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Verde Slytherin — capítulo 5
5.
Casualidad y causalidad.
24 de Septiembre;
Hogwarts, biblioteca.
Rose Weasley se movía deprisa por entre las estanterías repletas de libros, de manera que Scorpius Malfoy se obligó a aligerar el paso para no perderla de vista.
La biblioteca no era precisamente uno de sus lugares preferidos de Hogwarts, de hecho lo encontraba un sitio bastante triste y solitario. A él le gustaban los libros y la tranquilidad, pero tanta quietud y el olor a libros viejos del lugar le ponían enfermo. Sin embargo Rose se movía por allí como si estuviese en perfecta sintonía con el ambiente, rápida y concisa, parecía tener memorizado donde estaba todo colocado, de manera que no perdiera ni un solo segundo de su valioso tiempo.
Scorpius admiró con cierta envidia la agilidad de Rose al encaramarse a una escalera que se agrandó hasta llegar a la parte más alta de la estantería, donde ella comenzó a rebuscar a toda velocidad. Con lo alta y desgarbada que parecía, Scorpius hubiese esperado que fuese un poco más torpe. Pero no lo era. Ella amontó una pila de libros sobre uno de sus brazos, manteniendo un precario equilibrio. Saltó los últimos dos escalones con eficacia y luego con un movimiento grácil de varita hizo levitar los volúmenes tras ella.
Él salió rápidamente de detrás de la estantería y se paró en seco frente a la chica, impidiéndole el avance.
"¡Ay!"
Rose chocó con fuerza contra su cuerpo y cayó al suelo, produciendo un ruido sordo.
"Dime, Weasley, ¿siempre sales corriendo de entre las estanterías o tengo que sentirme especial porque decidiste chocarte conmigo?"
"No, Malfoy. Tienes que sentirte como lo que eres" Rose esbozó una sonrisa falsamente amable "Un estorbo"
"¿Eso es lo mejor que tienes?" bufó, incrédulo "Me esperaba algo mejor de ti, Weasley"
Rose frunció el ceño ante la voz ligeramente burlona y que arrastraba las palabras. Sin dignarse a mirarle se enderezó, rechazando la mano que le tendía el rubio. Un poco dolorida por la caída recogió todos sus pergaminos y sus cosas y avanzó hasta la que se había convertido en su mesa de estudio. Estaba situada en un sitio estratégico, justo entre las dos secciones más interesantes, alejada lo suficiente del ruido exterior y cerca de una ventana, desde donde podía vislumbrar los exteriores y la gente que allí se aglomeraba.
Dejó caer sobre la mesa con fuerza el libro que había estado buscando y alzó la vista en su mejor gesto altanero cuando sintió como Scorpius Malfoy cogía sitio frente a ella.
"Nadie te ha dicho que puedas sentarte aquí"
Rose chasqueó la lengua con disgusto y lanzó una mirada de soslayo a Madame Pince que ya les observaba con las cejas alzadas. La mujer parecía tener un radar que detectaba hasta el más mínimo murmullo. Preocupándose de bajar la voz un par de tonos, volvió a girarse hacia el chico.
"¿Qué quieres, Malfoy?"
Scorpius compuso una expresión soñadora, elevando los ojos grises al techo abovedado.
"Una pluma capaz de escribir mis redacciones ella sola, la nueva Fugaz 3000, un par de ranas de chocolate…Mhm… y un hipogrifo también puede ser interesante…"
"¡Malfoy!" le riñó, perdiendo la paciencia "Estoy hablando en serio, ¿a qué has venido? No me gusta que me molesten cuando hago cosas importantes"
"A hablar contigo un rato" sonrió él, divertido "Uh, se te ponen rojas las orejas, ¿tienes calor?"
Rose cerró los ojos e inspiró con fuerza. Luego, soltando todo el aire de golpe, intentó tranquilizarse. Scorpius Malfoy era sin duda alguna una persona muy rara. Se había dedicado a ignorarla desde que empezó el curso, a cortarla en mitad de sus explicaciones en clases para llevarse él los puntos y a molestarla con su arrogante personalidad cada vez que tenía oportunidad. Y ahora además tenía que soportar que decidiese que era divertido sentarse en la misma mesa que ella y comenzar a hablarle como si se tratasen de dos viejos amigos. *O algo parecido.*Porque Rose dudaba seriamente que Malfoy y ella tuviesen el mismo concepto de lo que significaba la palabra amistad.
