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Verde Slytherin — capítulo 2

2.

Cosas de serpiente****s

2 de Septiembre del 2017. Hogwarts, Gran Comedor.

El revuelo de lechuzas y demás animales voladores que llevaban la correspondencia mañanera alborotó a todos los alumnos que se encontraban en el Gran Comedor. James, que llevaba un buen rato buscando con la mirada algún indicio de que su hermano Albus estuviese desayunando, se sobresaltó cuando la lechuza grisácea de sus padres le avisó con un picotazo poco cariñoso en el brazo de que él también tenía una carta.

James lanzó una mirada furibunda a Pegaso, la lechuza, y de mala gana le dio un trocito de bacon que ella acogió con regocijo.

"Tú, bicho, quédate por aquí que vas a llevar una carta de vuelta" le advirtió. La lechuza ululó como indignada y con un revoleteo orgulloso se quedó parada en el alféizar del ventanal más grande.

"¿Es de tus padres?" le preguntó Rose, que se había sentado frente a él y Fred. Ella había dejado de lado su horario de clases y ya leía su carta animadamente "Mis padres os mandan recuerdos, están muy contentos de que esté en Gryffindor"

"Genial" James asintió con aire taciturno y volvió a lo suyo. No había podido dormir demasiado la noche anterior y tampoco se encontraba con muchas ganas de hablar aquella mañana. Todavía seguía un poco impresionado por la selección de su hermano y, aunque no lo reconocería ni bajo tortura, estaba preocupado por él.

Cuando abrió su carta reconoció de inmediato la letra redondeada de su madre:

James, tu padre y yo hemos recibido tu carta. Nos ha sorprendido que nos hayas escrito tan rápido cuando normalmente te olvidas de que existimos (Y no, no te estoy regañando, deja de fruncir el ceño) Para empezar, te quiero dejar bien claro que nadie te va a enseñar a conjurar un vociferador. Ni por todo el oro de Gringotts, cariño. No quiero ni siquiera imaginar para qué querrías usarlo. Y no, tampoco quiero que me lo cuentes. Desde ya te digo: SEA LO QUE SEA NO LO HAGAS.

Respecto a tu gran preocupación sobre tu hermano Albus, tengo que decirte que nos encanta que seas un hermano tan devoto, pero por favor, no hagas un escándalo de esto. Albus ha quedado en Slytherin, no le han llevado a un campo de concentración, así que no seas dramático. Es cierto que en el pasado quizás no haya sido la mejor casa del mundo, pero nosotros confiamos en Albus y ni a tu padre ni a mí nos importa (mucho). Aunque si tan preocupado estás échale un ojo, a ver que tal se adapta. UN OJO, JAMES, NO LE SIGAS A TODAS PARTES. (Sí, sé que estabas pensando justo en esto. Soy tu madre, por Merlín) Nadie va a desheredarle, ni tampoco estamos pensando en hacer una reclamación a McGonagall. Pórtate bien.

Con amor,

Papá y mamá.

PD: Si te metes en algún lío olvídate de recibir dulces.

PD2: Da recuerdos a Fred de nuestra parte.

PD3: ¡Y a Neville!

"¡Que no les importa!" gruñó, a nadie en particular. Fred, que era el que estaba a su lado, se asomó por encima de su hombro para leer lo que había escrito. No debió parecerle tan grave como a James porque se encogió de hombros y volvió a su tazón de cereales.

"¿No hay carta para Al?" quiso saber Rose, cambiando de tema.

James, que había estado garabateando furiosamente en la parte trasera de su carta, llamó al ave con voz imperiosa. Efectivamente,Pegaso llevaba más correspondencia.

"¡Vamos saco de plumas, no te hagas la remolona!" la regañó, llevándose otro picotazo "Sé que me odias, pero dame esa carta"

"James, no va a dirigida a ti" le explicó Rose "Técnicamente no puede dártela"

"Como si eso me importase…"farfulló él, con voz disgustada. Le arrancó la carta a Peg de malas maneras y ante la mirada reprochadora de Rose, añadió "No voy a leerla, solo quiero dárselo" le aseguró.

