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Verde Slytherin — capítulo 4

Bueno, aunque no hay demasiados comentarios, como esta historia está escrita hasta el capítulo ocho subo los capítulos rapidito jaja aunque me lean dos o tres personas solo que les guste, no importa! :) 4.

Ausencias

21 de Septiembre del 2017.

Hogwarts, mazmorras.

"A Slughorn ya no le rinde el cerebro. Lo siento, Albus" se disculpó Nott mientras recogía sus cosas, suspirando con pesar. Albus se encogió de hombro, un poco desanimado ante la perspectiva de la próxima hora de tortura que le esperaba "Si te sirve de consuelo Malfoy no es muy hablador, no creo que te moleste" le susurró en tono confidencial justo antes de marcharse rumbo a la mesa que compartiría con Michelle Nijou, una chica muy alta de Gryffindor.

Albus miró por encima del hombro como Malfoy se sentaba a su lado y frunció el ceño, reticente. Aunque a Malfoy no pareció molestarle en absoluto que él le mirase con evidente desagradado. De hecho Albus había llegado a la conclusión de que al rubio Slytherin le importaban pocas cosas. Al contrario de él que tendía a ser susceptible, Scorpius Malfoy tenía una muy bien construida capa de indiferencia. Y si algo podía destruir esa capa desde luego no era el desagrado de un Potter hacia su persona.

Pero no era la impasibilidad de Scorpius lo que le molestaba, ni tampoco que se hubiese retirado del grupo de chicos de Slytherin de manera casi grosera cuando Albus estuvo incluido entre ellos. Lo que a Albus le molestaba, lo que le daba cierta envidia un poco insana, era que Scorpius Malfoy tuviese talento. Simple y llanamente talento para todo. Era frustrante ver como a lo que más había llegado era a igualarle en clase de DCAO, mientras que en todo lo demás había sido fácilmente superado por el chico. Scorpius igual que podía realizar un encantamiento Wingardium Leviosa a la primera o transformar un alfiler en un palillo de dientes, sus habilidades se extendían hasta la clase de Pociones. La mayoría del tiempo Albus intentaba sobrellevarlo, pero en la case de Slughorn todo se hacía una odisea.

El profesor Slughorn les tenía ordenados por parejas, mediante orden alfabético, de modo que algunos alumnos quedasen mezclados entre casas y la división de colores y uniformes no fuese tan evidente. Albus hubiese dado todo el oro del mundo porque le tocase con cualquier otra persona que no fuese Scorpius Malfoy, pero evidentemente la suerte no era algo que le acompañase últimamente. A todo eso había que añadir que mientras Malfoy era felicitado cada cinco minutos por Slughorn, él lo único que conseguía eran unas estúpidas palmaditas de ánimo en la espalda y una mirada de extrañeza que solía ir acompañada de "Vaya, creo que no heredaste el talento de tu padre"

¡Y vaya estupidez era esa! Si todo el mundo sabía que su padre no era capaz de hacer ni una simple poción para la tos…

"Lo estás haciendo mal, córtalos en trozos más pequeños" murmuró Malfoy, mirándole de reojo.

"Está bien"

Scorpius hizo una mueca de disgusto y le arrancó de malas maneras las raíces de mandrágora de las manos.

"Tú mueve esto en el sentido de las agujas del reloj. Yo haré el resto. ¿Crees que podrás con eso, Potter?"

Albus dejó escapar un bufido de disgusto pero decidió no añadir más. De todas maneras sería mejor así, ambos sacarían una buena nota y Albus no daría el cante más de lo necesario. Aún así el pequeño resquemor de volver a sentirse superado se abrió paso en su pecho y no pudo evitar mirar con cierto desdén a su compañero.

"¿Sabes, Potter? Tengo un sueño muy ligero, cualquier ruido me despierta" dejó escapar Malfoy, tras unos minutos de silencio. Seguía concentrado en su quehacer, cortando las raíces con precisión y no tuvo intención de levantar la mirada hacia él.

"Felicidades, Malfoy" sonrió Albus con sorna "Sabiendo eso sobre ti creo que ya puedo morir en paz"

Scorpius Malfoy rodó los ojos con cierto fastidio. Terminó de amontonar las raíces que había cortado cerca del caldero y alzó la mirada para mirar a Albus, sus ojos grises tenían un matiz de evidente curiosidad. Por la forma que tenía de girar la cabeza hacia un costado parecía estar valorando seriamente qué decirle.

