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Esto es Halloween — capítulo 2

Se terminaron de vestir, de perfumar, de mirarse al espejo y de prepararse. Ya estaban más que listos. Estaban perfectos, impecables. Ninguno se había imaginado de esa forma, alistándose para una fiesta de Halloween, la fiesta de Las Criaturas de la Noche, la fiesta ideal para ellos. Cada uno de los magos y brujas, en especial el Ministro de Magia, estaban emocionados para su propia día en el que tanto muggles y seres mágicos lo celebraban.

Bajaron tarareando la canción muggle de Peter, quien les había dicho el nombre "This is Halloween" ("Esto es Halloween") de una tal banda llamada Marilyn Mason. Era pegadiza, sobretodo en ese día tan importante. A los pies de las largas escaleras se encontraban dos bellas chicas, hablando y riendo, como de costumbre, con sus largas y hermosas prendas.

Makenzie llevaba un vestido delicado, elegante, formal y brillante de color rojo fuego, capaz de identificarla en medio de una multitud. Llevaba el cabello atado con elegancia sobre su cabeza, brillos dorados se desprendían de este. Algunos mechones negros descendían por delante de las orejas, mientras que otros, detrás de su nuca. Se podían identificar fácilmente los rubios. En los pies, unas sandalias con aguja de taco bastantes caras se asomaban por entre el corte del vestido; tenían diamantes pequeños y plateados. Blake desprendió la mirada de su amiga de Slytherin para observar a Sirius, su pareja. *¡Vaya que esta guapo!,*pensó la bruja. *

Mientras que Peter sólo tenía ojos para Jennifer. Ella tenia como prenda un corto y provocativo vestido azul, lo contrario a Makenzie; le llegaba poco antes que las rodillas, dejando al descubierto las largas piernas. Su melena dorada se desprendía cayendo por detrás de la espalda, como solía estar, solamente que ahora una hebilla celeste aferraba unos pocos mechones. Tenía unas sandalias parecidas a las de Makenzie, excepto que estos tenían brillos dorados. En el instante que vio a su compañera girar la cabeza, la imitó. En el lado izquierdo de James Potter estaba su pareja de baile, Peter Pettigrew con su atuendo de gala, mostrando sus dientes blancos. Valió la pena, sonrió ante ese pensamiento. *

Al mismo tiempo que Sirius y Peter cortejaban a sus respectivas compañeras, James se sorprendió al ver que su admiradora por siete años no se encontraba. Definitivamente, no le pensaba dar una segunda oportunidad. No se puso a lloriquear o con berrinche al no verla cerca de él. Se acercó a Makenzie. Quizás ella, como conocía a todo el colegio, sabía por qué no estaba la de Hufflepuff.

-¿Sabes dónde está… Jaime… Jenn… Jenna…? - dudó por unos instantes, tratando de recordar su nombre.

-¿Jenny Clostford? - James asintió - No… sé… - Makenzie quiso desviar el tema lo más pronto posible - Creo que se quebró la pierna ¿No te lo ha dicho? - Potter negó con la cabeza - Bueno… ¡Qué mal! Supongo que te quedaras sin pareja hasta que Lil… alguien aparezca. - Blake le dedicó una mirada astuta y se volteo para seguir acomodando el corbatín de su chico.

James quedó perplejo. ¡Lo habían plantado! ¡En el medio de la noche! Se sentía peor que de costumbre. Nadie jamás le había hecho lo mismo. Generalmente, cada una de las chicas del colegio quedaba rendida a sus pies, listas para ser su esclava. Aunque había una joven brujas que no se gastaba en mirarlo, o en mandarle cartas de amor, o sonreírle cuando pasaba, ni siquiera en registrarlo en las clases de Defensa Contra las Artes Oscuras…

-¿Todo listo? - le preguntó en un susurro Sirius con una sonrisa a la pelinegra mientras ésta le prendí la flor roja en la chaqueta negra.

-Todo listo - su tono de voz era misterioso y divertido. Sirius le guiñó el ojo a Peter y a Jennifer desde su posición sin que lo note James.

