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Esto es Halloween — capítulo 1
Era aterrador, lo admitía con todas sus fuerzas. Pero también admitía que jamás se había imagino en una situación parecida a esa. Su propia familia le había dicho "No festejes Halloween. Son tiempos terroríficos; sobretodo para ti". Aunque ella, la famosa Lily Evans, no le importaba en lo absoluto desde que se entero que era algo sobrenatural, una bruja, un disfraz típico en ese día tan esperado por ella.
Era las doce en punto del mediodía, faltaba diez horas exactas para que la música suene en el amplio Gran Comedor de Hogwarts. El hecho de que se programara para ese momento era desconocido tanto para ella como para Albus Dumbledore, su profesor de Transformaciones, que era la mano derecha del actual director.
Sus manos se movían grácilmente sobre los adornos de las mesas, inspeccionando que todo este en su debido lugar. Su varita permanecía entre los dedos, esperando el momento ideal para agitarla y ordenar todo el desastre. Aun así cada adorno, cada minúsculo detalle estaba perfecto en su respectivo lugar. Generalmente siempre terminaba regañando a alguien en asuntos importantes, como lo era ese, pero no había pasado en toda la mañana. El equipo con el que estaba trabajando hace poco tiempo se había retirado con el ruido y la emoción para prepararse desde ya. Ella se había quedado. No tenia ganas de encontrarse con sus compañeras de cuarto gritando "¡No sé qué ponerme!" "¿Cuánto falta?" "¿Me disfrazo de bruja?" "¿O de mujer araña?" "¿O de hawaiana?" "¿Cuánto falta?" "¡Dios mío, Lily! ¡Ponte algo!" "¿Cuánto falta?". O bueno, eso había escuchado mientras se despertaba de un brinco de la cama.
- - ¡Maldita sea! ¿Qué haces todavía aquí? - una voz familiar para la pelirroja sonó desde la puerta del Comedor.
La joven giro la cabeza, asustada y sorprendida, hasta identificar a su mejor amiga y cambiar el semblante a despreocupada. Era Makenzie Blake, su amiga desde que había empezado sus primeros años en Hogwarts. Tenia una cabellera envidiosa, sus mechones negros caían en cascadas hasta mitad de la espalda donde se transformaban en rubios intensos. No tenía ningún pariente conocido con el mismo estilo de pelo; era natural, no teñido como la burlaban los de Slytherin.Sus ojos eran de una inmensidad infinita, cafés por siempre y encantadores. Su piel era medianamente morena. Era buena amiga, leal y simpática. Nada salía de su orbita cuando se trataba de fiestas. Y nada, ni nadie, podrían arruinarle la idea de ser la primera chica con el tan preciado vestido de Halloween que había visto en Hogsmeade. Ni tampoco ser la primera que convesca a la sabelotodo Lily Evans.
- - Trabajo ¿Qué no te dije? - rodeó los ojos y volvió al conteo de todos los adornos. Todo debía estar perfecto.
-Sí. Pero ahora no es el momento adecuado - la tomó del brazo -. Iremos a Tiros Largos para comprar lo necesario para ti. - la aferró más - Y mas vale que no te escapes.
-Keni - la llamó por su sobrenombre, el cual se lo puso en segundo año -, no sé si quiero ir. Ya sabes que yo no soy…
-Chitón. Iras a voluntad o no tendré otra que arrastrarte por los pelos. - la ojiverde sonrió y, a continuación, la abrazó.
-Gracias. - se limitó a decir.
-Vamos - le dedicó una sonrisa Makenzie cuando se separaron -, te tienes que ver hermosa para que te vea el inmaduro de Potter.
-¿Para qué voy a querer que me mire? - preguntó dudosa, enarcando una ceja - No me gusta.
-¿No? ¿Esta segura? - Lily asintió a la última pregunta.
-No sé por qué todos piensan eso. - agitó la varita para arreglar unas extrañas flores negras con las que estaba peleando al principio de la discusión.
-Bueno… está bien. - sujetó la mano de su amiga y la separó de la mesa de Ravenclaw - ¡Ahora, vamos!
Ambas chicas desaparecieron tras la gran puerta del Comedor como lo habían dicho el resto del equipo de trabajo. Las compañeras de habitación no se dieron cuenta que faltaban dos jóvenes brujas. Por ende, nadie supo nada de ellas en el resto del día hasta que se cumplieron las 8:45.
Él ya estaba vestido. Él ya estaba apuesto. Él ya estaba preparado para la fiesta que, según su instinto, seria la mejor de su corta vida. Estaba emocionado. Aunque un poco preocupado de su mejor amigo. Remus Lupin no podía salir a la luz de la luna, de lo contrario, sufriría las consecuencias. Ya lo había discutido con él y con su grupo de amigos. Lupin no debía ir a la fiesta, aunque le doliera en lo más profundo; por lo menos, estaba en un lugar seguro en aquellos momentos, en la Casa de los Gritos.
De nuevo, se acomodó el traje de gala que se había comprado esa misma tarde. Se miró al espejo como todas las mañanas y se echó el poco de perfume que le quedaba a su otro mejor amigo y casi hermano.
-¡James! - le gritó Sirius desde la puerta del baño - ¡Es mío! - corrió hacia la mano del pelinegro, arrebatándole la botellita.
-¡Oh, perdón! - se encogió de hombros y caminó hasta su cama. Luego de un temporal silencio, habló - ¿A quién llevarás?
-¿Qué? - Black parecía sorprendido ante la pregunta inusual de su compañero. Se apoyó contra la pared cruzando los brazos delante de su pecho. Respiró hondo - Había planeado en invitar a… - cerró la boca.
-¿A…? - lo insinuó para que continuara.
-A Blake. - dijo con rapidez y sonriendo con triunfo.
-¿La amiga de Evans? - por alguna razón desconocida, ambos llamaban a las chicas, sobretodo a ellas, por sus apellidos. Sirius asintió energéticamente y con orgullo.
-¿Y tú? - Potter se encogió de hombros, de nuevo. No le importaba nada en aquellos momentos, excepto el estado de Lupin.
-Invité a una chica de Hufflepuff que me acosaba siempre. - respondió con simpleza.
-¿Tienes idea de cómo se llama?
-No - esa fue la única conversación que tuvieron hasta que llegó Peter Pettigrew elegante y emocionado, tarareando una canción muggle. Ambos pelinegros alzaron una ceja.
-Te ves contento - exclamó Black, acercándose a su amigo.
-Así es. - una sonrisa se deslizó por el rostro de Colagusano - ¡Por fin tengo pareja, amigos! ¡Y es nada menos que Jennifer Reaser!
-¿La de Slytherin? - lo interrogó luego de chocarle los cinco con la mano. Colagusano asintió.