía fiarse de nadie, por muy buena impresión que causase.

"¿Qué crees que pretende conseguir con las manifestaciones"

Hermione apartó un mechón de pelo rebelde que caía sobre su frente y miró con gesto ausente por la ventana. Se mordió el labio inferior, meditabunda.

"Creo que pretende llevar su revolución más allá" contestó finalmente "Creo…Creo que pretende destapar el mundo mágico ante los muggles"

Harry no se sorprendió, después de todo él también había estado pensando en esa posibilidad que hacía meses había empezado a perturbar su tranquilidad.

Expresso de Hogwarts, 1 de Septiembre.

Cuando esa mañana justo antes de subir al tren su madre insistió en que hiciese el primer viaje con James l y gritó a pleno pulmón:¡Que no se meta en líos!, aunque fue James quien asintió y sonrió de forma genuina, Albus supo que la frase iba dirigida exclusivamente a él y no a su hermano. Misión imposible, si le preguntaban su opinión. James era sinónimo de problemas.

"Vaya cuadro estás hecho con la túnica"

Albus se encogió de hombros e hizo una mueca de fastidio a su hermano, pero no quiso añadir nada más. Se remangó un poco las mangas y se dejó caer de nuevo en el asiento, bufando medio disgustado.

"Eh, pequeña serpiente" le volvió a llamar la atención James "¿Una rana de chocolate"

"No me llames así" respondió Albus de manera autómata.

"Sí, Jimmy, no le llames así" se rió Fred "Dilo con propiedad: Pequeña futuraserpiente"

Albus lanzó a su primo su mejor mirada de reproche y cogió la rana de chocolate de malas maneras. Recolocó el baúl bajo sus pies y se acomodó aún más pegado a la ventana mientras desenvolvía la rana. Ésta se removió inquieta sobre sus manos y Albus la agarró con más fuerza. . El cromo de Elfrida Cragg le sonrió de manera agradable, luego agachando la cabeza a modo de despedida rápidamente se marchó. Albus se encogió de hombros y lo guardó en el bolsillo del pantalón.

"Pongámonos en situación" dijo James, sonriendo de forma inquietante. Le dio un codazo Fred que todavía no se había vestido con la túnica y éste cogió sitio a su lado "El Gran Comedor, lleno de cientos de ojos que te miran de arriba abajo, pendientes de todos tus movimientos… Te ponen el sombrero y entonces…"

"¡El sombrero grita: Slytherin!"

"La gente no podrá creerlo"

"Oh, qué tragedia" Fred se llevó una mano al pecho, fingiéndose horrorizado.

"Y la gente empezará a cuchichear. Porque créenos, a la gente le encanta cuchichear" añadió James "¿Qué hace un Potter ahí? ¿Se habrá equivocado el sombrero?"

"Serás la comidilla de todo Hogwarts, sí" terminó por decir Fred, dándole un mordisco a su varita de regaliz.

"Pero mira el lado positivo" James le revolvió el pelo sin perder la sonrisa divertida "A lo mejor así consigues ser casi tan popular como yo y no te sientes eclipsado por mi natural encanto…"

"Tú no tienes de eso" se quejó Albus "Y parad ya o se lo diré a mamá"

Albus se sonrojó un poco al percatarse de lo último que había dicho. No es que él fuese un niño mimado que acudía a las faldas de mamá cada vez que se metían con él pero… Bueno, ¿y si lo era qué? Tenía once años, todavía podía serlo durante un corto periodo de tiempo más. Al menos hasta que llegase a Hogwarts. Se alisó las arrugas inexistentes de la túnica y clavó la mirada en sus manos, sintiéndose repentinamente nervioso. Mientras él se había esforzado por ir tranquilo y callado, haciendo acopio de toda su fuerza de voluntad e intentando autoconvencerse de las palabras de su padre, James y Fred habían conseguido encontrar una parte exageradamente divertida a su sufrimiento.

"Ay, pobre Albus"

"Se va a sentir tan solita entre las serpientes, ¿verdad Freddy? Tranquilo, intentaremos que no te deshereden"

"Por supuesto, Jimmy" sonrió Fred, y eso hizo que el parecido físico con tío George fuese aún mayor "Todo sea por la familia"

Justo entonces, cuando Albus creía que podría empezar por practicar el maleficio mocomurciélago con su hermano y su primo, Rose soltó un suspiro de frustración y cerró el libro que había estado leyendo. Miró a sus dos primos acusadoramente y luego se volvió hacia Albus, suavizando la mirada. Parecía querer decirle: No te preocupes, que son idiotas. Ella siempre había tenido la capacidad de poner orden sin decir una sola palabra.

"No nos mires así, Rosie. Que es solo una broma" se adelantó Fred, intentando evitar un sermón.

"Calla Fred y tú deja a tu hermano en paz" refunfuñó ella "Todo esto es una tontería. ¡Qué más dará Slytherin que Hufflepuff o Gryffindor! Tontos prejuiciosos"

"Pues eso es lo que decimos nosotros, que…"James vaciló al ver como Rose fruncía los labios, tal y como hacía tía Hermione antes de empezar a regañarle. Sin embargo, James era James y la mueca de disgusto de su prima de once años no iba a detenerle en la cruzada de molestar a su hermanito pequeño. Iba a cumplir trece años y era su hermano mayor, molestarle no era pura diversión, era casi un deber. Carraspeó y añadió con voz falsamente solemne "Que nosotros apoyamos que rompa tradiciones, por supuesto"

"Sí, qué más da que acabe en un nido de víboras ansiosas de poder" sonrió Fred "Sólo son Slytherin, no le van a pegar nada excepto el mal gusto"

James asintió, aguantando la risa. Rose rodó los ojos, le dirigió una breve mirada a Albus y luego volvió a abrir su libro, decidiendo que lo mejor sería enfrascarse de nuevo en la lectura.