-Será mejor entrar, Cornamenta. Faltan veinte minutos. - le sugirió a su amigo.

Peter tomó de la mano a Jennifer sin timidez y Sirius le rodeó por los hombros a Makenzie. Ambas parejas querían poner a James deprimido, y lo estaban logrando. El pelinegro bajó la mirada, avergonzado de lo que pensarían los demás alumnos al ver al muy popular y casanova sin pareja alguna. Aunque una esperanza de que alguna hermosa jovencita abandonara a su mago y vaya corriendo hacia él, seguía viva en su interior.

Pero no reaccionó cuando estuvieron a una milésima de empujar la puerta del Gran Comedor. Su rostro palideció por completo y sus miembros no respondían. Dejó de sentir su alrededor. Nunca podía pasar una semejante vergüenza como esa. Se vengaría de esa tal Jenny. Sirius notó el comportamiento de su amigo y no tuvo otra manera que detenerse e ir hacia él, arrastrando a Makenzie consigo. Jennifer y Peter comprendieron al instante y, después de sonreírse con complicidad, se internaron en la multitud.

-¿Qué pasa?

-No pienso ser el "hazme-reír" de Hogwarts por una pendeja que no se quiso presentar. - se quejó como un niño pequeño. Por suerte no había nadie más por allí para verlo patear el suelo con el pie.

-Ya te dije que se quebró el cuello…

-¿No era la pierna? - interrumpió Potter con sospechas.

-¡Oh! ¡Sí! ¡La pierna! - se corrigió a si misma con rapidez, tratando de disimular.

-¡Me da igual! ¡No pienso entrar allí! ¡Es inaudito que no me avisara! ¡La odio! ¡Me arruinó la vida social! - pero algo que no se había dado cuenta era que Sirius y Makenzie lo habían dejado de escuchar para fijar la vista por detrás de la espalda de Potter - ¡Canuto! - lo llamó, pasándole una mano en frente de los ojos - ¡Makenzie! - repitió lo que hizo con su casi hermano. Pero aún ninguno reaccionaba. Se dio por vencido y quiso ver lo que sus amigos observaban. Se volteó y vio al mismísimo ángel en persona.

Un ángel celestial pelirrojo bajaba por las escaleras con lentitud, tratando de no caer. Su cabello fuego le llegaba hasta por la mitad de la espalda, como el de Makenzie. Este estaba libre, al viento. El vestido inexplicable y tentador que tenía era indescriptible. Descendía hasta las rodillas, dejando al descubierto las piernas. Era de color verde bosque, el color favorito de James desde que él lo había visto en sus ojos. Por su cintura se distinguía una faja con unas pequeñas joyas azules y plateadas. Unas sandalias negras con piedras blancas y brillantes llamaban la atención de cualquier persona. Un collar con un amuleto extraño se posaba sobre su cuello. Estaba perfecta e impecable. *

-¿Te quejabas de no tener pareja, James? - rio Makenzie en el oído de Potter. A continuación, Sirius y ella desaparecieron por detrás de la espalda de Cornamenta sigilosamente.

No podía ser ella. No podía ser la autentica Lily Evans, hija de muggles. Pero aunque lo analizara con cautela y con detenimiento, todo encajaba en su lugar. La chica que lo hacia ponerse nervioso, balbucear cuando la veía pasar, tonto cuando ella lo miraba, estaba frente a sus ojos y, al parecer, sin una pareja en el pie de las escaleras. Era su turno de brillar para ella.

Se acercó lo más posible. Por unos momentos, se había olvidado de respirar. Unas pequeñas gotas sudorosas lo delataron.

-¡Hey…Evans! - tartamudeo por el nerviosismo.

-¿Si, Potter? - la pelirroja desvió la mirada al notar que unos ojos cafés no la dejaban de mirar con brillos especiales. Se sintió ruborizar.

-¿Tienes pareja? - se animó a preguntar, bajando la cabeza.

