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Verde Slytherin — capítulo 3

3.

Nuevas oportunidades

12 de Septiembre del 2017.

Grodic's Hollows.

"¡Papi!"

Lily había prácticamente saltado sobre su padre, mucho más emocionada que de costumbre. Una enorme sonrisa adornándole el rostro pecoso. La pequeña, tan pelirroja como su madre, estaba radiante de felicidad al ver que por fin tenía un poco de compañía en casa. Estar con su madre era divertido durante un rato, pero cuando llevaba todo el día a solas con ella, Ginny llegaba a un punto en el que ya no tenía ni idea de como entretenerla. Y ver que su padre venía acompañado por Hugo y sus tíos Ron y Hermione incrementó aún más su típico estado de nerviosismo. Harry solía pensar a menudo que tan sólo Albus había heredado su carácter, más tranquilo y sosegado, mientras que su hijo mayor y Lily eran unos auténticos torbellinos, siempre llenos de energía.

Para Lily de lunes a viernes los días eran más o menos entretenidos. Por la mañana iba a la escuela muggle con su primo Hugo y echaba allí toda la mañana, luego cuando llegaba a casa comía con sus padres y más tarde iba a la casa de los abuelos, lo cual con primos o sin ellos solía ser bastante divertido. El abuelo Arthur desde que se había jubilado en el ministerio pasaba aún más tiempo encerrado en su trastero repleto de cacharros muggles y a Lily le gustaba ir con él y explicarle para qué funcionaban algunas cosas. Siempre era divertido ver como el abuelo la escuchaba con la boca abierta. En esos días a penas extrañaba las bromas de James ni las historias rocambolescas sin pies ni cabezas que Albus le contaba. Lo malo era que cuando llegaba el fin de semana todo cambiaba radicalmente. Lily se encontraba con mucho tiempo libre y pocas cosas que hacer. Como ese sábado, que había pasado toda la mañana y media tarde muerta de aburrimiento. Ahora que había una pequeña comitiva familiar en su salón Lily vio el cielo abierto.

"Venga, vosotros subid a la habitación" les despachó rápido tío Ron, tras los pertinentes saludos. Lily abrió la boca indignada, pero antes de que pudiese decir nada, el tío Ron añadió "Vamos a hablar de cosas de mayores, Lil" le sonrió.

Lily, poniendo las manos en las caderas, alzó la barbilla en un gesto orgulloso. Que la mandasen a su habitación cuando todos estarían ahí abajo divirtiéndose no era lo que ella tenía planeado.

"Yo ya soy muy mayor"

El tío Ron se rió de buena gana y le revolvió el pelo de manera cariñosa.

"Dime eso dentro de unos años, guapa"

"Pero yo quiero quedarme aquí" se quejó Lily, sin perder la compostura "Te prometo que Hugo y yo nos portaremos bien, ¡ni siquiera haremos ruido!"

Su primo Hugo asintió rápidamente cuando ella le dio un codazo, aunque a él en realidad le diese igual. A Hugo la verdad es que todo solía darle igual.

Lily hizo un mohín de disgusto con los labios y tío Ron por un momento pareció dudar. Lily estaba convencida de que dos minutos más y tío Ron hubiese cedido. Con un puchero y una caidita de ojos era incluso más fácil de convencer que su padre. Ninguno de los dos tenía demasiada fuerza de voluntad cuando se trataba de ella.

"¿Ves, Ginny? Es demasiadoparecida a ti" suspiró Harry, aunque parecía divertido por la situación.

Su madre, que acababa de salir de la cocina, la miró muy seria.

"Ya has escuchado a tu tío" le dijo, encogiéndose de hombros "A tu habitación"

Lily refunfuñó sabiendo que a ella era una estupidez contradecirla teniendo en cuenta que lo que su madre decía se cumplía sí o sí, así que de mala gana agarró a Hugo de la manga de su camiseta y comenzaron a caminar rumbo a su dormitorio.

Sin embargo, Lily rápidamente volvió a animarse al recordar que su hermano James tenía un montón de artilugios de broma en su habitación. Entre los que destacaba una surtida colección de orejas extensibles.

"Hugo" llamó a su primo, que observaba distraído el suelo "¿Jugamos a los espías?"

Y Hugo era consciente de que eso sólo era una pregunta retórica, porque a Lily nadie sabía decirle que no.

Hogwarts, colegio de magia y hechicería.

Albus era plenamente consciente de que se había pasado las dos últimas semanas rehuyendo a su hermano. Tarea que teniendo en cuenta la cantidad de trabajos que le habían puesto los profesores resultó incluso más fácil de lo planeado. Albus había vivido prácticamente recluido en su sala común, donde junto con Maurice, que había resultado ser un auténtico devorador de libros, repasaba las materias. Para su propia sorpresa Albus se había descubierto siendo más que bueno en DCAO, poniéndose rápidamente al nivel de Scorpius Malfoy, el alumno de primero que había estado más aventajado hasta ahora.