Peg volvió a ulular con indignación y preocupándose de darle a James en la cara con una de sus alas, echó a volar rumbo a la lechucería.

"¡Trata mejor a Pegaso, no seas tan bruto!" le riñó su prima.

James suspiró exasperado.

"Rose, haz algo de utilidad y busca a mi hermano"

"Si buscas a la oveja negra de tu familia no le vas a encontrar aquí, Potter" escuchó que decía alguien que estaba tras él.

De inmediato James reconoció la voz. No había nadie en Hogwarts que pudiese arrastrar las palabras de esa manera tan horrible, exceptuando a Cyrano Zabini. Iba un curso por delante de James y se conocían prácticamente del quidditch y algún que otro encontronazo fuera de los partidos. James no le aguantaba y Zabini a él tampoco, era una animadversión mutua y bastante insana.

"¿Qué sabes tú de mi hermano, imbécil?" James se levantó para encararlo y aunque Zabini le sacaba casi una cabeza, a James la verdad es que le daba igual. Estaba enfadado y discutir con un Slytherin siempre acababa poniéndole de buen humor*. Liberar tensiones,*lo llamaba Fred.

"Creo que bastante más que tú" se jactó Zabini, componiendo una falsa expresión de amabilidad en el rostro "Por las mazmorras se rumorea que tuvo una pequeña aventura anoche" se rió.

Tras él, sus dos inseparables amigos, le rieron la gracia tontamente.

"¿A qué te refieres?"

"Oh, James Potter queriendo sacarme información" volvió a decir, en un tono malicioso "Me honras, Potter"

Fred, que hasta entonces se había mantenido ajeno al intercambio de palabras, se levantó también y agarró a James del brazo, intentando calmar un poco los ánimos. James solía ser un poco impulsivo y temía que en cualquier momento se lanzase al cuello de Zabini, al más puro estilo muggle. Meterse en líos de vez en cuando estaba bien, pero no le hubiese gustado empezar el primer día de curso.

"Zabini, si sabes algo es mejor que nos lo digas" comentó Fred, con voz tranquila "No nos gustaría que sufrieses ningún accidente, ¿sabes?"

Cyrano Zabini se echó a reír de manera desagradable.

"¿Me estás amenazando, Weasley?"

Fred se encogió de hombros y sacó del bolsillo del pantalón del uniforme unas pequeñas pastillas redondas que relucían con un brillo plateado.

"¿Sabes que es esto?" le preguntó, muy sonriente.

"No"

"Pues yo tampoco, pero mi padre me las ha mandado y no me importaría comprobar para qué sirven… Contigo"

Zabini miró con desconfianza las pequeñas bolitas y luego alzó la vista, alterando la mirada de Fred a James. Les lanzó una mirada desdeñosa y se encogió de hombros.

"Que el pequeño Potty os cuente lo que ha pasado" les hizo un gesto con la mano a sus dos amigos para que le siguieran y cuando ya se había alejado unos pasos añadió "Ah, se me olvidaba. Le encontraréis en la enfermería"

¿Qué no pasaba nada decían sus padres? Pues que su hermano estuviese en la enfermería el primer día de clases a James no le parecía un buen indicio de que todo estuviese bien. Sin decir una palabra más y seguido por Fred, él también salió del Gran Comedor.

Hogwarts, enfermería.

"Que no se vuelva a repetir, Potter"

La directora McGonagall le miraba con una expresión entre disgustada y suspicaz. Tenía los labios tan apretados que a penas formaban una pequeña línea y las arrugas de su rostro se acentuaban aún más con esa expresión severa.