"Es mejor que los ignores, Albus" le aconsejó, distraída "Ellos ya no tienen remedio"

"Yo no voy a estar en Slytherin, ¿vale?" dijo Albus, para dejar el punto claro de una buena vez "Yo no puedo, no quiero, no voy a estar en Slytherin. No me importa lo que digáis"

A Albus realmente le aterrorizaba la idea de ir a parar a una casa que llevaba por bandera el estigma de ex mortífagos y magos oscuros. Y peor aún: de Lord Voldemort. Había crecido escuchado historias de la guerra, historias sobre su padre, su madre o sus tíos. Sobre mortífagos malos y crueles, sobre desalmados que hacían daño a los muggles sin razón. Y el corazón de toda esa atrocidad había nacido en esa casa, en Slytherin. Aunque los tiempos y las personas hubiesen cambiado a Albus le resultaba inquietante la idea de que pudiese llegar a toparse con personas así. Le resultaba inquietante por mucho que su padre dijese lo contrario e intentara restarle importancia al asunto. Después de todo, Albus era y siempre sería, una persona sumamente tremendista.

James primero le miró muy serio, pero dos segundos después cuando intercambió una mirada con Fred ambos empezaron a echarse a reír a carcajadas, con ese tipo de bromas internas que sólo ellos dos podían entender. Albus siempre había envidiado un poco la manera en la que se complementaban, casi como si fuesen uno, en perfecta sincronía. Mientras Fred, más reflexivo y cauto, pensaba, James, impetuoso e imprudente, actuaba. Y mientras James se ganaba algún que otro castigo, Fred ingeniaba la forma de no cumplirlo. Un dúo perfecto.

"¡Ah, se me olvidaba lo mejor! El verde va a combinar con tus ojos…"

Albus cerró los ojos, abatido. ¡Por Merlín! ¿Cuándo llegarían a Hogwarts?

Hogwarts, vestíbulo.

En el viaje en barca por el lago donde Hagrid había hecho de anfitrión, Albus observó la majestuosidad del castillo con ojos desorbitados. Había escuchado miles de veces las descripciones que sus padres hacían sobre Hogwarts, pero no era lo mismo que verlo con sus propios ojos. Para nada. El castillo se alzaba tan imponente ante ellos, inmenso y ligeramente alumbrado bajo las antorchas exteriores... tan mágico.

Y ahora que estaba a las puertas del Gran Comedor, la pequeña molestia que había sentido en el estómago se había convertido en un enorme monstruo que rugía dentro de sus tripas, haciéndole sentir realmente nervioso. Mucho más de lo que hubiese esperado estar. Le costaba creer que alguna vez James o alguno de sus primos se hubiese sentido así.

A su lado estaba Rose, mirándolo todo con atención, con los ojos azules embriagados de una expresión analítica. Su prima siempre había sido así, lo miraba todo con atención, queriendo quedarse con todos y cada uno de los detalles que Hogwarts le mostraba. Albus, mucho más distraído, no estaba fijándose en nada en particular, en siete años ya tendría tiempo de memorizarlo todo. A su lado izquierdo había un chico aún más bajito que él, con quien había viajado en la barca y se había presentado como Maurice Adams*(pero Adams solo , que Maurice es nombre de viejo, le aclaró)*El chico tenía una sonrisa inmensa y el pelo negro muy rizado. No paraba de dar saltitos de un pie a otro, completamente excitado. Según había dicho en su incesante charla era hijo de muggles y estaba deseando empezar a aprender. Albus se imaginó que debía ser muy excitante la impresión de descubrir que el mundo mágico existía cuando te habías criado entre muggles.

"Esto es genial, ¿eh?" le dijo Adams, llamando su atención "¡Y esa puerta es inmensa!"

"El Gran Comedor es la estancia más amplia de todo Hogwarts" fue Rose quien contestó, casi de manera automática. A Rose le encantaba dar datos a las personas, en parte porque los sabía y en parte porque le gustaba que la gente admirase lo inteligente que era. James siempre se metía con ella diciéndole que era un poco soberbia con todo eso de sé más que tú, pero Albus no pensaba lo mismo.

Maurice Adams la contempló embelesado al escucharla y Rose se sonrojó violentamente. Entonces Adams volvió a sonreír y con un gesto gracioso se colocó a su lado.

"¿Y la selección como es?" le preguntó curioso "¿Es verdad que hay cuatro casas? ¿Por qué? ¿Los fundadores siguen vivos? ¿Qué pasa, por qué te ríes?"

Rose dejó de reír tímidamente y comenzó un extenso relato sobre las cuatro casas de Hogwarts y bla, bla, bla…Albus desconectó. Paseó la vista por el resto de estudiantes de primero y se percató de que algunos parecían asustados, otros tranquilos y otros simplemente curiosos. Pocos hablaban, de hecho la mayoría estaba en silencio, quizás sumidos en sus propios pensamientos. Albus localizó en casi el final de la cola a un chico rubio y pálido que estaba al lado de otro de aspecto grande y moreno y de una niña que tenía una expresión de superioridad inusual en alguien con once años. Malfoy, pensó. Ese era el tal Malfoy del que hablaba tío Ron. Desde luego el muchacho era inconfundible, o más bien su pelo lo era. Sus ojos se encontraron con los grises del chico, que le miraba con curiosidad y Albus, algo azorado porque le hubiese pillado, apartó la vista.

Justo en ese momento Neville Longbottom, que tenía el mismo aspecto desgarbado de siempre, se acercó a ellos. Llamó la atención de los más rezagados y les informó de que le siguieran hacia el Gran Comedor, donde daría comienzo la ceremonia de selección.