Tras la noticia de que había quedado en Slytherin había estado recibiendo cartas con regularidad de sus padres. La primera vez que le escribieron no fue precisamente para felicitarle, sino más bien para regañarle por el incidente del bosque prohibido. Albus soponía que McGonagall les había informado y estaba seguro de que aunque ya pareciese olvidado, cuando volviera a casa por vacaciones le caería un buen sermón. También tía Hermione le había escrito animándole, y la abuela incluso le mandó una torta del sabor favorito de Albus. Pero nadie más de su familia manifestó la sorpresa de que no hubiese sido seleccionado para Gryffindor. Por una parte Albus tenía algo de temor a sus reacciones, pero por otra, tal y como Rose había dicho, su familia tan solo necesitaba tiempo para hacerse a la idea. Y como Albus tenía todo el tiempo del mundo decidió desechar por lo pronto esas preocupaciones. A pesar de que en Hogwarts sus primos prácticamente no le hablasen, excepto Victoire muy de vez en cuando y Rose, la cual se había propuesto convertirse en su sombra para en palabras textuales de ella: impedir que hiciese alguna otra locura.

Aquella fatídica y soleada mañana de sábado, después de que Nate Nott y Hermes Zabini echasen a golpe de palabrería jocosa a Albus y Maurice de la habitación, ocurrió lo que Albus más había estado temiendo. En un pasillo semidesierto, estando camino a la biblioteca, se encontró con su hermano James.

James ni siquiera le saludó. Sólo se paró frente a él con los brazos en jarra y una expresión muy seria en el rostro. La misma expresión que puso cuando Lily le rompió su videojuego favorito, la misma expresión que decía: oh, oh, se avecinan problemas.

"Ven aquí ahora mismo" le ordenó en un tono que no admitía réplicas. Albus se quedó parado en el sitio, siendo consciente de que sería demasiado cantoso huir y James, con un suspiro exasperado, le agarró del brazo con fuerza, obligándole a caminar con él. James era más alto y aunque era delgado siempre había tenido más fuerza de lo que parecía, así que Albus no opuso resistencia y se dejó llevar por él "¡Y tú más te vale que no nos sigas, bicho!" le gritó a Maurice antes de que se perdieran por la bifurcación de un pasillo del tercer piso.

Cuando ambos se pararon tras la estatua de una bruja tuerta, en un pasillo donde no había un solo alma, James soltó su agarre y se separó de él un par de pasos, de brazos cruzados. Albus siempre había pensado que aunque James intentase parecerse a su padre a quien realmente se parecía era a su madre, con ese carácter tan impredecible y explosivo. Albus, siempre más tranquilo y reflexivo, nunca tendría demasiado claro como lidiar con la forma de ser de James cuando se las daba de estar indignado.

"¿Qué pasa, James?" se decidió por preguntar viendo que él no hablaría. Su hermano entrecerró los ojos marrones y le miró de arribabajo, como si esperase encontrar algo diferente en él "¿Te has levantado de mal humor hoy?"

James dejó escapar una risita desagradable que dejaba bien claro que no le veía ninguna gracia al asunto.

"Déjate de tonterías, Albus. Has estado evitándome dos semanas. ¡Dos semanas!"

"En realidad han sido solo doce días…"

James se pasó una mano por el pelo castaño con gesto airado y comenzó a repiquetear con el pie sobre el suelo, molesto.

"Como sea" bufó "¿Qué creías que iba a decirte? ¿Lo estúpido que has sido? ¿Lo imbéciles que son tus nuevos amigos de casa? ¡Porque no creo que haga falta que te lo diga! ¡Seguro que eso tú ya lo sabes!"

"No son mis amigos, ni soy estúpido …" murmuró Albus "Estás diciendo sólo tonterías"

"No me tomes por tonto" bufó su hermano "¿Ahora además de Slytherin te has vuelto mentiroso? Qué rápido te adaptas"

Albus abrió la boca completamente indignado.

"Quizás deberíamos hablar cuando estés más relajado, porque ahora…"

"¡Ni se te ocurra decirme lo que tengo que hacer!" estalló James, furioso. Respiró profundamente antes de continuar "Entraste al bosque prohibido y los Slytherin dicen que tuvieron que salvarte. ¡Que tuvieron que salvarte, Albus! Eso significa que estabas en verdaderopeligro"

"Tú también has entrado al Bosque Prohibido, no seas falso" dijo Albus, dolido por las palabras de su hermano. No entendía por qué estaba tan enfadado, ni qué demonios había hecho tan mal como para ganarse que le mirara de esa forma. James nunca había sido un gran amante de las normas, que Albus las hubiese roto no debía de hacerle sentir así, sino todo lo contrario...¡Debía de estar orgulloso! Si incluso había seguido sus pasos...

"Pero eso es diferente" contestó James con simpleza "Yo hago las cosas bien. Si no sabes hacer algo no lo hagas, pero no me gusta tener que escuchar a las estúpidas serpientes riéndose de ti"

Entonces la realidad le golpeó como un mazazo.

No es por mí, es por él.

"Ah, claro. Perdona, James, se me olvidaba que tú eres perfecto y eso podría arruinar tu reputación" dejó escapar Albus, conteniendo su furia.