"Y que sepa que usted y su amigo Adams han logrado que Slytherin pierda cincuenta puntos" añadió, muy seria "Vístase y vaya a clases, el señor Adams se ha encargado de recoger los horarios y su uniforme. Después de comer quiero que los dos vayan a mi despacho donde hablaremos de sus respectivos castigos"

Cuando McGonagall se marchó de allí, Albus se permitió dejar escapar un suspiro derrotado. A su lado, Adams se retorcía las manos con evidente nerviosismo. Durante los quince minutos que McGonagall había gastado en regañarles, ninguno de los dos se había atrevido a excusarse o decir una sola palabra. Albus había oído hablar de ella en algunas ocasiones y cuando era más pequeño incluso la había visto, pero nunca se hubiese imaginado que su presencia le impondría tanto.

"No ha sido tan malo después de todo, ¿no?" comentó Maurice, intentando sonar casual.

"Oh, no, claro que no" respondió Albus, mordaz "Nos han quitado cincuenta puntos nada más empezar el curso. Anoche casi muero y para colmo me salvó Scorpius Malfoy. El que por cierto se ha ido de rositas" refunfuñó "Estupendo. Simplemente estupendo"

"Pero qué negativo" dijo Maurice, rodando los ojos "Si hubiésemos sido devorados habría sido irremediablemente peor… en realidad fue.. Emocionante" sonrió.

Albus se echó a reír de manera socarrona.

"Repasa tu concepto de algo emocionante, Adams"

Maurice que estaba jugueteando distraído con el emblema de Slytherin que colgaba de su túnica, se encogió de hombros.

"¿Qué es lo que te molesta?" quiso saber Adams. Le miró con sus grandes ojos verdes llenos de curiosidad y Albus se sintió súbitamente incómodo "De Scorpius Malfoy, quiero decir. Fue bastante amable anoche. Él nos ayudó a traerte aquí"

"Y luego se marchó" puntualizó Albus.

Maurice frunció el ceño, pensativo.

"Le hubiesen quitado también puntos a ellos y habría sido peor para todos. Además de ser nuestra culpa" contestó finalmente "Creo que fue lo más inteligente teniendo en cuenta que ya nos odian bastante"

"Es que no me fío de él"

"¿Por qué?"

"Pues porque no te puedes fiar de los Slytherin, Adams"

A Maurice debió de parecerle un comentario muy divertido porque dejó escapar una risita y luego sonrió ampliamente.

"Pues tú eres uno de ellos. De nosotros" puntualizó.

Albus no supo que contestar a eso. El camino hasta la clase de Defensa contra las Artes Oscuras lo hicieron en el más absoluto silencio.

2 de Septiembre, 2017. Departamento de Misterios.

A Harry el Departamento de Misterios seguía dándole escalofríos. Por mucho tiempo que pasase y aunque ya lo hubiese pisado al menos una decena de veces flanqueado por los adustos inefables, los pasillos intrincados que llevaban a las salas más recónditas y secretas del ministerio le seguían helando la sangre.

Había una sala en concreto a la que no había vuelto a entrar desde que tenía quince años. Y ahora, veintiún años después, Harry volvía a estar allí.

La Sala de la Muerte no había cambiado demasiado en dos décadas. Y tal y como su nombre indicaba, no era precisamente acogedora. La estancia seguía siendo circular, exenta de ventanas o puertas, prácticamente inaccesible. Y en el centro de la estancia, alzándose imponente: El velo.

El velo por el que había desaparecido Sirius Black.

Harry notó una leve opresión en el pecho cuando se acercó con cuidado. El arco del velo parecía estar hecho de bronce, con jeroglíficos intrincados que se esparcían sin ningún orden concreto. Harry alzó una mano y los tocó por encima, sintiendo un frío metálico bajo sus dedos. Cerró los ojos y se percató de que se seguía sintiendo tal y como se sintió cuando era un adolescente:dolido. El tiempo había pasado y él había madurado, había sido feliz con Ginny y con su familia, pero el sentimiento de pérdida seguía siendo el mismo cuando se trataba de su padrino. Y más aún cuando en su mente todavía podía recordar con claridad la escena.

