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Who's that boy? — capítulo 3

Abigail ______#

Cuando mamá me vio, aquella noche, chilló emocionada y me abrazó repetidas veces. Era una sorpresa también para ella. Nos hizo la cena más.. Mamá del mundo. Una pizza de tofu. Mi madre era así. Después de cenar estuvimos hablando horas, y horas hasta que mamá se fue a dormir, Mike y yo seguimos hablando. Del barrio, de París, de los chicos, del c'es magnifique y de tantas cosas que es difícil recordar.

Sin embargo, en toda la noche no logré sacar de mi cabeza a Jayden. Me había besado. Para callarme, pero me había besado. Era una situación extraña. Si hubiera ocurrido unos años atrás, habría suspirado encantada por ello, -Jayden sin duda era no sólo guapo, si no también encantador-, pero jamás lo habría creído. Era difícil de creer.

        Cuando me desperté, Mike ya no estaba. Pensé en que podía estar con Jay en el campo de fútbol, o en la tienda de discos de Tyler. Me duché y me lavé el pelo, tomándome mi tiempo. Cuando salí de la ducha noté el frío de Chicago en pleno final de octubre.

        Quedaban dos días para Halloween.

        Me puse la ropa interior y una camiseta vieja de mi hermano, olía a su perfume, eso me gustaba. Era un olor entre el sudor y la menta de sus chicles. También un short de deporte viejo que no me había llevado a París y unas manoletinas.

        Escuché el timbre sonar alrededor de las dos y cuarto. Había estado ordenando mi dormitorio desde que me había vestido. Bajé, con el moño desecho, pero no me preocupó demasiado. Todos los que venían a casa eran siempre los mismos.

        Eran Jayden y su hermana Lily. El la llevaba de la mano, y no me miraba. Ella en cambio sonreía ampliamente.

—¡ABBBBBBBBBBBBBBBBBBBBIGAIL!—Chilló y se tiró a mis brazos. Lily era, sin ninguna duda la niña más extrovertida y con menos vergüenza que conocía. Era encantadora, como su hermano.

        Si alguien los veía por la calle, jamás se imaginaría que eran hermanos. Ella era rubia, como la madre de Jay. Y aunque tenía los mismos ojos que Jay, la misma profundidad incluso, no tenían el mismo misterio que tenían los de Jay, quizá porque Lily era un libro abierto. Era agradable, simpática y divertida. Extrovertida y de buen humor. Sociable, inocente e infantil. Pero por supuesto, tenía, recién cumplidos siete años.

—¿Cómo estás preciosa?

—¡Muy, muy bien! ¡Hoy en el cole hemos empezado a sumar números de dos!—Sonreí, sólo al ver su sonrisa de dientes de leche. Me fijé que le faltaba uno.

—Veo que ya ha venido el ratoncito Pérez.

—¿Cómo supiste?—Abrió desmesuradamente la boca.

—Bueno, digamos que una tiene práctica para ver esas cosas.—Le guiñé un ojo y escuché como su hermano reía. —Pero bueno, pasad. ¿Habéis comido ya?

—¡Que va! Nada más la recogí en el colegio, me estiró hasta aquí. Tenemos una baja: Mi brazo.—Jay bromeó y no pude evitar reír.

—Pobre.. Creo que..Tendremos que amputar. —Dije con voz seria, el me sonrió.

—Voy al baño. —Dijo Lily corriendo escaleras arriba. Jay y yo pasamos a la cocina, para preparar algo de comer.

—Siento lo de ayer.

—¿Lo del.. beso?—Pregunté algo dudosa de su respuesta. No sabía ni siquiera, si se podía catalogar así.

—Sí.. Yo, lo siento. Te lo prometo. No debería haberlo hecho, no sé muy bien porque pasó, pero de cualquier manera lo siento.

—No importa, Jayden.

—Es que.. bueno, eres la hermana pequeña de mi mejor amigo. Eso nunca podría pasar..

—Claro..Por supuesto, eres como un hermano para mi.—Le sonreí.

—Eh venga, cocinemos algo que me quedaré sin tripas si rugen tanto.