"¿Qué te pasa a ti por las noches, Potter? Quiero decir que…no es que me importe, pero tus gritos nocturnos no son precisamente música para mis oídos al despertar"

Albus abrió la boca, confuso. Si Scorpius Malfoy que dormía en la habitación contigua a la suya le escuchaba gritar debía ser realmente escandaloso. Sin embargo ninguno de sus compañeros de habitación le había comentado nada al respecto. Probablemente era porque Zabini dormía como un lirón y Nott se preocupaba tanto de su intimidad que protegía su cama silenciándola, de manera que ninguno de los dos se percataría de lo que le pasaba por las noches. Y Maurice… bueno, él nunca insistía cuando Albus no quería hablar de algo. Y desde luego de eso no quería hablar. Los sueños eran solo eso, estúpidos sueños, por muy angustiosos que pudiesen ser a veces.

"No me esperaba que te afectase tanto estar lejos de tu papá" se burló Malfoy, con cierta malicia en la voz.

"Estúpido"

Malfoy se rió por lo bajo, pero luego volvió a ponerse serio.

"Quizás sea una fantasma que intenta asustarte" sugirió, aunque algo en su voz hizo a Albus pensar que hasta esa inocente frase tenía un doble sentido "Ya sabes, a veces lo hacen…"

"No he visto ningún fantasma" respondió Albus con rotundidad.

Albus pestañeó turbado cuando sus ojos se cruzaron con los de Scorpius, que le miraba con una expresión ligeramente ansiosa, como si esperase que Albus encontrase en sus palabras más de lo que realmente iba a decir.

"Tienes razón, eso no puede ser" dijo "Los fantasmas han desaparecido"

Y Albus no pudo evitar tener una mala sensación, porque no se había percatado de ello antes. No se había percatado de que ningún Barón Sanguinario les había recibido en el Gran Comedor cuando se sentó en la mesa de Slytherin. Ni el excéntrico Nick Casi Decapitado del que su hermano James le había hablado en la mesa de Gryffindor. Ni el famoso Peeves del que tío George contaba maravillas.

No había fantasmas en Hogwarts.

Y hasta ese momento solo Scorpius Malfoy parecía encontrarlo tan raro como él.

Hogwarts, biblioteca.

"Qué raro que estés separado de tus amiguitos" comentó Rose con cierta acidez, al verle esperándole en el umbral de la puerta.

Albus suspiró pesadamente y se sentó en la mesa más alejada de la biblioteca, junto a la sección de Estudios Muggles. Rose le siguió hasta coger sitio frente a él. Durante la última semana Albus sabía que la había tenido un poco abandonada y lo peor era algo que hasta el momento no le había hecho sentir ni un ápice de culpabilidad. Sin embargo ahora que la tenía frente a él con la frente fruncida en un claro signo de molestia, Albus entendía que a ella esos pequeños desplantes le habían sentado realmente mal. Albus nunca había querido dejarla de lado. Por Merlín que no. Rose era su prima y su mejor amiga, pero había estado tan ocupado adaptándose a su vida en Slytherin y siendo absorbido por Nate Nott que en un punto se olvidó de todo lo demás.

"Lo siento, Rose. Mucho trabajo, ya sabes... Las tareas y todo eso…" se excusó, vagamente.

Rose le miró con un claro gesto escéptico, pero no quiso decir nada más.

"Ya"

"Pero ahora estoy aquí" sonrió "Y voy a molestarte durante toda la tarde si hace falta"

Cuando se percató de que a Rose se le pasaba un poco el mal humor, decidió que era hora de comentarle la escueta conversación que había mantenido con Malfoy aquella mañana. Le había estado dando vueltas durante casi todo el día. Aunque a simple vista pareciese una tontería Albus no podía evitar sentir curiosidad hacia el asunto. Y de repente la solución a todas sus preguntas se le presentó a la hora de la comida como una revelación: Rose. Si alguien podía dar una explicación lógica y racional era ella. Su prima inteligente y metódica, la que siempre sabía que hacer y qué decir.

Rose le escuchó con creciente atención, hasta el punto que dejó la redacción que había estado escribiendo. Tenía los ojos azules entrecerrados en un gesto de concentración.

"...Aunque Binns es un fantasma y sigue aquí"

Rose pestañeó al escuchar las últimas palabras de su primo.

"Dudo que Binns sea consciente de que está muerto" llegó a la conclusión ella "Es muy raro que los fantasmas desaparezcan del lugar que habitan.. Pueden pasar al otro lado, ya sabes. Pero, ¿todos a la vez? Eso es ilógico"

"Lo raro es que tú no te hubieses dado cuenta antes"

Rose abrió la boca con indignación y Albus la vio enrojecer levemente.