"Genial, pues si sólo quieres hablar un rato… El rato ha acabado" Rose recogió sus pertenencias dispuesta a salir de allí cuanto antes y terminar su redacción sobre la revuelta de los duendes en su sala común, donde la mayoría del tiempo no había ni un poco de tranquilidad pero al menos tampoco un Scorpius Malfoy que la hiciese perder los nervios.
Él la tironeó de la muñeca justo antes de que ella emprendiese el camino y Rose, con un suspiro exasperado, se dejó caer de nuevo en la silla.
"Vale, ahora hablaré en serio" dijo Malfoy, usando un tono de voz mucho más sobrio "Quiero saber qué habéis averiguado sobre los fantasmas"
Rose abrió los ojos de par en par, francamente sorprendida. ¿Pero qué se había creído Malfoy? Y ni siquiera había sido una pregunta, había sonado a exigencia. Como si él creyese que no tenía opción de negarse. Por supuesto Rose Weasley no era alguien a quien le gustase que le dieran órdenes. Podía ser una chica bastante razonable, pero tenía su carácter.
"Creo que no te explicas bien, Malfoy, porque no te entiendo"
"Ah, venga, no te hagas la tonta. ¿Te han dicho alguna vez que mientes fatal?" le respondió él, alzando una rubia ceja "Porque lo haces penoso" rodó los ojos y señaló el libro que Rose tenía sobre la mesa "El otro lado: Huellas psíquicas y demás misterios"
Rose se echó la mata de pelo pelirrojo y rizado hacia atrás, airada. Malfoy observó con satisfacción como enrojecía levemente.
"Aunque supiera algo no te lo contaría"
"¿Por qué?"
"¿Y por qué sí?"
"Porque es lo justo" él asintió con la cabeza, en un gesto muy solemne "Primero saqué a tu primo del Bosque Prohibido sin pedir nada a cambio y luego yo fui quien le dijo que no había fantasmas en Hogwarts. ¿Y sabes qué? Que no me ha dado las gracias por ninguna de las dos cosas" chasqueó la lengua, fingiéndose ofendido "Pero seguro que tú sabes ser más agradecida que él"
Rose se mordió el labio inferior, aparentemente indecisa.
"¿Y cómo sabes que yo lo sé?"
"Dejando de lado el libro sobre fantasmas, que por cierto no es una lectura demasiado interesante" objetó, "sé que Potter fue corriendo a ti a contártelo"
"¿Cómo puedes estar tan seguro?" bufó ella "Malfoy, que yo sepa no eres vidente"
"No" sonrió, percatándose del detalle de que ella no hubiese negado en ningún momento que no sabía nada sobre el asunto, sino que se había dedicado a responder a sus preguntas con más preguntas "Soy un chico inteligente y que sabe conocer a las personas. Venga, Rose" dijo, y Rose pegó un leve respingo al escuchar como él pronunciaba su nombre, arrastrando ligeramente las palabras "Si tú me cuentas lo que has averiguado yo te cuento lo que le ocurre a tu primo por las noches…"
"¿De qué estás hablando, Malfoy?" preguntó ella, súbitamente alarmada.
Scorpius sonrió de medio lado cuando vio como la expresión reticente de Rose mutaba a una de absoluta curiosidad.
"¡Vaya!" dejó escapar una risita "Así que eso sí que no te lo ha contado… Qué raro… Como parecéis tan unidos…"
"Habla, Malfoy. Si dices algo interesante quizás me piense contestar a tus preguntas"
Scorpius se puso cómodo, intuyendo que sería una charla productiva. Rose Weasley tenía un pelo horrible, los ojos demasiado saltones y un montón de pecas poco elegantes en la nariz, además de hablar con un tono de marisabidilla y unos andares muy poco femeninos que ponían los pelos de punta. Pero por alguna razón extraña e incomprensible a Scorpius Malfoy todo eso le agradaba.
**Hogwarts;**exteriores.
Albus hizo visera sobre sus ojos, protegiéndose del sol. Se agarró fuertemente con la otra mano al mango de su escoba y comprobó por millonésima vez que estaba seguro. Aunque llevase años volando todavía se sentía desprotegido cuando se veía a varios metros de altura sobre tierra firme. No volaba mal como para acabar estrellado contra un árbol, pero tampoco se trataba de una eminencia del vuelo. Como siempre decía tía Hermione: nada se compara a tener los pies sobre el suelo. Albus no podía estar más de acuerdo.