JAYDEN _____#

Halloween llegó y con ello la tremenda emoción de los hermanos Petterson, si había algo que yo sabía que mi mejor amigo y su hermana adoraban, eran las fiestas. Abigail llevaba toda la semana planeando su disfraz, y ya ni hablar de Mike, el cual se había encargado de decorar todo el exterior de su casa.

        Por mi parte, me dedicaba a mirarlos divertido desde el sofá de su casa. Y es que no pensaba disfrazarme. Ni nada por el estilo. Quizá acompañara a Lily a pedir caramelos, pero ni me acercaría. Hacía mucho que esas cosas no me iban.

       Aquella noche, sobre las ocho y cuarto, toqué el timbre de la casa Petterson, con Lily. Mi hermana iba disfrazada de hada sangrienta. Abigail fue quien abrió, y me miró, con una ceja alzada.

—¿Por qué no vas disfrazado?— Abigail llevaba un traje de vampiresa, con colmillos falsos y una peluca negra incluidos. Y hasta uñas postizas.

—¿De que vas? ¿De Miércoles Adams?—Me reí, ella me pegó en el brazo.

—¡No te metas con Abbe!—Salió la defensora de vampiresas y Abigail's a tiempo completo; Lily.

—¡Eso, no te metas con Abbe! Y entra a disfrazarte.—Abigail se cruzó de brazos, haciendose a un lado. Fue mi turno para arquear una ceja.—Mike y yo ya prevenimos que como eres un amargado no ibas a disfrazarte.

—¿Y cómo pensáis convencerme, señorita?—Me burlé, pasando a su recibidor.

—Él no se..—Se acercó a mi oído, aprovechando que Lily estaba desenvolviendo un caramelo.—..Pero yo puedo chantajearte con decirle sobre eso.

—Eres mala, ¿sabías?—Ella se apartó, riendo.

—Sí.

—¿Y tu espíritu festivo, que me intentas chantajear?

—Aquí está. Y no te intento chantajear. Te informo de que lo estoy haciendo.

—¡Jaaaaaaaaay!—Chilló Mike. El iba de Chewaka, el de Star Wars. —Tira a disfrazarte. AHORA.

—¡Ya voy, sargento!—Mike me tiró un boli a la cabeza.—¡Asesino!

        Diez minutos bajé con una capa negra y unos colmillos florescentes en la boca. Además de una camisa blanca y unos pantalones ajustados negros.

—¿Es en serio, voy a ir de..Vampiro?

—¡Que guapo estás, Jayden!—Chilló mi hermanita pequeña.

—Lo que tu digas, enana.—Miré mal a Abigail, que me tiró un beso.—Malvada.

—Yo también te quiero.

        Salimos los cuatro a por chucherías a las casas. Yo sin ningunos ánimos. Pero los otros tres.. Dios, no sabía cual era el pequeño siquiera. A la décima casa, los perdí de vista, me quedé sentado en las escaleras del porche de la casa de Martin, mirando el cielo.

—Serías un pésimo vampiro.—La voz de Abigail me sorprendió. No la había oído llegar.

—¿Cuándo llegaste?

—Jay, querido, prácticamente te grité veinte veces y me ignoraste.—Rió.

—Y será verdad loco..—Suspiré.

—¿Qué te ocurre?

—Nada.—Contesté en el lugar de "Tú me ocurres"

        Y es que en los días que Abigail llevaba en Chicago yo no había conseguido dormir bien ninguno. Abigail. Abigail. Abigail. Se repetía como un bis en mi cabeza. Sin edición. Como si fuera una grabación. Comenzaba a creer que estaba obsesionado con ella y su sonrisa.

—Jay, a mi no me puedes mentir. Nunca se te ha dado bien.

—No estoy mintiendo.

—¿Seguro?—Asentí, con pesadez.—Entonces, mírame a los ojos y dímelo.

        Me giré hacía ella, intentando controlar mi respiración. Se agitaba por momentos, nunca había tenido que mentir. Siempre había dicho lo que creía correcto y lo que hacía, sin importarme lo que los demás pensaran. 

—Yo..No...—Bajé la mirada a suus labios, unos segundos, y me volví a sus ojos.—..¿Estoy mintiendo?