"Tienes razón" suspiró, rendida "Sabía que algo faltaba en Hogwarts…pero no ubicaba el qué"

"¿Pero en serio crees que se han ido?"

Rose recogió de la mesa la pluma que había estado utilizando y la giró nerviosamente entre sus dedos.

"Tal vez" murmuró, no muy convencida

"O quizás estén escondidos"

Su prima pareció dudar.

"Qué tontería. ¿De qué iban a esconderse en Hogwarts, Albus?"

Albus pensó que Rose tenía razón y lo que había insinuado era una soberana estupidez. Porque después de todo un fantasma no tenía nada que temer, teniendo en cuenta que ya estaban muertos, ¿verdad? Quizás era solo una casualidad. Una casualidad extraña y que alertaba a su instinto de supervivencia. Una casualidad que junto a sus pesadillas le volvía cada vez más paranoico.

"De todas formas creo que podríamos salir de dudas…" añadió Rose, tras unos segundos de vacilación.

"¿Cómo?"

Su prima sonrió enigmáticamente.

"¿Tu padre te ha hablado alguna vez de Myrttle la Llorona?"

Hosgmeade

Mundungus Fletcher nunca había sido un hombre valiente y quizás tampoco demasiado astuto o elocuente, pero estaba bien claro que era alguien inteligente. Y que sabía como jugar bien sus cartas. En especial sus cartas de póker.

"¿Vas a alargarme mucho más la agonía, Dung?" la voz del hombre que había estado persiguiendo durante casi dos semanas llegó a sus oídos con un matiz casi amistoso que hizo a Mundungus sonreír.

Realmente Mundungus no tenía amigos de verdad, pero sí muchos colegas de negocios, viejos socios que tarde o temprano se unían entre su pasado y presente. Richard Coop era una de esas personas. Richard, Rich para los amigos, era un hombre regordete y bajito, con una expresión de inocencia bobalicona que le había salvado de muchos problemas. Nunca había sido demasiado espabilado, pero sí escurridizo. ¡Vaya que sí! A Mundungus le había costado mucho tiempo y esfuerzo encontrarle, pero estaba seguro de que valdría la pena.

Rich siempre estaba al tanto de todos los trapos sucios que se cocían por los bajos fondos, tanto mágicos como muggles. Aunque Mundungus dudaba que supiera algo sobre el maldito velo que había desaparecido. Sopesando las posibilidades llegó a la conclusión de que quien lo hubiese robado no haría alarde de donde lo tenía, pues nadie quería enfrentarse al Ministerio. Así que al final había optado por descubrir el por qué alguien lo robaría. Y Rich era bueno dando razones.

"Lo siento, amigo" dijo, regocijándose al ver como Rich suspiraba con frustración. Dejó caer sus cartas sobre la mesa y sonrió ladinamente "Trío de ases. No creo que puedas con esto"

Rich se encogió de hombros apesadumbrado, apuró su copa de whiskey de fuego y llamó al camarero para que volviese a llenárselo.

Estaban en un local poco recomendable de Hosgmeade. Había sido abierto hacía unos pocos años y era la principal competencia del Cabeza de Puerco en cuanto a gente corrupta y poco recomendable. Aunque algo más limpio, claro.

"Tú me dirás que quieres"

"Información" Mundungus fue escueto, directo al grano.

Rich alzó las cejas en un gesto de leve sorpresa.

"¿Y qué es lo que me das a cambio?"

Mundungus bebió un trago de su bebida y se estiró en la silla, tomándose su tiempo.

"No tengo nada que darte, pero es mejor que colabores. No soy yo quien quiere saber" le aclaró "Trabajo para Harry Potter"

Ahora Rich si que parecía francamente sorprendido. Sus labios regordetes se abrieron con incredulidad. Y Mundungus se maravilló interiormente de cómo tan solo un nombre podía crear tal expectación.

"Wuau, ¡vaya si apuntas alto Dung!" se rió de buena gana "Aunque no sé por qué tendría que creerme que Potter necesita la ayuda de un ladrón.. Uhm.. De alguien como tú"

"Y como tú" contraatacó Mundungus, aunque lejos de sentirse ofendido "Harry y yo fuimos compañeros ya en su momento"

"Ah, ya. La famosa Orden del Fénix" Mundungus asintió y Rich pareció meditar durante unos segundos.

"Si prefieres que venga él a preguntarte personalmente… estoy seguro de que te no tendría ningún problema en hacerlo" sonrió con benevolencia a su acompañante "Pero creo que eso sería poco productivo para ti, Rich"

Rich frunció el ceño, sintiendo que no le gustaba nada el giro que estaba tomando la conversación. Él intentaba guardarse las espaldas lo mejor que podía, pero estaba claro que tenía al Ministerio tras él y que a la mínima de cambio podrían cogerle por cualquier tontería. No era un tipo peligroso, a decir verdad. Pero tampoco había sido un santo. Quizás por eso mismo lo mejor que podía hacer era colaborar, pensó.