Viniendo de una familia donde todos los integrantes, incluida la pequeña Lily, tenían un talento innato sobre la escoba, Albus destacaba por ser justo lo contrario a ellos. Realmente en muchos aspectos Albus siempre había sido diferente. O raro, tal y como decía James con su habitual carencia de tacto. Nunca había sido como la encantadora Lily, y mucho menos como el temperamental James. Mientras que su hermano rugía (porque a lo que hacía James no se le podía llamar de otra manera), sacando a relucir todo se genio y su hermana Lily se las ingeniaba siempre para conseguir todo lo que quería, Albus solía permanecer tranquilo, con un aire impasible típico de quien filtra las emociones antes de expresarlas. James en muchas ocasiones había bromeado con que él tenía la sangre más fría, como las serpientes, que tenía un aire melodramático de chico tranquilo y antisocial que a veces daba un poco de pena. Albus siempre le decía que eso no era verdad, aunque en el fondo estaba seguro de que un poco antisocial sí que era. Hasta el momento de entrar en Hogwarts prácticamente los únicos amigos que había tenido eran sus primos. Y ni siquiera tenía una relación del todo estrecha con ninguno, a excepción de Rose, claro. Bueno, quizás también con Louis pudiese hablar de vez en cuando, pero porque él vivía en su propio mundo y pocas veces se molestaba en bajar a la tierra.
Era ciertamente irónico que en la casa de las serpientes, donde siempre decían que los alumnos eran los más fríos e independientes, Albus hubiese hecho sus primeros amigos.
Conforme pasaban los días cada vez se iba sintiendo más a gusto y más integrado. Se sentía parte de un grupo que aunque excluyese a prácticamente todo el resto de Hogwarts a él le hacía sentirse bien. Incluso había acabado haciendo buenas migas con Hermes Zabini, quien en un principio no dio muchas muestras de simpatía por él. A veces cuando estaban todos juntos hacían cosas que a él le gustaban, como inventar encantamientos que sonaban ridículos pero divertidos con los alumnos de sexto o jugar al snap explosivo frente al lago. Y otras veces Albus se tragaba sus ganas de hacer otra cosa y les seguía a jugar al quidditch. Porque los Slytherin eran raros, pero eran niños. Y, después de todo, el quidditch no entendía de casas.
Mientras sentía la brisa fresca del atardecer colándose bajo su túnica se detuvo a pocos metros del suelo, observando con cierta consternación como Maurice Adams sobrevolaba las gradas del campo de quidditch, subiendo más alto que ninguno de sus compañeros. El chico estaba haciendo un par de arriesgadas piruetas en el aire, tan arriesgadas que Albus pensó que incluso su hermano James se dignaría a aplaudir. Parecía que llevase toda una vida sobre la escoba y no que hubiese recibido a penas un par de clases. Era rápido, ágil y sobre todo se veía seguro, sin ningún tipo de miedo a caer y comerse el suelo.
"¡Oye, Adams sería un buen buscador!" escuchó que decía Lesther Betchley, un par de metros tras él.
Hermes Zabini dejó escapar una risita despectiva y se puso a la altura de Albus, girando exageradamente la escoba en un intento de pavonearse en todo su esplendor.
"Tampoco es para tanto, eso podría hacerlo cualquiera" refunfuñó "¿Verdad, Potter?"
Albus se encogió de hombros, intentando salirse por la tangente. Había pasado casi un mes de curso y Albus había aprendido varias cosas de sus compañeros. De Hermes Zabini, en concreto, había aprendido que cuando el chico hacía una pregunta tan sólo esperaba que le respondiesen con lo que quería escuchar. Pero como a Albus no le gustaba eso de mentir prefería dejar las respuestas en el aire cuando no estaba de acuerdo. Era bastante obvio que Maurice volaba bien.*Muy bien.*Y Albus estaba seguro de que si le permitían hacer las pruebas conseguiría al menos un puesto como suplemente en el equipo de Slytherin.
"¿Tú te vas a presentar a las pruebas para el equipo?"