Albus contuvo la respiración y echó a andar.

Gran Comedor.

"Y el cielo estrellado que vemos no es más que un hechizo…"

"Wuau, impresionante"

Albus miró hacia atrás y vio como Rose y Adams habían hecho buenas migas, ambos parecían compartir el mismo espíritu curioso y eso le hizo sonreír. Estaban situados entre las mesas de Gryffindor y Ravenclaw, un poco apelotonados y expectantes. Frente a ellos, en el atril, había un pequeño banquito sobre el que descansaba un sombrero viejo y arrugado.

"Es el sombrero seleccionador" afirmó Adams, luego miró dudoso a Rose y añadió "¿no?"

Rose asintió, absorta en la visión del sombrero, que había abierto una ranura en forma de boca y comenzaba a cantar.

"¡Vaya, esto es mejor que jugar a la play!"

Albus frunció el ceño, algo confundido ante ese último comentario. Sabía lo que era ese cachibache, pero sinceramente nunca se había animado a usarlo. James tenía una consola en su cuarto, dónde cuando no estaba planeando alguna maldad se ponía a jugar horas y horas, a veces acompañado de alguno de sus primos. Incluso Lily solía tener más contacto que él con objetos muggles. No es que a Albus no le gustasen, pero la mayoría del tiempo le resultaban indiferentes. Tampoco debía ser tan fascinante si Adams prefería un sombrero parlanchín.

Agudizó el oído para escuchar la letra.

"Siete años pasarás entre las paredes de este colegio.

Dime, pues, ¿a qué casas crees que debes pertenecer?

De rojo y dorado van los Gryffindor, en su emblema un león,

siempre valientes y dispuestos para la acción, si esos son tus valores,

Gryffindor es una buena elección.

Si tienes talento y erudición,

si tu mente siempre está dispuesta y nunca para quieta,

el bronce y el azul serán tu color.

¡Oh, Ravenclaw! Casa de sabios e inteligentes…

De verde y plata se visten los Slytherin, silenciosos como serpientes,

astutos y ambiciosos ellos son, si ansias tus metas cumplir,

aquí has de venir.

Y por último y no menos importante la casa de los tejones,

siempre leales y fieles, justos son los Hufflepuffs

si no le temes al trabajo pesado, ahí encontrarás tu hogar"

Cuando la canción terminó todo el Gran Comedor estalló en aplausos. Albus reconoció como su hermano, haciéndose notar por encima de la gente, silbaba. Típico de James, siempre llamando la atención. Estaba casi justo frente a él y cuando Albus se movió un poco y le vio, James sonrió al tiempo que alzaba los pulgares y le guiñaba un ojo. Albus sonrió levemente, sintiéndose reconfortado. Fred también estaba allí, sentado a su lado, pero hablaba con una chica y no le hacía demasiado caso. Inspeccionó la mesa de Gryffindor y dio con su prima Molly que iba a empezar quinto y con Victorie que estaba ya en su último curso. La primera tampoco le hizo caso pero Victorie si se percató de su presencia y le regaló una de sus perfectas y deslumbrantes sonrisas.

"Que chica tan guapa" apreció Adams, que había vuelto a ponerse a su lado.

"Es mi prima" le contestó Albus, como si eso lo explicase todo.

Albus suspiró cuando el profesor Flitwick comenzó a enumerar a los alumnos. La primera en ser seleccionada fue Audrey Actel, que dio a parar en Ravenclaw. Un par de alumnos más que enviaron a Gryffindor y Huffelpuff respectivamente y entonces llamaron a Maurice Adams.

El chico se despidió de Rose y él y con paso alegre se apresuró a sentarse en el taburete. Los pies no le llegaban al suelo, era realmente bajito. Y con el sombrero sobre la cabeza toda la mata de pelo rizado quedó cubierto. Solo sus pálidos ojos verdes, de un color mucho más claro que el de Albus, se dejaban entrever por debajo del sombrero.

El sombrero tardó sorprendentemente poco en mandar al chico a Slytherin. Albus abrió la boca asombrado y compartió una mirada de extrañeza con Rose. Adams sin embargo no parecía aturdido y con paso seguro se encaminó hacia la mesa de las serpientes.

"Vaya, no parecía demasiado Slytherin" objetó Rose, y aunque ella siempre se jactaba de la igualdad de las casas, Albus notó cierto matiz de decepción en su voz.

Albus asintió con la cabeza, dándole la razón.

Cuando llegaron a la M, Scorpius Malfoy se adelantó hacia el taburete con paso decidido, algunos murmullos se abrieron a su paso, pero Albus no llegó a escuchar que decían. El sombrero a penas rozó su cabeza cuando en un visto y no visto fue enviado directamente a Slytherin.

Ninguna sorpresa, pensó Albus. Él no sabía demasiado de los Malfoy, pero por lo que había podido escuchar en las pocas veces que sus padres los nombraban, llevaban una eternidad siendo seleccionados para esa casa.

Slytherin era la casa que menos alumnos estaba acogiendo, se percató Albus. Casi todos iban a parar entre Gryffindor y Hufflepuff, parecía que era una generación de valientes y de leales porque también pocos Ravenclaws habían sido seleccionados. Las reacciones de las casas también eran diferentes. Ravenclaw aplaudía cortésmente, mientras que los Slytherin eran más secos y menos expresivos. Los ruidosos Gryffindors eran los que más barullo armaban y los Hufflepuff se levantaban cada vez que recibían un nuevo integrante, como si se tratasen de una manada que acogían a un cachorrito.

