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Who's that boy? — capítulo 1
Mi vuelta al barrio era una sorpresa. Había pasado un año en París, Francia, con mi padre. La distancia había podido conmigo. Extrañaba demasiado a mamá y Mike, mi hermano mayor.
Era miércoles. Mi avión aterrizo algo antes de lo previsto, por lo que sonreí. Con algo de suerte, llegaría antes a casa de lo que Mike y Jayden -su mejor amigo- terminaban de jugar su partido de fútbol diario. Recogí mis maletas y salí a coger el bus.
Si la cosa no había cambiado, tenía que tomar el A25 y después el C47 para llegar a mi casa. No me equivoqué. Quince minutos -y muchos pisotones- después estaba en la puerta. Saqué las llaves de mi bolsillo derecho y la giré en la cerradura.
Tal y como imaginé, no había nadie.
Subí mis cosas a mi habitación, que seguía intacta, con algún pantalón de mi hermano por el suelo. Dejé las maletas y, me disponía a abrirlas cuando escuché la cerradura. Rapidamente, me callé.
—Menuda paliza tiene Wilson. Ese tío es un imbécil.— Distinguí la voz de Jayden, algo más grave de lo que recordaba. Probablemente fuera porque el mejor amigo de mi hermano acababa de cumplir dieciocho.
—Ya ves. Menudo gilipollas. Como le pille mañana te juro que le mato loco.— Y ahí, por supuesto, la inconfundible voz de Mike, mi hermano mayor.
Sin querer, estornudé, y tropecé con mis propios pies. Parecía que no se habían dado cuenta. ¡Como para que entraran a robar! Aunque bueno, era algo improbable, pues si las cosas seguían como las dejé, NADIE se atrevería a robar a Mike Petterson. Y es que Mike sabe como defender lo suyo, y le da igual que haya de ser a puñetazos.
No por nada se ha criado en un barrio marginal de Chicago.
Diez minutos después, al salir de mi habitación, miré si alguno de los chicos estaba en el pasillo. No era así. Sonreí y comencé a bajar muy despacio. Giré en la cocina, que estaba tal y como la recordaba. Blanca con adornos raros que tanto le gustaban a mamá. Y seguía oliendo tan bien como recordaba. A coco.
De la cocina podías ir al salón o al patio trasero. Mi dirección era, por supuesto, el salón. Así que me puse en el marco de la puerta de la cocina, el cual estaba de espaldas a la televisión y el sofá.
Carraspeé. Y entonces, los chicos, sobresaltados, se giraron.
—¿Ab?—Preguntó mi hermano, mirándome de arriba a abajo. Asentí, divertida. Le vi saltar el sofá, tirándolo para atrás, y abrazarme.
—¿Y tú que Jayden, no te vas a dignar a saludarme?
—¡Déjame salir del shock y hablamos!—Se rió, pero se puso en pie también. Me di un abrazo corto y ayudó a Mike a poner en su sitio el sofá.
—Sois un desastre. ¿Cómo se tira un sofá?
—Es muy fácil.. Cuando tu hermanita pequeña aparece después de un año fuera, no sólo de la ciudad o del país, si no del CONTINENTE, uno es capaz de tirar cosas.
—Gran explicación, Miky.—Lo abracé nuevamente, y el rodó los ojos.
—¿Echaste de menos a tu mega hermano, verdad?
—Huy sí.. No sabes tu cuanto.. Era tan difícil salir con chicos sin que nadie los amenazara.. Como que le quitaba el morbo.—Bromeé.
—¿Chicos? ¿Qué chicos? ¡Eres muy pequeña para andar con chicos!—Dijo Jayden.
—Jay tiene razón. ¡Los chicos de tu edad sólo quieren...—Miró a Jay.—Olvídalo.
—A veces me pregunto si no vendréis del siglo XV.
—Ñé.—Dijo Jay, rodando los ojos.
Jay y Mike. Mike y Jay. Dos chicos que parecían ser uno muchas veces. La misma edad. La misma forma de pensar. Los mismos gustos. Y los mismos problemas. Si Jay se daba de puñetazos, Mike también y viceversa. Sin duda era complicado soportarlos a ambos juntos. Pero todo el mundo debía hacerlo. No se separaban, prácticamente nunca.
De mi infancia siempre recordaré a ambos juntos. Jugándome bromas o defendiéndome. Y de la adolescencia, ¡Como no! Cuando amenazaban a todo aquél chico que se me acercara para pedirme una cita. O que sintiera algo por mi.