Hermes frunció el ceño, como si las palabras del chico le hubiesen ofendido.
"No sé" contestó, secamente "¡Eh, Higgs, Bletchley! ¡Vamos a hacer una carrera!" luego, sonriendo a Albus con aire malicioso añadió muy bajito "¡Ya!"
Albus rió y echó a volar tras él. Al mirar hacia atrás vio como Euan Higgs y Lesther Bletchey les seguían, ya casi pegados a su escoba. Zabini, que era también bastante rápido y temerario, ya había cogido distancia y Albus dudó de que pudiese alcanzarlo. En las gradas Nott y Baddock les miraban con aire divertido, el último aplaudiendo y animándole.
"¡Eh, Albus!" escuchó que le gritaba Maurice, poniéndose a su altura. Tenía una sonrisa de oreja a oreja y la cara ligeramente roja por el esfuerzo "¿Qué te apuestas a que le gano al remilgado?"
A Albus no le dio tiempo a responder nada cuando se percató de que Maurice ya emprendía de nuevo una carrera tras el otro chico moreno. Si con las viejas escobas del colegio (unas Nimbus con más años que su padre) Maurice había volado bien, con esa escoba que le había prestado un chico de quinto lo hacía definitivamente genial. El contemplar a su amigo y sumirse en sus pensamientos hizo que Albus se despistara y antes de poder darse cuenta ya había sido adelantado por Euan Higgs. Se obligó a dar un brusco giro para no estamparse contra sus anchos hombros y perdió un poco de estabilidad sobre la escoba. Se balanceó peligrosamente y cuando por fin logró estabilizarse de nuevo pestañeó sintiéndose algo mareado.
A lo lejos escuchó el gritito de triunfo de Maurice y la inconfundible voz de Hermes Zabini que decía algo así como que había echo trampas.
Sin embargo Albus no hizo caso, algo mucho más interesante que la tonta discusión había llamado su atención: *Alguien estaba parado en los lindes del Bosque Prohibido.*Y no era Hagrid. Desde la distancia parecía alguien mucho más bajito y delgado que el guardabosques.
Albus tuvo la sensación de que se trataba de un hombre, pero tampoco podía estar seguro ya que su atuendo no dejaba nada claro. Pero aún así Albus sintió algo familiar en la figura, como si la hubiese visto antes en alguna parte pero no fuese capaz de recordar dónde. Mientras su mente trabajaba a toda velocidad intentando hacer una asociación coherente, sus ojos se dedicaron a observar con detenimiento la figura. Llevaba el cuerpo completamente cubierto por una capa negra y ancha, con una capucha que ocultaba su cabeza y… ¿su cara estaba cubierta tras una máscara? La oscuridad ya empezaba a cernirse sobre sus cabezas y Albus forzó un poco más la vista, ascendió sobre el campo de quidditch, se adelantó hacia las gradas y… ¡Ay! Giró rápidamente el cuerpo y fulminó con la mirada a quien fuera que se hubiese atrevido a tirarle algo en la cabeza, con exquisita puntería, eso sí.
"¡Venga, baja ya!"
Observó con cierto fastidio por la interrupción como todos sus amigos estaban ya en el suelo, esperándole a él que seguía sobre su escoba. Pestañeó confuso y dando una última mirada a los lindes del bosque pudo comprobar que ya no había nadie. La figura había desaparecido tan rápido como llegó.
"A veces te quedas fuera de este mundo, tío" fue el saludo de un acalorado Maurice cuando se reunió en el suelo con él.
**Hogwarts,**baños del tercer piso.
"Ugh. Ugh. Ugh. ¡AGH!¡Por los calzones de Merlín! ¡¿Cómo pueden hacer los elfos esto TODOS LOS DÍAS?"
James entrecerró los ojos marrones y miró con absoluto rencor al retrete que tenía frente a él, casi esperando que en algún momento le saliesen brazos y le atacase con todo lo que parecía una porquería acumulada durante siglos. La gente en Hogwarts podía llegar a ser sumamente asquerosa, ahora daba constancia de ello. Desviando la vista a cualquier otro punto del baño que no le diese ganas de vomitar, alzó la escobilla de váter y comenzó a frotar. Limpiar al estilo muggle, pensó. Nunca una frase así había sonado a tortura, hasta ese momento.