"Últimamente es que pareces no pensar mucho" le espetó él, desdeñoso "Lo estás haciendo todo al revés. Lo estás haciendo todo mal..."

"Estoy bien en Slytherin, gracias por preguntar"

"Oh, vamos, no te hagas la víctima ahora" James chasqueó la lengua, enfurruñado "Siempre haces lo mismo. Todo intentas arreglarlo así… dando pena"

"¡Pues perdona que no sea como tú! Perdona que no sea como el perfecto James Potter que cumple todas las expectativas de su padre. El perfecto James al que nunca pillan en nada, el perfecto James que puede entrar al bosque prohibido sin pasar ni un poquito de miedo, el perfecto James que como está en Gryffindor se cree con derecho a mangonearme"

"Es mejor ser como yo que ser así… como es la gente con la que te rodeas ahora… " siseó James, furioso. Estaba empezando a enrojecer de pura frustración "Al menos yo no avergüenzo a mi familia"

Albus le miró dolido. Vergüenza. ¿Es lo que sentirían sus padres con él? Vergüenza. Se le formó un nudo en la boca del estómago y las palabras salieron de su boca sin siquiera poder meditarlas.

"Tú no estás demostrando ser mucho mejor que esa gente a la que criticas"

James abrió la boca, dispuesto a decir algo más, pero pareció pensárselo mejor y cambió su expresión furiosa de segundos antes por una mucho más serena e imperturbable.

"¿Ves, Albus? Cada vez pareces más uno de ellos" dijo, muy serio "Esas asquerosas serpientes te van a comer coco y lo peor es que tú te vas a dejar"

Albus se quedó en silencio mientras veía como James se alejaba por el pasillo, pensando en sus últimas palabras. ¿Sería cierto?, se preguntó, ¿estaba él cambiando? Pero no, él no lo sentía así. Era James el que se había comportado de manera diferente con él. Era su hermano el que le había tratado de manera fría, como nunca antes había hecho. Era James quien había cambiado. O quizás siempre hubiese sido así y Albus acababa de darse cuenta.

Apretando los libros bajo su brazo e ignorando la extraña sensación de vacío que se la había instalado en el pecho, Albus echó a andar rumbo a la biblioteca, a la espera de encontrar a su amigo. Su único amigo, al parecer.

Exteriores de Hogwarts.

"Pues yo creo que sería guay" volvió a repetir Maurice, haciendo malabarismos con un par de piedrecitas que había encontrado cerca de la orilla del lago. Hacía un día bastante soleado y entre los dos habían sacado a Rose de la biblioteca a rastras.

Maurice se había encontrado con un taciturno Albus que hablaba aún menos que de costumbre, pero haciendo alarde de una discreción impropia de él (Albus era consciente de que Adams siempre quería saber más y más) no tocó el espinoso tema de su hermano James. Albus todavía estaba un poco aturdido por la conversación que habían tenido y así lo prefería. James era así, decía cosas sin sentido, sin pensar, porque era impulsivo y por decirlo de alguna manera el Gryffindor más Gryffindor que Albus había conocido nunca. La quintaesencia de lo que debía buscar Godric, desde luego. Tan leal y valiente como imprudente y orgulloso.

"Sólo estás en primero, Adams" le repitió Rose, con infinita paciencia "Los equipos de quidditch no aceptan chicos de primero"

"El capitán del equipo de Ravenclaw me dijo que sí" la contradijo Maurice y Albus pensó en que su prima y él podrían competir sobre cual de los tenía el tonillo de sabelotodo más irritante "Algo sobre que por tu padre se cambió esa norma o algo así, Al… Dijo que era buscador… o cazador… La verdad es que no lo recuerdo" murmuró "Bah, la cuestión es que parece un tío importante el bueno de Harry"

A Albus le pareció que decir que era "un tío importante" era un eufemismo, pero como le gustaba la ignorancia de su amigo acerca la vida y logros de su padre se había prometido a sí mismo que no le contaría más de lo estrictamente necesario.

"Bueno, aunque las normas hayan cambiado sigue siendo muy improbable que elijan alumnos tan pequeños" le rebatió Rose, retomando el hilo de la conversación "Además, ¿de qué conoces tú al capitán de Ravenclaw?"

Maurice sonrió enigmáticamente y se encogió de hombros, dejando escapar un *"ah"*que pretendía crear misterio. A Albus no le interesaba demasiado de donde podía conocer Adams a ese chico, pero la verdad era que no le extrañaba lo más mínimo. Maurice había resultado ser bastante extrovertido y no hacía distinción ni entre casas ni entre personas, se acercaba a los estudiantes más variopintos y rápidamente era aceptado. Excepto por los de su propia casa.Ironías de la vida.

"La única buena razón por la que no puedes presentarte a las pruebas es que no has volado nunca" dijo Albus con lógica.

"¿Y?" le rebatió Maurice, con una sonrisilla divertida. Dejó caer las piedrecitas en el suelo y se tiró en la hierba al lado de Albus "Tampoco hice nunca un hechizo y hasta ahora me han salido bastante bien"

Albus se encogió de hombros, con aire desentendido.