"En el hipotético caso de que tuviese la información que buscas…" dijo, tentativo "¿Harry Potter sabría que ha salido de mí?"

"Oh, sí, ¡por supuesto!" se rió Mundungus "Y Harry Potter es un hombre que sabe ser agradecido"

Rich pareció darse por satisfecho y las arrugas de tensión que su rostro redondeado habían acumulado fueron desapareciendo poco a poco.

"Te escucho"

"Bien. Hablemos hipotéticamente, ¿de acuerdo?" comenzó por decir "Hipotéticamente alguien ha robado algo del Ministerio de Magia. Hipotéticamente es algo valioso… pero peligroso. Hipotéticamente es.. Digamos… hmm.. El velo de la muerte, por poner un ejemplo"

Rich abrió los ojos de par en par pero luego carraspeó y volvió a recuperar una expresión más o menos serena.

"En el caso de que eso (hipotéticamente hablando) hubiese pasado realmente es… extraño e inquietante" tomó un largo trago de su copa y se limpió la las gotas de licor que le habían resbalado por la barbilla "Corren rumores sobre ese velo, aunque son pocos los que les prestan atención. Ya sabes, viejos cuentos… viejas leyendas que siempre tienen algo de verdad"

"¿Cómo por ejemplo…?"

"Como por ejemplo que existió alguien que conoció todos sus secretos. Alguien qué logró dominarlo a su voluntad…" se encogió de hombros Rich.

Mundungus frunció el ceño, con creciente curiosidad.

"Nadie podría hacer eso" negó, con rotundidad "Imposible"

Rich sonrió un poco, llevándose un dedo rechoncho a los labios.

"No existe nada imposible, hombre de poca fe" le corrigió "Las malas lenguas están seguras de que Gellert Grindelwald aprendió como hacerlo"

Mundungus calló, dispuesto a escuchar el relato que su acompañante le contaba, entre escéptico y maravillado.

Hogwarts, segundo piso.

"¡Pero es un baño de chicas, Rose!" se quejó Albus, lastimeramente.

A su lado Rose rodó los ojos con exasperación. Ella era un poco más alta que él y para ser una chica tenía mucha fuerza, así que aunque opuso una débil resistencia, Rose pudo conducirle sin dificultad hacia la puerta de los baños.

"¿Por qué ella?"

"Porque si hay un fantasma fácil de localizar es Myrtle" volvió a repetirle Rose, perdiendo un poco la paciencia "Mi madre dice que ella siempre solía estar en los baños"

"Pues vaya" dijo Albus por lo bajo al tiempo que entraba tras Rose "Myrtle, ¿qué clase de nombre es Myrtle? Suena repelente"

"¡Shhh! Que te va a escuchar, Albus" le regañó su prima "No seas grosero. Ella es un poco… sensible"

"Genial, un fantasma con un nombre patético y fácil de deprimir"

Rose le dio un pellizco malintencionado en el brazo y Albus gimió de dolor, pero decidió callarse. Enfocó la vista en su alrededor y observó como el baño estaba bastante descuidado, aunque no sucio. Probablemente los elfos aún lo limpiaban, pero sin duda tenía aspecto de ser poco utilizado. Aunque si realmente un fantasma vivía en uno de los retretes, tal y como Rose decía, Albus entendía perfectamente que las chicas no quisiesen entrar allí.

"¡Myrtle! ¡Myrtle! ¡¿Estás por aquí?" gritó Rose, girando sobre sí misma. Abrió una a una las puertas de los baños, pero no obtuvo ninguna respuesta "Vengo con Albus Potter. Es el hijo de Harry Potter, ¿sabes? ¡Y se parece tanto él!" dejó escapar, con un falso tono casual. Sin embargo nada sucedió.

Albus frunció el ceño, desdeñoso e incómodo.

"No está"

Pero Rose era una persona testaruda por naturaleza, así que siguió con su cruzada de atraer al fantasma.

"¡Vamos Myrtle, estoy segura de que estás por aquí!"

"Rose, esto es una tontería, no ves que no…"

Un estruendo proveniente de las cañerías hizo que Albus se callara. Rose miraba esperanzada hacia la puerta de uno de los baños, que se agitó levemente. Sin embargo ningún fantasma apareció. Por el contrario, Albus comenzó a escuchar un sollozo que sonaba levemente ahogado, aunque segundo a segundo iba cogiendo fuerza.