Tras él su primo Fred no parecía tan afligido y canturreaba una canción a la que solo él podía encontrarle sentido, al mismo tiempo que daba vueltas sobre sí mismo abrazado a la mugrienta fregona de Filch.
"¡McGonagall es una banshee rabiosa, pero se supera a sí misma!" se rió, al sentir la mirada asesina de James sobre él "Para ella ya no se lleva lo de limpiar trofeos, ahora a limpiar mierda"
"Mierda, sí. En el sentido más literal" se quejó James, conteniendo la respiración.
Solo habían pasado tres días de castigo y James ya tenía la tentación de ponerse a suplicar un poco de perdón. Cada vez lo veía más claro eso de ir al despacho de McGonagall, decirle lo guapa que estaba y rogarle por un poco de misericordia. ¡No podía aguantar cuatro días más haciendo eso! Era una tortura medieval e inhumana. James Sirius Potter no era alguien que estuviese hecho para limpiar lo que otros ensuciaban.
"Todo es vuestra culpa" la voz de Shen llegó ligeramente ahogada desde dentro del último cubículo de la estancia "¡¿Qué puede salir mal eh, Shen? ¡JÁ! ¡Me río yo de lo que puede salir mal! ¡Se empieza limpiando retretes y luego qué… luego… Luego voy a pasar media vida en Azkabán por vuestra culpa!"
James refunfuñó una serie de improperios que su madre hubiese catalogado de inapropiados y cerró con fuerza la tapa del retrete.
"¿Quién hizo que casi nos descubran, Shen?"
"¿Quién tuvo la maravillosa idea de seguir a un profesor, James?"
"Sí, sí, la esencia del dilema es que los dos sois estúpidos" sonrió Fred, con aire conciliador "Shen es un estúpido torpe y James es un estúpido imprudente. ¿Podéis dejar de discutir ya?"
"¡No estamos discutiendo!"
Fred hizo un gesto con la mano para quitarle importancia al asunto, sacó un par de pastelillos que llevaba aplastados en el bolsillo del uniforme y rápidamente James y Shen se reunieron con él. Cuando los tres amigos se sentaron contra la pared más alejada a la puerta, vigilando que Filch no entrase por sorpresa y les castigase otra semana más por incumplimiento de castigo, James fue por primera vez consciente de lo cansado que estaba. Y de que las tripas le rugían de una manera escandalosa, también.
La fatídica noche en la que se les ocurrió seguir a Frank Daxley habían acabado acostándose cerca de las dos de la madrugada, después de que Flich les interceptase a medio camino de su Sala Común y les arrastrase (de forma literal) hacia el despacho de McGonagall. Allí la directora les había acusado de tener objetos prohibidos en Hogwarts (léase el setenta por cierto de artilugios SW) hasta de romper el toque de queda y vagar por los pasillos. La conclusión de McGonagall ante tanta desfachatez adolescente (como ella lo llamaba) había sido típica: castigo. Por suerte no había creído necesario decírselo a sus padres, sino James hubiese acabado recibiendo el primer vociferador del año. Y no era divertido, en absoluto. Aunque más que el castigo y la regañina de su madre, lo que a James más preocupado le tenía era el profesor. Daxley seguía comportándose de una manera bastante normal, pero sin embargo James a veces sentía que se le quedaba mirando con una mezcla de resentimiento y curiosidad que conseguía helarle la sangre. Y James Potter no era alguien que tuviese miedo a demasiadas cosas.
No es que Frank Daxley le cayese mal. De hecho, la primera vez que le había visto pensó que sin duda ese iba a ser un profesor genial. Divertido, poco serio y que sobre todo sabía lo que hacía cuando cogía la varita. Ya tan solo en la primera clase les había hecho hacer un duelo para comprobar a qué nivel estaban. Un nivel un poco patético teniendo en cuenta que la profesora del año anterior se había dedicado a mucha teoría y poca práctica. Poco a poco las clases con él habían ido cogiendo ritmo y James había estado encantado, hasta el dichoso día que recibió la carta de su hermana. Ahora mirar a Frank Daxley sin que él notase su desconfianza era casi una misión imposible.