"El quidditch tampoco es tan apasionante como parece"

"¡Pero qué dices Albus!" exclamó Maurice, indignado "Algo a lo que se juega volando en una escoba es apasionante y mucho más"

Albus dejó escapar una risita ahogada y se recostó contra el árbol. En la distancia pudo divisar como un grupo de chicos de Slytherin entre los que destacaba la cabellera rubia de Malfoy se divertía lanzándose una quaffle.

"Mira, ellos están practicando, únete al grupo" bromeó.

"A la secta mejor dicho" dijo Maurice alzando una ceja "Tenemos que encontrarles un nombre chulo, ¿sabes? PorqueGrupo Indeseable de Futuros Mafiosos de Slytherin me suena muy largo"

Albus rodó los ojos, pensando en que su amigo no tenía remedido.

"¿No os habláis con ellos?" les preguntó Rose, curiosa.

"Bueno, más bien ellos no nos hablan a nosotros" le contestó Adams.

"Mejor, a mí ese Malfoy no me gusta nada" asintió Rose, muy solemne.

Adams hizo una mueca de disconformidad ante lo dicho y Albus supo lo que estaba pensando. Realmente Scorpius Malfoy, rivalidades tontas a parte, podía resultar tan molesto como un grano en el trasero, pero sin embargo a la hora de la verdad no era quien trastocaba su tranquilidad en Slytherin. De hecho la mayoría de las veces el muchacho se comportaba. Se metía en sus cosas y en las de nadie más. Hermes Zabini y Nate Nott sí que eran unos alborotadores en potencia y, en opinión de Albus, algo más peligrosos también. Todo lo peligrosos que pueden ser dos chicos de once años, claro.

A pesar de lo que pudiese pensar su hermano James, Albus no se había integrado tan bien en su nueva casa. Sin embargo sí que se había tomado la molestia de observarlo todo hasta el punto de mimetizarse con el ambiente y llamar lo menos posible la atención. Claro que le seguían mirando raro a veces y claro que sus compañeros de habitación seguían tomándole el pelo de vez en cuando, pero la gente ya no se retiraba de su lado cuando estaba en el Gran Comedor o en clase, ni le miraban con desconfianza. Ahora lo que había era pura curiosidad.

Albus no tenía demasiado claro como serían el resto de casas de Hogwarts, pero estaba seguro de que no se movían por tanto interés como Slytherin. En Slytherin había una especie de jerarquía establecida. Los alumnos no se unían en grupos por el simple placer de disfrutar de compañía, ni que dos chicos fuesen amigos significaba que realmente se cayesen bien mutuamente. A veces era incluso al contrario. Los apellidos de la gente de Slytherin solían ser conocidos e influyentes, y los que no lo eran tanto habían sido lo suficientemente despiertos como para estar al lado de alguien que sí que lo fuese. La gente no daba para recibir, sino que recibía y luego se planteaba que dar a cambio. Los vínculos que se establecían no se basaban en la fraternidad o la amistad, sino en una sola cosa: poder. Si después de eso resultaba que además podían ser grandes amigos, pues genial, pero lo principal era tener la ambición suficiente como para triunfar. Y claramente en todos los cursos había alguien que movía los hilos. En primero, Albus tenía muy claro quien era el cabecilla: Nott. Puede que Hermes Zabini fuese bastante más soberbio y dado a darse aires de grandeza, más el típico Slytherin que la gente del resto de casas esperaba, pero a la hora de la verdad Albus estaba seguro de que bajo la apariencia educada y amable de Nott se escondía la verdadera esencia de ser un Slytherin, la verdadera astuciade las serpientes.

"¿Tampoco te cae bien Euan Higgs, Rose?" le preguntó Adams, con la misma sonrisilla irritante que sacaba a relucir cada vez que señalaba lo obvio.

Rose se encogió de hombros, sin querer entrar en su juego.

"Es mi compañero de herbologia" se limitó a contestar "Y no me parece tan presumido ni presuntuoso como Malfoy. Además no hay nada malo en su familia" terminó de decir, frunciendo la narizilla respingona y pecosa.

Adams chasqueó la lengua, con aire divertido.

"No sé por qué os importan tanto las familias de la gente. ¿Qué tiene que ver un hijo con un padre o un abuelo? Los seres humanos somos libres e independientes, irrepetibles..."

"Qué filosófico" dijo Rose, airada. Ella, que era pragmática y lógica por naturaleza, no podía llegar a entender del todo la vida como Adams lo hacía. Claro que las respuestas de ella siempre serían mucho más razonables que las de él "Tú no lo entiendes porque vienes del mundo muggle"

Adams se encogió de hombros como valorando la respuesta y luego perdiendo el interés por el debate volteó la cabeza para mirar al frente.

"¿Una cualidad de los sangre pura es tener un oído súper sónico y ultra desarrollado?" preguntó repentinamente.