Bellatrix Lestrange también está muerta, se dijo a sí mismo. Y a pesar de todo Harry seguía odiándola.

Cabeceó lentamente, intentando apartar los pensamientos de su mente. Giró sobre si mismo, dándole la espalda al velo y encaró a los dos inefables que se habían mantenido en silencio, a cierta distancia de Harry. Uno de ellos, Miles Makkins, era ya bastante mayor. Tenía el pelo blanco y una enorme calva en la coronilla, además de un cuerpo huesudo y aparentemente frágil. El otro inefable era mucho más joven, no parecía ser mucho mayor que su ahijado Teddy. Quizás unos veinte años o veintiuno, calculó. Era muy rubio, alto y con la piel bronceada, además Harry se percató de que parecía nervioso con su presencia.

Fue Makkins quien empezó a hablar.

"No nos gusta colaborar con los aurores "dijo, sereno y conciso.

Harry suspiró pesadamente. Él ya había colaborado en algunas ocasiones con él, tras la guerra, y sabía que Makkins era un hombre receloso de su trabajo y bastante desconfiado.

"Sin embargo las circunstancias nos están obligando a esto" continuó diciendo con un suspiro de disgusto.

Harry asintió con la cabeza, entendiendo la situación.

"¿Cuál es el problema, Miles?" preguntó, sin andarse con rodeos.

"Acérquese señor Potter, se lo mostraré"

Miles Makkins frunció el ceño y con un movimiento de varita hizo aparecer a un elfo doméstico. El elfo, que parecía mucho más joven que Kreacher, hizo una rápida inclinación de cabeza ante ellos.

Harry le sonrió y el elfo abrió de par en par sus ojos ambarinos.

"Dick" le dijo Makkins al elfo "Acompaña a Matthew. Usted quédese aquí conmigo, Potter"

Makkins dejó escapar un gesto exasperado cuando el inefable Matthew no se movió de su sitio. Con un gesto airado le instó a que se moviera y éste agarró de una mano al elfo doméstico, llevándolo con él.

"¡Vamos, niño! ¡Que no tenemos todo el día!"

Elfo e inefable se adelantaron, andando con pasos cortos hacia el fatídico velo con el que Harry tantas pesadillas había tenido.

Harry, horrorizado, vio como el inefable empujaba al elfo y éste se perdía tras él. Si Hermione hubiese estado allí habría puesto el grito en el cielo.

"¡No podéis…!"

"Cállese, Potter" le cortó Makkins "¡DICK, VUELVE AQUÍ!"

Harry observó estupefacto como el elfo reaparecía de nuevo, completamente ileso.

"Pero…eso es imposible" dijo Harry "Quien cae al velo no vuelve a salir. Sea humano o no"

"Creía que ya habría captado la esencia del asunto, señor Potter" Makkins le observó con expresión grave y Harry se sintió levemente aturdido, intentando hacer que las piezas encajasen en su cabeza "El problema es que este no es el velo de la muerte. El verdadero alguien lo ha robado"

"¿Cómo?"

"Para eso está usted aquí, señor Potter. Para averiguar el cómo, el por qué y..."

"El quién"

Harry cerró los ojos y suspiró.

Hogwarts, clase de DCAO.

Cuando Albus entró a la clase de Defensa contra las Artes Oscuras se dio cuenta de que la compartían con los Gryffindor. Y antes si quiera de que pudiera racionalizar si ese pensamiento le agradaba o no, unos brazos delgados le atraparon en un abrazo asfixiante. Albus, extrañado ante tanta efusividad, se separó lentamente de su prima Rose. Ella le miró a los ojos con una expresión de absoluta preocupación.

"¡Menos mal que estás bien!" exclamó Rose "¡Un chico mayor de Slytherin nos dijo que estabas en la enfermería! ¡Y a tu hermano casi le da algo cuando no te encontramos allí!"

