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Hermanas — capítulo 13
Genial. Alice empezó a llenar todo de plumas y ha hacernos la manicura a todas (incluida Esme, algo raro, no?)...Cuando acabó conmigo salí hacia el baño, no soportaría otro momento "cursi". Necesitaba un momento a solas, con mis libros maravillosos.
Me encerré en el baño durante una hora (total nadie lo usaba allí) y cuando me decidí a volver al salón rosa me perdí, si, si, no me preguntéis como, porque no lo se. El caso es, que mientras andaba por los pasillos de aquella casa encontré una mini-terraza con una cortina blanca y un balcon con una barandilla de hierro blanca preciosa. Hacía fresquito y se estaba genial allí, me senté con las piernas por fuera, colgando.....Pasó una hora, quizá dos, no se, nadie me echó de menos y yo tampoco.
Yo estaba tan tranquila, acabando ya mi libro cuando noté algo detrás de mi, alguien se aclaró la garganta raramente y me tocó el hombro, yo me moría de miedo, empecé a temblar, me agarré a la barandilla para levantarme, respiré hondo, cerré los ojos y me dispuse a darme la vuelta y enfrentarme a....¡¡¡Carlisl!!! madre mía, cuando le vi allí plantado con su sonrisa encantadora casi me derrumbo.
_Ehh, esto...hola.- dije temblando con casi apenas voz.
_Hola Meghan, ¿que haces aquí? es peligroso. Ven, vamos a dentro- no dejaba de mirarme, seguramente tenía carra de pánico. Cogió mi libro que se me había caido del susto y lo leyó mientras me agarraba suavemente del brazo y me llevaba con el. Sonrió al ver de que iba el libro (yo tambien, sarcástica, al ver su expresión), me condujo hasta una habitación de columnas y paredes majestuosas en la que había cuadros, muchos libros, y un escritorio en el centro con un sofá a la derecha.
Me sentó en el sofá, cogió una manta, una taza y un termómentro, me miró sonriendo mi cara de miedo y con una sonrisa me dijo:
_Tranquila, no pasa nada, aquí estás bien, relajate.
Me puso el termómetro debajo del brazo y me tapó con una manta mientras me daba chocolate caliente (no se supone que los vampiros no comen??)
_Meghan, tenemos que hablar de algo ¿no crees? me dijo mientras me quitaba el termómetro, se acercaba mas a mi y me quitaba la taza, seguramente hubiera acabado rota por la presió que ejercía sobre ella. Pero era inebitable, sentía ganas de llorar, tenía miedo, sueño y estaba confusa, además las palabras tranquilizadoras de Carlisle no lo eran, ni mucho menos, si no que, por el contrario, me hacían pensar cosas malas y sentirme desprotejida.
Ahora Carlisle me hablaba, pero yo intentaba no escuchrle (creo que el se daba cuenta) pero de pronto empecé a sollozar y acabé llorando sin parar, muerta de miedo y de frío me dormí en los brazos de Carlisle quien me consoló y me acunó con una mirada triste hasta que caí rendida. Por fin. No podía ya mas.