-No, ¿y tú?

-Tampoco - respondió rápidamente. La esperanza volvió a el.

-Perfecto… Es decir, podríamos entrar los dos para… como amigos… si es que lo somos, claro… lo que quiero decir… - ya no tenia escapatoria, y eso lo sabia.

-De acuerdo. ¿Quieres? - una sonrisa simpática fue lo único que hizo mejorar el estado del mago.

Como pudo, James ignoró su timidez y tomó de la mano a la pelirroja, quien no se quejo en ningún momento de tal acción. Entraron con ganas de divertirse al gran salón. Ninguno se imagino, ni siquiera Lily, de la decoración del estupendo lugar.

Unas calabazas naranjas y perforadas con un objeto de punta flotaban por los aires, sobre las cabezas de todos los alumnos, exceptuando algunas que se encontraban apoyadas sobre las mesas. Las cortinas negras tapaban las ventanas y con ello, la noche lunar. Las mesas de las diferentes casas habían desaparecido por completo, dejando en su lugar unas redondas, adornadas y elegantes con cubiertos y platos. Una enorme pista de baile se encontraron todos los estudiantes y una música extraña y pegadiza sonaba en el ambiente. El director no había encargado un grupo musical por el miedo al destrozo, era muy cuidadoso con todo. La luz no era la misma que el Baile de Navidad, era todo lo contario. En lugar de luminosidad blanca había pocas velas que resplandecían en el techo. No se podía ver bien, pero a medida que pasaba el tiempo, Lily y James, al igual que todos, se adaptaron.

Buscaron a sus compañeros con la mirada hasta que los encontraron sentados en una mesa. Se acercaron a ellos con paso veloz.

-¿Ya te dije antes, Lily, que estas preciosa?

  • la cortejo Sirius desde su asiento, sin molestias de levantarse, pero le dedico una sonrisa. Makenzie le dio un codazo en las costillas.

-Gracias - fue lo único que logro pronunciar la pelirroja antes de sentarse del otro lado de su amiga de la infancia - ¡Qué bien te ves, Jenn! - aduló a Jennifer, quien estaba al lado de Peter - Por fin encontraste a alguien como ella, Pet - le susurró a Pettigrew, que le guiñó el ojo.

-¿Me puedo sentar aquí? - le preguntó James, señalando la silla libre que estaba junto a Evans. La timidez había vuelto.

-Claro - se ruborizó como su propio cabello.

-Alumnos - carraspeo Albus Dumbledore desde el asiento del director. A la ojiverde le pareció extraño. Todos voltearon a ver y un silencio sepulcral se extendió por el Gran Comedor - Primero en especial, quiero decirles ¡Feliz Día de Brujas! - los menores estallaron en aplausos -. Lo segundo, anteriormente han sufrido unos incidentes extraños hoy en día, pocos estudiantes están en Enfermería, por lo que les pido que si ven algo extraño no duden en contactarme. Durante la fiesta estaré en… - algo lo interrumpió.

De pronto, una ráfaga de viento inesperada y misteriosa sofocó a cada persona que se encontraba allí. Las velas se apagaron súbitamente, sorprendiendo y asustando. Se oyeron gritos, murmullos, risas y sollozos. La oscuridad invadió cada cuerpo. No se veía nada en absoluto. Lily se aferró a la mano de James con miedo. Si tan solo estuviera Severus aquí, no sucedería nada malo, se dijo la pelirroja, pero no. Se tuvo que ir de vacaciones justo ahora, se quejó mentalmente. Más gritos inundaron el lugar y todavía ningún profesor daba señal de tranquilidad.

A James se le vino a la mente una imagen muy conocida. ¡Tenia la varita en su bolsillo! ¿Cómo había sido tan tonto de no haberse dado cuenta antes? Deslizó su mano desocupada por la chaqueta hasta encontrar un palo puntiagudo.

-Lumos - susurró, apuntando a la oscuridad.

