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Hermanas — capítulo 40

Durante dos meses estuve de aquí para allá con Jacob. El me hacía sonreír. No era tan malo como pensaba. A Bella esto no le gustaba en absoluto, pero a mi me daba igual.

Un día, cuando volvía a casa para comer me encontré con Carlisle, Alice y Jasper. Bella estaría dentro con Edward. Apuesto a que esto había sido idea suya.

Me dirigí sin rodeos a la puerta, cuando rozaba mi llave con la puerta Carlisle me interrumpió:

_Meghan.¿Podemos hablar un momento?

_Si, claro. ¿Qué quereis?

_Verás, hace algunos días se puso en contacto con nosotros un número oculto, ayer descubrimos que era Cayo, está aquí.

_¿como? ¿aquí? ¿que hace, que quiere?- Me senté confusa en el suelo, Carlisle y Alice se arrodillaron conmigo, uno a cada lado.

_No sabemos que quiere. Pero no pasa nada.

_¿Como que no pasa nada? Cayo es muy peligroso, y mas ahora si lo que quiere es venganza.

_Tranquila, Meghan, tranquila....- me decía Alice. Me costaba respirar.

_Lo que queríamos saber es si se ha puesto en contacto contigo de algun modo.- dijo Carlisle calmado, protegiéndome de un ataque de pánico.

Alice me estrechó contra su brazo mientras con el otro me acariciaba la frente. Yo me agarraba el cuello e intentaba hacer lo que por un momento, antes de alejarse con Jasper, Carlisle me decía _Tranquila, Meghan, no pasa nada, respira tranquila.

¿Como iba a estar tranquila sabiendo que Cayo podría estar ahora viéndome? ¿y que todos a los que conozco estaban en peligro? esto era imposible. Hace unos minutos era feliz, y con una simple noticia mi mundo estaba bajo tierra.

Carlisle vlvió de hablar con Jasper y por su móvil. Me dijo que esto no sería seguro para mi. Por lo que debía coger ropa y mis cosas e irme con ellos, a su casa.

Me negué ¿como iba a hacer eso despues de haber estado tres meses sin hablarnos?

Pero insistieron tanto que tube que hacer lo que me decían, lo hacían todo con tanto sigilo, precaución y rapidez que me ponían mas nerviosa y alterada de lo que ya estaba. Jasper me vigilaba de cerca cuando Carlisle y Alice cogieron mi maleta y mi neceser y los llenaron de cosas necesarias, ya que yo estaba en shock y no podía ni articular palabra.

Luego, nos montamos en su carísimo coche, Alice se sentó atrás conmigo. Iba a llorar, o eso pensaba, pero yo era fuerte y no lloré, me contuve, ya tendría tiempo.