"Por supuesto que no" bufó Rose, abriendo su libro de aritmancia básica. Los alumnos no la cursaban hasta tercero, pero Rose había creído que no podía ser malo que estuviese instruida en el tema un par de cursos antes.

"Ah, vale. Entonces es sólo una horrible casualidad que vengan hacia nosotros" suspiró Maurice, restándole importancia "¡Que susto! Pensé que nos habían escuchado…"

Albus dio un respingo y alzó la vista tan rápido que tardó unos segundos en enfocar las figuras que avanzaban hacia ellos. La cuadrilla al completo de Slytherin se acercaba y la sonrisilla que curvaba los labios de Nate Nott no supo como interpretarla.

Grodic's Hollows, casa de los Potter.

"¿Pero cómo ha podido permitir McGonagall algo así?" gruñó Ron, metiéndose otra galleta en la boca.

Hermione hizo una mueca de disgusto y le dio un manotazo, alejándole del plato.

"No mastiques con la boca abierta, Ronald" le regañó. Luego suspiró y recogiendo los papeles que habían estado ojeando segundos antes añadió "No creo que McGonagall haya podido hacer mucho. Las decisiones del profesorado las toma el Comité de Estudios del Ministerio"

"Pues a ese comité se le ha chafado el cerebro"

Harry asintió con la cabeza de manera casi imperceptible. A veces a Harry le daba un poco de miedo convertirse en un paranoico como había sido Ojoloco Moody, pero a esas alturas de su vida cada vez tenía más claro que iba por ese camino, ya de manera irremediable. Últimamente no paraba de ver conspiraciones por todas partes. Sentía la presión del ministerio que le pedía respuestas, la presión del cuerpo de aurores que parecía no saber hacer nada sin que antes él lo ordenase y sobretodo la presión mediática. Eso último sin duda era lo peor. Que los medios de comunicación no parasen de hacer sus investigaciones a parte, que le pusiesen de nuevo en el punto de mira y creasen una tensión precedente al pánico en los magos y brujas británicos no ayudaba a que Harry pudiese hacer su trabajo con tranquilidad.

Por una parte estaban las revueltas, que ya venían sucediéndose desde antes del verano. Al principio habían sido de pocos magos y poco frecuentes, pero poco a poco las manifestaciones parecían haber ido acogiendo adeptos y se habían convertido en más difíciles de controlar. Cada vez más magos estaban cayendo en el error de creer que desvelar el secreto mágico a los muggles era algo beneficioso. Pero Harry recordaba a los Dursley y estaba seguro de que había muchos más muggles como ellos, y sabía que hacer algo así no serviría para nada más sino formar un auténtico caos. Por naturaleza el ser humano le temía a lo que no conocía y los muggles verían la magia como un peligro para sus apacibles vidas. Le había costado un poco dar con el cabecilla del asunto, con el promotor de la idea, y cuando lo había hecho, antes de que pudiese si quiera investigarle más a fondo Frank Daxley había desaparecido del mapa. O eso creyó Harry, hasta que le llegó la sorpresiva noticia de que estaba en Hogwarts.

Y por si eso fuesen pocos problemas también tenía que lidiar con encontrar el artefacto perdido del Departamento de Misterios.

"Alguien le está ayudando desde dentro del Ministerio" llegó a la conclusión Harry "La única manera en la que podría haber entrado en Hogwarts es teniendo un contacto que se lo permitiese"

"Un contacto con el suficiente poder de convicción como para convencer al resto del comité" dijo Hermione.

"O con el suficiente poder, a secas" añadió Ginny.

"Sí, tienes razón" estuvo de acuerdo Hermione "Creo que puedo encargarme de averiguar quien es esa persona, es sólo cuestión de hacer algunas preguntas a la gente correcta"

"¿Creéis que es peligroso que esté en Hogwarts?" murmuró Ginny. Tenía la vista perdida en algún punto de la pared y Harry supo que estaba pensando en James y Albus. Él también estaba preocupado, pero confiaba en que sus hijos supiesen mantenerse alejados de los problemas. Aunque a decir verdad su confianza residía más en su hijo pequeño que en el mayor. Claro que James no sabía nada sobre ese tema, así que no tendría por qué cometer ninguna imprudencia.

"No lo sé, Ginny" suspiró él "En realidad nunca ha hecho nada realmente peligroso. Las manifestaciones han sido pacíficas y hasta El Profeta parece respaldarle en cierto modo" terminó de decir, frunciendo el ceño. Desde hacía unos tres años, cuando El Profeta había cambiado de nuevo de director, el periódica volvía a ser un arma de doble filo peligrosa para Harry y el ministerio. Ginny incluso había amenazado con dejar su trabajo, pero Harry sabía que a ella le gustaba ser periodista de deportes mágicos y la había casi obligado a jurar que no lo haría, se publicase allí lo que se publicase. Después de todo eso no tenía nada que ver con ella, eran secciones diferentes y no relacionadas.

"¿McGonagall sabe quién es ese tío?" preguntó Ron.

