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Who's that boy? — capítulo 2
Ver a Abigail suponía un cambio. Sin duda. Había aprendido a no hablar con ella, a no vivir con ella en frente, a ni siquiera pensar en ella. Verla había supuesto un gran shock. No sólo por el hecho de que había pasado un año, dos meses y trece días desde que se fue, sino por el cambio físico de ella.
La Abigail Petterson que yo acompañé al aeropuerto con mi mejor amigo, era una chica de quince años, de pelo castaño claro corto y liso. Con ojos oscuros. Sin curvas, y bajita. Y parecía que en este tiempo lo único que había conservado era la altura, porque joder, parecía una mujer y todo. ¡Y que mujer!
Era plenamente consciente de que no podía pensar en ella como mujer. Él había estado ahí el día que ella nació -aunque no lo recordara-, el día que el señor Petterson se fue, el día que aprendió a nadar, cuando pasó a secundaria, cuando le comenzaron a interesar los chicos, cuando sus novios la dejaron.. En fin, siempre. Y no podía verla como una mujer. ¡Era la hermana menor de mi mejor amigo, de mi casi hermano!
Y es que Mike Petterson era el ser humano -aunque a veces dudara que fuera de este planeta- con el que más relación tenía. Había sido mi mejor amigo desde la cuna practicamente, porque nuestras madres eran íntimas. Había sido también el chaval con el que de pequeño hacía travesuras. El mismo, con el cual había experimentado los porros hacía tres años. Con el que se había escapado a Nueva York para ver un concierto. Y no podía hacerle esa putada. No podía pillarse por la hermana menor de este.
Por muy buena que estuviera. Por muy perfecta que fuera. Simplemente, no podía. Ni quería, tampoco.
No estaba demasiado seguro de como habían acabado todos sentados en el suelo del campo de fútbol, con Jenny, Andy y Abigail cotorreando como siempre con los demás, y Mike, Logan y yo liando un porro.
No solía fumar. Pero en esos momentos, lo necesitaba. Necesitaba olvidarse un rato de lo que pasaba por mi cabeza cuando la recordaba mirándole fijamente mordiéndose un labio.
La posibilidad de que la teoría de Lotte fuera cierta, cobró más vida que nunca. Aunque jamás la hubiera negado.
Bufé. Recordé ese momento, como si lo estuviera viviendo en ese mismo instante.
"—Jayden.—El la miró. Lotte era perfecta físicamente, y su forma de ser le encantaba. Desgraciadamente, no sentía ningún tipo de conexión romántica hacía ella. Y era una lástima, de verdad la quería, pero como una hermana.—Probablemente lo niegues. Pero ambos sabemos que es así. La amas. Siempre lo has hecho. Aunque te esfuerces por negarlo. La forma en la que hablas de ella, como te brillan los ojos cuando has hablado con ella, la cantidad de veces que te acuerdas de ella, y no me digas que no te acuerdas de ella nunca, porque tu sonrisita te delata. Por mucho que lo niegues ambos sabemos que es por eso que terminas conmigo. He intentado hacerte olvidarla, pero sé que la única forma de la que la olvidarás es dándote con un canto en los dientes. Sólo te diré una cosa, Mike se acabará dando cuenta. ¿Merece la pena, arriesgar tu amistad con él por una chica?— Lotte sonrió, con lástima.—¿Ves? Ni cojones tienes para negarlo. Porque sabes, en el fondo, que es verdad. Siempre has sido el <>, el <>.. El que siempre tenía algo que decir. Y ahora, estas callado porque sabes que no me puedes negar esto, porque todo es verdad. —Él bajó la cabeza. No sabía que decir.—Adiós, Jayden. Y.. Por favor, no te acerques más, ni tú, ni Mike, ni Ab. No es por mal, pero.. Va siendo hora de tomar caminos diferentes, ¿No crees?"
—¡Jay! ¡JAY! ¡JAYDEN!— Mike me pegó una colleja, y, reaccioné.
—¿Qué coño te pasa, tío?—Me rasqué la nuca.
—Te llevo llamando diez minutos, ¿Qué te metiste loco?—Bufé. Cerré por un momento los ojos. Y cuando los abrí, los de Ab me miraban fíjamente, preocupados.—No me jodas que es por Lotte. ¿Quieres olvidarla ya, tío?