"¿Myrtle?" preguntó esta vez Rose, en un tono de voz más inseguro y bajo.

Había algo en el llanto que a Albus le erizaba el pelo de la nuca.

"¡Si eres tú sal o haznos una señal!"

Como si realmente el fantasma estuviese allí y hubiese entendido a Rose todas las puertas del baño comenzaron a agitarse con violencia. Los grifos se abrieron todos al mismo tiempo y Albus contempló entre asustado y fascinado como el agua que salía era caliente, formando un denso vapor que acabó por empañar los espejos de la estancia. Rose a su lado, permanecía muda.

"Esto no tiene gracia Myrtle, no intentes asustarnos y sal" dijo Rose, con voz severa "Sólo queremos charlar un rato contigo, creía que te gustaba la compañía"

Como respuesta a Rose las puertas comenzaron a agitarse de nuevo y las cañerías rugieron ruidosamente. Una ráfaga de viento sacudió a ambos primos y Albus giró la cabeza, sintiendo como el aire gélido le golpeaba la cara. Abrió de par en par sus ojos verdes cuando observó con incredulidad como unas letras comenzaban a dibujarse en uno de los espejos empañados.

"¡Rose, mira!"

En letras grandes y redondeadas, como si se tratase de la caligrafía de una mano temblorosa, había escrito un mensaje.

"Ayuda" leyó Rose en voz alta.

Hogwarts, torre de Gryffindor.

La noche ya había caído, pero la sala común seguía llena de bullicio. Desde luego los Gryffindor no eran precisamente amantes de las normas, pensó Shen, mirando con desagrado como todos se saltaban a la torera el toque de queda.

James, que le había prácticamente arrastrado con él y Fred, se dejó caer con aire despreocupado en uno de los mullidos sillones color escarlata y le hizo un gesto para que tomase asiento junto a él.

Shen ignoró deliberadamente el comentario de Wood (eh, tú no eres de aquí) y se sentó frente a sus amigos, dispuesto a hacerles entrar en razón.

"Te ha dado mucho el sol en la cabeza este verano, ¿verdad?" dijo a James, todavía un poco incrédulo. Sacó las provisiones de dulces que habían sustraído (robar era una palabra muy fea que a él no le gustaba utilizar) de las cocinas. Tras él Wood seguía refunfuñando algo sobre que más le valía no ser un espía del equipo de quidditch de Ravenclaw y por el rabillo del ojo observó como Fred le mandaba a callar con un gesto un poco obsceno "En serio, ¿es que no podéis ser dos personas normales?"

Fred rió haciendo alarde de su buen humor, pero James, que desde que había empezado el curso se ofuscaba por todo, sólo se limitó a mirarle con cierta exasperación. De esa manera que James siempre le miraba cuando no conseguía lo que quería.

Shen Stevens siempre había sido la voz de la cordura, una especie de Pepito Grillo* para James, alguien que tenía un cierto grado de aprecio por las normas y no se cortaba en absoluto a la hora de dejar bien claro a sus dos poco responsables amigos qué estaba mal y que no lo estaba. En ese caso en concreto, lo que James quería hacer (y Fred apoyaba, siempre en concordancia, claro) estaba mal. Muy mal.

"Hablo en serio"

"Sí, James, ese es el problema" refunfuñó Shen, llevándose una mano a la cabeza.

Shen era un Ravenclaw de pies a cabeza y llevaba en la sangre eso de ser responsable. Le gustaba que cada cosa tuviese su orden y saber que cada norma que se había escrito estaba ahí por una razón. El por qué había acabado siendo amigo de las dos personas más caóticas sobre la faz de la tierra era un misterio hasta para sí mismo. Les había conocido en primero, justo dos semanas después de empezar el curso. Shen había estado en el momento inoportuno y en el lugar equivocado. Algo relacionado con Peeves, un montón de tinta imborrable que manchó hasta el techo del tercer piso y la firma Potter&Weasley estampada en la pared. Aquél fue el primer castigo de Shen Stevens, pero no el último.

"Si no quieres ayudarnos no hace falta que lo hagas" sonrió Fred, que devoraba con avidez una tableta de chocolate "¿Te vas a comer eso?

Fred no esperó respuesta para coger un trozo de tarta de melaza que sostenía sobre su regazño y Shen suspiró un poco cansado.

"La pena es que te vayas a perder nuestra nueva arma infalible…" dijo James, encogiéndose de hombros teatralmente "Es genial"

"Una obra de arte" reconoció Fred.

"Una reliquia" susurró James, bajando la voz.