Un rayo de luz celeste se desprendió de su varita, iluminando la mayor parte de su alrededor. Aunque había bastante luz no pudo localizar ninguno de sus amigos en los asientos. Sirius, Peter, Jennifer, Makenzie, todos se habían desvanecido. Temió lo peor. Giró la cabeza y, fue entonces, cuando pudo respirar aliviado. No se dio cuenta de que tenia aferrada la mano con la de Lily. Se levantó, arrastrando con él a su amiga. Ambos estaban preocupados y asustados. No estaban sus amigos. No estaba nadie. Aun seguían escuchando los gritos, pero por mas que quisieran seguirlos, esos llamados de suplica se fueron agotando.

Entonces, se dieron cuenta que estaban atrapados. Se encaminaron hacia la puerta pero no la encontraron por ninguna parte. Dumbledore, McGonagall, Black, Blake, Pettigrew, Reaser… no estaban. ¿Cómo?

-¡Canuto! ¡Colagusano! - gritó con miedo James. Nadie contesto - ¡Vamos! ¡No da risa! ¡Si es una broma ya la pueden cortar! - su voz se fue apagando a medida que cada palabra salía de su boca.

-¡Por favor, Keni! ¡Sabes que no me gustan estos juegos! - sollozó Lily en vano. Se acurrucó al pecho de Potter, tratando de aguantar las lágrimas.

Esquivaron como pudieron las mesas que se interponían en su camino. Giraron sobre un eje, buscando una señal de vida. Trataron de iluminar el salón, pero, aunque lo logaron, no encontraron a ninguna persona. Y sabían que en ese baile se encontraba todo el colegio. No tuvieron otra alternativa que permanecer en el centro de la pista de baile. Lily flaqueo y cayó al suelo por los temblores de sus piernas. Arrastro al suelo a James, todavía estaba tomado de su mano. Tenían un miedo insoportable. Jamás lo habían sentido. Miles de gotas cayeron por la mejilla de la ojiverde. Sollozó en silencio mientras se escondía entre los brazos de su compañero. La varita aun seguía iluminando el vacio.

¿Cómo era posible que pasara semejante apagón en el principio del baile? ¿Por qué pasaba eso? ¿Dónde estaban sus amigos? ¿Qué le había pasado a todo el mundo?

-James- un susurró tenebroso se oyó en la oscuridad. Esa voz puso en alerta a ambos. Evans dejo de llorar mientras que a Potter se le ponía los pelos de punta - Lily- un par de ojos rojos carmesí se distinguieron. La pelirroja sintió el peor miedo de su vida. De lejos, un aullido de un lobo penetró las paredes de la Casa de los Gritos - Muerte - esa palabra basto para que la joven volviera a desesperarse. Se paró de un brinco.

-Quédate aquí, Lils. - la bruja se sorprendió de que él usara el mismo apodo que le decía Makenzie. Más lagrimas surgieron de los hermosos ojos verdes - No llores. - quiso tranquilizarla el pelinegro - Iré a ver qué es eso. - definitivamente, había sido escogido para Gryffindor.

-¡No! - sollozó más fuerte la chica - ¡No vayas! - tenia de frente a su amigo, viéndole los resplandecientes ojos.

-Calma. - respiró hondo - ¿Tienes la varita? - preguntó con tranquilidad.

-No - negó con la cabeza.

-De acuerdo. Quédate con esta. - le pasó su arma por la mano. Pero cuando estaba dispuesto a voltearse, algo lo detuvo.

-Por favor, James, no me dejes. - sollozó - No quiero estar sola. Por favor. - necesito la ayuda de los brazos del otro para seguir en pie.

-No te dejaré. - la sujetó de los brazos y la abrazó con fuerza infinita. Lily lloró con mucho miedo en su hombro - Jamás lo haré.

-Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… Muerte… - las palabras tenebrosas sonaban en la oscuridad, pero ya no era una voz, eran muchas. Y ente ellas, James pudo identificar la de Sirius.

-¡No! - gritó Lily, rodeando con la varita su cuerpo y el de James. No había nada detrás de su espalda - ¡Cállense! - el miedo y la desesperación la atormentaron.