"Potter, Albus Severus"

Albus se encogió un poco sobre sí mismo. Rose le dio un apretón en el brazo y le sonrió de manera tranquilizadora. Avanzó entre el silencio de la multitud, sintiéndose observado por todo el mundo pero preocupándose de no voltear la cabeza. No quería ver la expresión de los presentes. Ser un Potter siempre llamaba la atención, y eso era algo que Albus nunca había llevado bien. Simplemente no se acostumbraba.

Una vez en el taburete sintió que estaba temblando un poco, las manos empezaban a sudarle y suspiró cuando el profesor dejó caer el sombrero sobre su cabeza.

"*Otro Potter"*fue lo primero que dijo el sombrero seleccionador "Interesante. Muy interesante. Tú vas a ser más complicado que tu hermano…Ah, bueno..estaba siendo una noche aburrida de todas maneras…¡Como me gustan los retos!…Veo inteligencia, potencial, mucho potencial eclipsado, ambición… Dime, Albus, ¿te gustaría cambiar la historia?"

Albus tartamudeó un leve sí.

"*Siempre estás rodeado de gente, ¿verdad muchacho? ¿Crees que eres lo suficientemente bueno en algo?"*el sombrero hizo una pausa y Albus se encogió de hombros, sin saber demasiado bien que responder "¿Te gustaría destacar? ¿Te gustaría ser único?"

Esta vez el sí fue más rotundo y el sombrero rió suavemente.

"Tengo la casa perfecta para ti"

*¿Gryffindor?,*pensó Albus. Esta vez el sombrero rió más fuerte.

"¡SLYTHERIN!"

Lo primero que Albus vio cuando le quitaron el sombrero de la cabeza fue el rostro pálido de su hermano James.

¿Slytherin? ¿En serio?

Gran Comedor, mesa de Gryffindor.

"Si ya lo decía Trewlaney, ¡tienes un gran ojo interior, Jimmy!"

James miró con cara de circunstancias a su primo y ni siquiera se esforzó por reír. No es que no hubiese sido una ocurrencia graciosa (que lo era, Fred era muy gracioso en sí) pero estaba todavía tan shockeado que no sabía demasiado bien qué hacer.

Su pequeño hermanito estaba en Slytherin, rodeado de serpientes, rodeado de hijos de mortífagos, rodeado de futuras lacras de la sociedad mágica. Incluso quizás cerca del próximo gran mago oscuro. Vale, quizás eso era exagerar. Pero existía una posibilidad entre un millón de que algo malo se estuviese cociendo en esa casa y eso era suficiente para que James se empezase a poner nervioso. ¡Que era su hermano Albus! ¡Por Merlín! Albus, el ser más pacífico y bondadoso de la tierra, ¿cómo podía haber acabado ahí? Hubiese esperado que acabase en Hufflepuff antes que en Slytherin, a decir verdad.

Sí, bueno. Él lo había pronosticado. Pero sólo había sido por molestar, por hacerle pasar un mal rato. No tenía nada que ver con que por un solo segundo pensase que ocurriría algo así. Hubiese esperado que Albus se sentase allí, en su mesa, que él le hiciese un hueco a su lado, le diese un par de palmaditas en la espalda y luego hiciese algún comentario que a Albus le hiciese fruncir el ceño. Pero no. Albus estaba justo en la otra punta del comedor, donde le habían dejado un estudiado hueco, algo alejado del resto de estudiantes.

James se puso las manos tras la cabeza, revolviéndose el pelo de la nunca, en un gesto inconsciente que hacía cada vez que estaba nervioso. Escuchó como llamaban a una tal Ariadna Pucey que era seleccionada para Slytherin y luego a Marc Puckly, que fue a parar a su propia casa: Gryffindor. James ni se molestó en aplaudir. Solo cuando escuchó que pronunciaban "Weasley, Rose" se dignó a prestar un poco más de atención.

Como era evidente, Rose fue seleccionada para Gryffindor. Eso le animó un poco. De cualquier manera hubiese esperado que Rose pudiese quedar en Ravenclaw, no era una idea descabellada teniendo en cuenta que era muy inteligente, sin embargo por lo visto los genes Weasley no habían sido desperdiciados en ella y estaba dónde tenía que estar.

"Rosie, qué tragedia" le dijo, invitándola a sentarse frente a él. A su lado Fred rodó los ojos.

Rose le miró impasible, tranquila. El último chico, Hermes Zabini, fue seleccionado para Slytherin y automáticamente McGonagall se levantó de la mesa de profesores, con aire solemne.

"Será mejor que prestes atención, James" dijo Rose "Esto te interesa"

James bufó con disgusto, ignorando las palabras de McGonagall. Cosas que no se deben hacer, cosas que pueden hacer que te expulsen, cosas prohibidas y tal y cual. Lo típico de todos los años. Lo típico de todos los años que James ignoraba deliberadamente, no está de más decirlo.

"Fred, esto tiene que saberlo mi padre" dijo, después del aplauso de rigor "Espero que mamá no muera el disgusto"

Fred suspiró, sirviéndose un trozo de pollo.

"Ay, Jimmy, tú siempre tan dramático"

Mazmorras de Slytherin.

"Oye, ¿por qué no se te acerca nadie? Eres como un gran agujero negro, alejas a todo el mundo de nosotros"

Albus agachó la cabeza ante el comentario de Adams, que permanecía completamente ajeno a su malestar. Maurice miraba todo con diversión aunque un poco confundido. Había hecho el comentario de la manera más inocente posible, aunque con el tiempo Albus descubriría que Maurice Adams a pesar de ser una persona con escasa maldad tenía muy poco tacto. Él también había notado que la gente de Slytherin le miraba como si fuese un enemigo que se había infiltrado en su territorio. No le habían hecho ningún comentario, pero ni falta hacía pues las miradas lo decían todo. Había cierto recelo y tensión por donde Albus se movía. Incluso en el Gran Comedor, mientras habían estado cenando, Adams fue el único que se sentó a su lado.