Fred asintió, inclinándose hacia ellos. Algunos ojos curiosos ya se habían posado en los tres amigos, quizás pensando que planeaban una nueva travesura.

"Ajá. Impresionante…"

"…Apuesto a que ni siquiera te lo imaginas"

Shen les miró con el ceño fruncido, haciendo trabajar a toda máquina su cerebro. No cedas, se dijo a sí mismo. No cedas, no cedas, no cedas…

"¿De qué habláis?"

Y cuando James y Fred se miraron y sonrieron con ese aire travieso, Shen supo que estaba irremediablemente perdido.

Ugh, cedió. Maldita curiosidad.

"Es… Es… ¡Esto es magia muy avanzada!" exclamó Shen, sin salir de su asombro.

James sonrió no sin cierta arrogancia y a Shen le dio la expresión de que acumulaba tanto orgullo en ese pecho hinchado que podría explotar en cualquier momento.

"Esto no lo habéis hecho vosotros" llegó a la conclusión.

"Gracias por llamarnos ignorantes de una forma tan educada" le sonrió Fred, que rebuscaba desesperadamente en su mesita de noche.

"No es eso, ya sabéis lo que quiero decir" frunció el ceño Shen "Esto es como mínimo de nivel de TIMOS. ¡Pero mira, si es que puedes ver lo que hace todo el mundo!"

"El mapa del merodeador" le explicó James, arrancándoselo de las manos. Shen le siguió con la mirada, todavía asombrado y vio como James lo doblaba con inusitado cuidado, como si fuese un tesoro muy valioso. Que lo era, desde luego. Shen jamás hubiese imaginado de que se trataba algo así "Lo hicieron mi abuelo y sus amigos. El padre de mi padre, ya sabes.. Un Potter" sonrió ampliamente "Mi padre lo tenha guardado en su despacho, ¡no tienes ni idea de la de historias que ha contado sobre este mapa!"

Merodeador. La palabra se repitió en su cabeza y Shen dejó escapar un suspiro de entendimiento. James le había hablado de los merodeadores, le había contado la historia de los cuatro amigos mil y una veces. Y Shen tenía bastante claro que seguir los pasos de esos cuatro adolescentes alborotadores entraba claramente en los pasos de James a seguir en Hogwarts. Y lo haría. Oh, vaya que si lo haría. Shen estaba seguro de que incluso lograría superar sus hazañas. Si algo había aprendido es que por muy improbables que las cosas pareciesen, James siempre conseguía la forma de hacerlas posibles.

"No sé como tu padre puede tener el valor de darte algo así precisamente a ti" dijo, dejándose caer rendido en la cama de su amigo "En serio, sois un auténtico peligro público"

"Nadie ha dicho que tío Harry se lo haya dado" se encogió de hombros Fred, que ya había encontrado todo lo que buscaba y lo metía sin ningún tipo de orden en una pequeña bolsita agrandada mágicamente.

Shen boqueó, estupefacto.

"¡No me digas que lo has robado!"

James chasqueó la lengua, con disgusto.

"No, lo he tomado prestado sin que mi padre se entere… por el momento" sonrió "Vamos, con esto no puedes quejarte, ¿Qué puede salir mal?"

"Cuando el plan consiste en espiar a un profesor fuera del toque de queda, siendo acechados por Filch y su gata maniática cualquier cosa puede salir mal, James"

Y se rindió. Porque después de todo, por muchas objeciones que pusiese, por muchos intentos que hiciese de detenerles, Shen sabía que les acabaría siguiendo. Porque eran amigos y los amigos hacían eso. Se metían en líos y se seguían hasta el fin del mundo si hiciese falta.

Grodic's Hollow, casa de los Potter.

Harry bostezó sonoramente cuando el repiqueteo de la patita de la lechuza sobre la ventana de su dormitorio le despertó. Él solía tener un sueño bastante ligero, pero Ginny no y con cuidado de no despertarla (Merlín sabía que tenía muy mal despertar) se deshizo de su abrazo.

Una lechuza blanca y con motas marrones por todo el pelaje,pequeña y nerviosa, revoloteó alegremente a su alrededor hasta posarse de nuevo en el alfeizar. Harry no supo reconocer a quien pertenecía, así que con curiosidad deshizo el lacito que ataba la carta a la pata. Acarició el suave pelaje y le dio un par de chucherías que guardaba para la caprichosa Pegassoen uno de los cajones.

Era de Mundungus Fletcher.