"No creo, por ahora es solo un asunto del ministerio" le contestó Hermione "Lo sabemos los que estamos allí dentro, aunque ya sabéis… A veces se filtran algunas cosas. Aunque incluso a nosotros nos ha costado averiguar quien era, tiene un pasado tan limpio que ha sido difícil vincularle"

Ron frunció el ceño pensativo.

"Alguien debería decírselo a la directora para que le tenga vigilado"

Harry asintió de acuerdo con él, pero al mismo tiempo algo le decía que estando en Hogwarts Frank Daxley no intentaría nada raro. Desde luego había sido un movimiento inteligente por su parte, pues las manifestaciones que se sucedieran tras el ingreso de él como profesor no podrían relacionarse directamente con él. De alguna manera se había protegido bastante bien las espaldas.

"¡Y Rose dice que es genial! Si ella supiera…" oyó que seguía refunfuñado Ron.

Lily, en la parte más alta de las escaleras y estratégicamente escondida tras un baúl le dio a su primo Hugo un golpecito en el hombro. Hugo comenzó a recoger las orejas extensibles y luego volvió junto a ella.

"¿Has entendido algo?"

Lily rememoró la conversación a grandes rasgos y luego se encogió de hombros un poco.

"Que Frank Dansy…"

"Daxley" la corrigió Hugo.

"Como sea. Que ese tipo del apellido raro es profesor y a papá no le cae bien" resumió, rápidamente "Así que vamos a tener que vigilarle"

Hugo abrió sus ojos claros de par en par.

"Eso lo va a hacer la señora McGonagall. Ya les has escuchado…"

"Pero esto es como los topos de las películas muggles, ¿entiendes? El topo tiene que ser alguien que no te esperes... ¡Una sorpresa! Y todo el mundo sabe que McGonagall es amiga de papá" Lily, que tenía mucha experiencia en ver películas muggles policíacas parecía tener muy claro de lo que hablaba y Hugo no se atrevió a rebatir su gran argumento "Tiene que ser alguien que le vigile sin que se sienta vigilado… Como nosotros, por ejemplo"

"¿Pero cómo? ¡Nosotros no estamos en Hogwarts, Lily! Y no podemos colarnos allí, ya sabes lo que dijo mi madre de todas esas protecciones y esas cosas que no…"

"¡Nadie ha hablado de colarnos Hugo!" le riñó ella, ofuscada porque nunca la dejase terminar "Es verdad que nosotros no estamos allí, pero yo sé quien nos ayudará"

A Hugo no le gustó nada la gran sonrisa que mostró Lily. Cuando su prima sonreía así al final siempre se metían en problemas.

"Busquemos papel, Hugo, que tenemos una carta que escribir"

Hogwarts, exteriores.

A Nate Nott no le caía bien Albus Potter. No era nada personal en realidad. Bueno, quizás si que fuese un poco personal. Pero de cara a los demás las razones que daría sobre el por qué no le aguantaba eran completamente lógicas y racionales, como él. Nate no podía tenerle respeto a alguien que no se respetaba a sí mismo, que siempre estaba rodeado de gente de otras casas y no se hacía un sitio en la suya. No podía respetar a alguien que oía que le decían eres un Slytherin y se hacía el loco. Sin embargo, Nate, que era un muchacho inteligente, estaba seguro de que si el sombrero le había puesto en esa casa era por algo. Ese Potter debía tener algo diferente a los demás, debía tener algo dentro de él que le había llevado a la casa de las serpientes. Y Nate quería estar ahí cuando Albus se diese cuenta. Así que hizo lo que tenía que hacer: intentar reclutarle. *O hacerse amigos,*como prefería llamarlo la gente.

Hermes por supuesto no lo había entendido, pero Nate ya contaba con ello. Los Zabini eran así, unos cabeza duras que no entendían de estrategias e iban directos al grano, sin saber regodearse en el placer de mantenerlo todo bajo control. Sin embargo, Baddock y Bletchley, que carecían de demasiada personalidad, aceptaron con facilidad su propuesta. Euan Higgs, el eterno paladín de las causas perdidas, demasiado soñador para estar en Slytherin en opinión de Nate, también dio su visto nuevo. Higgs estaba tan deseoso de que todos viesen las cosas buenas de Slytherin que se le olvidaba que Nate nunca hacía algo por amor al arte, sin esperar algo a cambio. Por supuesto el gran problema fue Scorpius Malfoy. El impasible Scorpius Malfoy que siempre desconfiaba. Nate no le culpaba, se conocían demasiado bien y Scorpius, que siempre había sido un niño muy despierto, aprendió que con Nate Nott nunca es nada lo que parece.

Sin embargo Malfoy, ya fuese por curiosidad o porque había entendido que era mejor seguirle la corriente, también le había acabado acompañado. Y ahora estaban todos allí frente a Albus Potter, haciendo una tregua. Tal y como él había planeado.

"¿Qué dices entonces, Potter? ¿Firmamos la paz?" sonrió.

Nate vio con satisfacción como Albus vacilaba un poco.