Terminó de engullir el bollito de nata que Fred le había dado y sin previo aviso dijo:
"No pudo vernos"
"Supongo" coincidió Shen con él, asumiendo rápidamente que hablaba de Daxley "Pero sabe que alguien estuvo allí y probablemente sepa que nosotros estamos castigados… Esto es como sumar dos más dos, cualquiera llegaría a la conclusión de que fuimos nosotros" frunció el ceño, pensativo "Además a mí me mira raro"
"Pero cuando Filch nos pilló estábamos bastante lejos de Daxley. Por no hablar de que nos castigan a menudo" le rebatió Fred. Evidentemente él era mucho más positivo que su amigo en cuanto al tema. Shen parecía muy agobiado, pero se encogió de hombros intentando restarle importancia "Aunque a mí también me mira raro"
"¿Qué creéis que hacía allí abajo?" preguntó James "Es tan extraño… Yo ni siquiera sabía que ese sitio existía"
"Debía estar buscando un sitio privado donde hablar sin que le escuchasen"
"Para eso están las habitaciones, Shen" dijo James "Lo que estaba haciendo tenía que ver con el lugar, no con la persona con la que hablaba… Estoy seguro…"
En realidad no estaba seguro, pero tras un par de días de pensarlo detenidamente había llegado a esa conclusión. Si Frank Daxley quería comunicarse secretamente con alguien simplemente le hubiese bastante con utilizar la chimenea de su habitación, mandar una lechuza o quedar con él fuera de Hogwarts. No tenía ninguna necesidad de meterse en las profundidades del colegio y acudir al sitio más lúgubre, triste y secreto que había en todo el castillo. Sobre todo secreto. Tan secreto que al día siguiente de la salida nocturna, cuando junto con Fred había ido a echar un vistazo aprovechando que Daxley estaba en clases, ya el sótano misteriosos no estaba. Como si nunca hubiese existido. Pero tanto James como Fred tenían bien claro lo que habían visto y sabían que ese tipo de cosas no desaparecían si alguien no las hacía desaparecer. Y si Daxley era quien se había preocupado de que nadie lo encontrase eso solo podía significar que ahí había algo importante. Cuando le hizo saber todo eso a Shen, aunque él le escuchó con paciencia, por su cara parecía estar luchando interiormente entre la opción de continuar escuchando sus suposiciones y la de mandarle a callar de una buena vez. Al final se decantó por tragarse sus palabras y encogerse de hombros cuando terminó el discurso. Shen no tenía ni ganas ni tiempo de discutir.
"Deberíamos terminar con el castigo, tengo deberes que hacer"
James intercambió una mirada elocuente con Fred y se levantó del suelo con un salto ágil.
"Supongo que eso significa que tendremos que hacer esto solos, Freddy…"
A sus espaldas Shen bufó.
"¡Ni se os ocurra volver allí abajo! Escuchadme bien" se puso muy serio, con los brazos en jarra y alternando la mirada de uno a otro "Frank Daxley no esconde nada. Hay un millón de explicaciones razonables para todo esto, aunque ahora no pueda encontrarlas, ¡estoy seguro! Así que haced lo que hacen los chicos de doce años: estudiar y hablar de quidditch, y no os metáis en líos"
"Bonito discurso" sonrió Fred.
"Es una pena que no vayamos a hacerte caso" añadió James.
E ignorando las protestas de su amigo volvió a su trabajo de limpiar retretes, un poco más animado. Ya que habían descubierto la punta del iceberg pensaba llegar hasta el fondo. Quizás sólo fuesen tonterías, quizás tuviese mucha imaginación tal y como Shen decía… pero si no era así, si realmente estaba ocurriendo algo en Hogwarts, James estaba seguro de que lo descubriría. Anotó mentalmente darle las gracias a Lily por el chivatazo, después de todo gracias a ella parecía que iba a ser un curso interesante.
**Hogwarts,**Gran Comedor.
Albus creyó estar viviendo una alucinación. Si no hubiese sido porque tanto su prima como Scorpius Malfoy tenían un aspecto del todo inconfundible (cabellos que se veían a kilómetros de distancia, por ejemplo) habría negado hasta la saciedad que estuvieran caminando hacia él. Caminando juntos y hablando. Hablando como dos personas civilizadas. Hablando animadamente. Hablando como dos amigos.
A su lado Maurice también parecía bastante asombrado, pues dejó escapar un silbidito apreciativo.
"Los milagros existen" canturreó más que dijo . Luego se llevó una mano al corazón en un gesto compungido y exclamó: "¡O el Apocalipsis está cerca y ésta es la primera señal!"