"Salí hace un rato. Y estoy bien, ¿ves? Todo en su sitio" la calmó Albus, sin saber demasiado bien que decir. Le dio un par de palmaditas torpes en la espalda a Rose y ésta, cuando pareció entender el significado de sus palabras, frunció el ceño. La preocupación había dado paso al disgusto.

"Entonces es verdad, ¡estabas en la enfermería!"

"Shh, baja la voz, Rose" refunfuñó Albus "Es una historia muy larga"

"Pues abréviala" repuso ella con voz autoritaria. Mientras se dirigían hacia los primeros pupitres de la clase, Albus intentó escoger las palabras adecuadas para contar la historia, de una manera en la que él no quedase como un sujeto demasiado patético.

"Nos metimos al bosque prohibido, una araña casi nos come y dos de nuestros compañeros nos salvaron. Pero como Albus se desmayó del susto pues le llevamos a la enfermería" resumió Maurice, sentándose a uno de los lados de Rose. Albus se sentó al lado izquierdo de su prima y miró por detrás de la espalda de ella a Maurice con gesto acusador "Ah, y McGonagall nos ha echado una buena bronca"

"Muchas gracias, Adams. Acabas de conseguir que parezca aún más imbécil"

"¡Os habéis vuelto locos! ¿Tenéis idea de lo peligroso que es el bosque prohibido? ¡Por Merlin, Albus!" farfulló ella, se le habían enrojecido las orejas tanto que se confundían con el color de su pelo "Ya verás cuando tus padres se enteren"

Ninguno de los tres pudo decir nada más porque en ese momento el profesor entró en la clase, haciendo bastante ruido. Llevaba bajo el brazo un muñeco que debía estar relleno de algodón porque parecía ser de tacto blando, sin rostro y solo con forma humana del tronco hacia arriba. La parte baja del muñeco no era más que un palo con un soporte de cuatro patas que le mantuvieron erguido cuando el profesor lo dejó sobre el suelo.

El profesor parecía ser un hombre muy simpático, de rostro agradable y ojos claros. Debía tener más o menos la misma edad que su padre, quizás algunos años más joven. Y sobre todo, no paraba de sonreír.

"Bienvenidos a vuestra primera clase de DCAO" hizo una reverencia hacia la clase y consiguió arrancar alguna que otra carcajada nerviosa de los expectantes alumnos "Yo voy a ser vuestro profesor durante este curso, probablemente ya no esté aquí el año que viene, pero el tiempo que esté quiero que lo aprovechemos al máximo. Para empezar, haré algunas preguntas fáciles, ¿de acuerdo?" un montón de cabezas asintieron casi al unísono "Bien, decidme… ¿Cómo creéis que se aprende DCAO?"

Rose, como movida por un resorte, levantó la mano en el aire.

"Estudiando, profesor"

El profesor alzó una ceja, en un gesto escéptico que a penas duró unos segundos. Luego volvió a sonreír y cabeceó ligeramente, como restándole importancia al comentario de Rose.

"Si, bueno. Eso es lo que la gente cree" se encogió de hombros él. Rose se desanimó un poco, ella no solía estar acostumbrada a equivocarse o a que alguien creyese que se equivocaba "Lo que la señorita…"

"Weasley"

"Ah, sí, Weasley claro. Un pelo inconfundible" sonrió el profesor amablemente "Como iba diciendo, lo que la señorita Weasley dice a mí me parece erróneo por una sencilla razón: DCAO no son conocimientos, es práctica. Puedes conocer un millón de hechizos, pero si no tienes el suficiente talento ni la suficiente práctica en llevarlos a cabo es como si no tuvieras nada. En ese caso más valdría que le tirases a tu oponente uno de estos libros a la cabeza, que seguro que le harías más daño"

Un coro de risitas llegó hasta los oídos de Albus. Cuando miró a Rose se dio cuenta de que ella estaba muy roja, pero no supo identificar de si vergüenza o indignación

"¿Y nosotros vamos a practicar?" preguntó animado un muchacho de Slytherin. Se le veía bajito y enclenque, con el pelo moreno. Albus no sabía de quien se trataba, así que supuso que sería uno de los compañeros de habitación de Malfoy y Higgs.