-¡Calma, Lily! ¡Todo está bien! - la abrazó y tranquilizó, lo último en vano.

-¡No te vayas! - suplicó de nuevo.

James lo tomó el rostro entre las manos. Aunque estuvieran en una oscuridad infinita, sus ojos se distinguían fácilmente. Café con verde encajaban a la perfección. Una chispa de alegría, amor, cariño y deseo se desprendían de estos. Cuando las interminables voces del vacio parecían tragárselos, ocurrió algo inesperado para los dos. Sus labios estaban tan cerca como jamás. Las respiraciones casi se volvían una. De repente, James posó su boca sobre la suya. Un beso esperado por siete largos años tanto como para ellos como para los estudiantes, y profesores, de todo Hogwarts. Sincronizaron con armonía. Se amaban, y eso era lo importante en una relación mágica. Estaban unidos.

No llego a un segundo plano el beso, cuando una luz sofocante y sorprendente se prendió sobre sus cabezas. Era tremendamente lumínica. Se separaron por la sorpresa. La luz había vuelto y con ella los alumnos y maestros del colegio. Cada uno de los presentes tenía ojos para la hermosa parejita feliz. Miles de pares de miradas observaban al casanova Potter y a la sabelotodo Evans, besándose con amor.

Ambos se pusieron rojos como el cabello de la joven. El miedo se había transformado en nervios. Los habían agarrado en una situación bastante prometedora. Alejaron el cuerpo del otro y bajaron la mirada, avergonzados. Los aplausos de los espectadores llenaron el lugar. James localizó a Sirius entre la multitud; él aun seguía junto a Makenzie, parecía que tenían algo mas que una amistad. También estaban Jennifer y Peter, tomados de la mano.

-Parece que fue todo… - le susurró James a Lily en el oído, provocando que ella se estremeciera.

-Una broma - Sirius se acercó, seguido de Makenzie, Jennifer y Peter hacia donde estaban ellos -. Pero con buena intención.

  • Black le dedicó una sonrisa a la pareja.

-Parece que sí - murmuraron a la vez Potter y Evans, sin el sonrojo en sus rostros. Habían tomado una sorpresiva confianza el uno con el otro.

-Muy bien… - quiso desviar la tensión Jennifer.

-¿Qué les parece si vamos a bailar? - de pronto, la música comenzó a escucharse de fondo y Dumbledore se encontraba cerca de la mesa de profesores, observando con detenimiento la escena producida momentos atrás. Definitivamente, darle el permiso a Black para hacer todo eso fue excelente.

-De acuerdo… - la emoción de la rubia Reaser contagió a Peter, quien lo arrastro hasta la pista del baile, que se encontraba repleta de demás estudiantes.

-¿Me concedes este baile, Keni? - Sirius tomó de la mano a Makenzie y se le llevó donde Pettigrew y Reaser.

-¿Vamos a…? - James fue interrumpido por un beso de Lily sobre sus labios. Ya estaba claro, él estaba enamorado y no lo podía reprimir.

Luego del beso, Evans aferró su mano contra la de él y se instalaron en el baile. No se supo nada de ellos hasta 3:45 de la mañana, la hora en la que se debía terminar la fiesta.

Lily Evans y James Potter tuvieron el honor de conocerse más de lo que ya se conocían en un día especial para ellos, Halloween.

Porque el Día de Las Brujas, reemplazó el Día de San Valentín. Para esa pareja, sus primeros días de vida acababan de empezar.

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Hey! Mi Primer Fic de Merodeadores!

Tenganme paciencia…! Ya se que fue de lo peor…

Solo quiero saber si me merezco un comentario o un favorito..

Graciias..

Espero que les haya gustadoo…

Vestido de Makenzie:

Sandalias de Makenzie:

Vestido de Jennifer:

Sandalias de Jennifer:

Vestido de Lily:

Sandalias de Lily:

Besooss…

Los Ama, Sky…!