Un par de niñas de Ravenclaw le miraron raro cuando cruzaron hacia el interior del Gran Comedor y Albus le dio un codazo en el costado para que no llamase tanto la atención. Maurice rió alegremente, aunque sobándose el lado dolorido.
"Hola, Adams" le saludó Rose cuando llegó hacia donde ellos estaban. Luego, se giró hacia su primo y le miró con un gesto airado. Sin dignarse a saludarle aligeró el paso y se metió en el Gran Comedor "¡Ya hablamos, Malfoy, recuerda, mañana a la misma hora!" se paró a mitad de caminó y volvió a lanzar una mirada furibunda a Albus "Y trae al zopenco ese"
Albus abrió la boca, pero ninguna palabra salió de su garganta. Confundido e indignado sacudió la cabeza, mirando alternativamente la espalda de su prima que ya cogía sitio en su mesa y al Slytherin que se había quedado parado junto a él, sonrisa arrogante incluida.
"Mi padre siempre dice que a las mujeres no les gustan los secretos, Potter" le dijo en tono confidencial, dándole una palmadita en el hombro.
"¿Qué demonios le has dicho, Malfoy?"
Scorpius sonrió brevemente, entre burlón y divertido.
"Me muero de hambre" declaró, a nadie en particular "Descansa, Potter, que no estás como para desperdiciar horas de sueño. ¡Buenas noches! Mañana será otro día" añadió, con una sonrisilla maliciosa.
Aunque Albus hizo el intento de ir tras él y exigirle explicaciones de qué se traía entre manos con su prima, Maurice le retuvo, mirándole con el ceño fruncido.
"De eso nada. Luego en la sala común" murmurró, arrastrándole hacia las escaleras "¡Ahora a la biblioteca antes de que Madame Pince me cierre!"
Albus refunfuñó entre dientes antes de echar a andar tras su amigo.
**Londres;**Callejón Knockturn.
Harry se obligó a desviar la vista hacia las baldosas de la calle, suspirando ruidosamente. Por mucho tiempo que pasase y por mucho que hubiese visto en todos sus años como auror jamás se acostumbraría a estar frente a un cadáver.
"¿Estás seguro de que ha sido…?"
"¿La maldición asesina?" le cortó el sanador que estaba a los pies del mago que yacía en el suelo, sosteniendo con cuidado su varita "Sí" asintió, con rotundidad.
Harry siguió con la mirada los dedos del sanador, que se deslizaban de manera minuciosa por el torso del Richard Coop, el mago que había sido asesinado en mitad del callejón Knockturn. El mismo mago al que unos días antes Mundungus Fletcher había buscado con la intención de sonsacarle información. Un leve sentimiento de culpa se instaló en el pecho de Harry cuando se enteró de la noticia. Quizás si él no hubiese mandado a Fletcher a buscar respuestas, quizás si se hubiese encargado de todo él solo, quizás si hubiese prestado vigilancia a Richard…quizás ahora no estaría muerto. Aunque tal vez había sido una mera casualidad. Después de todo Richard Coop tenía un amplio expediente de enemigos y de personas que querían ajustar cuentas con él. No había sido ningún santo en vida y Harry lo sabía. Pero Harry últimamente no creía en las casualidades.
"No me puedo creer que nadie haya visto nada" refunfuñó Sira Miller, la auror en prácticas que le había acompañado. Era una chica joven, con el pelo muy corto y unos ademanes algo bruscos, pero a Harry le gustaba su compañía, ya que tenía bastante talento para hacer interrogatorios.
"La gente del callejón Knockturn no está acostumbrada a tratar con los aurores" frunció el ceño Harry, inspeccionado por enésima vez el lugar. Y por enésima vez no encontró indicio alguno de quien podría ser el culpable del asesinato.
"¡Pero han usado la maldición prohibida!" exclamó la auror Miller, escandalizada "Desde que usted acabó con Voldemort nadie se había atrevido, señor"
Y era cierto.