"¡Exactamente!" exclamó con entusiasmo el profesor "Levantaos todos, agarrad vuestras varitas y preparaos para la acción"

Albus se levantó, siguiendo a la trope de alumnos hacia el centro de la sala.

"¡Reduccto! ¡Bombarda!"

Albus miró con los ojos abiertos como platos como el maniquí se rompía en minúsculos cachitos que se esparcían por toda la sala. Luego, el profesor, con un movimiento grácil de varita le devolvió a su estado natural, reconstruyendo todos los pedazos en el acto.

"Impresionante, ¿verdad? Claro que en un duelo el objetivo de nuestros hechizos va a estar en movimiento, así que no será tan fácil" comentó con aire casual "Esto en realidad ha sido solo para presumir un poco" se encogió de hombros. Dos chicas que estaban al lado de Albus rieron tontamente "Ahora para empezar a practicar en esta clase usaremos un hechizo fácil: elexpelliarmus.¿Alguien sabe para qué sirve?"

"Para desarmar al oponente, señor"

"Muy bien, cinco puntos para Slytherin" dijo risueño. Scorpius Malfoy sonrió con cierta arrogancia cuando sintió las miradas de sus compañeros de curso sobre él. "Oh, que divertido es esto de los puntos…" añadió el profesor como para sí mismo "Por parejas lo practicaréis. Si alguna de las parejas consigue dominarlo puede pasar a usar los protego, que son hechizos que…"

"Sirven para crear un escudo de protección" completó la frase Rose, rápidamente.

"Muy bien, señorita Weasley. ¡Cinco puntos para Gryffindor!" proclamó "Pero haga el favor de esperar a que termine las frases"

Después de dar una breve explicación de cómo realizar correctamente los hechizos, él mismo se encargó de hacer las parejas para practicar. Aquél no debía ser el día de suerte de Albus, porque cuando Scorpius Malfoy se plantó frente a él, sonrisa sardónica incluída, lo único que pudo hacer fue agarrar aún más fuerte su varita.

Scorpius era bajito, debía ser más o menos de su altura. Y Albus al contrario de su hermano James, que pegó un estirón justo antes de entrar a Hogwarts, no era precisamente un chico alto. Malfoy enía el pelo muy rubio y los ojos claros, de un gris acerado. Era casi una copia de su padre, en versión mucho más joven, claro.

"¿Quieres empezar ya, Potter? ¿O necesitas pedir ayuda divina?"

Albus apretó los puños con cierta fuerza.

"Engreído" escupió, disgustado "No necesito ningún tipo de ayuda para usar mi varita"

La sonrisilla maliciosa de Scorpius se ensanchó aún más.

"Eso no es lo que parecía anoche"

"Cállate" y haciendo acopio de toda su furia gritó bien claro el hechizo "¡Expelliarmus!"

Scorpius se tambaleó levemente, pero seguía manteniendo la varita fuertemente agarrada. Y la sonrisa socarrona en la cara.

"¿Eso es todo lo que sabes hacer?"

Soy el hijo de Harry Potter, se repitió Albus mentalmente. Soy el hijo de Harry Potter y la gente espera cosas de mí. Y era cierto. Habían ciertos patrones de comportamiento que las personas esperarían que cumpliese. La noche anterior ya había roto uno de los esquemas acabando de lleno en Sltyherin, al contrario de los pronósticos que le incluían en la casa de los leones.

"¡Expelliarmus!" volvió a gritar, con más fuerza. Esta vez, cuando Malfoy dio un par de pasos hacia atrás, Albus sonrió con satisfacción al ver que la sonrisa se le había borrado de la cara.