Jayden Prince tenía el cabello negro, y unos ojos celestes preciosos. Era delgado y alto. Tenía una mirada de chico malo, -como todo su aspecto en general-, que atraía. Tatuajes en los brazos y músculos. Era borde, pasota y sarcástico. Le habían expulsado del instituto cuando tenía dieciséis años, pero a pesar de eso, Jayden siempre me había enseñado más de lo que había aprendido en la escuela. Era bueno en matemáticas y en gramática, en deportes y en ciencias. Y ya ni hablar de la música, tocaba la batería y la guitarra de una forma que parecía de película. Pero era todo un "rebelde" según decía el director. No acataba las reglas, no iba a clase e ignoraba a los profesores, cuando no les contestaba mal. Malhablado, y de poca paciencia, Jayden nunca había destacado por ser agradable cuando alguien no era de su agrado. Más bien, era de los que decía "Quítate de mi puto camino, gilipollas" a todo el que se atrevía a molestarle. Y eran pocos, los que se atrevían, y aún menos los que salían bien parados de eso.
Y mi hermano Mike. Michael, de hecho. Su pelo castaño siempre revuelto -como señal de su "tremenda rebeldía" según el director-, y sus ojos verdes grandes, atraían chicas a montones. También el hecho de que se había hecho respetar en un barrio complicado desde muy pequeño ayudaba. Mike siempre fue el que sacó adelante a la familia. Mamá trabajaba, prácticamente tres cuartos del día. Papá se había ido, cuando Mike cumplió seis años y desde entonces jamás había vuelto a dirigirle la palabra. Así que prácticamente el me había criado. Siempre había estado ahí para mi cuando lo necesité, incluso me había apoyado con mi idea de ir a Francia unos meses, cuando el sentía una repulsión absoluta hacía nuestro padre. Mike no había destacado nunca en el instituto, pero había tenido más suerte que Jayden. A él nunca le llegaron a expulsar definitivamente, quizá porque lo abandonó a los dieciséis -después de gritos tremendos por parte de nuestra madre, diciendo que ella no había críado a un parásito-, pero se las había arreglado para encontrar trabajos a tiempo parcial, ya fuera pintar paredes, quitar hierbajos o cuidar de niños. Mike siempre había dicho que no valía para estudiar, y cuando tuvo la edad necesaria.. Simplemente lo dejó. Mike amaba la música, y de hecho, hacía unos años había ahorrado para comprarse una guitarra, y él sólo había aprendido a tocarla. Todo el mundo creía que Mike era del típico matón, que te robaba el dinero del almuerzo en el colegio. Y puedo asegurar que mi hermano no había robado en su vida. Todo lo que tenía, se lo había comprado con su dinero, siempre había trabajo para tener su dinero y no tener que pedirle a mamá, ni a nadie.
—Bueno, íbamos a un partido de fútbol.. Pero si prefieres que nos quedemos y veamos una película..— Mike tenía esa costumbre; Jay siempre estaba. Incluso cuando Jay no quería estar, Mike le hacía estar, a la voz de "¿No era mi mejor amigo? ¿Mi hermano de otra sangre? Pues apechugas." Así que prácticamente no tenía recuerdos de Mike solo. Ni de Jay solo, tampoco.
—Id al partido de fútbol, yo iré a ver si Lotte está.
—No me parece buena idea..—Mike y Jay intercambiaron una mirada preocupada.
—¿Por qué?
—Bueno.. Digamos que.. Desde que corté con ella.. No quiere saber nada ni de mi, ni de tu hermano, ni de ti.—Jay se mordió el labio inferior.
—¿Me explicas por qué demonios no quiere saber de mi? ¿Y cuándo salisteis? ¿Y POR QUÉ NADIE ME LO DIJO?
—Verás, Lotte piensa que la dejé porque tengo algún tipo de sentimiento raro hacía ti.
—¿Perdón?—Me encontraba entre sorprendida y confundida. ¿Jay.. Sentir algo por mi? Imposible.
—Yo tampoco lo entiendo.. Todo vino porque corté con ella el día que tu madre dijo que pensabas volver. Y se montó sus paranoyas y yo que sé, esa pava está loca. —Jay se encogió de hombros, mientras Mike reía.
—Sabes que la querías.—Le burló mi hermano.
—Cállate loco, que en menudas movidas me metí por su culpa. —Ambos bufaron, como si hubieran sido unos meses complicados.
—¿Y que más cambió en el barrio?—Pregunté, esperándome cualquier cosa, hasta que la bibliotecaria Drewer se había casado con el director Benson. Total.. Ya me parecía hasta posible.
—Pues poca cosa más.. Charlie y Andy siguen juntos.. Patrick lo dejó con Alice, que ahora sale con Logan.. Y Owen, que está medio liado con la señora Jhonson.