Harry debía admitir que tras casi dos semanas sin saber de él ya empezaba a sospechar que Mundungus se había largado bien lejos, dejando atrás el pedido que le había hecho sobre la investigación. Investigación que por cierto había avanzado entre poco y nada, cosa que ya empezaba a traerle más de un quebradero de cabeza. Sin embargo Dung había cumplido su parte del trato y con una sonrisilla esperanzada, Harry abrió la carta.

Hogwarts

"¿Realmente estamos haciendo esto porque tu hermana de nueve años te lo dijo?" escuchó que le preguntaba de nuevo Shen.

James tardó unos segundos en contestar, sabiendo que pasaban por uno de los lugares que Filch solía merodear a la espera de encontrar algunos incautos que se saltasen las normas. O a la espera de encontrarles a ellos, por supuesto. Se habían tomado píldoras camaleónicas de Sortilegios Weasley, lo que durante una hora debía hacerles casi invisible a ojos de los demás. No eran exactamente como una capa de invisibilidad, pero era bastante útil pues les mimetizaba con el ambiente, de manera que podían pasar fácilmente desapercibidos.

Que Fred tuviese libre acceso a ese tipo de cosas era de gran ayuda en sus escapadas nocturnas, desde luego.

"Mi hermana es una niña muy inteligente"

"No lo dudo" le rebatió Shen, que iba a la zaga "Pero quiero decir… tiene nueve años, James. Con nueve años se tiene mucha imaginación"

"Oh, sí, y Lily está rebosante de imaginación" le contestó Fred, resuelto "Pero estoy seguro de que si escuchó decir a su padre que había algo malo en Daxley es que realmente tío Harry lo dijo"

"¿Pero qué pensáis descubrir espiándole? ¿Creéis que le vais a encontrar en su habitación invocando a un mal supremo o algo así? Por favor, sed realistas"

"Shen si vas a estar molestando toda la noche puedes irte" le contestó James agriamente.

"En realidad espero que esto no nos lleve toda la noche"

"Callos los dos" Fred, que era el que había estado iniciando la marcha, paró en seco y Shen chocó contra la espalda de James "Tras la estatua, vamos"

Se quedaron los tres agazapados donde Fred había dicho y observaron como unos pasos retumbaban sobre el suelo de madera. Eran dos prefectos de Slytherin de los que ninguno de los tres sabía el nombre, pero tampoco tenían ganas de perder puntos esa noche, así que esperaron con paciencia a que ambos siguiesen su ruta y pudiesen tener via libre de nuevo. Cuando los dos prefectos se marcharon, James sacó el mapa y dándole unos golpes de varita lo hizo abrirse.

"Frank Daxley" dijo.

En seguida el resto de las etiquetas del mapa desaparecieron y pasaron a mostrar solo la del profesor. El hombre se movía rápidamente por la primera planta del colegio hasta internarse en las mazmorras. Primero pasando por el aula de pociones, luego por los dormitorios de Slytheirn, las viejas aulas de castigo y luego… desapareció.

"Vamos a las mazmorras"

Shen había temido que James dijese aquello.

Fred contuvo el aliento, cediendo el puesto de líder de la exploración a su primo. A Fred no le importaba que James siempre quisiese llevar las riendas de la situación. Era mejor así. James actuaba, él le cubría las espaldas. Siempre habían funcionado de esa manera y hasta entonces les había ido bastante bien.

Tras él Shen cerraba la marcha. Fred le miró de reojo y contuvo una risita al ver como el chico entrecerraba sus ojos claros, claramente disgustado. Shen solía ser así, siempre parecía malhumorado y demasiado serio para tener solo doce años. Le recordaba un poco a su tío Percy, con ese aire solemne y pomposo, pero a Fred le gustaba su compañía. Un poco de cordura nunca venía mal, tal y como su madre decía.

"En cuanto identifique esos hechizos del mapa añadiré esta parte de las mazmorras" comentó su amigo "No me gusta no saber por donde voy"

"Ni siquiera sabía que esto existía" comentó James, que examinaba con verdadera curiosidad su alrededor.

Fred nunca se había imaginado que las mazmorras serían tan grandes y lúgubres. Más allá de la sala común de Slytherin y del aula de Pociones, las mazmorras no eran precisamente su lugar favorito para estar. Le gustaba bajar de vez en cuando a crear un poco de caos, pero prefería la calidez de las torres y los pasillos que tan bien conocía. Estar ahí era como ir a ciegas, tan solo alumbrados por sus varitas, sin rumbo fijo y guiándose solo por instinto.

"Mirad, ha tenido que bajar por aquí"

"Eso es un sótano"

"Muy agudo, Freddy" rodó los ojos James.

"Tampoco aparece en el mapa" añadió Shen.

