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Historia 90829 — capítulo 20

El viernes llegó, empezó bien, aunque andaba pensativa (ya sabeis porqué) todo el rato, sabía que acabaría mal, y no quería que eso sucediera.

Antes de que viniera Cooper a recogerme me duché y alisé el pelo, me puse unos pantalones blancos, a juego con la torera, una blusa de rosas rojas de color crema, y unas manoletinas, presentía que los tacones no eran buena opción...

Cooper llegó algo tarde, venía del trabajo, olía a desinfectante, ¿se habría duchado?.

_Hola...estás muy guapa.

_Gracias, tu tambien. dije sonrojándome al cruzar nuestras miradas.

_Jaja, sabes que no, estoy normal, vengo de trabajar.

_Ya. ¿mucho trabajo? Dije para tener conversación y no un silencio incómodo.

_Si, bueno...llegaron dos heridos de bala, una neurótica y un enfermo de sida.

_Ah, lo siento,  dije palideciendo.

_Si, bueno, lo de la herida de bala fue la caña, ¡¡yujuujuuuu!! pero el resto un coñazo.

_No te quejes, es tu trabajo salvar a la gente, salvar vidas, da igual como.

_Tu, siempre tan positiva. Muuuuuuuuak. Me dio un beso en toda la cara, cariñoso.

Yo sonreí tímida. _Es lo bueno de tener un padre de seis años.

El me miró curioso, como siempre, y luego aparcó, ya habíamos llegado.

Subimos en el ascensor sin hablar hasta la segunda planta, donde estaba la ropa y los zapatos.

Miramos un montón de tiendas y escaparates. Había muchas cosas que me gustaban, pero me negué a que me las comprara, aunque no sirvió de nada, me compró demasiadas para mi gusto. Y dos pares de zapatos. Increíble. Al final de la tarde pasamos por una tienda de noche, en la que vendían ropa de fiesta, entramos, Cooper estaba ansioso por que viera algo que me gustara. Caminé entre los vestidos, los miles de vestidos, mirándolos, y Coop a mi.

Me quedé mirando uno que me encantó, nunca había tenido uno así. Cooper, como era normal, se dio cuenta y quiso, mucho, comprármelo, yo casi lloro, salí de la tienda para que Cooper me siguiera y nos fueramos.

Mientras ibamos al aparcamiento hubo la esperada charla:

_¿Por qué no me has dejado comprártelo?

_No, hace falta, ya me has comprado muchas cosas... se me quebraba la voz...

_Si, lo se, y no me arrepiento de nada. Pero ese vestido te gustaba mucho, era especial, lo mirabas diferente. Me he dado cuenta, no te creas.

_Si, puede ser, pero era muy caro, demasiado.

_¿y que? soy tu padre, si yo quiero te lo compro.

_Ya, pero no hace falta que gastes el dinero en mi, en alguien como...como...como yo.

Me asombré de lo que había dicho, nos miramos fijamente, iba a llorar, pero no quería, me contuve como pude.

El trayecto a casa fue en un silencio incómodo, pero no me atrevía a romperlo, al llegar le di las gracias por todo, casi sin mirarle, y subí a casa.

Jackie se sorprendió cuando subí corriendo con las bolsas, saludé rápido y sin energía y me fui a mi habitación, donde, por fin rompí a llorar desolada.

_¿que pasa, Marina? Jackie entró en mi habitación pasadas las dos horas me mi llegada.

_Nada, estoy bien, dije limpiandome una lágrima.

_Si, ya, y yo soy Britney Spears. Va, que pasa, ¿Coop te ha echo algo?

_No, el ha sido un caballero, ha sido por una tontería, culpa mía.

Me incorporé para que Jackie me mimara un poco, solo. Después me echó a la cama y me dormí al poco tiempo, con la luna resplandeciendo en la habitación y Jackie acariciandome el pelo, relax, justo lo que necesitaba para pensar con claridad de una vez.