—¿No será verdad lo de Owen, no?— ¡Pero si Owen era un bombón! Lo tenía todo. Sonrisa, ojos, pelo, cuerpo.. Y personalidad electrizante. ¿Y se iba a acabar liando con la profesora de matemáticas? Serían ganas de joder, para que negarlo.
—Pues sí, hermanita, así es. —Mike se reía de mi cara de asombro, y es que no era para menos. ¡Si la señora Jhonson tenía por lo menos dos cientos años! Era.. Horripilante.
—Es el amor, te deja pichu, loco..—Jay comenzó con sus teorías filosóficas, y mi hermano le empujó, para que se callara.
—Que si Aristóteles, que sí. Tira, que aún llegaremos tarde.
—¿Pero sabes quien era Aristóteles, M?—Pregunté divertida y el me sacó el dedo.
—Pues sí, tontita. —Reímos los tres.—¿Quieres venir?
—Si.. No me vendría mal ver el barrio un rato. París es.. différent.
—¿De que habla esta ahora? Hay veces que me pierdo loco..—Dijo mi hermano, mientras me miraba.
Subí a la habitación corriendo y me cambié. La idea de aparecer en el campo de fútbol con un jersey rosa y unos pantalones ajustados, me parecía verdaderamente espantosa. Por el contrario, la idea de aparecer con una camiseta negra y unos pantalones vaqueros de talle bajo, me parecía mucho mejor. Agarré algo de dinero de la cartera que Monique me regaló y el móvil.
Tardamos unos quince minutos en llegar al campo de fútbol. Principalmente porque cada diez, quince metros nos teníamos que parar por tanto reírnos. Jay y Mike, siempre serían mis mejores amigos. Y mis hermanitos mayores.
Cuando llegamos al campo fue como viajar al pasado. Logan y Martin riéndose por los suelos con Patrick y Owen, Charlie y Andy sentados abrazados a su lado, también riéndose, Jenny tomando fotos de todo lo que había a su alrededor... De repente, Jay gritó.
—¡Eh, capullos, que hemos venido a jugar a fútbol, no a las barbies!—Creo que ya había comentado que Jay era un impaciente total.
Todos se giraron para mirarlo. Y de repente, noté como todas las miradas se posaban en mi. Y chillidos, muchos chillidos por parte de Andy y Jenny. Gente corriendo para abrazarme y levantarme del suelo.
—¡ENANA!— Logan me tomó de las mejillas y me plantó un sonoro beso en ellas.
—¡No soy tan pequeña, Log! ¡Ya tengo 16, joder!—Reí.
—¡Esa boca, Abigail!—Dijo Andy, como una madre.
—Sigues siendo una enana. —Martin me abrazó también y no pude evitar reír.
—¿Y como te fue por París, cariño?—Preguntó Andy, mientras Charlie rodeaba su cintura.
—C'est fantastique!
—En cristiano, por favor.
—¡Es magnifico! Es.. Tan diferente. Hay chicos taaaan guapos.. —Todos los chicos arquearon las cejas. Se me olvidaba comentar, que al ser la menor de todo el grupo, siempre era sobreprotegida en exceso.
—¿Cómo de guapos?—Preguntó Jenny, moviendo las cejas.
—Tan guapos que se cae la baba, Jenny. Algunos muy estúpidos, pero otros.. Tan encantadores que parece que te los vas a comer a besos. Como Axel, ¡Tía tenías que verlo! ¡Que amor de chico!
—¿Quién ese Axel?—Preguntó Charlie, con tono celoso. Él era el más mayor de todos, ya tenía los veinte, y el había sido el encargado de sacar a mi hermano de muchos líos cuando este aún era un renacuajo.
—Mi..—Me sonrojé.—...novio.
—¿QUÉ? ¡Vamos a partirle las piernas a ese cabrón!—Martin había hinchado la vena. Sí, siempre era así.
—Es.. Broma..—Me empecé a reír, sólo de ver sus caras.—Axel es.. Emm.. De la otra acera, le va el pescado..
—¿Gay?—Dijo Jenny. Yo asentí.—Lástima, pintaba bien el chaval.
—No sabes tu bien.
—Vamos a lo importante.. ¿Cuándo has vuelto? ¿Y cómo nosotros no lo sabíamos?—Dijo Owen.
—Hace.. ¿Una hora? Me bajé del avión, quizá algo más. Y no lo sabíais porque era sorpresa. Si hubierais visto la cara de los bobos estos..—Me mordí el labio inferior, al ver la forma en la que Jay había arqueado la ceja.
No me parecía la misma forma de la que la arqueaba antes. O quizá es que había pasado mucho tiempo y el yet lag ese me estaba afectando. Pero en esos momentos Jayden me parecía sexy.