Hacía diecinueve años que Harry no presenciaba una muerte que hubiese sido producida por unAveda Kedavra. Ni siquiera en los siguientes dos años, cuando se había tenido que dedicar a perseguir a los mortífagos que habían huido de la batalla de Hogwarts habían podido detectar que la utilizaran. Ni siquiera ellos se habían arriesgado. ¿Quién podría haber utilizado una maldición prohibida y salir impune? Harry se estremecía tan sólo de pensar en quién podría tener tanta seguridad en sí mismo como para no temer a las consecuencias de un acto así. Desde que Hermione estaba en el departamento de Leyes Mágicas muchas reglas se habían endurecido, entre ellas las que incluían el uso de Maldiciones Prohibidas.
El medimago le hizo una seña a Harry, haciéndole salir de su ensimismamiento. Éste giró la cabeza y se encontró cara a cara con los ojos abiertos del cuerpo inerte de Coop. Contuvo la respiración y alzó la vista para mirar el rostro sereno de su interlocutor.
"Mire, señor Potter. Hay algo curioso aquí"
El sanador terminó de desabrochar la túnica del cadáver y Harry pudo observar como en el pecho, escrito sobre la piel a modo de quemadura, unas palabras brillaron siniestramente bajo gotas de sangre seca.
"Puedes acabar con un hombre, pero no con una idea" leyó Harry, consternado.
La mala sensación y la culpabilidad le golpearon en el pecho aún más fuerte.
Escocia, Hogwarts.
"Son libros sobre historia" se encogió de hombros Maurice, ante la horrorizada mirada de Albus.
El niño llevaba al menos cuatro libros entre los brazos, con un considerable volumen cada uno.
"La historia es aburrida"
"Para ti, que ya la conoces"
"No me refiero a eso…"
"Vale, lo que tú digas" sonrió Maurice "Pero haz el favor de ayudarme"
Albus cogió el primer libro que amenazaba con estamparse contra el suelo y mientras andaban camino a las mazmorras comenzó a ojearlo con aire distraído.
"Oh, muchas gracias. ¡Que cojas el libro más pequeño de todos es de gran ayuda!"
Albus sonrió ante el comentario, pero con su atención fija en el libro. *Grandes misterios del mundo mágico,*decía el título. Albus paseó su mirada por los capítulos, sin encontrar nada que le llamase realmente la atención hasta que su vista se fijó en una de las pocas ilustraciones que venían en el volumen. En ella se presentaba a un hombre que alzaba su varita con aire desafiante. Parecía joven y llevaba el pelo negro un poco largo, por debajo de los hombros, tenía un rostro atractivo y unos enormes ojos marrones que desprendían una confianza y seguridad que Albus solo había visto en una persona: su propio hermano. Pero no era el parecido con James lo que a Albus le llamó la atención. Era algo más. Era la forma en la que se movía, la forma en la que agitaba la varita haciendo florituras en el aire, era todo en ese mago lo que le resultaba familiar… Con creciente curiosidad entrecerró los ojos y leyó el pie de foto.
Ernest D'Argent.
Albus abrió sus ojos verdes por la sorpresa. Como un chispazo repentino una idea llegó a su mente. Observó de nuevo la fotografía, detenidamente, asegurándose cada vez más de que realmente se trataba de él.
Ernest.
"¡Yo le conozco!" exclamó, incrédulo.
Maurice se inclinó sobre su hombro para ver lo que tanta estupefacción había causado en su amigo y al ver la imagen frunció el ceño, confundido.
"Lo dudo, Albus. Ese hombre lleva más de cincuenta años muerto" dijo, alzando las cejas "¿De qué te suena?"
"De mis sueños"
Albus cerró de golpe el libro y aligeró el paso.
¡Chan, chan! Final de capítulo. ¿Qué os ha parecido? Sé que se centra más en Hogwarts que en Harry, pero bueno, creo que la trama está avanzando más o menos a buen ritmo, ¿no?
Punto número uno: Rose y Scorpius han interactuado : ) ¡Ay! Si al final se van a llevar hasta bien… En el próximo capítulo ya se verá que conclusiones sobre los fantasmas han sacado estos dos jaja Después de todo son dos chicos muy inteligentes, ¿no?
Punto número dos: James y sus amigos han sido castigados, pero después de su pequeña aventura tampoco es tan malo, ¿no? Algo importante de la parte de los chicos es que… El sótano ha desaparecido. O eso creen ellos. Yo creo que ya podéis ir imaginando qué es lo que se esconde allí..
Punto número tres: ¡Ha vuelto Ernest! Más o menos…hmm.. ^^