Cuando siguió al prefecto y subió a la zona de las habitaciones, alejándose de los alumnos más mayores de Slytherin, Albus se sintió terriblemente pequeño e indefenso y deseó con todas sus fuerzas que su hermano James estuviese allí. En ocasiones como esa le echaba de menos. James podía ser insoportable, arrogante y engreído, pero sabía poner a la gente en su lugar, al menos Albus nunca le había visto sentirse amedrentado por nada ni por nadie.

"Bueno, enanos" empezó a decir el prefecto. Era muy alto y delgado, llevaba unas gafas cuadradas que le daban un aspecto inteligente y no parecía ser una persona que sonriese muy a menudo "Me llamo Axel Montague y soy el prefecto de Slytherin, si tenéis algún problema acudid a mí o a nuestro Jefe de Casa: El profesor Slughorn. Aunque dudo que él os haga mucho caso. No os portéis mal y no nos hagáis perder puntos. Vosotros cuatro" señaló a los cuatro alumnos nuevos que estaban a su derecha "Compartiréis esa habitación. El resto a la otra. ¿Alguna pregunta? Espero que no, porque tengo una fiesta a la que asistir"

Maurice pareció a punto de decir algo, pero se contuvo a duras penas y finalmente, Montague intuyendo que tenía poco más que hacer allí se encogió de hombros y se marchó escaleras abajo.

"¡Eh, Albus, vamos a compartir habitación!" Adams sonaba muy animado y eso consiguió que Albus sonriese levemente "Es genial, ¿verdad?"

Albus asintió con la cabeza pero no añadió nada más. La habitación era increíblemente grande y toda decorada de verde y plata. Tenía un aspecto elegante y sofisticado, como si fuese la habitación de algún noble importante. Los Slytherin desde luego no tenían mal gusto, aunque para la opinión de Albus le faltaba algo de calidez a la estancia. Las camas eran gigantescas tal y como Maurice señaló y tenían doseles de seda fina de un color verde muy brillante. Frente a la cama más cercana a la puerta estaba su baúl y Albus se encaminó hacia él con paso firme. Para su suerte, Maurice se había instalado en la cama de al lado, arrastrando con él su pesado baúl.

"No sé por qué los magos no usáis maletas" comentó, enfuruñado "¿Sabes qué? Las ruedecitas facilitan mucho la tarea de arrastrarlas"

"Los magos no necesitamos arrastrar nada con nuestras propias manos" comentó la voz de uno de sus compañeros de cuarto. Al unísono Maurice y Albus se dieron la vuelta. Frente a ellos un chico con el pelo muy corto y castaño claro sonreía de una manera fría pero educada. Tenía los ojos grandes y azules y la piel pálida "Nathaniel Nott" se presentó. Le tendió la mano primero a Adams y luego a Albus "Podéis llamarme Nate, todo el mundo lo hace"

"Yo soy Maurice Adams, pero llámame Adams" sonrió "Todo el mundo lo hace"

"Albus Potter"

"Lo sabemos"

Nate dejó escapar una risita educada y asintió. Luego señaló con una de sus pálidas manos al otro chico con el que compartían habitación.

"Él es Hermes Zabini" dijo.

Hermes no sonrió ni les estrechó la mano. Era un chico bastante guapo, muy moreno y más alto que ellos, con unos rasgos delicados y armoniosos. El pelo negro le caía liso y brillante hasta un poco más arriba de los hombros y los ojos oscuros escrutaron con detenimiento a Albus. Una sonrisilla que a Albus le dio escalofríos se dibujó en sus labios cuando murmuró un escueto "Hola"

"Vaya par de novedades este año en Slytherin, ¿eh?" comentó Nott con voz casual. Se alisó la túnica que todavía no lucía el emblema de Slytherin y comenzó a deshacer su baúl "Un hijo de muggles y un Potter"

"¿Qué significa eso de hijo de muggles exactamente?" preguntó Maurice, dejándose caer espatarrado en su cama.

"Los hijos de muggles son los que no provienen de familia mágica" le contestó Zabini "Como tú"

"Oh, ¿y eso es malo aquí?"

"No" contestó rápidamente Albus "No tiene nada de malo. Pero en Slytherin es algo inusual"

"Creo que nunca ha habido ninguno. O al menos no uno en mucho tiempo" le explicó Nott, amablemente. Aunque se mostraba mucho más educado que Hermes Zabini había algo en él que a Albus no le terminaba de encajar. De todas formas él siempre había sido un poco desconfiado, razón por la que intentó quitarse esa sensación de encima y no malinterpretar cada palabra que decía la única persona que se había mostrado educada con él "Incluso los mestizos que ha habido en esta casa pueden contarse con los dedos de las manos"

"¿Qué son los…?"

"Los mestizos son los que tienen sangre muggle y sangre mágica" intentó explicarse Albus, anticipándose a la pregunta "La mayoría de los magos lo son"

"No nosotros, claro" dejó escapar Hermes, como si tal cosa

Albus frunció el ceño ante el comentario pero decidió no decir nada. Después de todo aunque el tono había sido un poco malintencionado el comentario en sí no era nada grave.

"¿Y tú, Albus?"

"Yo no" dijo Albus "Pero que yo sepa nadie de mi familia ha estado nunca en Slytherin"

"Debemos ser muy especiales entonces" comentó Adams, con una sonrisilla pícara curvándole los finos labios.

Nate Nott dejó escapar otra risita estudiada y asintió con la cabeza.