"Te voy a enseñar como se hace, Potter. ¡Expelliarmus!"

Albus, sacando unos reflejos que no sabía que habían existido en él hasta ese mismo instante, consiguió apartarse justo antes de que el hechizo le golpease. El expelliarmus acabó dando al maniquí que cayó con gran estrépito hacia atrás.

"Aprende, Potter"

Albus estaba seguro de que si le hubiese dado él habría sido quien saldría volando en mitad de la clase y se sintió aún más furioso que segundos antes. Los recuerdos de la noche anterior acudieron a su mente como un torrente desbocado. Se sentía avergonzado y humillado a partes iguales. Internarse en el bosque prohibido en mitad de la noche había sido algo estúpido pero de valientes, algo muy Gryffindor para lo que él ahora se daba cuenta que no estaba preparado. Porque él no era valiente ni Gryffindor. Él era un Slytherin de primer año al que sus compañeros parecían odiar y al que la noche anterior un chico de once años que se suponía tenía que saber de magia lo mismo que él había salvado. Un chico de once años que se apellidaba Malfoy.

Fatídico.

"¿Vas a quedarte ahí dormido, Potter?"

Desde que tenía memoria Albus había buscado algo en lo que pudiese destacar, sin encontrarlo. Porque Albus no era torpe, pero tampoco el más diestro. No era tonto, pero tampoco el más inteligente. No era aburrido, pero tampoco el más divertido. No era el más mayor, ni el más pequeño. Todo en él parecía estar destinado a la mediocridad más absoluta. Y a Albus nunca le había importado… Hasta ese momento.

Ahora algo tenía que cambiar.

"¡EXPELLIARMUS!" la voz de Albus se escuchó alzada entre la multitud y antes de que Malfoy pudiese preeverlo, el rayo azulado le dio de lleno, lanzando su varita por los aires y a él con ella. Malfoy, aturdido, cayó varios metros hacia atrás, golpeándose en una de las colchonetas que el profesor había colocado por el aula.

"Vaya, eso ha sido*… guau*" silbó Maurice a su lado. Él y Rose, que habían estado practicando juntos, miraron como Malfoy era ayudado a levantarse.

Albus sonrió satisfecho cuando el profesor le felicitó. Pero cuando Scorpius Malfoy le lanzó una mirada furibunda, directamente tuvo ganas de echarse a reír de pura alegría.

Ministerio. Cuartel de aurores.

Mundungus Fletcher le miró con el ceño fruncido, sopesando los pros y los contras de la situación. Harry le observó mientras esperaba con paciencia a que se decidiese a hablar. El hombre parecía más demacrado de lo que recordaba, con los cabellos algo más largos y el aspecto típico de un vagabundo muggle. Las manos, de dedos regordetes, tamborileaban sobre la mesa de la oficina produciendo un ruidito descompasado que a Harry comenzó a crisparle los nervios.

"¿Y bien?" le preguntó.

"No he escuchado nada sobre el velo" reconoció Fletcher "¿Sabes? A la gente le gustan los objetos raros y… peligrosos. Pero dudo mucho que alguien se tomase la molestia de robarlo del Departamento de Misterios solo por agregarlo a su colección"

"Ya lo he pensado. Hay algo más detrás de esto" reconoció Harry, sonando más derrotista de lo que pretendía "Por eso necesito que me recopiles información"

Mundungus pareció levemente sorprendido ante la petición y alzó una ceja anaranjada, con una expresión que dejaba entrever que creía que Harry había perdido la cabeza.

"¿Yo? ¿Quieres que lo haga yo?"

"Sí, tú" volvió a repetir Harry, exasperado "Todos sabemos que te mueves bien por…esos lugares. Ninguno de mis hombres conoce tan bien a ladrones y estafadores como tú"

Mundungus asintió, dándole en eso la razón al auror.

"Eso es verdad" dijo y por un momento pareció incluso orgulloso de sí mismo "¿Pero por qué debería ayudarte, Harry?"