"¿A qué viene ese cambio tan repentino, Nate?" preguntó Maurice Adams, que hasta entonces se había mantenido en un discreto segundo plano. Realmente Nate no tenía nada personal contra ese chico, pero no le gustaba su actitud entusiasta hacia todo y todos. En realidad a Nate no solía gustarle nadie que tuviese una personalidad demasiado definida y poco moldeable.

Sonrió de la manera más amigable que pudo y poniendo su voz más educada le contestó.

"Como os he dicho antes no es bueno que entre nosotros, que vamos a convivir siete años juntos y además estamos en la misma casa discutamos. No es algo bueno ni para vosotros ni para nosotros. Después de todo la unidad hace la fuerza, ¿no? Nos equivocamos el día que os mandamos al bosque prohibido y espero que podáis perdonarnos" suspiró y hasta él mismo se dio cuenta de que había sonado bastante convincente "Si ahora mismo no os apetece estar con nosotros lo entenderé, por supuesto. Pero para cuando queráis… Os estaremos esperando"

"No hay nada que perdonar, Nott. Por mí todo está olvidado, no me gustan los problemas" dijo Potter, con un tono de voz neutro. Adams parecía un poco más reticente, pero finalmente terminó asintiendo con la cabeza.

"Perfecto, me alegra escuchar eso, Albus" sonrió "Normalmente las bromas no se nos van tanto de las manos, pero está claro que esa noche no estábamos muy finos"

"Supongo que yo tampoco fui muy inteligente al acceder" concedió Albus.

Nate sonrió, pagado de sí mismo y con un gesto de mano se despidió de ellos.

"Pues ahora que está todo aclarado, cuando queráis podemos probar las escobas…Las pruebas de quidditch serán dentro de poco" dijo, antes de marcharse por donde había venido.

De lo que Nate Nott no se percató en ese momento fue de que mientras todos sus amigos le seguían, Scorpius Malfoy se quedaba rezagado y acercándose a Albus Potter le decía:

"No te fíes de él. Que ese no conoce lo que son las buenas intenciones"

Si lo hubiese sabido se habría percatado antes de que su homogéneo grupo tenía algunos eslabones sueltos, por supuesto.

Hogwarts, dormitorios de Slytherin.

A pesar de que las palabras de Scorpius Malfoy se habían empezado a repetir como una letanía en su cabeza y de que Rose le había advertido hasta la saciedad que se andase con cuidado, Albus no podía evitar sentir que la novedad de que sus compañeros de curso le hablasen animádamente y de sentirse completamente integrado le agradase. De hecho no recordaba haber cenado tan cómodo en las últimas dos semanas.

Se había pasado toda la cena hablando con Baddock y Nott, que habían resultado ser buenos conversadores. Baddock era forofo de los Chuddley Cannos igual que él, y teniendo en cuenta que no era un equipo demasiado popular, Albus se había sentido en la gloria cuando el chico comenzó una animada discusión con él sobre quien sería el nuevo capitán. Por su parte Nott tenía un talento natural para destripar a los profesores y su humor negro cuando no iba exclusivamente dirigido a él y sí a los demás a Albus le resultaba de lo más gracioso.

Le importó bastante poco que desde la otra punta del Gran Comedor su hermano James le mirase con el ceño fruncido. Pletórico y contento, dejando de lado cualquier advertencia, se decidió a dejarse llevar por la corriente, a dejarse llevar por sus compañeros de casa. Porque después de todo eso no podía ser tan malo, ¿verdad?

Después de jugar un rato en la sala común con una baraja de cartas que un alumno de sexto había encantado y echar una rápida partida de ajedrez que Maurice ganó a Zabini con insultante facilidad, los chicos decidieron subirse a sus habitaciones. Albus se percató en ese momento de que todos habían estado reunidos menos Scorpius Malfoy, que desde esa tarde se había separado del grupo y ahora estaba sentado al lado de las tres únicas chicas del curso. Albus había prestado tan poca atención a la gente de su casa que ni siquiera recordaba sus nombres. Quizás Malfoy estaba ahí porque no le apetecía compartir a sus amigos con él, pensó. Pero a Albus le daba igual, si Malfoy era un egoísta que no le aguantaba eso no era problema suyo.

Ya estando en su cuarto, una vez tumbado en la gran cama, se dio cuenta de lo cansado que estaba. Y no debía ser el único porque los débiles ronquidos de Zabini ya resonaban por la habitación.

"Eh, ¿te has dormido ya?" susurró Maurice, que dormía en la cama de al lado.

"Hmm…"

"Ha sido un día raro, ¿no te parece?"

"Un poco" contestó Albus, escueto.

Maurice, intuyendo que Albus no le daría demasiada conversación a esas horas de la noche, refunfuñó algo por lo bajo que contenía las palabras Nott y sospechoso y se dio media vuelta en su cama, dándole la espalda a su amigo.