Odiaba mentirle. Y más a Mike. Pero, ¿Qué le iba a decir? ¿Me estoy comiendo la cabeza porque mi exnovia me dijo que puede ser que esté enamorado de tu hermana? O mejor un "Eh tío, lo siento, pero siento cosas por Abigail. Sí, parteme la cara, porque yo lo quiero hacer."
Joder, es que me lo merecía.
—¿Sigues con eso?—Preguntó Jenny. Yo bufé y agarré el porro de las manos de Logan y le di una calada larga. Y otra. Y otra.
De repente, sentí como alguien me quitaba el porro de las manos y me agarraba de un brazo tirando para que me levantara. Me hizo caminar, no se muy bien hacía donde.
—¿Que mierda haces, Jayden Theodore Prince?—Fijé mi vista en el ser que me hablaba. Abigail. ¿Acaso Dios me tenía manía y jugaba conmigo? Lo más probable.—¡Tú cortaste con ella! Si te arrepientes ve y díselo..Porque si realmente crees que la quieres no te puedes quedar callado, eso sólo lo hacen los estúpidos y tu no eres ningún estúp...—Estampé mis labios contra los de ella, para que se callara. —..ido.—Terminó una vez me aparté. —¿Qué fue eso, Jayden?
—Yo que sé. Te quería callar. Y estoy colocado.
—Joder, ¿Y tu eres el inteligente? Recordaba un Jay más.. No sé, sano. Y menos imbécil.
—Abbie, cariño, discutamos esto en otro maldito momento.—Rogué, pero ella me ignoro.
—Mira, a Mike se lo dice tropecientas veces, y sé que no lo va a dejar. ¿Pero tú? ¿No fuiste tú el que me dijo que jamás me drogara ni fumara, que mataba mis neuronas?
—Sí.—Contesté débilmente.
—¡Pues toma ejemplo! No puedes colocarte por culpa de una simple chica.
—No es tan simple.—Susurré. "Desgraciadamente es la más complicada que vi nunca." Tuve ganas de añadir, pero, no me atreví.
Noté como suspiraba, y simplemente se alejaba. Yo me dejé caer pared abajo, hasta rozar con el culo el suelo y la espalda con la pared. Me tapé la cara con las manos y bufé.
¿Por qué tenía que volver, justo en ese momento?
Suspiré. Muchas veces cuando Abigail aún vivía en Chicago, planteaba si debía seguir igual todo, o debería comenzar a ignorarla. Siempre había logrado controlar esa 'atracción' que sentía hacía ella.
Unos minutos más tarde me levanté del suelo y volví al campo, seguían ahí hablando, mientras Ab mandaba mensajes y Mike fumaba con Logan.
—¿Estás bien tío?—Me preguntó mi mejor amigo.
—Yo.. Me iré a casa. No me encuentro del todo bien.—Ab levantó la vista y me miró, decepcionada.
—Creí que tenías más cerebro.—Dijo simplemente, yo me encogí de hombros y me despedí con la mano.
Cuando llegué a casa, papá estaba con Lily, mi hermana menor, jugando a las cartas. Me apoyé en el marco de la puerta y los saludé.
—Hola, Jay.—Me saludó Lily, contenta.—¿Después jugarás conmigo un rato?
—Claro princesa, ¿Hiciste tus deberes?—Mi hermana asintió enérgicamente y le sonreí.
—Que pronto has llegado, ¿No?
—Sí.. Es que Abigail ha vuelto y bueno, dejé que Mike y ella recuperaran el tiempo perdido.
—¿Abigail ha vuelto? ¡Yo quiero verla! ¿Me llevarás?
—Claro, pero ahora termina la partida con papá. —Le sonreí a mi hermana pequeña, y esta me sonrió de vuelta.
—¿Irás a ver a mamá?—Me preguntó papá.
—Supongo, pero iré mañana por la mañana. En lo que tardo en llegar allí se acaba el horario de visita..
—Sí, tienes razón.. Mañana cuando vayas, llévale por favor el informe al Doctor Morris.
—Sí, papá.
Desaparecí escalera arriba y me tumbé en la cama de mi habitación. Era blanca, pero con tantas frases a rotulador negro -a Ab y los chicos parecía motivarles pintar mis paredes- que ya no parecía blanca, si no gris. Una pared llena de fotos, no en corcho, sino pegadas con chinchetas de todos los colores.La cama estaba al lado de la ventana, y enfrente, un escritorio de madera. Y el armario. No había más. Tampoco me importaba.
Me gustaba mi habitación. Era un lugar lo suficiente tranquilo como para descansar y relajarse.