Harry sonrió con tranquilidad, sacó un papel que había guardado celosamente en uno de los cajones de su escritorio y se lo tendió a Mundungus, deslizándolo por encima de la mesa.

"El contrabando es algo ilegal, creo que eso es algo que sabemos los dos, aunque a ti a veces se te olvide" empezó a decir Harry, muy serio "¿Y ves esos nombres de ahí? Son todos testigos de tus trapicheos, Dung" le comentó, sintiéndose satisfecho al ver como la cara de Mundungus iba perdiendo color gradualmente "A nadie le gusta Azkabán. Si tú me ayudas, yo te ayudo. Después de todo somos amigos, ¿verdad?"

Mundungus asintió rápidamente. Se deshizo del papel que Harry le había dado como si quemase y poniéndose en pie le tendió una mano al auror.

"Dame unos días y tendrás las respuestas que buscas, Harry"

Harry aceptó su mano y volvió a sonreír.

"Sabía que no me fallarías, Dung"

Hogwarts, clase de DCAO.

"¡Muy bien! ¡Lo habéis hecho todos muy bien! Estoy realmente contento y sorprendido. Sé que de esta clase vamos a sacar muy buenos resultados, estoy seguro" dijo el profesor, con aire solemne.

La mayoría de los alumnos habían conseguido hacer bien los dos hechizos que habían estado practicando y aunque la clase había sido larga y cansada, para Albus fue mucho mejor de lo que esperaba. Se sentía pletórico y lleno de energía. Aunque Malfoy había conseguido derribarle más de una vez, él también había conseguido crear algunos escudos que para fastidio de su compañero desviaron sus ataques. Albus recibió con satisfacción las palabras de aliento del profesor, siendo consciente de que después de todo sí que era bueno en la materia.

"Ahora ya os podéis ir a vuestra siguiente clase, nos veremos en dos días"

Y dicho eso con algunos movimientos de varita comenzó a recoger la clase.

"Profesor" le llamó la atención Rose, tímidamente "Su clase está genial, pero hay una cosa que no nos ha dicho"

El profesor detuvo su tarea y fijó sus ojos en Rose, con curiosidad. Rose enrojeció un poco al notar todas las miradas sobre ella. Carraspeó recomponiendo la compostura y dijo:

"Usted no… No nos ha dicho como se llama"

Algunas exclamaciones de sorpresa y algún que otro es verdad se escapó de los labios de los estudiantes. Albus, que había estado hasta esos momentos tan entretenido con la clase, se percató de que era cierto. Probablemente si Rose no lo hubiese dicho ni siquiera se habría dado cuenta de ese detalle.

"Oh, ¡vaya despiste! Como se nota que no estoy acostumbrado a esto de ser profesor" se rió él. Terminó de recoger las colchonetas del suelo y luego, en el mismo tono alegre que había mantenido durante toda la clase, añadió: "Frank. Frank Daxley"

CHAN CHAN! Antes que nada: SÍ. Es el mismo Frank Daxley (alias el revolucionador) del que hablan Harry y Hermione en el capítulo anterior.

Lo segundo que decir es que aunque parezca que Albus y Scorpius no se aguantan eso va a cambiar, os lo aseguro. He querido mostrar que Albus siempre ha tenido un pequeño complejo de inferioridad, no sé si lo habré conseguido, pero esa es la principal razón de que le siente tan mal que le haya tenido que salvar. Se imagina que su padre nunca necesitó ayuda o algo así, que nosotros sabemos que Harry sí tuvo ayuda muchas veces pero bueno, para Albus es su padre, es un heroe y yo creo que es normal que le tenga algo idealizado ;) Y estar todo el día comparándose con un ideal debe ser un poco frustrante xD

Y lo tercero es que… ¡Falta charla entre hermanos! En este capítulo James no lo ha conseguido, pero para el próximo ya hablarán… más o menos.