"No sé si especiales, pero inusuales desde luego" confesó "Supongo que no estaréis al tanto de las tradiciones de Slytherin, ¿verdad?" Nott intercambió una rápida mirada con Hermes Zabini cuando los otros dos chicos negaron con la cabeza simultáneamente.

"Hay una tradición para los estudiantes de primer año" explicó Hermes, sentándose en su cama, que era la más cercana a los grandes ventanales "Desde siempre si algún alumno de primero consigue entrar al bosque prohibido y traer consigo algo de allí puede adquirir ciertos…privilegios concedidos por los alumnos mayores"

"Iniciación" concluyó Nott "Así lo llamamos. Todo un orgullo para quien acepta el reto"

"¡Oh, genial! ¡Suena como una prueba para entrar a una hermandad"

"Sí, algo así, Adams" y de nuevo Zabini volvió a sonreír de esa manera espeluznante que a Albus conseguía ponerle los pelos de punta "A nosotros nos hubiese encantado probar pero...Creo que al final no lo haremos" se lamentó.

"Es que hay que ser muy valiente y temerariopara hacer algo así" suspiró Nott "El último que lo intentó acabó en la enfermería según mi hermano"

A Adams le brillaron los ojos de pura excitación ante la expectativa de hacer algo peligroso y prohibido.

"Yo quiero hacerlo"

"Ni hablar, Adams" se negó Albus, en rotundo "Eso es muy peligroso. No deberías hacerlo"

"¡Pero si solo es un bosque!"

"Bosque Prohibido" remarcó Albus "El mismo nombre lo dice, ¿ves?"

Adams negó con la cabeza, divertido. Se puso en pie y sonrió abiertamente.

"Yo lo voy a hacer"

"¿Tú no vas a acompañarle, Potter?" le preguntó Nott, y se percató de que había un brillo divertido en su mirada que a Albus le sentó como una patada en el estómago "Tu padre entró allí varias veces, ¿verdad? Y dicen por ahí que tu hermano también lo ha pisado alguna vez…¿Él está en segundo, no? Debe ser algo genético" bromeó "Seguro que tú serías capaz…¿O no?"

Una parte de Albus supo que le estaban incitando a hacer algo prohibido que podría traerle muchos problemas, que estaban jugando a manipularle de forma sutil y amable, sin embargo otra parte de Albus, la parte más irracional, no pudo resistirse a asentir con la cabeza y decidir que si su hermano y su padre lo habían hecho, él también podría hacerlo. Porque quizás su corbata no llevase los brillantes colores de Gryffindor, pero su apellido seguía siendo Potter.

"¿A qué no sabéis qué?" sonrió Nate Nott entrando apresuradamente en la habitación contigua de chicos de primero de Slytherin. Sonreía de manera triunfal, como si hubiese echo algo de suma importancia "He convencido al estúpido de Potter y al sangre muggle de que vayan al Bosque Prohibido esta noche"

"Les hemos convencido" recalcó Hermes Zabini cuando entró tras él.

Scorpius Malfoy que estaba aún entretenido en deshacer su baúl, alzó una ceja en un gesto de leve sorpresa. Nathaniel Nott nunca había sido santo de su devoción. Había compartido varios veranos con él, pero ese carácter suyo de sabihondo egocéntrico le ponía enfermo. Por no hablar de sus extraños ideales. Scorpius, que conocía a Theodore Nott, el padre de Nate, no entendía como de alguien con un carácter tan pusilánime como Theo podía haber salido un hijo tan fanático y de convicciones e ideales moralmente reprochables.

"Esta noche los centauros tienen ceremonia" comentó Euan Higgs, desde su cama. Tenía el ceño fruncido y había cerrado con fuerza el libro que minutos antes leía "Y a ellos no les gusta que los humanos interrumpan sus ceremonias. Puede ser peligroso si se cruzan con ellos"

Hermes soltó una carcajada maliciosa y compartió una mirada más que elocuente con Nate.

"Esa es la parte divertida del asunto, Higgs"

Scorpius contuvo un estremecimiento involuntario. No es que el chico Potter y el otro niño exageradamente hiperactivo le importasen demasiado pero definitivamente no le hubiese gustado estar en el lugar de ninguno de ellos. No era preocupación, era compasión, se dijo a sí mismo, viendo como Hermes y Nate salían de la habitación.

Bosque Prohibido; Medianoche del 1 de Septiembre.

Salir de Hogwarts en mitad de la noche con el viejo Filch vigilando los pasillos había sido mucho más fácil de lo que Albus hubiese podido imaginar. Maurice Adams parecía tener un talento innato para pasar desapercibido y aunque Albus debería haber estado más familiarizado con el castillo que él, fue Adams quien acabó guiándoles hacia los exteriores. El frío de la noche, aunque aún estaban a principios de septiembre, les azotó la cara sin piedad. Albus se arrebujó un poco más en su capa negra y ambos se perdieron entre las sombras. Pasaron por la cabaña de Hagrid sin hacer ruido, probablemente el semigigante ya estaba dormido, porque Albus se fijó que no había luz en el interior de la casita.

Tras andar unos minutos en silencio y sintiéndose un poco inquietos los dos recientes Slytherin se pararon frente a los lindes del Bosque Prohibido.

"Vamos"

Maurice echó a andar, pero Albus se quedó parado en el sitio. De repente no le parecía tan buena idea eso de entrar al bosque. Tenía una mala sensación oprimiéndole el pecho y algo le decía que no era solo el miedo.

"Cojamos una piedra y vayámonos"

"¿Una piedra? ¡Venga, Albus! Necesitaremos llevar algo mucho más impresionante que una estúpida piedra para que se crean que hemos estado aquí dentro" se enfuruñó Adams "Venga, no seas miedica"

"Yo no soy miedica" gruñó Albus y se adentró tras él en la densa vegetación "Pero esto es tan estúpido…"

"Eh, calla, a ver si vas a despertar a las bestias" bromeó Adams.