Tumbado en la cama comencé a pensar en todo lo que se me venía encima como Abigail decidiera quedarse definitivamente en Chicago. Porque si venía a hacer una visita corta, podría fingir ponerme enfermo y quedarme un par de días en casa. Aunque me doliera, sería lo mejor. En cambio.. Si era <> la habría cagado pero bien, porque no podía fingir estar enfermo todo lo que me quedaba de vida.
Por otro lado estaba mi madre. Llevaba enferma dos años. De hecho estaba ingresada en un hospital a las afueras de la ciudad. Tenía una enfermedad que desarrolló durante el embarazo de Lily, mi hermanita. Los dos años anteriores a su ingreso habían sido muy duros, mamá apenas podía salir de casa, pues nunca sabía cuando iba a vomitar, o cuando se iba a desmayar. Finalmente hacía dos años, mamá se desmayó, mientras yo acompañaba a Lily al colegio y papá trabajaba. Le diagnosticaron ese trastorno y le anunciaron que la vida tal y como la había conocido, había acabado. Papá no disponía ni de la mitad de tiempo que mi madre necesitaba, y los abuelos, -unos completos anormales, he de decir-, decidieron internarla en un hospital a las afueras. A cambio de que Lily y yo los visitáramos dos veces al mes. Sin duda, habíamos aceptado.
Me estaba empezando a quedar dormido cuando Lily entró reclamando que fuera a jugar con ella, así que cogí fuerzas y me puse en pie. Fui, literalmente, obligado a jugar a los disfraces con mi hermana. Por suerte, sólo me tuve que poner un turbante rojo y fingir ser un pirata de espada imaginaria. Mi hermana se disfrazó de gata. Creo que tiene algún tipo de obsesión con los gatos.
A las nueve, papá la mandó a dormir y yo no tardé en hacer lo mismo. Desgraciadamente ya no tenía ningún tipo de sueño. Me había terminado de despertar. Serían alrededor de las doce, cuando mi hermana pequeña abrió la puerta de mi habitación.
—Jay.—Me llamó ella.—¿Estás dormido?
—No, ¿Qué pasa?
—¿Puedo dormir contigo? He tenido una pesadilla..
—Claro, ven, peque.—Le hice un hueco en la cama a mi hermana, y la rodeé con el brazo cuando se metió.
—Jay.
—¿Qué quieres ahora?
—¿Cuándo me llevarás a ver a Ab?—Suspiré.
—No lo sé, ahora, duérmete.
Mi hermana me debió hacer caso, porque diez minutos sólo se escuchaba su respiración tranquila en toda la habitación. No sé cuanto tiempo estuve mirando el techo, pero, sé que me parecieron horas.
A la mañana siguiente cuando me desperté Lily ya debía estar en el colegio, pues la casa estaba desierta. Me di una ducha rapidísima y cambié mi pijama por unos vaqueros con un polo celeste que sabía que mi madre adoraba. Me peiné el desordenado cabello lo mejor que pude y tomé el informe que se encontraba en la mesa del salón entre mis manos, agarré el teléfono móvil y las llaves, y salí.
Monté en tres autobuses diferentes para llegar a mi destino. Como ya había dicho, el hospital -o residencia- Saint Freya estaba a las afueras. Entré a la recepción y Lizeth, la recepcionista, me saludó con una sonrisa.
Subí al tercer piso, donde se encontraba la habitación de mi madre y caminé por los largos pasillos blancos. Una vez en el dormitorio, saludé a mi madre con un beso en la mejilla.
—Hola Jayden.
—Hola mamá. ¿Cómo te encuentras?
—Mucho mejor, cariño.—Sonrió débilmente.—
—Me alegro mucho, mamá.
—Lo sé, mi vida. ¿Cómo te van las cosas?— "Bueno, ayer besé a la hermana de Mike. Oh, pero no consciente, sino emporrado." Habría sido la verdad, por supuesto, pero me limité sonreír.
—Bastante bien. ¿Sabías? Ab volvió.
—Eso es genial cariño. ¿Y cómo está?—"Sexy" También habría sido la verdad. Y sin embargo, no lo dije, por supuesto.
—Muy guapa. Ha crecido mucho.
—¿Eso significa que te gusta?—Mi madre alzó una ceja sonriendo. "Creo que si" Habría sido cierto, y, como parecía costumbre, no lo dije.
—Claro que no, mamá. ¡Es la hermana de Mike!