"Vaya, estáis hechos todo un derroche de elocuencia esta noche, eh"

"Creo que deberíamos subir, nos queda poco tiempo. Los polvos camaleónicos dejarán de hacer efecto ya mismo y… No es buena idea, simplemente"

"¿Desde cuando eres tan miedica, Shen?" le espetó James, balanceando su varita frente a su cara. Estar bajo los polvos le hacía ver como una vaga silueta, una especie de fantasma translúcido "Ya que estamos aquí terminemos con esto"

Fred asintió con energías renovadas. Una parte de él le decía que Shen tenía razón (siempre la tenía, en realidad) pero su otra parte, la curiosa y rebelde, quería saber.

A regañadientes Shen les siguió.

"Al menos apagad las varitas, si está ahí abajo podrá ver la luz"

Los dos primos, que no habían caído en eso, asintieron rápidamente y los Lumos de sus varitas desaparecieron. A Fred le costó un poco acostumbrar sus ojos a la total oscuridad y le costó aún más bajar las escaleras del sótano de Hogwarts sin sufrir una aparatosa caída en el camino. Contuvo un maldición cuando James se paró en seco y le pisó de manera bastante dolorosa.

Estaba dispuesto a recriminarle algo y decirle algunas cosas poco agradables cuando se percató de qué era lo que a James le había causado tanta impresión.

El sótano era una estancia circular, repleto de musgo por las paredes, oscura y siniestra, como todo lo que estaba bajo tierra en opinión de Fred. Pero justo en el centro había algo curioso… un altar. Un altar de hierro fornido pero desgastado por el paso del tiempo, un altar tan imponente como espeluznante.

Y fente a él Frank Daxley.

Estaba de espaldas pero Fred pudo reconocerle al instante. Había algo en ese joven profesor que a Fred no le encajaba. Era un hombre alegre y jovial, pero al mismo tiempo algo en su mirada le decía que escondía secretos. Estar a altas horas de la madrugada en un sótano desierto y abandonado, frente a un altar, no sumaba puntos hacia él en cuanto a confianza se trataba.

"…Todavía no es el momento"

La voz de Daxley llegó a sus oídos con facilidad. Hablaba alto y claro, con un tono de voz contundente. Pero en la habitación no había nadie, sólo estaba él y… Un espejo. Fred quiso detener a James cuando esse te adelantó un poco, para tener una mejor visión del profesor. Sin embargo su primo se zafó de su agarre y Fred acabó avanzando tras él, con cuidado de no hacer el menor ruido. Efectivamente Frank Daxley estaba sosteniendo en sus manos un espejo. Un espejo que reflejaba la cara de otro hombre, pero no con la suficiente claridad como para que Fred pudiese reconocerle.

Su mirada se cruzó con la de James y Fred pudo adivinar lo que estaba pasando por su cabeza:*Un espejo de doble sentido.*Fred había escuchado de la existencia de esos objetos, pero nunca había tenido la oportunidad de ver uno.

"Será en Halloween" continuó diciendo Daxley, en un tono imperioso "Prepáralo todo para el gran golpe. No quiero ningún fallo, ¿de acuerdo?"

Fred dio un par de pasos hacia delante pero de repente un ruido a sus espaldas le puso en alerta. Shen había caído al suelo, armando un gran estrépito a su paso. Fred observó horrorizado como Frank Daxley alzaba su varita y se giraba hacia donde estaban ellos, ocultando rápidamente el espejo.

Inmediatamente los tres amigos, movidos por el mismo pensamiento, echaron a correr escaleras arriba, sin importarles ya el ruido que hicieran. Simplemente tenían que desaparecer cuanto más rápido fuese posible de la vista del hombre, mientras aún pudiesen proteger sus identidades.

No ha podido verme, pensó Fred cuando llegó al último tramo de las escaleras, con el corazón latiéndole desbocado en el pecho. No ha podido, se repitió. Sin embargo aún era capaz de sentir la penetrante mirada de Frank Daxley clavada en su nuca.

¡Y fin del capítulo, por fin! Ya sé, ya sé, mis capítulos son algo largos… Intento que no se hagan pesados, pero es que no puedo resistirme jaja Ea, como veis ya están pasando cosas raras en Hogwarts. ¡Y no le pasan solo a Albus! Ya al menos sabemos que no está todo en su imaginación… Por una parte tenemos a los fantasmas que han desaparecido, por otro a Mundungus que ha averiguado "algo" (próximamente sabremos con detalle el qué) y James and Company han tenido su pequeña aventurilla de la semana ^^ ¿Qué os ha parecido Shen? ¡Viene con sorpresa el chico! Ya veréis mas adelante… xD