Albus estaba dispuesto a replicar cuando comenzó a escuchar unos cánticos cerca de ellos. Las voces parecían humanas, pero había ruidos de patas golpeando el suelo, como si fuesen…

"¿Caballos?" murmuró Adams, entornando los ojos "Sinceramente, esperaba algo más mágico"

"Centauros" contestó Albus, con un hilo de voz , no lo pensó un solo segundo más y añadió: "¡Corre!"

Adams, confundido, echó a correr tras él.

Habitación de los Slytherin de primer año.

"Debemos decírselo a los profesores. O no. Quizás deberíamos hacer algo mejor" dijo Euan Higgs, cuando sus compañeros de habitación ya no podían escucharles. Uno de ellos se había quedado profundamente dormido nada más caer en la cama y el otro llevaba al menos media hora encerrado en el cuarto de baño.

Scorpius hizo una mueca de disgusto y siguió desvistiéndose con tranquilidad.

"Eso no es asunto nuestro. Si ellos han decidido ir no es nuestro problema" le contestó, de malas maneras "Es problema de Nott y Zabini en todo caso. Esos dos idiotas siempre metiéndose en líos"

Euan se levantó de la cama de un salto, alzándose frente a él en toda su imponente altura. A pesar de acabar de cumplir los once años hacía a penas dos semanas, Euan era bastante grande y corpulento. La redondez de la niñez había desaparecido casi por completo de su rostro y estaba dando paso a un rostro bastante más cuadrado y agresivo. A su lado Scorpius parecía mucho más enclenque y debilucho de lo que realmente era.

"El problema es de todos. Imagínate que a Potter y al otro, que precisamente es sangre muggle para más inri les sucede algo" Euan Higgs era una persona tranquila por naturaleza, pero en esos instantes a Scorpius le dio la impresión de que había empezado a enfadarse "Si Potter luego hablase sobre que todo fue idea de Nott y Zabini, ¿qué crees que pensaría la gente?"

Scorpius no dijo nada y esperó paciente a que él continuase hablando. Conocía a Euan desde que tenía memoria. Sus padres se habían hecho amigos a raíz de hacer varios negocios juntos y durante el exilio de los Malfoy a Francia, Euan fue prácticamente la única compañía de su edad que Scorpius había tenido. Por eso mismo, porque le conocía tan bien, sabía que sin duda había heredado la pasión de su padre por devolver la vieja gloria a Slytherin. Esa que había poseído alguna vez y ahora se encontraba prácticamente inexistente.

"Pensarían que ha sido todo un plan retorcido y macabro porque ni queremos hijos de muggles ni queremos a Potter" sentenció Scorpius, tras unos segundos de vacilación "Que pensándolo fríamente es lo que ha sido"

"Sí" le concedió Higgs, más relajado "Pero Nott y Zabini son dos casos aislados. Nosotros no somos así, nosotros no queremos eso. Y no podemos dejar que manchen el nombre de nuestra casa por comportarse como dos estúpidos"

Scorpius dejó escapar una carcajada ante el apasionado discurso.

"Siento devolverte a la realidad, pero el nombre de Slytherin ya está bastante manchado"

"Y nosotros tenemos la brillante oportunidad de cambiar eso" sonrió Euan.

Scorpius dejó escapar un suspiro derrotado y se sentó en la cama.

"Bien, ¿cuál es tu plan?"

"Para empezar, vuelve a vestirte"

Bosque prohibido.

Los centauros finalmente no habían sido un problema.

El problema era que ahora estaban perdidos. Muy perdidos. También era problemático que Albus nunca se hubiese imaginado que el bosque prohibido sería tan horriblemente grande ni que tantos ruidos desagradables le llegarían a los oídos. Ni que sentiría tanto pánico recorriéndole de arribabajo.

Tenía la varita fuertemente agarrada, aunque más como algo instintivo que porque creyese que realmente sabría como utilizarla. Había tenido varios estallidos involuntarios de magia cuando era más pequeño, pero sus padres nunca le habían enseñado a realizar un hechizo. Eso estaba reservado para su primera clase de Hogwarts. Si sobrevivía a esa noche, claro.

"¡Estupendo!" la voz cantarina de Maurice le sacó de su ensimismamiento. El chico se había agachado cerca del tronco de un árbol, donde unas plantas con forma alargada y de sinuosos colores resplandecían en la oscuridad "Cogeré una de estas plantas…"

"Ten cuidado, que no sabemos que puede hacer esa planta" le advirtió Albus. Había escuchado suficientes historias sobre el bosque como para no fiarse de nada. Maurice se detuvo en su cruzada de arrancarla, mirando la plantita con ojos entornados.

"Bah, parece inofensiva" y sin más miramientos la arrancó del suelo.

De inmediato el resto de plantas se revolvieron en el suelo dándole al chico un buen susto. Una especie de llanto penoso y estridente comenzó a salir de ellas. Albus se tapó los oídos, todavía con la varita fuertemente agarrada y Adams trastrabilló hacia atrás, con los ojos abiertos como platos. Casi un minuto después, las plantas callaron y Albus suspiró.

"No ha sido tan malo después de todo" sonrió Adams "¡Y tenemos esto! Creo que ya podemos irnos"

Albus iba a replicar cuando comenzó a escuchar una especie de silbido tras él. Se dio la vuelta y en la oscuridad pudo ver un montón de ojos rojos y amenazadores que les miraban con avidez.

Eso no sería…No podían ser… Palideció considerablemente cuando de la oscuridad una enorme bola peluda con ocho patas emergió.