Albus se había convencido de que los Slytherin eran malos, de que no tenían sangre en las venas sino una especie de ácido corrosivo que no hacía más que hacer daño. Se había convencido de que eran personas horribles. Todos, sin excepción. Pero él era un Slytherin y no era una mala persona. Así que las teorías que había mantenido sobre ellos durante once años se habían ido al traste en un abrir y cerrar de ojos. Y si él era Slytherin y una buena persona, por esa regla de tres, Nate Nott también podía serlo, ¿no? Se había disculpado con él y a Albus le había parecido sincero. Además su padre siempre decía que todo el mundo merecía una segunda oportunidad. Y su padre nunca se equivocaba.

Con ese último pensamiento tranquilizador y creyendo que hacía lo correcto Albus se quedó dormido.

Hogwarts, dormitorios de Gryffindor.

"¡POR LOS CALZONEZ DE MERLÍN! ¡QUE ALGUIEN AGARRE ESA LECHUZA!"

En la torre de Gryffindor una lechuza había entrado por la ventana que Fred Weasley siempre se empeñaba en dejar entreabierta alegando que hasta Octubre no había excusa para pasar calor. James, que dormía arrebujado en un millón de mantas y con los doseles de la cama cerrados, pegó un respingo cuando escuchó la voz de uno de sus compañeros de cuarto.

Aturdido por el sueño comprobó comoPegasso le traía una carta.

Hogwarts, dormitorios de Slytherin.

La estancia estaba oscura y el viento silbaba entre los árboles hasta colarse por las rendijas de los ventanales.

El hombre se miró al espejo y éste le devolvió una mirada cansada de ojos marrones y sin brillo, apagados después de tanto sufrimiento. Su pelo, que en algún momento había sido negro y brillante ahora caía sobre los hombros sin gracia, formando nudos desaliñados que le daban un aspecto aún más lamentable. Y en su rostro anguloso y cansado se podía leer la más triste de las derrotas.

Era joven, había sido alguien brillante y ahora estaba perdido.

Sabía que irían a buscarle, pero ya no era capaz ni de sentir miedo. Había tomado una decisión, ya no quedaba pánico, ahora solo existía la resignación. Su traición le había pasado factura y ahora tendría que lidiar con las consecuencias. Tendría que pagarlo, con sangre quizás. Ni siquiera se sobresaltó cuando la madera desgastada del suelo comenzó a crujir bajo largas pisadas. Se estaban acercando y él los esperaba.

"Ya están aquí" le murmuró a su reflejo.

Y echó a correr con todas sus fuerzas.

Cruzó el pasillo destartalado, llevándose en su alocada carrera cualquier cosa se pusiese en su camino. Abrió la puerta del exterior de la casa hasta que pudo sentir el frío del invierno azotándole la cara. Ah, libertad. Fuera el clima estaba cargado por una extraña tensión y de inmediato notó una mirada clavada en su espalda sin siquiera tener la necesidad de girar la cabeza. Alguien estaba tras él. Y sabía que era su maestro. Él siempre se anticipaba a todos sus pasos. Sabía como funcionaba su mente, leía sus pensamientos, estaban conectados de manera irremediable.

"Ernest" escuchó que le llamaba. Y su voz sonó aterciopelada, con un matiz agradable que pretendía embriagarle los sentidos "Esto no tiene que acabar así. Devuélveme la llave y lo olvidaré todo"

Pero no lo olvidaría y Ernest lo sabía. Nadie olvidaba una traición.

Rebuscó en el bolsillo de sus raídos pantalones y sacó su varita.

"¿Piensas atacarme, Ernest?" se rió.

"No" su voz sonó fuerte y decidida "No serviría de nada"

Y sin decir más Ernest se apuntó con la varita a su propio pecho, antes de que el otro mago pudiese detenerle.

El resplandor verde de la maldición asesina rompió la oscuridad de la noche.

Ernest estaba muerto y se había llevado su más oscuro secreto con él.

Albus se despertó en el silencio de la madrugada, sobresaltado y empapado en sudor. Las imágenes del sueño se sucedían en su cabeza sin un orden establecido. Tenía el corazón latiéndole a mil por hora y un dolor que le oprimía el pecho.

Albus…

Escuchó que alguien susurraba su nombre a sus espaldas y luego como una especie de dedos gélidos y delgados le rozaban la coronilla. Un aire frío le sacudió la nuca y le hizo pegar un respingo, estremeciéndole de pies a cabeza.

Preso del pánico giró rápidamente la cabeza:no había nadie tras él.

Sus compañeros, ajenos al terror de Albus, seguían durmiendo.

¡Fin del capítulo! Espero que no se os haya echo demasiado largo. ¿Qué os ha parecido? Como siempre decir que se aceptan todo tipo de críticas y opiniones :)

Respecto al capítulo pues... Nate Nott es un poco odioso, pero oye, es un niño listo, ¿eh? ¡A mí me encantan los personajes inteligentes! Lástima que subestime a la gente... Y Albus si acepta tan rápido su amistad es porque es un poquito ingenuo jaja De alguna manera espera encontrar algo bueno hasta en la peor de las personas ;) ¿La conversación entre los hermanos qué os ha parecido? ¡Y apareció Lily! Lily no volverá a aparecer hasta dentro de unos cuantos capítulos, pero como es tan adorable no me he resistido a ponerla en éste ^^