"¡Una acromántula!" chilló. Maurice, que se había puesto a su lado, ya no parecía ni tan sonriente ni tan emocionado por la excursión al bosque prohibido.

"Oh, Dios" escuchó Albus que murmuraba con voz temblorosa "Odio las arañas. Especialmente las arañas gigantes"

"Sigo pensando que esto es una mala idea" murmuró Scorpius, intentando apaciguar los nervios "Algo muy Gryffindor, además"

"Shhh, cállate. Si esto funciona Potter nos va a deber una muy gorda"

"Yo no quiero que Potter me deba nada" rebatió Scorpius, obstinado. Maldijo por lo bajo cuando una enredadera le hizo tropezar "En realidad estoy pensando seriamente en darme la vuelta y volver al castillo"

"Tú no me dejarías solo" sonrió Euan.

Scorpius no dijo nada más, de improvisto se detuvo tras unos arbustos y obligó a Euan a pararse también. Frente a ellos ambos niños pudieron observar una escena que les puso los pelos de punta. Una araña, enorme y peluda, se erguía amenazante sobre Albus Potter y Maurice Adams. Tenía los ojos rojos y unas enormes pinzas que se batían en el aire, dispuestas a atrapar a sus presas. Potter sostenía la varita con una falsa firmeza, en un intento de disuadir a la criatura, mientras que el otro chico parecía a punto de desmayarse.

Euan parecía dispuesto a adelantarse y hacer algo contra ese bichejo, pero Scorpius le puso una mano en el pecho y le obligó a esconderse de nuevo.

"Veamos lo que Potter sabe hacer" le explicó.

"¿Qué…?"

"Conoce a tu enemigo mejor que a tu amigo" recitó Scorpius, recordando la frase que el abuelo Lucius siempre decía.

"Pero él no es nuestro enemigo"

Scorpius se encogió de hombros.

"Eso todavía no lo sabemos, Euan"

Con cierto placer, Scorpius esperó a ver si Albus Potter podía ser tan brillante como la gente decía que era su padre.

La acromántula avanzó hacia ellos, agitó las pinzas en el aire y Maurice volvió a dar un paso atrás, completamente aterrado. Maurice estaba seguro de que no había pasado más miedo en toda su corta existencia. Desde que tenía memoria había odiado las arañas y todo tipo de insectos. Y ahí tenía una araña, y no una normal, ¡NO! Una araña gigante, mágica y amenazadora y que probablemente podría partirle en dos con solo chasquear sus pinzas.

"Esta es pequeña" susurró Albus, en un vano intento de no preocuparle.

Maurice palideció aún más de solo imaginarse como serían las grandes.

Albus también temblaba ligeramente pero parecía mucho más entero que él. Estaba casi tapándole con su cuerpo y a Adams le pareció que era una actitud muy heroica por su parte teniendo en cuenta que a penas se conocían. Anotó mentalmente que si salían vivos de esa se lo agradecería durante toda la eternidad.

"¿Qué sabes hacer con la varita?" le preguntó Adams, intentando recuperar la calma. Él también llevaba la suya, pero no tenía ni idea de qué hacer con ese trozo de madera. Hacía a penas tres meses que se había enterado de que era un mago, no es como si supiese hacer mucho más que sujetarla sin que se le cayese.

Albus titubeó y tiró de él hacia atrás cuando la acromántula volvió a avanzar hacia ellos. La araña avanzaba con lentitud, disfrutando de aterrorizarles durante esos interminables segundos.

"Oh, genial. Ni siquiera será una muerte rápida" murmuró Maurice.

La acromántula emitió un ruidito desafinado que Albus interpretó como una risa desdeñosa.

"Los niños pequeños no deberían pasear solos por el bosque prohibido…"

"¡HABLA!"

Los ocho ojos de la araña se fijaron en Adams y éste creyó que podría morir en ese mismo instante. La voz de la acromántula era siseante, más como un sonido gutural que como si sonase a algo mínimamente humano.

"Pequeños manjares…" casi canturreó. Albus se apartó rápidamente cuando notó que la acromántula dejaba escapar una fina tela de araña que tenía toda la intención de envolverles.

Adams no tuvo tanta suerte y fue capturado por una intrincada tela que le mantuvo pegado al árbol más cercano. Se removió inquieto y la acromántula enseñó unos incisivos largos y blancos, mientras se acercaba peligrosamente a él.

Albus ni siquiera pensó. Se abalanzó rápidamente contra la criatura e hizo con su varita lo único útil que creyó que podría hacer: clavársela de la manera más dolorosa posible en una de las patas.

Efectivamente a la acromántula debía de haberle dolido porque furiosa chilló y pasó su atención de Adams a él.

Albus que había salido estampado contra el suelo cuando el bicho se dio la vuelta giró sobre si mismo, apartándose de las pinzas de la acromántula. Intentó repetir la operación cuando la criatura volvió a cargar contra él, pero esa vez no tuvo tanta suerte y notó como las pinzas se aferraban a su cintura, alzándole del suelo. Sintió un dolor punzante bajo las costillas y ahogó un grito, sintiendo como le faltaba el aire.

"¡Albus!" gritó Maurice.

Voy a morir, pensó Albus. Voy a morir, voy a morir, voy a morir…

Cuando ya no tenía fuerzas para revolverse entre las pinzas de la araña, algo sorprendente ocurrió. Un milagro.

"*¡PRETRIFICUS TOTALLUS!"*una voz potente salió de entre los arbustos del bosque y lo último que vio Albus antes de caer al suelo fue una luz roja impactando contra el cuerpo de la araña y a Scorpius Malfoy corriendo hacia donde estaba él.

Sí, definitivamente un milagro.